Del Bosque y la cara de acelga

del bosque se enfada

En ocasiones, una selección desprende señales contradictorias. Tengo la sensación de que sucede a menudo con España. A veces, veo que el balón circula con absoluta fluidez, que el juego propone una bonita sinfonía de pases. Descubro la suavidad de Iniesta, la imaginación de Silva, el liderazgo de Ramos, el pase con sentido de Busquets. Me entusiasmo con la velocidad de la circulación, disfruto con la proximidad de un gol gestado con paciencia. En ese momento, cuando los jugadores españoles han aplazado el remate con cierta arrogancia, aparece un defensor rival. Suele tener aspecto de ladrillo y no muestra ninguna compasión en el despeje. Él ha sido incapaz de valorar la belleza de la jugada y la ha interrumpido con media sonrisa, con la maldad de quien destroza un castillo de arena.

Entonces, observo el rostro de Del Bosque, un técnico que ha construido su fama a través de la fidelidad a un estilo. El salmantino frunce el ceño y abre los orificios de la nariz como si tratara de dar salida a un mosquito. Agita los brazos contrariado y murmura una orden que se convierte en algo parecido a una maldición: “¡Tira, joder!”. Sospecho que en ese momento al técnico le gustaría tener un mediocampista de corte inglés, de esos que no piden permiso para disparar de lejos. Por un instante, un tipo tranquilo y cordial altera su gesto y busca la complicidad de sus asistentes. Medita sacar a un delantero, a un mediocampista plano como San José o adelantar la posición de Piqué, un recurso que se interpreta como una medida desesperada. Para incrementar el enfado del técnico, Sergio Ramos ha decidido responder al pelotazo del rival con otro desplazamiento en largo, que no tiene otro sentido que el de evitar un agobio inexistente. Busquets, que le había ofrecido su apoyo en corto, mira a Ramos con cierto asombro. A Del Bosque, que ha observado la jugada en primer plano, se le ha puesto cara de acelga.

Segundos después, y casi milagrosamente, el esférico cae en pies de Iniesta. El manchego es capaz de convertir el fútbol en un ejercicio de delicadeza. Acostado en la posición de interior, con la complicidad de Silva y Jordi Alba, Iniesta planifica el siguiente movimiento. Propone atajos con un giro inesperado, deja atrás a las multitudes que le siguen  y encuentra una solución que siempre mejora la jugada. Después de contemplar el quiebro de Iniesta, a Del Bosque se le intuye una sonrisa. Piensa entonces que su arrebato ha sido exagerado. Recuerda que en Inglaterra se envidia el passing game de los españoles y ensaya una sentencia en su cabeza: “el estilo nos da mucho más de lo que nos quita”. A esa conclusión no le ha llevado una magnífica secuencia de pases o el rostro cansado de los rivales, que persiguen el balón con impotencia. A esa deducción ha llegado a través del regate sigiloso de Andrés Iniesta.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto: periodistadigital.com

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(*) Con el regreso de Iniesta, recupero un texto de la Eurocopa. Sirve también para explicar la crisis de juego del Barcelona, que ha olvidado los fundamentos de su propuesta. En un momento en el que el Barça deja demasiadas cosas al azar, Iniesta debería ser la solución a los problemas. Ningún futbolista ha interpretado mejor una idea, desde la pausa, el silencio y la inspiración.

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En el fin está el principio

Antón Castro / La química del gol

España tendrá que rehacer su bloque y su estrategia a partir del legado de Del Bosque y Luis Aragonés y de la apuesta por la renovación de los futbolistas

iniesta y silva

Los dos centrales de la selección española, Piqué y Sergio Ramos, tan distintos en el campo y fuera de él, han evaluado el fiasco de España de manera distinta. Piqué, que fue uno de los mejores futbolistas españoles con De Gea e Iniesta, dijo que el nivel del equipo es menos competitivo. Y Sergio Ramos, que no ha estado a la altura de su calidad, observó que es muy fácil criticar ante la televisión, con una bolsa de papas. Y quizá los dos tengan razón. Criticar, expresar la decepción, hallar defectos es relativamente fácil, y quizá no sea injusto hacerlo. Fútbol es fútbol.

España empezó bien y sin gol, mejoró ante Turquía y se desvaneció poco a poco aunque sin alcanzar la triste pesadilla de Brasil: se confió en exceso ante Croacia y no tuvo ni la intensidad ni la inteligencia ni el arrojo para pelear con Italia. Piqué tiene razón también y acaso lo más triste y decepcionante sea que España flaqueó pronto y se desangró en dudas y en perplejidad.

La actitud española fue el mejor campo de ensayos y el mejor estímulo de Italia, que no había sospechado aún que estaba tan bien e incluso que sus jugadores de ataque eran mejores de lo que decía la prensa. Todos habíamos ensalzado la línea de atrás, su resistencia, su dureza y su sentido táctico, Buffon, Barzagli, Bonucci y Chiellini, que suman más de 130 años, pero sus delanteros, Eder y Pellè, o sus centrocampistas Florenzi, De Rossi, De Sciglio y Giaccherini estuvieron a un gran nivel. Interiorizaron la consigna, asumieron la estrategia, tan elaborada en los días previos por Conte, e hicieron su trabajo de manera excepcional. Querían la ventaja psicológica del dominio inicial y decidieron avasallar a los nuestros, que ni respondían con carácter ni alcanzaban a leer los labios o los gestos de Del Bosque.

España no podía pensar ni recibir el balón: debía moverse en las aguas del estupor y el desconcierto. Y así fue. Los españoles perdieron el balón y se desdibujaron el bloque y los solistas. ¡Qué lejos quedaba la escuela de baile de antaño que fatigaba al más pintado! Los españoles llegaban unos segundos más tarde a todos los balones, diezmados de fortaleza, huérfanos de intención y profundidad. Superados. No había conexión entre las líneas, el esquema saltó por los aires y el balón era toda una quimera. España lo veía correr como un fantasma que huye y los italianos se crecían aún más y generaban muchas ocasiones.

Que España no defendía bien lo sabemos desde que se fue Puyol. Él sí tenía madera de líder. Como la tenía Xabi o el mismo Xavi, el cartabón de todos los pases. Pese a todo, esta España no era tan mala ni debió serlo. Había buen equipo, excelentes nombres, futbolistas contrastados en Europa y en las mejores ligas, pero también hay jugadores que no acaban de rendir, que en la selección pasan un poco inadvertidos o resultan intercambiables.

Ejemplos: Thiago Alcántara, que estaba llamado a ser el sustituto de Xavi, pero que parece estancado por sus lesiones y por su nueva forma de jugar, adocenada, de menor riesgo y sin fantasía. Ejemplos: Koke, que parecía que iba a ser el gran centrocampista del futuro y también se ha varado. Y parece que ya dicen sus últimas palabras jugadores como Casillas, Cesc y Silva. Silva, admirado por doquier y tan necesario, tiene algunos defectos que menguan su calidad: le cuesta una eternidad disparar, asumir un poco de liderazgo, es discontinuo y eso rebaja su genialidad.

La estela de Del Bosque 

Cesc es intermitente y blando: ahora solo parece un obstáculo –se desvanece en los choques de altura, trabados– para la llegada de los nuevos centrocampistas que están llamando a la puerta, Saúl Ñíguez, sobre todo. En esta Eurocopa quizá se debiera haber probado en partidos específicos con el doble pivote, con Bruno Soriano o Koke junto a Busquets, para dar equilibrio y consistencia en la contención y en la creación, y quizá debió disponer de más minutos Lucas Vázquez, más desequilibrante en este momento que Pedro. Atrás, el voluntarioso Juanfran pudo haber cedido, de cuando en cuando, el carril a la centella Bellerín.

Vicente del Bosque ha cumplido una etapa. Ha sido brillante y generoso. Ha dejado una estela de excepcionalidad, sabiduría y títulos. Lo ha hecho muy bien hasta Brasil y Francia. Da la sensación de que ahora ha perdido la autoridad, su luz o el amor propio tan necesario, ha cedido el carisma, y de que debe empezar un tiempo nuevo. Nada será igual, desde luego, pero también es el momento de plantearse nuevos retos y de avanzar sobre las adecuadas bases del pasado: sin drama, sin victimismo y sin renunciar del todo al espíritu y a la plasticidad del fútbol más hermoso.

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(*) Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el miércoles 29 de junio de 2016.

 

España no intimidó a Croacia

Antón Castro / La química del gol

españa vs croacia (líbero)

Los balcánicos dieron la vuelta al gol de Morata (1-2) y dejaron en evidencia la lentitud española. El equipo de Del Bosque, que repitió alineación, fue víctima del cansancio y del desorden.

Que Croacia no es Chequia ni Turquía ya se sabía. Todos teníamos claro que iba a ser un partido exigente que calibraría con mayor seriedad las posibilidades de España. El choque empezó con demasiado descontrol: ellos, que habían dejado a algunas figuras en la banqueta, salieron con empuje y dinamismo, dispuestos a subir y colgar el balón de inmediato. Y España asomó un tanto fría y lenta: en poco tiempo se encadenaron fallos, más o menos leves, de Piqué, de De Gea, de Sergio Ramos y de Busquets. A la Roja le costaba encontrar el ritmo y la posesión, y los croatas parecían no echar en falta a su líder Luke Modric, el cerebro.

Estaban tan seguros los balcánicos de su juego y de su energía que Iván Rakitic se desplazó a la derecha dispuesto a penetrar por la banda y listo para detener los avances de Iniesta y sus flechas, Alba y Nolito. De repente, David Silva, el mago Merlín, cogió un balón y encadenó varios amagos hasta que dejó un balón inesperado y sutil, un milimétrico pase interior a Cesc Fábregas: este tocó, envió el regalo a Morata y el ariete marcó con la izquierda.

La jugada fue todo un prodigio de precisión, de sutileza y de confianza. Silva demostró ahí porque es tan bueno y porque se le considera el ‘Messi’ de la selección. El canario se entusiasmó, se sintió a gusto e importante y creó varias ocasiones, incluso se permitió lanzar un balón envenenado desde lejos, él, a quien tanto le cuesta soltar la pierna.

España desarboló a su rival durante quince minutos: con el balón en la bota, no tenía adversario y los croatas parecían condenados a correr y correr. Rog, Srna y el joven Jedvaj se defendían como podían, pero España perdió precisión, adormeció el ritmo, suavizó su ambición y Croacia empezó a jugar mejor. Avanzaba por los costados y por el centro. Empezó a dominar y a meter el miedo en el cuerpo. Poco a poco, ante el paulatino despiste de los nuestros y la evidente  desaparición de Iniesta, fundido e intrascendente, de Silva, de Fábregas, se adueñaron del partido comenzaragon a exhibir un balompié de impacto rápido. Vertical.

España daba muestras de desconcentración y de despiste y, sobre todo, de lentitud. Esa tónica en realidad se mantuvo casi siempre. Anoche ni la suerte estuvo con los españoles: Sergio Ramos falló un penalti que no fue y Piqué tuvo que emplearse muy fondo. Corrigió el vacío de Juanfran y se mostró majestuoso, incluso estuvo a punto de detener el disparo letal de Ivan Perisic, que no paró de husmear el área española todo el tiempo. España era una perfecta desconocida: sus virtuosos se habían desconectado. Los cambios no fueron determinantes: Aritz Aduriz sustituyó a un pendenciero ayer Morata, Bruno Soriano aportó solidez al centro del campo y el cambio de Thiago Alcántara, para controlar el balón, no sirvió de nada.

Croacia se mostró como un gran conjunto. Vibrante y pundonoroso, con fe en sí mismo, que no se asusta de un resultado adverso y que sabe muy bien a lo que juega. No se amilanó ante el nombre del España. Asfixió su centro del campo y le puso dos o tres marchas más de velocidad al juego y mostró orientación y capacidad de despliegue y repliegue. El resultado adverso condena a los nuestros al mayor esfuerzo: deberá tumbar a Italia para seguir y, en ese caso, debería enfrentarse a Alemania o Francia. España careció de fluidez, de un poco de soberanía y orden en defensa, control en la media, y le faltó una buena transición de balón y velocidad. Se ha metido en un pequeño atolladero y volverá a enfrentarse a Italia, que tiene unas cuantas cuentas pendientes con Del Bosque y sus chicos.

Al técnico español, por una vez, y desde luego a posteriori, cabe reprocharle que no haya dado descanso a sus estrellas. A Iniesta, que hará mucha falta en el futuro. A Cesc. A Silva. Al propio Ramos. Los croatas sí lo hicieron. Y quizá haya que reprocharle que aún no ha entrado en acción otra arma necesaria en ataque: las carreras, los centros y la frescura de Lucas Vázquez.

El resultado de ayer dejó otro sinsabor: España perdió su poder intimidatorio y se reveló frágil.

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*Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón, el miércoles 22 de junio de 2016.

Del esplendor a la nada

Antón Castro / La química del gol

de gea post escándalo

El asunto de David de Gea descorazona. Incomoda bastante. Si fuera una invención, nos recordaría las zonas sensibles de la sociedad y del periodismo y la facilidad con que puede ensuciar una vida. Y si fuera verdad, sería igual o más deplorable y habría que aplicarle la exactitud de la justicia. Hasta anteayer David de Gea había tenido una actitud impecable: se forjó en el Atlético de Madrid y poco a poco se convirtió en un número uno. En el Manchester probó de inmediato que era uno de los mejores arqueros de Europa y el año pasado, protagonizó aquel incidente jocoso del fax tardío que le impidió jugar en el Real Madrid. A punto del debut de España ante Checoslovaquia seguía siendo una incógnita quien iba a ser titular, aunque eran muchos los que veían superior a De Gea que a Casillas; el asunto, antes del escándalo sexual o puramente mediático, ya incomodaba a Del Bosque. El míster, con su bondad cachazuda y conciliadora, rara vez pierde la paciencia, pero se le veía un poco descompuesto. Y ahora, tras las informaciones de diversos medios y el torrente de whatsapps que no dejan bien a nadie, menos. Del Bosque anda con la mosca detrás de la oreja. ¿Qué ha pasado, por qué se ha perdido el fútbol que emocionó al mundo, por qué se generan tantas dudas? Georgia nos ha devuelto el fantasma, y los presuntos líos de faldas y de hoteles promovidos por De Gea (¿acostumbran  los cracks a financiar orgías ajenas?) empujan al equipo a zonas de sombra inesperadas. ¿Hay una conjura contra España? ¿Ha perdido Vicente del Bosque su estrella, de nuevo? ¿Recuperará así Casillas su buen hado y la titularidad? ¿Tendrá que marcharse el novio de Edurne, que escribió hace unos días un tuit enigmático: “Andaré por mí, andaré sin mirar atrás, sé que soy capaz”. De Gea ha eclipsado otra noticia: Víctor Valdés, ese arquero que pasó del esplendor a la nada, se va del Manchester. El destino no le acompañó en sus designios: eligió mal, la adversidad se cebó con él, y quizá con su soberbia. Desde entonces ha ido cuesta abajo. En dirección al olvido.

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* Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón, el domingo 12 de junio de 2016.

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Foto: marcadores.com

VILLA O LOS HÁBITOS DEL ARTILLERO

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE /
En las páginas de Heraldo del 16 de Marzo de 2004, Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) decía que «no me recuerdo sin ser zaragocista» y que «el Zaragoza es una máquina de alegría». Aquellos eran días felices: Félix estaba vivo y el Zaragoza era grande. Debajo, un joven David Villa se mostraba entusiasmado ante su primera final: los blanquillos se iban a enfrentar, en el estadio de Montjuic, a un Real Madrid repleto de luminarias y galácticos. Villa, con cara de niño, comentaba que Quini le había explicado la técnica del uno contra uno –«Lo importante es aguardar, no dudar y disparar. Esa siempre es una jugada soñada», le dijo–, confesaba que sus ídolos habían sido Luis Enrique y Juanele, y decía que había oído hablar de la clase, del remate y la elegancia del interior de los Magníficos Juan Manuel Villa.
Al día siguiente, el Real Zaragoza lograba una victoria inesperada, 2-3. Villa marcó el segundo gol. Luego, ante el Valencia, conquistarían la Supercopa. Estuvo aquí dos temporadas espléndidas, marcó 32 tantos, debutó en la absoluta en febrero de 2005, y ese mismo verano fue traspasado al Valencia. Iba a ser su goleador por excelencia, un futbolista menudo y vivaz, de gran movilidad, que ha logrado 59 goles y un título muy especial: el del máximo artillero de la selección de todos los tiempos. Más que Raúl, que Di Stéfano, que Zarra, Butragueño, Hierro o tantos y tantos nombres.
David Villa jugó cinco campañas en el Valencia. Logró algunos títulos, otra Copa del Rey, por ejemplo, y allí fue casi siempre su máxima estrella. Probó que era capaz de marcar desde todas las posiciones: de falta, de penalti, tras un buen desborde, de cabeza, por pura astucia y por su sentido del desmarque. Y no solo eso: David Villa, bregador con clase, vivaz siempre, ambicioso en los últimos metros, tenía (tiene) la facultad de marcar goles increíbles. Lo hizo en el equipo ché –donde, con 107 dianas, rivaliza con Mundo, Waldo, Kempes y Fernando–, en el Barcelona, donde no brilló a esa altura pero goleó cuando el equipo lo necesitaba, aunque siempre era el primer cambio de Guardiola; lo hizo en el Atlético de Madrid, con el que ha vuelto a proclamarse campeón de Liga, y lo ha hecho en la selección española con opulencia y variedad.
David Villa ha jugado tres mundiales. Y ha sido determinante en los éxitos de la selección de Luis Aragonés y de Vicente del Bosque. Siempre ha estado ahí con su gatillo preparado, olisqueando las oportunidades, presto a ser decisivo. Como lo fue, por recordar un ejemplo, ante la correosa selección de Chile de Sudáfrica 2010. Desatascó la
ruta del triunfo con una de sus parábolas impecables e imposibles.
El de ayer será casi con toda seguridad su último choque internacional: en una tarde maravillosa de Andrés Iniesta (que jugó con la clarividencia y la precisión de Xavi: de brújula de orientación, de capitán del pase), él marcó el primer gol. Un gol de clase, de sabiduría futbolística, un taconazo de sutilidad que no resultó insólito para nadie. Villa ha sido grande, talentoso, inspirado, con fantasía y eficacia, con ingenio y decisión. El joven que empezó en el Zaragoza decía: «Estoy atento, soy rápido, peleo. No sueño despierto. ¿El regate? Aquel que me sirva para superar al defensa».
Cuando ayer Del Bosque le retiró del campo, antes del minuto 60, el Guaje rompió a llorar. Le dolió que no respetasen su última tarde, sus galones de artillero, su clase recobrada; le dolieron la eliminación de España, el infortunio, su propio adiós. Recordó, de golpe, sus días de gloria, los goles y los minutos de una vida de pasión por La Roja y por el juego. Villa nunca dejó de ser un niño asombrado por el balón.

XAVI: EL CEREBRO Y SU MELODÍA

ANTÓN CASTRO//REGATE EN EL AIRE/

Hernandez Xavi, Spain

El adiós de España, en esta primera fase, supone la despedida de Xavi Hernández de la selección. Es el adiós de un futbolista imperial que ha marcado un estilo a partir, sobre todo, del campeonato de Alemania-2006. Aunque ya había debutado en Japón y Corea del Sur-2002, sería cuatro años después cuando demostrase su gran clase, su personalidad, su inteligencia y una estética singular basada en el amor al balón, en la depurada técnica, en la triangulación incesante y en un peculiar sentido del ritmo.

Xavi es un futbolista de la estirpe de Panizo, Manolo Velázquez, Lapetra o Luis Suárez. Le costó hacerse con un sitio en el espléndido Barcelona de Frank Rijkaard, liderado por Márquez, Deco, Eto’o y Ronaldinho, especialmente, pero en cuanto le dieron confianza empezó exhibir su clase, y fueron muchos quienes han elogiado su pierna derecha. Cruyff le afeó hace años a Iván de la Peña que careciese de pierna izquierda, pero a Xavi le bastó solo una para tocar el cuero, marcar la pauta, dominar la confusión; la otra era un apéndice para correr o el punto de apoyo: nadie ha sabido dar la vuelta sobre sí mismo y esclarecer de golpe, con ese gesto sencillo, el espacio. Entonces levantaba la cabeza e iniciaba la avanzadilla, toque a toque.

Xavi Hernández fue determinante en la Eurocopa de Austria y Suiza-2008. Allí, con sus movimientos, con su inmensa capacidad de trabajo y con esa facultad inefable para interpretar el juego y ordenarlo a su antojo, fue el centrocampista más imaginativo: el perfecto director de juego. El arquitecto del verdín. Fue elegido el jugador del campeonato con toda justicia y desquició a Ballack, con suavidad, acariciando el balón de lado a lado, moviéndose de forma invisible.

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Algo parecido hizo en el Barcelona de Guardiola. Era la encarnación de la voluntad de Pep. Siempre ha sido elegante, espontáneo, ha sabido asociarse y buscar la luz del último pase, y no le importaba rondar el marco contrario. En el remate ha sido un poco conservador: hubo instantes en que Xavi habría podido ser tan decisivo y tan goleador como su compañero Deco.

En el Mundial de Sudáfrica-2010 Xavi estaba en su apogeo y en su madurez. Había sido elogiado por doquier, y lo sería aún más cuando asumió el gobierno de un equipo espectacular, que buscaba la plasticidad, que quería adueñarse del juego y hermosearlo, y que ganaría el título ante Holanda. Xavi estuvo a un nivel muy alto en un torneo exigente en el que España puso sobre el terreno su técnica, el arte del control, la paciencia y un indesmayable sacrificio.

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Xavi siguió acaparando elogios y premios. Del Bosque reconoció que era “la bandera de la selección en el campo”. El equipo dependía de su lucidez, de su ambición, de su ritmo, de la armonía de su manual de geometría. Otros han dicho que en la selección  jamás ha habido un jugador tan importante como él, tan carismático, incluso desde el silencio. Hasta Pelé aseguró que con él y con Iniesta él habría sido mejor.

El último gran momento de Xavi fue en la Eurocopa de Polonia y Ucrania-2012. Pareció no estar a su máximo nivel, pero en la final fue la gran estrella. Realizó un partido magistral: se disfrazó de mago, vio huecos que solo él podía ver, inventó pases y desarmó a Pirlo y a sus compañeros. Xavi, el centrocampista técnico, la brújula de todos los pases, ha hecho más kilómetros que nadie. No ha llegado bien a Brasil y se irá a Catar. Con su amarga despedida, también se adhiere al recuerdo una sensación indeleble: la memoria del buen fútbol y la culminación de un sueño imposible, que han diseñado Luis Aragonés y Vicente del Bosque, y que han ejecutado un puñado de futbolistas condenados a la inmortalidad.

 

*Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el 22 de junio de 2014.

CHILE TUMBA A ESPAÑA EN MARACANÁ

ESPAÑA 0-2 CHILE

gol chile

España vio como su reinado se acababa en el césped de Maracaná, ante la mirada del mundo. Chile, su contrincante, es un equipo veloz, trabajador y comprometido. Una selección al alza que empezó el mundial reivindicando el color de su camiseta y acabó asestando el golpe definitivo a la otra Roja.

El equipo de Del Bosque llegaba con la obligación de ganar al partido y aún así no emprendió grandes cambios en su alineación. Confió en los desmarques de Diego Costa, al que parece que las lesiones musculares le han restado velocidad; en la calidad de la sociedad que forman Silva e Iniesta, empequeñecidos ante el empuje chileno; en el equilibrio de Xabi Alonso y Busquets, faltos de frescura y de ritmo; y solucionando el declive de Xavi y Piqué con la entrada de Pedro y Javi Martínez. Aún así, pese a la falta de variantes, la afición española confiaba en un arrebato de grandeza de un equipo que lo ha conquistado todo, subido a las barbas de la excelencia. Pero Chile, con Sampaoli como digno heredero de Bielsa, le robó a España la identidad, impidiendo las asociaciones en corto.

El optimismo inicial de los españoles se vino al traste pronto, cuando a los 45 segundos Arturo Vidal mostró las vergüenzas de una defensa temblorosa. Chile entró en el partido como un vendaval y España se doblegó, aturdida desde el comienzo. Los hombres de Del Bosque volvieron a sufrir en las transiciones rápidas del rival, no dominaron el juego y perdieron balones desde el inicio. Parecían todavía afectados por el trauma de la derrota ante Holanda. (Y es que no era aventurado pensar que tras la humillante derrota frente a la orange se escondía la apatía de un equipo vulnerable, que ha perdido la tensión competitiva, y al que los rivales conocen de memoria). Pronto la selección se quedó sin recursos ante la presión chilena. Solo asomaba la cabeza cuando combinaba rápido y en pocos toques o cuando Iniesta y Silva conseguían salir de la presión, algo que ocurrió en pocas ocasiones. Y Chile seguía avisando, con las galopadas de Alexis Sánchez, el liderazgo de Arturo Vidal, el oportunismo de Vargas y el trabajo de una selección generosa en el esfuerzo. Y en el minuto veinte llegó el primer gol del equipo de Sampaoli. Una pérdida de Xabi Alonso originó una estampida chilena, Alexis asistió a Aranguiz en profundidad y este cedió desde el lateral del área para Vargas. El delantero del Valencia burló a Casillas y puso el 1-0. Otra vez más la defensa quedó en evidencia, volvió a llegar tarde a la disputa y España no se levantaría más. Lo intentó sin éxito, con más rabia que fútbol, en un disparo de Diego Costa y en una llegada de Xabi Alonso. El tolosarra seguía, al igual que Busquets y Javi Martínez torpe en la circulación y lento en cada choque.

casillas penca

Chile, por su parte, supo esperar su momento y en el minuto 43 Charles Aranguiz marcó el gol de la sentencia. Casillas alcanzó a despejar una falta de Alexis, pero no pudo hacer nada ante el rechace de Aranguiz, un llegador infatigable.

España se quedó sin reacción tras el segundo gol. Siguió intentándolo en pequeñas rabietas, pero parecían tener más peligro las contras chilenas que las avanzadillas de los españoles. La segunda parte fue un canto desesperado de la selección de Del Bosque, basado en la impotencia y la nostalgia de un equipo que ha perdido su corona. Por si no estuviera suficientemente tocada la selección, Diego Costa y Busquets fallaron dos goles cantados, que hubiesen metido a España en el partido.

Group B - Spain vs Chile

El partido acabó demasiado tarde y las ilusiones de la selección demasiado pronto. Cayó en primera fase, algo que ya le ha ocurrido a 5 campeonas. Lo que ocurre es que España probablemente ha dado peor imagen que cualquiera de las anteriores. Sobre todo, le ha faltado el hambre y la pasión por el juego de los aspirantes. Muchos de sus pilares fundamentales han llegado en el declive de sus carreras o en un mal momento de forma y, además, ha sido un equipo frágil ante las pequeñas adversidades y ante las grandes tragedias.

España construyó sus triunfos basándose en un modelo de juego muy reconocible, pero a la vez muy exigente. El dominio de la posesión implica un gran trabajo en la recuperación, velocidad en la circulación, movilidad, juego en pocos toques y, por tanto, se necesita estar  muy bien físicamente. Y España ha llegado cansada a Brasil, sin ganas ni cuerpo para la victoria. También el hecho de ser un equipo admirado ha favorecido que los rivales desarrollen antídotos para vencer a La Roja. No es casualidad que los dos equipos que han derrotado a España en Brasil ya se enfrentaron a ellos en el Mundial de Sudáfrica.

españa chile

El Mundial ha dejado a la campeona en muy mal lugar y ha retratado a muchos de sus integrantes: Casillas comenzó alardeando de ser los máximos favoritos, en un claro signo de debilidad, y ha acabado el torneo agachando la cabeza. Ha perdido su etiqueta de “santo” para pasar a ser un portero en clara decadencia. Xavi Hernández ha ratificado las dudas mostradas en Barcelona, Xabi Alonso nunca ha estado tan lento, Busquets ha menguado en la sala de máquinas, Torres parece que juega a otro deporte, Piqué se vio desbordado ante Holanda y Ramos nunca había fallado tanto. Tampoco los teóricos sustentos de España han brillado: Iniesta ha llegado justo físicamente, Silva ha pecado de blando en ocasiones, Villa ni se ha vestido, Pedro no ha desbordado y Diego Costa ha elegido un mal momento para jugar con España.

La selección vio con tristeza como sus mejores días se apagaban. Ante una selección como la chilena, que tiene toda la vitalidad que le falta a España. La mejor generación del fútbol español decía adiós a la competición de manera prematura, aunque con justicia. España se quedó sin respuesta ante equipos con más ambición, que no permitieron que los de Del Bosque realizaran el juego que les ha encumbrado. La selección no deben renunciar al estilo, pero debe construir un equipo preparado para jugar de esta forma, un equipo fresco en el aspecto físico y mental.

En este momento la Federación España debe reflexionar y darle a esta generación el valor que se merece. Y ahora que tiene mucho tiempo por delante, debe afrontar un cambio generacional, para optar al título en próximas ediciones. Pues el recuerdo de los títulos no es un buen consuelo, sino una comparación desoladora. Y hay un difícil paso entre el éxito y la nostalgia.

 

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) En un mal año para el juego asociativo que desarrollaba la selección, España se ha hundido como el Barcelona, incurriendo en sus mismos errores: les ha faltado velocidad en la circulación, verticalidad en el juego y solidez defensiva.  La de España y la del Barcelona son defensas vulnerables, que por el tipo de juego de su equipo deben defender a muchos metros de su portería, y sufren ante equipos atrevidos como Chile y veloces como Holanda.