EL LEICESTER Y LA MAGIA DE LO IMPREVISTO

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Con menor frecuencia de la que nos gustaría, el fútbol nos recuerda que es un espectáculo difícil de predecir. Cuando el balón empieza a rodar en septiembre cualquier aficionado puede, más o menos, anticipar lo que sucederá en el desarrollo de la temporada. Si hace una lista de cuatro candidatos para ganar cada una de las ligas más importantes, rara vez se equivocará. Seguramente, uno de esos cuatro equipos acabará alzando el título en verano. Los partidos se alimentan de momentos imprevistos, y pueden generar sorpresas con relativa facilidad, pero el curso de las temporadas suele tener un desenlace más o menos medido. Es uno de los fundamentos básicos del fútbol moderno: el interés está en ver cómo se narra esta vez un cuento similar al que ya se ha contado. Nos interesa saber si el Atlético le podrá pelear la liga al Barça y Madrid, si el Dortmund podrá acercarse al todopoderoso Bayern, si alguien le aguantará el pulso a la Juventus (ya sea la Roma, el Nápoles o el Inter) o si el PSG tendrá alguna dificultad para ganar la Ligue 1.

Afortunadamente, cada cierto tiempo, el fútbol nos reserva una bonita sorpresa. Y ninguna competición fomenta esa posibilidad como la Premier League, la liga más seguida del mundo y, al mismo tiempo, la más impredecible. En Inglaterra se equilibran los repartos de derechos televisivos, muchos clubes han sido relanzados por millonarios y los estadios se llenan cada domingo[1]. Cualquier club de mitad de tabla puede realizar una mayor inversión en fichajes que un aspirante a Champions en la liga española. Los partidos no tienen la calidad técnica del fútbol español, pero poseen una atmósfera especial. Es un juego más rudo, quizá más primitivo, pero que posee más emoción y una mayor vinculación con los orígenes del deporte. Además, se aprecia que las diferencias entre los equipos son menores y, como consecuencia, se producen más alternancias en el marcador. Es un fútbol más dinámico, lleno de idas y venidas, en el que se percibe la voluntad de conquistar los espacios.

En la Premier, es más frecuente que haya dos goles en un mismo descuento o que los grandes[2] pierdan puntos frente al colista. En España, resulta más fácil ver a un equipo triangular en espacios reducidos o que los equipos opten a los títulos continentales. Quizá por estas razones, la Liga envidia a la Premier como producto televisivo y en Inglaterra se admira el fútbol coral de los españoles y su prestigio en Europa.

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En ese contexto se ha producido el fenómeno del Leicester City, una de las historias más especiales del fútbol reciente. La ciudad, de 300.000 habitantes, vive pendiente de los triunfos de su club. Tras derrotar al Manchester City en su propio estadio (1-3) es líder en solitario, con cinco puntos de ventaja sobre sus perseguidores: el Tottenham y el Arsenal. Tienen a su favor el público neutral de las islas, que ven el crecimiento de Leicester como un acontecimiento de otro tiempo. Especialmente si se observa el recorrido del equipo, propiedad desde 2010 de Vichai Srivaddhanaprabha, un magnate tailandés que hizo fortuna con la empresa Power Group. El Leicester jugaba hace dos temporadas en la First Division y el año pasado sufrió hasta las últimas jornadas para mantenerse en la Premier League. Ahora, el equipo vuela a las órdenes de Ranieri, un entrenador que parecía olvidado en el fútbol de alto nivel. El italiano, bien aconsejado por los ojeadores y directivos del club, es el portavoz del sueño de la ciudad. El Leicester, como su técnico, busca llenar su vitrina con un trofeo que nunca ha levantado.

Quizá el mejor reflejo del año del Leicester es Jamie Vardy, un delantero atípico y veloz; lunático e incomprendido al mismo tiempo. Hace cinco años,  se conformaba con jugar en un equipo de séptima división y alternar los entrenamientos con media jornada en una fábrica de productos de rehabilitación (muletas, sillas de ruedas, etc). Ahora, es el goleador del gran aspirante del fútbol inglés. Probablemente no lo sería si no compartiera plantilla con Riyad Mahrez, hasta el momento el mejor futbolista de la competición. El argelino es el producto más visible de la acertada labor de los cazatalentos del Leicester. Fichado por medio millón de euros, procedente del modesto Le Havre francés, Mahrez es ahora uno de los jugadores más cotizados de la Premier League. Frente al Manchester City dejó su sello en una gran acción individual, en la jugada del 0-2, que alejó al equipo de Pellegrini del título. Mahrez posee una magia singular, un don especial que se manifiesta en las grandes ocasiones.

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Mahrez proporciona los instantes de fantasía en un equipo rocoso y bien trabajado, construido a gusto de Ranieri. Okazaki alterna el trabajo con la llegada al área, Albrighton profundiza, N´Kate se desfonda en la recuperación y Drinkwater equilibra el juego. En defensa destacan dos centrales veteranos con gran recorrido en la Premier: Robert Huth, que marcó dos goles en el Etihad Stadium (en dos acciones a balón parado), y Wes Morgan, más rápido que su compañero de zaga. La portería la protege Kasper Schmeichel, que ha heredado los reflejos y el carácter de su padre, el legendario portero del Manchester United. En el banquillo esperan su oportunidad algunas buenas piezas de refresco como Ulloa, Inler o Dyer.

Ranieri, más allá de elogiar los goles de Vardy y el talento de Marhez, señala que la clave del Leicester reside en la fuerza del grupo, que practica un fútbol solidario y veloz. Ese entusiasmo colectivo, que rejuvenece al deporte y a la Premier, les ha llevado a vivir una historia tan bonita como inesperada.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: The Sun. Foto 2: Daily Mirror. Foto 3: Daily Mail.

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[1] Estadios llenos. Esta virtud, una de las grandes señas de identidad del fútbol inglés, puede cambiar en los próximos años, debido al aumento del precio de los abonos. El pasado fin de semana, los aficionados de Anfield encabezaron una protesta que tuvo una gran repercusión mediática. En los últimos minutos, los seguidores del Liverpool vaciaron la emblemática grada de The Kop. La protesta no solo tuvo valor simbólico. El equipo de Jürgen Klopp ganaba 2-0 y el Sunderland acabó empatando el partido en el tramo final.

[2] El declive de los grandes. Probablemente una de las razones que permiten la explosión del Leicester es que ninguno de los grandes de Inglaterra viven su mejor momento. El Arsenal se mantiene en la pugna con el Tottenham por el segundo puesto y amenaza la posición del líder, pero es un equipo ciclotímico, capaz de practicar el mejor fútbol de la competición una jornada y de apagarse en la siguiente. Tampoco parece mostrar una gran continuidad el Manchester City, que fue derrotado por el Leicester el pasado fin de semana. Su proyecto deportivo sigue teniendo un gran presupuesto, pero le falta solidez argumental. Nadie parece contar ya con el United de Van Gaal o con el Liverpool de Klopp. Y menos opciones tiene el Chelsea, al que Mourinho dejó en posiciones de descenso. Su recuperación con Hidink en el banquillo le permite, como mucho, creer en la posibilidad de entrar en Europa.

Uno de los grandes argumentos del Leicester es que ha sido capaz de batir con autoridad a equipos de gran prestigio: venció al Chelsea en la primera vuelta y, en los últimos dos partidos, derrotó al Liverpool y Manchester City. Este domingo visitará el Emirates Stadium en un duelo decisivo.

Pese a la alegría que genera el liderato del Leicester, es lógico pensar que el Arsenal, City y Tottenham (que está siendo más constante que nunca) disputarán la liga hasta la última jornada. Mientras tanto, el Leicester seguirá desafiando a la razón con un relato absolutamente imprevisto.

ANFIELD Y LA ÉPICA DEL FÚTBOL INGLÉS

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En Inglaterra se vive el fútbol de manera especial. El público está más cerca de los jugadores, los estadios se llenan a rebosar y los cánticos de los aficionados suenan más fuerte que el silbato del árbitro o el ruido de la megafonía. El estilo de la Premier también permite que los partidos sean más dinámicos. Se señalan menos faltas, el juego es más directo y los encuentros se abren con mayor facilidad. Los equipos se construyen a la carrera y parece que el nivel competitivo de la liga es mayor. Los grandes pierden más puntos a lo largo de la temporada y hay más candidatos al título que en el resto de las ligas. Y, por tanto, es lógico que en cada jornada haya partidos entre rivales directos. Es un fútbol más rápido, con muchas alternativas, en el que los equipos son más poderosos físicamente y el talento decide los partidos.

La Premier es además la liga que más ha invertido en este período de fichajes con 960 millones. El Manchester Unided de Van Gaal es el equipo que más ha gastado (187 millones) pero tras su victoria de ayer ante el Hull City sólo es séptimo en la clasificación. De los teóricos aspirantes, el Chelsea es el equipo más sólido de la competición: es líder en solitario y solo ha cedido un empate, le sigue el Manchester City de Pellegrini a 5 puntos y el Arsenal de Wenger a 6. El Manchester United se ha dejado 10 puntos en 6 jornadas y el Liverpool 11. Las revelaciones de la competición son el Southampton de Koeman, que marcha segundo a 3 puntos del Chelsea de Mourinho, y el Swansea de Garry Monk, empatado a puntos con el Arsenal.

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Anfield Road representa la magia de la Premier como ningún otro campo. Su himno “You´ll never walk alone” se ha convertido en un ritual de culto al fútbol. Y nada mejor que el rival de su ciudad para medir el canto de Anfield. El Liverpool se enfrentó al Everton de Roberto Martínez en un duelo bonito e igualado, que se desarrolló cumpliendo los tópicos del fútbol inglés: el rugido de la grada, dos aficiones enfrentadas desde el respeto, un permanente intercambio de golpes y un fútbol alegre y vital. El equipo de Brendan Rogers quiso llevar la iniciativa y generó más oportunidades. El eléctrico Sterling desbordó por el costado y no atinó Ballotelli, que estuvo en boca de gol en un par de ocasiones. Tim Howard detuvo un cabezazo de Lallana y el Everton respondió a la contra. El conjunto de Roberto Martínez aguantó el empuje de los reds y buscó a Lukaku en largo. El belga es un delantero corpulento, hábil con el balón e inteligente en el juego. Recibe de espaldas, da aire a sus compañeros, se asocia y dispara. Mignolet tuvo que intervenir en varios lanzamientos lejanos de Lukaku y de McGeady, que salió en sustitución del lesionado Mirallas. Tras la reanudación Sterling y Alberto Moreno hicieron sufrir a Hibbert y el equipo de Brendan Rodgers mereció adelantarse. Ballotelli forzó una falta al borde del área a la hora de partido. El delantero italiano se acercó para pedir el balón pero Steven Gerrard, que le había cedido los dos anteriores, ya se había adjudicado el lanzamiento.  Su disparo se elevó por encima de la barrera y se incrustó en la portería de Tim Howard (1-0). El gol del capitán se celebró con entusiasmo en Anfield Road y todo parecía indicar que sería el tanto de la victoria en el derbi de Merseyside. Posteriormente Ballotelli[1] perdonó la sentencia en otra gran acción de Sterling.

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En los últimos minutos el Liverpool renunció al segundo gol y se protegió en exceso. El Everton se acercó al área, más por inercia que por convicción. Y cuando ni el más optimista de los Toffies creía en el empate, llegó el gol de Jagielka. En una jugada larga en el descuento, el Liverpool no fue contundente en el despeje y el balón quedó botando al borde del área. Jagielka midió los tiempos y soltó un disparo precioso a la escuadra. El balón se fue alejando de Mignolet y su estirada solo sirvió para embellecer el gol.

Cuando Anfield celebraba una victoria importante en un partido especial, con un gol de su gran capitán, el central del Everton marcó el gol más bello de su carrera. El empate cambió el guión en el último momento, en un giro muy propio de la Premier. Inglaterra es la cuna del fútbol y eso le otorga cierta inclinación a la épica.

Por Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Alex Livesey/Getty Images. Foto 2: http://www.thisisanfield.com. Foto 3: Getty Images

[1] Los aplausos a Ballotelli muestran que Anfield es un lugar especial. El italiano es un delantero de calidad y buenos movimientos pero que tiene un carácter conflictivo y se implica poco en sus equipos. Sin embargo, desde que ha llegado al Liverpool ha variado en algunos aspectos su juego. Pese a que no está teniendo suerte de cara a puerta, es un futbolista más sacrificado y voluntarioso. Ante el Everton protagonizó algunas acciones defensivas de mérito y no paró de buscar posiciones de remate. Por ello fue ovacionado por un público que valora el compromiso de sus jugadores. Incluso cuando no están del todo acertados.