THIAGO SILVA HACE VOLAR AL PSG

El Paris Saint Germain consiguió el pase en Stamford Bridge en una declaración de ideales, un ejercicio futbolístico que ejecutaron los parisinos con buen gusto, pundonor y coraje. El equipo que dirige Laurent Blanc se sobrepuso a la tempranera expulsión de Ibrahimovic y supo reaccionar cuando la eliminatoria estaba en su contra. Thiago Silva cometió el penalti que ponía al Chelsea por delante en la prórroga y enmendó su error con un testarazo a la red de Courtois.

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Si algo se le podía achacar al Paris Saint Germain, un equipo construido por la maquinaria económica del jeque Nasser Al-Khelaïfi, era que le faltaba su gran bautismo europeo. Se le podía reprochar también que le faltó carácter en las eliminaciones de las últimas temporadas, ante el Chelsea y el Barcelona. Pues bien, su partido en Stamford Bridge solventó de un plumazo todas las dudas que su generaba su juego, especialmente en los grandes escenarios. Su orgullo y su amor propio quedó reflejado en la figura de sus centrales: David Luiz y Thiago Silva, los autores de los goles que sellaron la reacción del conjunto galo. El Chelsea se empeñó en que no se jugara a nada, y olvidó que también tiene armas para atacar y no solo para resguardarse. No hubo noticias de Cesc en la circulación, no apareció Hazard para desequilibrar y Diego Costa se perdió en riñas con David Luiz. Por el contrario, cobraron protagonismo Matic y los guardianes de la zaga blue (Ivanovic, Terry, Cahill y Azpilicueta), los verdaderos hombres de confianza de Mourinho. Y con el Chelsea entregado a la pizarra de Mou, la media del PSG aceptó el protagonismo que concede el balón. Verratti, Motta y Pastore se juntaron en el medio y combinaron con exquisita precisión. Entre Verratti y Motta se reparten los papeles en la dirección del juego. Thiago Motta es un jugador de escuela, de esos que le da criterio a la circulación. Marco Verratti imprime su sello en cada pase. El menudo mediocampista italiano es un futbolista osado, de gran personalidad, que destaca en la lectura del juego. Tiene plena confianza en sus recursos técnicos y posee la facilidad de saltar la presión con un regate sutil o un pase medido. También entendió bien el partido Pastore, que acudió a generar superioridades en el medio e inquietó a Ivanovic desde el costado izquierdo. Por ese carril se desplegaba también Maxwell, un lateral fino y aseado, que sigue dando soluciones por más que pasen  los años. El trotón Matuidi cubría las espaldas y se aproximaba al balcón del área. Se ofrecía Cavani y jugaba de cara Ibrahimovic, que en el minuto 32 fue víctima de un error de bulto del colegiado. El balón quedó largo e Ibrahimovic llegó tarde en la disputa con Óscar, pero recogió las piernas visiblemente para moderar su entrada. Óscar exageró el golpe y los futbolistas del Chelsea fueron en manada a por el árbitro. Bjorn Kuipers cayó en la trampa y expulsó a Ibrahimovic. No se inmutó el PSG y siguió fiel a su plan de juego, basado en el buen trato del balón. Tampoco dio un paso hacia delante el Chelsea, que mereció la eliminación porque no presentó ningún argumento ofensivo. Jugó demasiado preocupado de proteger a Courtois, sin imaginación en el juego ni voluntad de herir al rival.

1426094599_130686_1426105263_album_grande El ideario de Mourinho viene avalado por un glosario de títulos, pero posee tantos apartados dedicados a los sistemas defensivos que olvida que el fútbol también es un juego basado en la improvisación y en el ataque. Darle un resultado a favor es darle una ventaja que se ha de conservar, que bajo ningún concepto se puede estirar más, si eso exige arriesgarse. Y esa fue la tumba del Chelsea en Stamford Bridge: un planteamiento basado en la precaución y la cobardía. El equipo inglés no quiso  sentenciar a un rival fatigado, que jugó noventa minutos en inferioridad numérica y lo pagó con la eliminación. El PSG, por otra parte, buscó la victoria sin reservas, con la pasión y la urgencia que impone un resultado adverso. El equipo parisino solo dejó de trenzar jugadas cuando Verratti tuvo que pedir el cambio, en los minutos finales del tiempo reglamentario. Minutos antes había tenido el gol en las botas de Cavani. Verrati salió de la presión con un giro plástico y cedió para Pastore. El mediapunta argentino atendió a la llegada de Cavani y el disparo del uruguayo se topó con la madera, después de sortear la salida de Courtois. Por un momento, el resultado pareció darle la razón a Mourinho, cuando Cahill fusiló a Sirigu tras un barullo en el área. El primer gol de la noche partió, como todos los que llegaron después, de un saque de esquina. Y parecía que el gol del Chelsea firmaba la clasificación de los blues, entre otras cosas porque su rival estaba asfixiado. Pero el equipo que dirige Laurent Blanc encontró aliento en los córners y apareció David Luiz para llevar el partido a la prórroga. Lavezzi centró y el defensa brasileño ejecutó un remate de cabeza inapelable a la escuadra de Courtois. Pese al empate, Mourinho mandó parar a los suyos en los minutos finales del partido, consciente de la ventaja que tenían al jugar una prórroga frente a 10 jugadores. En los minutos iniciales del tiempo extra, el Chelsea dio un paso al frente, empujado más por la inercia del partido que por la voluntad de atacar. Y una vez que consiguió la ventaja volvió a entregarse a la calculadora de su técnico. Thiago Silva saltó frente a Zouma con el brazo en alto. Es difícil saber si llegó a tocar el balón pero el gesto fue tan extraño y, al mismo tiempo tan alarmante, que el colegiado señaló penalti. Hazard, que fue el único rebelde en un equipo demasiado encorsetado, lo transformó con tranquilidad. Esta vez sí que parecía el gol definitivo, entre otras cosas, porque el PSG daba la impresión de estar entregado. Pero el equipo de Blanc se encontró con dos nuevos saques de esquina, en los que Thiago Silva emergió. El brasileño había cometido un error impropio de su nivel y había emborronado su gran partido. Pero el fútbol no hubiese sido justo con él si no hubiese premiado su esfuerzo durante los 120 minutos. En el primer lanzamiento, Courtois despejó su cabezazo con una estirada inverosímil. El segundo córner llegó desde el otro costado y Thiago Silva se elevó para batir a Courtois en el minuto 114. El brasileño firmó el gol que castigó a un Chelsea tan precavido que, a fuerza de no arriesgar, acabó asumiendo demasiados riesgos.

1426094599_130686_1426115219_album_grande El PSG consiguió superar a su verdugo de la temporada pasada y lo celebró en el mismo césped, con los aficionados que se desplazaron hasta Londres. Hasta el jeque, Nasser Al-Khelaïfi, bajó al campo en busca de futbolistas a los que abrazar. La victoria supone una liberación para la plantilla y es, en definitiva, justa para el fútbol. El equipo de Blanc ha dejado de ser una exótica constelación de estrellas. Tras su noche mágica en Stamford Bridge, el Paris Saint Germain se ha convertido en un serio aspirante.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Toby Melville (REUTERS). Foto 2: Ian Kington (AFP) . Foto 3: Gerry Penny (EFE)

EL BARCELONA SE EXAMINA EN PARÍS

El Barcelona se enfrentará al Paris Saint Germain en uno de los partidos más esperados de la jornada de Champions.

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-Actualidad blaugrana.

El equipo de Luis Enrique llega a París tras golear el pasado sábado al Granada, en un encuentro en el que los culés acabaron disfrutando. Tras su empate ante el Málaga surgieron algunas dudas y se vieron algunas similitudes entre el Barcelona actual y el de la pasada campaña. En la Rosaleda, faltó fluidez en el juego, el equipo no trabajó tanto en la presión y no disparó a puerta. Ni Messi ni Neymar se encontraron y Claudio Bravo fue exigido por primera vez en la competición. El planteamiento del Málaga de Javi Gracía nubló a un Barcelona previsible, sin velocidad en la circulación ni ambición en el juego.

Frente al Granada, el Barcelona recuperó algunas de las virtudes del inicio de temporada. Fue un equipo generoso en el esfuerzo y veloz en la recuperación, que tuvo la posesión del encuentro y supo hacer daño al rival. Bajo la dirección de Xavi y Rakitic, el Barcelona encontró la portería de Roberto. Messi y Neymar lideraron la goleada y parece que de su asociación dependen los resultados blaugranas. El 10 es el futbolista que mejora la jugada en el Barcelona, y su talento es la solución ante cualquier problema en la elaboración. Está inspirado en el juego, comprometido en la presión y generoso en el pase.

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Ha participado en 14 de los 18 goles que ha marcado el Barcelona esta temporada, ha anotado 5 goles y ha repartido 7 asistencias.[1] Frente al Granada asistió a Rakitic en el primer gol y a Neymar en el quinto, tras realizar dos bonitas acciones personales. Además, Messi marcó su primer gol en la mejor jugada del partido. Su segundo tanto definió el momento que vive el argentino y mostró alguna de las claves de su mejoría. Corría el minuto 82 y el Barcelona ya ganaba 5-0, pero Messi intuyó el fallo del central y aceleró en la presión. Robó el balón, encaró a Roberto y evitó su salida con un toque sutil con la diestra. Su participación en la recuperación sirve para medir su implicación en el juego. Su rendimiento ha mejorado, entre otras cosas, porque el argentino parece darle más importancia al juego colectivo. Parece que el gol ha dejado de obsesionarle, se compromete más en fase defensiva y, ante defensas bien plantadas, encuentra las mejores opciones para sus compañeros.

Por su parte, Neymar se está sintiendo importante en el equipo y ya lleva 6 goles en liga. Cada vez lee mejor el juego de Messi y es capaz de desbordar en cualquier partido. Su manejo de balón le da múltiples variantes pero debe mejorar en la toma de decisiones. Debe comprender que el regate es un elemento de sorpresa y debe seleccionar sus acciones siendo más vertical.

A la pareja Messi-Neymar se ha unido Munir, un joven de la cantera al que no le pesa el escenario ni el escudo. Es un futbolista de grandes movimientos, que genera espacios para sus compañeros y siempre dispone de oportunidades. Además, su rendimiento baja en la medida en que se aleja del área. Munir parece ser una apuesta personal de Luis Enrique y le ha ganado el puesto en la rotación a Pedro, al que le acecha la sombra de lo que fue.

-Duelo ante el PSG.

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Frente al Paris Saint Germain (martes, 30 de septiembre de 2014, 20:45, TVE) se prevén cambios en la alineación de Luis Enrique. En la prensa catalana se especula con un mediocampo novedoso: Mascherano y Busquets formarían el doble pívote, con dos interiores por delante como Iniesta y Rakitic. Messi y Neymar estarían en la delantera y Piqué y Jordi Alba regresarían a la defensa. En la portería, es probable que juegue Ter Stegen, que solo ha disputado un partido oficial en la temporada, precisamente en la competición europea. Sin embargo, todas estas predicciones pueden ser desestimadas por un técnico innovador como Luis Enrique, obsesionado con la idea de sorprender al rival: «Queremos plantear dudas al rival, que no sepa de qué manera vamos a jugar. El objetivo es ser mejor que ellos y para eso necesitamos que aparezcan todos nuestros jugadores».

Al equipo de Luis Enrique le sigue faltando algo de imaginación ante defensas cerradas, algo que de momento ha compensado con la presión rápida sobre el rival. Si recuperas el balón arriba, es más fácil pillar desprevenido al rival y, por tanto, no necesitas estar inspirado para encontrar soluciones.

El Paris Saint Germain llega al partido tras un inicio irregular en la liga francesa, el equipo va cuarto en la clasificación a cinco puntos del Marsella de Bielsa. Además, el conjunto de Blanc tiene numerosas bajas, entre las que destacan la del capitán Thiago Silva, la del genial delantero Zlatan Ibrahimovic y la del argentino Lavezzi. Pese a ello, el equipo francés sigue siendo un rival temible. Laurent Blanc recurrirá a Marquinhos, pretendido por el Barcelona este verano, para acompañar a David Luiz en el centro de la defensa. En la creación destaca el fino Verratti, que estará flanqueado por Matuidi y Thiago Motta. Y arriba formará una delantera peligrosa: en la que destaca la calidad de Javier Pastore, la velocidad de Lucas Moura y el olfato de Edilson Cavani.

El equipo de Luis Enrique se enfrenta a su primer gran rival en una ciudad que le depara buenos recuerdos. En París el Barcelona consiguió su segunda Champions, con Rikjaard en el banquillo y Ronaldinho en el campo. El técnico asturiano sabe de la dificultad del partido y advierte: “Ganar en París requiere motivación, concentración y acierto, aspectos que quizás en otros partidos no hemos sabido mantener».

Por Jorge Rodríguez Gascón.

Foto1: 20minutos.es

Foto2: sportmaniacos.com

Foto 3. yahoo.sport.com

[1] Messi ha dado 8 asistencias sí se contabiliza su pase en la jugada del gol de Sandro ante el Villarreal.

SINFONÍA ALEMANA

Alemania 7-1 Brasil

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Alemania goleó al anfitrión en Belo Horizonte en una noche histórica, que será recordada con orgullo por los alemanes y con vergüenza por los brasileños. Alemania fue un vendaval desde el inicio y en 29 minutos el marcador ya reflejaba un sorprendente 5-0. Brasil salió al campo derrotada, más pendiente de las ausencias de Neymar y de Thiago Silva que de frenar a los alemanes.

Los de Joachim Löw observaron con frialdad el ritual del himno de los brasileños y tardaron poco en frenar el entusiasmo de la hinchada carioca. Alemania irrumpió en el partido con la seriedad que merecía la ocasión. Brasil no acertaba en la circulación y sus centrales optaron por desplazamientos largos a Hulk y a Bernard como única forma de dar salida al juego. La selección alemana vio pronto las limitaciones de su rival y se fue a buscarle en la presión. Y de este modo llegaron los goles: Alemania recuperaba en campo del rival y combinaba con rapidez para enfilar a Julio César. Y Brasil se quedó sin respuesta ante la genial dirección de Kroos, la llegada de jugadores de segunda línea como Khedira, Schweinsteiger y Özil, y el olfato de Müller y de Klose. En el primer gol Kroos encontró a Müller en un córner botado con precisión. El delantero alemán fue astuto y se deshizo del marcaje de David Luiz para rematar a gol (1-0). En el segundo Kroos dibujó un pase medido para Müller, que entraba desde la derecha con decisión. El delantero del Bayern Múnich cedió para Klose y el alemán batió a Julio César (2-0). Con su gol se convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales con 16 tantos. Alemania seguía pisando el acelerador y en cosa de 6 minutos se puso 5-0 en el marcador. Después del gol de Klose llegó el primero de Kroos, tras una asociación de los alemanes que remató el mediocentro con un disparo de zurda (3-0). Dos minutos más tarde, en otra jugada coral de La Mannschaft, Kroos aprovechó la generosidad de Khedira para marcar a placer (4-0). Y en el minuto 29 Özil le regaló a Khedira el quinto, en una jugada muy similar a la del tanto anterior, en la que cambiaron los protagonistas. El quinto gol redondeó una primera parte antológica, que ya ha irrumpido con fuerza en la historia de los Mundiales.

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A la canarinha le faltaba un rival de nivel para ver que sus opciones en el Mundial respondían a la ilusión de un público optimista. David Luiz reflejó como nadie la impotencia de los brasileños (durante el encuentro y al final del mismo, con una declaración lacrimógena en la que pedía perdón a sus aficionados). Al central le faltaron piernas para apagar todos los fuegos de un equipo que se descosía por los cuatro costados. Echó en falta a su capitán Thiago Silva, más limpio y sensato, y capaz de domesticar el carácter desbocado de David Luiz. El mediocampo de Scolari quedó retratado en el partido. Fernandinho, Luiz Gustavo o Paulinho fueron futbolistas planos que perdieron balones importantes y que no pudieron despegarse de la presión alemana. De su delantera tampoco hubo noticias: Hulk desapareció y Bernard y Óscar tuvieron orgullo pero poca fortuna.

Alemania siguió sin demostrar signos de debilidad. Ahogó al rival cerrando espacios y se desplegó a partir del dominio del balón, asociándose con rapidez y velocidad en pocos metros, siempre con la portería brasileña como punto de mira. Tras el descanso, la selección de Joachim Löw bajó el pistón e incluso concedió oportunidades a los brasileños Óscar y Paulinho. Pero apareció Neuer, un portero que abarca mucha portería y que se ha acostumbrado a detener todo lo que se acerca a sus dominios.

La selección alemana fue respetuosa con un rival que se descomponía ante su público. Y no firmó una goleada mayor porque no quiso ensañarse en el segundo tiempo. Hasta que salió Schürrle, un futbolista que no entiende de medias tintas y que pugna por un puesto en el once de Löw. El delantero alemán ha crecido bajo la dirección de Mourinho y es el máximo goleador de la segunda fase de la competición, con tres dianas. El futbolista del Chelsea completó la humillación a los brasileños con dos goles. En el primero finalizó la jugada tras un servicio de Lahm y en el segundo se sacó un disparo inapelable con la zurda, que besó la red tras lamer el larguero de Julio César. Óscar consiguió en el minuto 91 el único gol de un equipo que perdió el honor ante 58.000 espectadores.

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Brasil confiaba todas sus opciones ofensivas a Neymar y ayer mostró una inoperancia impropia de un pentacampeón. Su público aguantó en su asiento entre lágrimas de impotencia y silbidos de rabia. Con sus líderes fuera del terreno de juego, la canarinha no pudo hacer nada ante una selección poderosa, que presentó argumentos incontestables. Kroos jugó su mejor partido de la competición, Khedira y Schweinsteiger trabajaron y buscaron posiciones de remate, Lahm fue un incordio constante para Marcelo en el lateral, Özil mejoró en el juego, Müller volvió a ser una amenaza constante para la defensa rival y miró a portería con la ambición de los más grandes. (Ha marcado 10 goles en dos citas mundialistas y es posible que recoja el testigo de Klose como máximo goleador de la historia de los Mundiales).

La selección de Scolari fue aplastada por un rival que tiene a la España de Del Bosque y al Barça de Guardiola como modelos de imitación. Aunque sin tener la misma finura, es un equipo más fuerte y agresivo, con mayor verticalidad y eficacia. Brasil quiso ser campeón por decreto, mostrando un fútbol antiguo, sin encanto ni inspiración. Pero un rival potente como Alemania le devolvió a la cruda realidad y le negó la opción de pisar el césped de Maracaná en «su» torneo.

La selección de Joachim Löw ha construido su nueva identidad a través del juego asociativo; de un fútbol con melodía y buen gusto. Y ayer, en el Estadio Mineirão de Belo Horizonte, la nueva Alemania escribió la página más triste del fútbol brasileño.

 

Jorge Rodríguez Gascón.

BRASIL: TODO O NADA

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La anfitriona ha llegado a semifinales en un torneo muy importante para el país. Lo ha conseguido gracias a su oportunismo y fortuna, salvando las dudas y el miedo. Brasil derrotó a Colombia en Fortaleza y se medirá a Alemania en Belo Horizonte. Hasta llegar allí ha vivido en una montaña rusa de emociones: no ha convencido en el juego, ha traicionado el estilo histórico de su selección y ha pasado por momentos críticos. Aun así ha llegado al punto de la competición que se le exige.

Ante Colombia mostró sus virtudes y sus defectos. Al inicio fue un equipo muy físico, capaz de arrollar al rival en la disputa y de robarle su identidad. Un combinado que, sin destacar en la asociación, con más músculo que ideas, es capaz de encontrar posiciones de remate. En la segunda parte, Colombia creció en el partido y Brasil se desfondó y tembló. Al final, con sus centrales destacando en las dos áreas, consiguió una victoria balsámica. Acabó dejando dudas en el juego, siendo dominada por la Colombia de Pékerman y la revelación James Rodríguez, capaz de desestabilizar cualquier defensa. Brasil ganó el partido pero sufrió un duro golpe en el minuto 88. Neymar recibió un rodillazo de Zúñiga en el costado en una acción dura que pilló al brasileño desprevenido. El parte médico confirmó los peores presagios: Neymar tenía una fractura en la tercera vértebra lumbar. Y no hay peor noticia para la selección de Scolari, que ha perdido al único futbolista capaz de cambiarle la cara a un equipo plano y triste. Su lesión fue elevada por los medios a la categoría de tragedia nacional. Se distribuyeron fotos e incluso algún video (*) de su novia Bruna Marquezine llorando en el hospital. La estrella, siempre postrado en una camilla, “necesitaba” respiración asistida y su técnico Scolari ha declarado que en el momento de la acción Neymar no sentía las piernas. Aunque la prensa sensacionalista exagere de un modo asombroso, es cierto que la ausencia de su mejor futbolista hace menguar las posibilidades de la selección de Scolari.

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Brasil es un país especial, que se debate entre el ruido de las manifestaciones y el bullicio de un Mundial gris. Es un lugar con tendencias autodestructivas y el fútbol es la debilidad del pueblo. El Mundial es utilizado por el gobierno como una especie de cortina de humo para camuflar sus irregularidades y Neymar es sin duda el ojito derecho de la afición. Por eso lo que es una mala noticia se convierte en una tragedia futbolística para un país que vive con la ansiedad perpetúa de ganar en su terreno. El Maracanazo de Uruguay en 1950 es una sombra constante que parece transmitirse de generación en generación. Y la lesión de Neymar pone a Brasil al borde del precipicio. Lo único positivo que se puede sacar es que el vestuario brasileño, herido en su orgullo, parece unirse ante las adversidades. Ante Alemania deberán apelar al factor emocional y al apoyo de su público.

Las malas noticias no se acaban con la ausencia de Neymar. Thiago Silva tampoco jugará ante Alemania por sanción. Y la del central es una baja tan sensible o más que la del 10. Thiago Silva es el líder de la mejor pareja de centrales del torneo. Es un central limpio, rápido al cruce, bueno en el juego aéreo, muy difícil de rebasar y que parece salir siempre beneficiado de las disputas. Además tiene mucha jerarquía en el juego e impone respeto sobre compañeros y rivales. Sirve de central escoba y puede tapar los huecos que deja su compañero David Luiz, más impetuoso y con mayor facilidad para prodigarse en ataque. Ante la maquinaria alemana sufrirán y es que a Brasil le faltan sus dos pilares fundamentales y el himno no siempre da para ganar partidos.

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Sobre todo si el rival es Alemania, un equipo solvente y difícil de batir. La Mannschaft parece ser la selección que avanza con mayor seguridad en el torneo, aunque ha dejado dudas en momentos puntuales. La lesión de Reus antes del Mundial y el bajo rendimiento de Özil y Götze la han convertido en un equipo previsible. Su propuesta de juego funciona mejor en la teoría que en la práctica. Básicamente porque han heredado los vicios del Barcelona y de la selección española y les falta la brillantez en el juego de sus modelos de imitación. Joachim Löw sigue sin encontrar la estabilidad en el once y cambia el plan del partido en muchas ocasiones. Pero es un equipo pragmático, que necesita poco para ganar partidos. Kroos, Khedira y Schweinsteiger dirigieron ante Francia a una Alemania excesivamente calculadora, que ganó con un remate del gran Hummels. Un equipo que falló a la hora de sentenciar y sobrevivió en los minutos finales gracias a Neuer, que presentó su candidatura a mejor portero del Mundial.

Alemania afronta su cuarta semifinal consecutiva y se enfrenta a su rival en la final del Mundial de Corea y Japón de 2002. En la última de las siete finales disputadas por la selección alemana, Ronaldo le dio el título a la canarinha tras ganarle el pulso al héroe teutón, Oliver Kahn. En aquella ocasión Brasil tenía estrellas en la delantera y no en la zaga. Alemania confiaba entonces gran parte de sus opciones al acierto de su portero.

La seleção desde el mundial de USA 94 se ha ido convirtiendo en un equipo cada vez más defensivo, algo que en este campeonato se ha elevado a su máxima expresión. Más allá de eso, aquellas selecciones (1994, 2002) a veces se libraban de la mano de entrenadores tacaños como Parreira y Scolari. Prometían momentos de grandeza, un punto de unión con su tradición futbolística. Esta Brasil sin embargo se ha desligado de sus predecesoras y da mayor importancia a conceptos como la presión o el choque que a la imaginación o al talento. Ha apostado por un juego intenso, donde las individualidades se reservaban al héroe caído.

Todo lo contrario que Alemania, que ha dejado atrás el juego exclusivamente físico. Y se mide a un Brasil debilitado por las ausencias, que ya no fomenta el juego asociativo. Las tornas han cambiado, ahora Alemania quiere jugar y Brasil prefiere contener.

 

 

Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) La empleada del hospital que grabó las imágenes de Neymar llegando a Urgencias ha sido despedida por distribuir las imágenes y por hacer un gesto en el que parecía mofarse de la gran figura brasileña.

SAUDADE O EL EQUIPO TRAICIONADO

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE /

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El Brasil de 1950, aquel que sucumbió a la clase de Obdulio Varela, Schiaffino y Gigghia, tenía una gran estrella: Ademir, máximo goleador con nueve tantos. El de 1958 y el de 1962 contó con Garrincha y Pelé, y aquella ‘folha seca’ de Didí, un centrocampista exquisito de bigote delineado casi como un húsar. Pelé jugó, además, en 1966 y 1970, donde la ‘canarinha’ firmó un fútbol increíble: fue la máquina coral de la fantasía. Sus futbolistas parecían virtuosos de ese instante anhelado en el que el fútbol tiene música.

El Brasil de 1974 fue un equipo de transición que contó con Luiz Pereira, con Leivinha, el maestro de la bicicleta, y con un veterano Rivelinho, que tenía un juego otoñal y elegante y conservaba aquel trallazo que agitaba el ánima de los estadios. En 1978 apareció Zico, al que llamarían el ‘Pelé blanco’. En España-1982, Brasil parecía llamado a nuevas gestas, pero su media de seda y de lujo (Zico, en plenitud, Toninho Cerezo, Falçao y el doctor Sócrates, el hombre que taconeaba como un bailarín de claqué y flamenco) se estrelló contra Italia y contra su propia suficiencia; en una tarde aciaga, Paolo Rossi nos destrozó nuestro pobre corazón. Fue, sin duda, una oportunidad perdida y el origen de una saudade indefinible. En 1986 Brasil cayó en cuartos de final, y sus estrellas podrían llamarse Careca, Müller o Alemao. Futbolistas correctos, más aplicados que geniales. En 1990, Brasil se estrelló contra Maradona en la segunda ronda. Cuatro años después, un equipo desnaturalizado y físico, a pesar de sus delanteros Bebeto y Romario, conquistó el título a Italia en los penaltis. Dunga fue ‘el panzer’ del colectivo, aunque el sostén era la calidad y el sentido táctico de Mauro Silva y la imaginación de Zinho. Ocho años más tarde, en Corea, Brasil logró su quinto título y alineó a tres figuras indiscutibles: Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo.

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Desde entonces, Brasil ha ido de aquí para allá, más bien a la deriva, desconcertado y desconectado de su tradición. Brasil ni ha sido ni una cosa ni otra, ni puede decirse que haya enamorado jamás: ni con Kaká, ni con la promesa interrumpida Robinho ni con aquella flor de pocos días que se llamó Adriano.

El Brasil de ahora también es un equipo deshilvanado y ramplón. Carece de patrón de juego: ni tiene la ingeniería celeste de los tradicionales futbolistas del aire, que mezclaban el ‘jogo bonito’ y la samba, ni posee un organigrama sólido que sepa poner en marcha el fútbol físico que parece proponer Scolari. Sus jugadores parecen peores en bloque: si Neymar había levantado pasiones, había dado a entender que podía ser el futbolista del campeonato, ayer todo fue un naufragio. A Brasil solo se le aguanta con una bolsa de pipas gigante y mucha cerveza. Ayer nadie, nadie, salvo atrás y en instantes concretos David Luiz y Thiago Silva, dio sensación de pertenecer a la cadena de futbolistas que va desde Domingos da Guia y Ademir hasta Neymar Jr. Y no solo eso: la fortuna estuvo de su parte, en el remate final de Pinilla y en la suerte de los penaltis, donde Claudio Bravo pareció siempre un poco precipitado, incluso en el disparo que paró. Chile aguantó, supo jugar contra la adversidad de un gol en contra, igualó y estuvo a punto de provocar algunos suicidios en el país de Pelé.

Brasil es una fábrica de forofismo. Y de desmesura nacional. El país, azotado por relámpagos de miseria e injusticia en todas las regiones, ha constatado, de nuevo, su condición trágica, incluso ganando. El equipo se mueve en el filo de la navaja y solo se estremece de veras cuando entona el himno nacional. Solo en ese momento, Brasil es el Brasil de siempre. Aquel que pretendía hacer del fútbol una de las bellas artes.

LOS PROTAGONISTAS DE LA PRIMERA FASE

-Once ideal del Mundial:

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(*) Otros de los destacados del Mundial son: James Rodríguez, Müller, Van Persie, Jackson Martínez o el portero costarricense Keylor Navas.

(*) Messi y Cuadrado no juegan en la posición asignada. Pero les he fabricado un sitio, en el que pueden jugar, para que tengan hueco en el mejor once de la primera fase.

-Las revelaciones del Mundial:

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-Las grandes decepciones del Mundial:

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(*) Los delanteros Suárez y Ballotelli comenzaron bien la competición e hicieron buenos partidos al inicio. Pero han sido señalados por motivos diferentes. El italiano acabó siendo intrascendente en el juego de la azzurra y la afición empieza a perder la paciencia con él. Y el uruguayo mordió a un rival por tercera vez en su carrera y ha sido suspendido 4 meses. Su indisciplina parece haber condenado a la celeste y ha decepcionado a sus seguidores.