Cuentos de dragones

gales celebra

La Eurocopa camina entre la emoción y el aburrimiento. Los partidos prometen más de lo que cumplen y se valora más el pulso táctico que el talento. El torneo puede mejorar en semifinales, con dos duelos bien distintos: el primero enfrenta a dos selecciones que buscan su primer título y el segundo mide a dos clásicos del fútbol europeo. Alemania y Francia comparten la condición de candidatas desde hace tiempo. Portugal y, sobre todo, Gales son una irrupción inesperada. En todas las selecciones brilla algún jugador que procede de los equipos de Madrid, protagonistas de la final de Milán hace un mes. Cristiano en Portugal, Bale en Gales, Griezmann en Francia y Kroos en Alemania. A falta de La Roja en el tramo decisivo de la competición, la liga lo considera una pequeña victoria del fútbol español, que pretende reafirmar su éxito en Europa.

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Francia estuvo inspirada frente a Islandia, después de la agonía de la ronda anterior. Esta vez, su victoria llegó ante un combinado que entendía que la modestia era su mejor arma. Islandia se había ganado el favor del público neutral por su simpatía y su concepto voluntarioso del juego. El equipo de Lagerback mostró signos de rebeldía cuando el resultado ya estaba perdido. Poco podía hacer ante el 4-0 inicial de los franceses, que disfrutaban de la explosión de los grandes líderes de su ataque (marcaron Giroud, Pogba, Payet y Griezmann). Sin embargo, el segundo tiempo fue toda una demostración de carácter de los islandeses, empeñados en responder a su apodo de vikingos. El país que más ha seguido el torneo tiene argumentos para estar orgulloso. Islandia logró batir en dos ocasiones a Lloris y jugó sin complejos, con la valentía del que se siente modesto entre los grandes. Su actitud le diferencia de muchos equipos conformistas, que han traicionado su propuesta a menudo. La Bélgica de Wilmots, que tropezó ante Gales cuando tenía todo a favor, sirve como ejemplo.

Si parte del encanto de Islandia reside en su humildad, Francia convenció por su poca compasión ante el que parecía el equipo de todos. La selección de Deschamps valora la oportunidad que se le ha presentado. Con el favor de su público, y con sus estrellas (Griezmann, Pogba y Payet) a pleno rendimiento, la selección está a un paso de repetir éxitos en su terreno, como ya ocurrió en el Mundial 98 y en la Eurocopa del 84. Frente a Alemania se enfrentará a su historia y al que es el equipo más sólido de la competición. La selección francesa recuerda el choque de Harald Schumacher con Battiston y su eliminación en el pasado mundial para preparar su venganza.

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La Alemania de Löw demostró ante Italia que ha venido para ganar. Resolvió en una tanda de penaltis delirante, que premió el acierto final de Jonas Héctor entre un cúmulo de errores (en Italia fallaron Bonucci, Darmian, Pellè, Zaza y en Alemania Schweinsteiger, Müller y Özil). La victoria llegó con fortuna, después de que Italia se aferrara al partido como solo ella sabe hacerlo. El equipo alemán sabía de la capacidad de supervivencia de los italianos. Pero, como era de esperar, no pudo evitar el tanto  de Bonucci, que marcó desde los once metros, después de un error extraño de Boateng. En la prórroga, la Mannschaft quiso la victoria y, hasta cierto punto, la mereció. Una de las conclusiones del encuentro, además de que conviene ensayar más los penaltis, es que Alemania nunca debe renunciar a Özil o a Draxler. Los dos le otorgan imaginación a un bloque que se mueve en el terreno de lo esperado. A los de Joachim Löw les cuesta improvisar, viven preocupados de responder ante su fama de equipo fiable. Nadie representa esta tendencia como Kroos, que posee una rara inteligencia artificial. Su fútbol, lejos del área, se vuelve demasiado correcto y meditado. En el otro lado del espejo está Özil, que suele equivocarse. El mediapunta alemán parece irregular y tiene un perfil extraño o melancólico. En ocasiones, se ausenta de los partidos y le falta ambición para despegarse de su marcador. Pero tiene una virtud que compensa todos sus defectos: se ve a sí mismo como un jugador distinto, de esos que no temen los riesgos. Su lectura del juego y de los movimientos de sus compañeros es uno de esos intangibles que pueden ganar partidos. Ante Italia firmó su mejor encuentro en la competición (a pesar de que falló desde los once metros) y se le espera contra Francia, en el duelo del campeonato.

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En la otra semifinal se enfrentan Portugal y Gales, dos equipos que viven su sueño particular. El más inesperado es el de los británicos, que competían por primera vez en un gran torneo. Es un equipo entusiasta, que vive de la carrera de Bale, de la sociedad Ramsey y Joe Allen y de los movimientos de Robson-Kanu. Gales, como ya ha dicho Bale, es todo corazón y orgullo.

La ausencia de Ramsey en Gales será casi tan importante como la de Pepe en Portugal. El central del Real Madrid es el líder en la sombra de la selección. Su intuición en la disputa y sus marcajes han sostenido a su equipo en el torneo. Por eso su lesión se intuye como un factor determinante en las semifinales. La baja por sanción de Ramsey dará mayores responsabilidades a Joe Allen, el mejor intérprete del juego en la selección de Colleman.

El partido es también una gran ocasión para Cristiano Ronaldo y Gareth Bale. Compañeros en el Madrid, líderes de su selección, se medirán en busca de un sueño. Ningún país cree tanto en su estrella como Gales en Bale, que ha guiado al equipo hasta una oportunidad histórica. Para lograrla deberá vencer a Cristiano Ronaldo, que es una amenaza permanente.

Portugal juega para ganar y no le importa si agrada o defrauda. Sabe que la memoria es generosa con el campeón y, de momento, los resultados justifican su propuesta. También la selección de Colleman intuye que está ante una ocasión irrepetible. Portugal abraza el pragmatismo de Fernando Santos y busca un trofeo que siempre se le ha negado. Gales , por su parte, sigue creyendo en los dragones.

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EL GIGANTE DE SEDA

Milán 0-1 Juventus
paul pogbaEl Milán de Inzhagi encaró el encuentro con una gran expectación. El equipo llegaba al partido tras una victoria ilusionante frente al Parma en el Ennio Tardini. El enfrentamiento ante el gran dominador del fútbol italiano en los últimos años era un estímulo para un equipo cargado de leyenda y de trofeos. La afición de San Siro preparó una gran pancarta para recibir a uno de sus rivales históricos: “Un anno di rabbia per tornare grande”. Sin embargo, el duelo ante la Juventus fue una dosis de realidad para el Milán y dejó claro a su técnico que para volver a ser grande debe jugar como tal. El conjunto rossonero especuló en exceso con el resultado, cedió demasiados metros y dejó el peso del partido a un rival poderoso. Ménez no encontró los espacios para desequilibrar y cuando lo hizo nadie le acompañó. El Shaarawy parece estar todavía falto de ritmo y Honda vio como Buffon le ganaba el pulso en la mejor ocasión de los milanistas. Poli sufrió ante el poderío de Pogba, Torres no generó peligro cuando ingresó al campo y sólo la entrada de Bonaventura pareció darle alas a un Milan sin vuelo. Dio la sensación de que el Milán tenía mayores argumentos futbolísticos de los que presentó ante su público.

milan

El juego se enmarañó desde el inicio: nadie quería perder un metro en la disputa y se sucedieron algunas entradas al límite del reglamento. La Juventus dominó la posesión en un partido pobre, lento y tenso. Pereyra, el mejor de los turineses en la primera parte, desafió a Abbiati en un par de ocasiones y Marchisio hizo temblar los cimientos de San Siro con un disparo a la madera. Tras el descanso, el Milán siguió reculando y la Juventus jugó con mayor fluidez.

Y con la sustitución de Pereyra, Pogba ganó jerarquía en el medio y se acercó al balcón del área. Marchisio siguió probando fortuna con disparos lejanos, Llorente recibió de espaldas y Tevez bordeó el peligro. Y en el minuto 71 llegó la jugada que cambió el partido. Paul Pogba controló un balón en la frontal del área del Milán. Se aprovechó de su altura para amortiguar la entrada de Poli y giró sobre sí mismo para asistir a Carlos Tévez con una picada sutil. El apache batió a Abbiati con un disparo seco y firmó la victoria de la Vecchia Signora. La Juve encontró a un gigante de seda para desequilibrar un partido tenso y sin brillo.


El partido fue un claro retrato del fútbol italiano actual. Hace tiempo que ningún equipo italiano es serio candidato a algún trofeo europeo y el dominio de los turineses en liga aún no se ha trasladado a la competición continental. Además algunos equipos siguen proponiendo un fútbol antiguo del que no parecen poder despegarse definitivamente en el Calcio. Algunos de los grandes partidos se deciden por instantes de talento entre largos minutos de aburrimiento. En el primer enfrentamiento entre los grandes de la temporada, el Milán decidió defenderse en lugar de atacar y la Juve supo sobreponerse a la ausencia del gran Pirlo y esperar su momento. Entonces apareció Pogba para domar el encuentro. El futbolista francés de origen guineano es uno de los mediocampistas más prometedores del panorama mundial. Muy hábil y poderoso físicamente, siempre reclama protagonismo en los grandes momentos. Es osado y atrevido en el uno contra uno y gana presencia con el paso de los minutos. Combina finura y corpulencia y se le considera, además, el gran estandarte de una nueva generación de futbolistas franceses.

paul-pogbaPaul Pogba está dispuesto a hacerse un nombre en el mundo del fútbol y parece tener prisa por hacerlo. Antes de abandonar Old Trafford, un mito del Manchester United como sir Álex Ferguson le pidió paciencia: “Eres un joven de las inferiores, no estás listo todavía. Debes ser paciente. Scholes lo fue, Giggs lo fue”. Pogba respondió con un escueto y desafiante: “Yo no soy ni Giggs ni Scholes”. Una tesis en la que profundizó cuando le preguntaron por uno de sus referentes, Patrick Vieira: «Le vi jugar mucho cuando era más joven. Era un líder que controlaba el centro del campo, pero mi objetivo no es ser como Viera, sino ser Paul Pogba».

El gigante de seda solo quiere ser él mismo y dejar su huella entre los grandes.

Por Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto2: http://pbs.twimg.com/media/Bx_3-kZIMAEJ93e.jpg

Foto3: http://images.sportsworldnews.com/data/images/full/5680/paul-pogba.jpg?w=600

CUARTOS DE FINAL: JORNADA 1

Francia vs Alemania

(Maracaná, Río de Janeiro. 4 de julio, 18:00 h)

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Francia. Estrella: Karim Benzema. Lleva 3 goles en la competición pero no marca desde el segundo partido, ante Suiza. En octavos mantuvo un duelo particular con Enyeama que ganó el portero nigeriano. Gran parte de las aspiraciones del equipo francés pasan por el acierto de Benzema. Debe aprovechar los espacios que deja la zaga alemana y asociarse con sus compañeros a la carrera. Está jugando a un gran nivel y lidera a una generación joven y osada. Se medirá a Hummels en un duelo vibrante.

Alemania. Estrella: Thomas Müller. El alemán es un jugador con mucha ambición, sin demasiados alardes pero siempre eficaz. Sus movimientos pueden engañar en ocasiones: tiene mucho talento e imaginación. Aunque hay una cosa que no engaña: Müller siempre mira a portería. Ante Argelia lideró a su equipo en la victoria en el tiempo extra y ante Francia es la gran arma alemana. Es un hombre de Mundiales.

Claves del partido.

  • La posesión. Francia es capaz de adaptarse a varias formas de jugar: puede dominar el encuentro desde la posesión o bien replegarse y lanzar a sus delanteros en contragolpes. Alemania propone un modelo de juego basado en el dominio balón y debe evitar riesgos ante la presión francesa, repleta de mediocentros poderosos en la disputa. Parece que sus opciones pasan por la posesión, pero no basta con eso. Alemania debe darle velocidad a la circulación y fluidez al juego. Özil debe pedir el balón y la media ha de ser vertical y buscar posiciones de disparo con Kroos, Müller, Khedira o Schweinsteiger.
  • La defensa alemana. Alemania llega dejando ciertas dudas en su zaga y Francia tiene muchos jugadores capaces de hacer daño a cualquier defensa. Al desequilibrio de Benzema se suma la presencia de Giroud, la finura de Griezmann, la habilidad de Valbuena y las llegadas del lugarteniente Cabaye, del potente Matuidi y del prometedor Pogba. Alemania sufrirá en las pérdidas de balón y debe corregir sus balances defensivos ante una selección peligrosa.
  • La puntería. Ambas selecciones necesitaron muchas ocasiones para vencer a sus respectivos rivales de octavos de final. Necesitan mejorar en este aspecto, en un partido en el que cada oportunidad puede ser decisiva. Francia debe facilitar el despliegue de sus llegadores y encontrar a Benzema. Alemania debe involucrar en el juego a Özil y Götze (aunque sobre el último hay dudas de si será titular, tras su mal partido ante Argelia). Pese a ello ambos son futbolistas que le dan a La Mannschaft un plus de imaginación necesario para jugar a lo que pretenden. Schürle puede ser un gran segunda espada para Müller. Y es que a la espera de que Joachim Löw llame a filas a Klose, el 13 tiene la llave del gol para los alemanes.

 

Brasil vs Colombia

(Estadio Castelão, Fortaleza. 4 de julio, 22:00 h)

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Brasil. Estrella: Neymar Jr. Llega al partido después del trauma de los penaltis ante México y se enfrenta a la revelación del torneo. Sobre su gran figura se carga el peso de un país que vive el fútbol con una especie de devoción religiosa. Brasil necesita a Neymar y el delantero no puede estar más solo ante el peligro. La canarinha es un equipo sin imaginación y solo la mejor versión del 10 le puede dar alguna opción. Para ello debe mirar a la portería y evitar regates intrascendentes. Ante Ospina, Neymar querrá marcar su quinto tanto en la competición.

Colombia. Estrella: James Rodríguez. Está siendo el hombre del Mundial. Ha marcado 5 goles y ha participado en 10 de los 11 tantos de su equipo. Todo finura, el mediapunta debe responder ahora que es el objetivo de todos los focos. Tiene un gran sentido del juego colectivo y debe participar mucho en la circulación y asociarse con Cuadrado. Su zurda puede romper el sueño brasileño en Fortaleza.

Las claves del partido:

  • Pánico escénico: Brasil juega ante su público, con el arma de doble filo que supone ser la anfitriona. Colombia es una selección joven e impetuosa, que deberá domar los nervios que genera un gran escenario. A los chicos de Pekerman no les falta carácter y de su descaro dependen las opciones colombianas. Del regate de Cuadrado, el despliegue de Armero, el sacrificio de Abel Aguilar, la presencia de Teófilo Gutiérrez y el oportunismo de Jackson Martínez.
  • Balances defensivos: Colombia propone un juego vistoso, de ataque, se despliega por los costados y disfruta con espacios. Será interesante ver si ante la anfitriona renuncia a parte de su encanto para dotar de seguridad defensiva al equipo. En cualquier caso, la selección cafetera debe vigilar a Neymar y a Hulk, los grandes peligros de la canarinha. Brasil debe apuntalar su zaga, teóricamente una de las mejores de la competición. Con especial atención a las bandas de Cuadrado y Armero y al fútbol de cumbia de James Rodríguez.
  •  Brasil contra sí misma: Brasil jugará en Fortaleza un partido contra varios elementos: contra Colombia, la gran revelación del torneo, y contra su propia historia. Scolari propone un juego calculador, rácano, basado en el acierto puntual de su estrella y en la solidez defensiva. Es una selección que opta por un fútbol totalmente distinto al que ha encumbrado a su país como pentacampeón. Brasil hace tiempo que no juega bonito y eso sus aficionados no lo olvidan. Solo la victoria permite justificar el cambio de rumbo de su selección. El resultadismo sin resultados no sirve de nada.

 

LA NUEVA FRANCIA DE KARIM BENZEMA

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE/

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Este es un Mundial extraño. Sobre el papel, a priori, hay muchos favoritos. Sobre el terreno, nadie es mejor que nadie. La propia España ha sido víctima de ello en los dos partidos. E Italia perdió ante Costa Rica. Alemania estuvo contra las cuerdas frente a Ghana: el chiste fácil Ghana gana habría hecho justicia al partido soberbio de los africanos que dominaron a los alemanes durante la primera parte, les impidieron jugar y se pusieron por delante 2-1. A Brasil, el todopoderoso Brasil de Scolari, le amargó el segundo partido México, con un portero de goma que hizo pensar en la ‘Tota’ Carbajal, que jugó cinco mundiales. Nadie parece imbatible ni tener un sistema de juego superior al de los demás o superior al que exhibió España en Sudáfrica. Por cierto, digan lo que digan, como cantaba Raphael, el juego del tiqui taca ha hecho mella en Joachim Löw, que también se ha contagiado de la obsesión de Guardiola por convertir a un gran lateral como Lahm en un intrascendente creador de juego, o en Cesare Prandelli, desolado el otro día en la banda: desolado, desesperado e impotente. Parecía preguntarse: “¿Es esto todo lo que tenemos?”. ¿Sería eso, Balotelli, Pirlo, Cassano, será tanta la nada?

Brasil y Argentina van a su aire o a su bola, y ofrecen muy poca cosa: los dos conjuntos supeditan su juego, su esquema y su partitura a dos estrellas disparejas, Neymar, en período de formación aunque tan valiente como temerario, y a Messi, que intenta recuperar al genio que fue anteayer mismo en Europa. Son dos equipos contradictorios y raros: aburren y apenas ofrecen rasgos de belleza, pinceladas de fútbol coral, una idea o un plan de desarrollo y ataque. Están descolgados por completo de su historia.

seleccion francesa

No se puede hablar, por lo mostrado hasta ahora, de favoritos. Pero sí de un equipo que funciona como un bloque, que es rocoso y sutil a la vez, que tiene personalidad y que crece partido a partido, y que está dirigido desde la delantera por un jugador denostado ayer, odiado por casi toda Francia e idolatrado hoy: Karim Benzema. Esta Francia, de entrada, da la sensación de saber lo que quiere y de tener diversos registros en todas las líneas, registros y piezas intercambiables. En sus dos partidos ofreció una lección de un fútbol sólido, acaso estelar. Es capaz de construir el juego con rapidez y gusto por el toque, que nace en los pies de Cabaye (nervioso e irresponsable: con el resultado a favor seguía golpeando y haciendo faltas como si jugase la final de su vida) y Valbuena (que recuerda a un pequeño jugador de leyenda como Alain Giresse); a la vez practica un contragolpe vertiginoso, conducido por Benzema (que ha llegado pletórico, iluminado de certezas y de inteligencia), por Giroud, por Griezmann o por esos portentos físicos, con gol en las botas, que se llaman Pogba, Matuidi y Sissoko. El nivel general del grupo es tremendo. De repente, se ha animado, se ha encorajinado y empieza a pensar que todo es posible. Benzema, que ha jugado una buena temporada en el Real Madrid, conoce el envés del fútbol: ha sido menospreciado y silbado. Pelillos a la mar. En Brasil se encuentra en plenitud: conduce y remata, golpea desde cualquier posición, fantasea o inicia la jugada. Marca los tiempos. Se sabe importante y cualquier balón le sirve para inventar un pequeño prodigio. Nadie echa de menos a Ribéry ni a Nasri. Si el colegiado le hubiera concedido el último tanto que le marcó a Suiza, ya sería el héroe del Mundial de Brasil. El fútbol no admite la atonía ni la sensatez: va y viene de la cúspide al precipicio en un santiamén. Benzema ya lo había sentido en carne propia. Ahora tiene un puñado de argumentos irrebatibles.

*Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el 23 de junio de 2014.

FRANCIA SE CITA CON LA GRANDEZA

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Francia venció con claridad en Salvador de Bahía ante Suiza, en un choque tan entretenido como desigual. La selección de Didier Deschamps es un equipo con ambición, compuesta por jóvenes de calidad que quieren mirar de igual a igual a las candidatas. Francia, en su inicio de competición, se ha puesto al nivel de las más grandes, con el beneficio o la desventaja (según se mire) de que todavía no se ha enfrentado a rivales de entidad.

La Francia de Deschamps tiene muy presente el ridículo de la Francia de Domenech en el pasado Mundial (*). No se olvida tampoco de las dificultades que han pasado hasta llegar a Brasil y el equipo tiene la viva intención de no desperdiciar la ocasión. A partir de ahí, de esas ansias de victoria, de su intensidad y de unas espléndidas condiciones se ha forjado un equipo poderoso.

El choque ante Suiza tenía cierto peligro, Francia había visto como Italia caía apenas unas horas antes contra Costa Rica y se convenció de que a ellos no les pasaría lo mismo. Se convenció el equipo y se encargó Benzema. Francia fue un ciclón liderado por el delantero madridista, quien luce más si siente que su equipo le necesita. Y en la selección Karim es imprescindible: es el principio y el fin del juego ofensivo. Benzema es uno de los delanteros más completos del mundo: sabe jugar en corto, es rápido al espacio, hábil en pocos metros, tiene un gran disparo y sabe descifrar los huecos que dejan las defensas rivales. Y ha aprendido una valiosa lección de su gran ídolo Ronaldo Nazario Da Lima: los Mundiales son el mayor escaparate posible para los grandes jugadores. Y por eso Benzema tiene ahora más hambre que nunca.

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Lo mostró pronto el jugador del Real Madrid con un disparo que buscaba la escuadra de los suizos y se fue fuera por poco. Y a continuación llegó el gol de Olivier Giroud, un delantero corpulento que estrenó sociedad con Benzema. El jugador del Arsenal comparte con el del Real Madrid el gusto por la sutileza. Tras el gol nada pudo parar a los bleus. El segundo llegó casi de la mano del primero. Benzema ondeó el horizonte y encontró a Matuidi en pleno vuelo. El medio francés vio libre el palo corto y ejecutó, con un disparo raso, a Benaglio. Francia sustentaba su juego en rápidas y precisas combinaciones cuando el rival le esperaba y aprovechó la velocidad de su plantilla cuando se abrían los espacios. Fue tan holgada en el partido que poco importó que su máxima estrella se cegara ante el punto fatídico y fallara un penalti.

La Suiza de Omar Hitzfeld veía impotente como su rival le avasallaba y solo encontró alguna opción aprovechando el culebreo de Shaqiri. Aún así no se refugió en la trinchera y optó por morir matando. Francia disfrutó entonces de muchos espacios a la espalda de la defensa suiza y explotó la velocidad de una media poderosa y de una delantera letal. Matuidi y Sissoko, muy importantes para el juego francés, son dos lebreles que custodian el criterio de Cabaye y Valbuena y que saben llegar a posiciones de disparo.

Francia se desató en transiciones rápidas y llegó el tercer gol. Varane lanzó a Giroud tras un córner en contra de Francia. El delantero corrió y corrió, apuró la línea de fondo y vio el carrerón de Valbuena; Giroud asistió de manera milimétrica al pequeño interior y Valbuena completó una contra perfecta con el 3-0.

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En la segunda parte Francia mantuvo intacta su energía. Incluso dio la sensación de que los 5 goles que hizo eran pocos dada la codicia de sus jugadores.

Benzema, espoleado por su penalti fallado, no cejó en su empeño de buscar el gol. Y lo consiguió tras un fantástico pase de exterior de Pogba, otro futbolista que tiene condiciones para ser protagonista en cualquier escenario. Al gol de Karim se sumó el de Sissoko, que completó un partido redondo de la media francesa.

En el arreón final Suiza mostró que es un equipo valiente y con orgullo. Redujo la distancia con goles de Dzemaili y Xhaka, dos rebeldes que se negaron a arrodillarse ante la exhibición de los franceses.

El partido llegó a su fin y Francia ratificó su candidatura. Deschamps ha formado un equipo joven que posee muchos recursos y variantes: tiene muchos jugadores de segunda línea que llegan a posiciones de remate, sabe manejarse en pequeños espacios ante defensas cerradas y disfruta cuando las defensas rivales le conceden metros. Francia tiene una plantilla enérgica, con poderío y clase, con un buen sentido del juego. Con un gran portero como Lloris, con dos centrales de gran proyección, como Shako y Varane, con el oficio de Evra en el lateral izquierdo y el despliegue de Debuchy en el derecho, con la distribución de Cabaye, el poderío de Pogba, Matuidi o Sissoko, el atrevimiento de Valbuena y Griezmann, el remate de Giroud y el exquisito talento de Benzema.

Francia mostró en Sao Paulo que tiene mimbres de campeón, posee la insolencia de los jóvenes y el talento de los más grandes.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) En la selección de Deschamps ya nadie se acuerda de la polémica: en el Mundial de Sudáfrica protagonizaron un vergonzoso motín, cuando estaban a las órdenes de Domenech. Ya en pleno cambio generacional, con Deschamps al frente, Benzema fue pitado por su propia afición cuando atravesaba una sequía goleadora o Nasri fue excluido de la lista en una decisión controvertida. Tampoco la lesión de Ribery ha perjudicado a un equipo que cuenta sus partidos por victorias. Es más, la ausencia de estrellas de un carácter peculiar como Nasri o Ribery, han permitido que veamos la mejor versión de Benzema.