Portugal burló a Francia con su lentitud letal

Antón Castro / La química del gol

Se cumplió el axioma: quien perdona tanto, pierde. Los franceses sucumbieron ante el trabajo parsimonioso que elaboró Fernando Santos, tras un gol de Éder en la prórroga.

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Fernando Santos, fumador empedernido, católico y sentimental, no cree en la enfermedad portuguesa que cantan los poetas. Es de la tribu dura y airada de los parias y los estrategas. Sabía que una vez allí, en la otra ciudad de la luz (él es de Lisboa: la ciudad de la luz abierta al mundo de los navegantes), todo era posible. Hasta que se cumpliera su profecía.

Sus chicos y él habían ido a por todo y a por todas. A veces parece un tipo colérico, mal encarado, casi violento, pero se le ven detalles de paternalismo, de afecto profundo hacia sus jugadores. Los protege, les enseña el camino, los cambia de sitio, les otorga responsabilidad, como hizo con Renato Sanches o con João Mario, o con Éder, ese delantero al que nadie esperaba y que incendió Francia y las esperanzas del mundo.

Fernando Santos sabe que a los azules franceses les cuesta pensar. Los jugadores de Deschamps son prodigiosos en cuanto a condición física, parecen de acero o de hormigón armado (incluso Dimitri Payet, que lesionó a Cristiano Ronaldo), a veces no se sabe si son motos, coches o caballos, tal como pareció insinuar un anuncio publicitario anterior al choque, y llegan a arriba por pura potencia, por desmelenamiento y agresividad. El caso más claro ha sido Moussa Sissoko, un torbellino incontenible capaz de destrozarlo casi todo, que asumió no la dirección de juego, que no la tuvo Francia, sino la intensidad, el desborde, la dentellada que provocaría tarde o temprano el gol.

Antoine Griezmann ni fue el mosquetero ni el cerebro ni el principio de la revuelta necesaria: anduvo un tanto errático, sin sitio, un poco huidizo y conformista, pudo marcar de un servicio impecable de Payet, tuvo dos o tres intentonas más, pero no se puede decir que compadeciese mucho en un día imperfecto. Quizá pensó, o sintió, que debía solidarizarse con Cristiano Ronaldo, herido en una rodilla. El hombre de Madeira dejó el campo teatralmente, entre lágrimas, que ya no le abandonaron hasta que se produjo lo inesperado: el gol de Éder. El milagro de todos los torneos. El delantero de Guinea-Bissau, de origen brasileño, ratificó un viejo axioma: cuando se perdona tanto, cuando no se aprovecha la superioridad y falta el autentico coraje, el sentido histórico y el orgullo del campeón en casa, el rival apuntilla. Y humilla a todo un país. Portugal, que había hecho poco y había resistido mucho, sentenció con una jugada espléndida. No se puede decir que Portugal haya jugado mejor que Francia. No. Pero quizá sí se deba decir. Fue más inteligente en sus limitaciones, empleó mejor sus armas, emborronó el juego cuando y cuanto quiso, lo volvió denso, insustancial y opaco, se abrazó a su extraordinario portero y le dio alas a Nani, que ha sido su mejor jugador con Rui Patricio. Francia quiso un poco, solo un poco, y se desfondó. Tuvo algunos arreones pero siempre fue un equipo demasiado impersonal, desarmado de claridad, un quiero y no puedo. Portugal se abrazó a sus certezas: los defensas Fonte y Pepe, sintió que William Carvalho, sin brillantez ni estridencia y sin errores, hizo su trabajo inmisericorde y gris, barrió su media luna y el centro del campo con serenidad y astucia. Santos intuyó que Quaresma está en el fútbol para lograr un milagro y que João Mário es ese jugador tranquilo y vibrante, de oficio, que alarga al equipo. Es sobrio, técnico, con sentido coral, que adormece al adversario. João Mário se vació para que Portugal fuese como un narcótico para Francia: el colectivo luso sobrevivió con agotamiento y ejecutó por aplastamiento.

Este partido lo hemos visto muchas veces. Portugal obtuvo el gran premio y Francia decepcionó: si a veces le sobró pundonor, le faltó auténtico corazón, aceleración y compromiso. En el fondo, le faltó fútbol y el verdadero ritmo que conduce al gol. Deschamps nunca se percató de que Francia carece de fantasía: no hay ingenio ni sutileza que alimente a sus atletas.

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(*) Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el lunes 11 de julio de 2016.

 

Cuentos de dragones

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La Eurocopa camina entre la emoción y el aburrimiento. Los partidos prometen más de lo que cumplen y se valora más el pulso táctico que el talento. El torneo puede mejorar en semifinales, con dos duelos bien distintos: el primero enfrenta a dos selecciones que buscan su primer título y el segundo mide a dos clásicos del fútbol europeo. Alemania y Francia comparten la condición de candidatas desde hace tiempo. Portugal y, sobre todo, Gales son una irrupción inesperada. En todas las selecciones brilla algún jugador que procede de los equipos de Madrid, protagonistas de la final de Milán hace un mes. Cristiano en Portugal, Bale en Gales, Griezmann en Francia y Kroos en Alemania. A falta de La Roja en el tramo decisivo de la competición, la liga lo considera una pequeña victoria del fútbol español, que pretende reafirmar su éxito en Europa.

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Francia estuvo inspirada frente a Islandia, después de la agonía de la ronda anterior. Esta vez, su victoria llegó ante un combinado que entendía que la modestia era su mejor arma. Islandia se había ganado el favor del público neutral por su simpatía y su concepto voluntarioso del juego. El equipo de Lagerback mostró signos de rebeldía cuando el resultado ya estaba perdido. Poco podía hacer ante el 4-0 inicial de los franceses, que disfrutaban de la explosión de los grandes líderes de su ataque (marcaron Giroud, Pogba, Payet y Griezmann). Sin embargo, el segundo tiempo fue toda una demostración de carácter de los islandeses, empeñados en responder a su apodo de vikingos. El país que más ha seguido el torneo tiene argumentos para estar orgulloso. Islandia logró batir en dos ocasiones a Lloris y jugó sin complejos, con la valentía del que se siente modesto entre los grandes. Su actitud le diferencia de muchos equipos conformistas, que han traicionado su propuesta a menudo. La Bélgica de Wilmots, que tropezó ante Gales cuando tenía todo a favor, sirve como ejemplo.

Si parte del encanto de Islandia reside en su humildad, Francia convenció por su poca compasión ante el que parecía el equipo de todos. La selección de Deschamps valora la oportunidad que se le ha presentado. Con el favor de su público, y con sus estrellas (Griezmann, Pogba y Payet) a pleno rendimiento, la selección está a un paso de repetir éxitos en su terreno, como ya ocurrió en el Mundial 98 y en la Eurocopa del 84. Frente a Alemania se enfrentará a su historia y al que es el equipo más sólido de la competición. La selección francesa recuerda el choque de Harald Schumacher con Battiston y su eliminación en el pasado mundial para preparar su venganza.

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La Alemania de Löw demostró ante Italia que ha venido para ganar. Resolvió en una tanda de penaltis delirante, que premió el acierto final de Jonas Héctor entre un cúmulo de errores (en Italia fallaron Bonucci, Darmian, Pellè, Zaza y en Alemania Schweinsteiger, Müller y Özil). La victoria llegó con fortuna, después de que Italia se aferrara al partido como solo ella sabe hacerlo. El equipo alemán sabía de la capacidad de supervivencia de los italianos. Pero, como era de esperar, no pudo evitar el tanto  de Bonucci, que marcó desde los once metros, después de un error extraño de Boateng. En la prórroga, la Mannschaft quiso la victoria y, hasta cierto punto, la mereció. Una de las conclusiones del encuentro, además de que conviene ensayar más los penaltis, es que Alemania nunca debe renunciar a Özil o a Draxler. Los dos le otorgan imaginación a un bloque que se mueve en el terreno de lo esperado. A los de Joachim Löw les cuesta improvisar, viven preocupados de responder ante su fama de equipo fiable. Nadie representa esta tendencia como Kroos, que posee una rara inteligencia artificial. Su fútbol, lejos del área, se vuelve demasiado correcto y meditado. En el otro lado del espejo está Özil, que suele equivocarse. El mediapunta alemán parece irregular y tiene un perfil extraño o melancólico. En ocasiones, se ausenta de los partidos y le falta ambición para despegarse de su marcador. Pero tiene una virtud que compensa todos sus defectos: se ve a sí mismo como un jugador distinto, de esos que no temen los riesgos. Su lectura del juego y de los movimientos de sus compañeros es uno de esos intangibles que pueden ganar partidos. Ante Italia firmó su mejor encuentro en la competición (a pesar de que falló desde los once metros) y se le espera contra Francia, en el duelo del campeonato.

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En la otra semifinal se enfrentan Portugal y Gales, dos equipos que viven su sueño particular. El más inesperado es el de los británicos, que competían por primera vez en un gran torneo. Es un equipo entusiasta, que vive de la carrera de Bale, de la sociedad Ramsey y Joe Allen y de los movimientos de Robson-Kanu. Gales, como ya ha dicho Bale, es todo corazón y orgullo.

La ausencia de Ramsey en Gales será casi tan importante como la de Pepe en Portugal. El central del Real Madrid es el líder en la sombra de la selección. Su intuición en la disputa y sus marcajes han sostenido a su equipo en el torneo. Por eso su lesión se intuye como un factor determinante en las semifinales. La baja por sanción de Ramsey dará mayores responsabilidades a Joe Allen, el mejor intérprete del juego en la selección de Colleman.

El partido es también una gran ocasión para Cristiano Ronaldo y Gareth Bale. Compañeros en el Madrid, líderes de su selección, se medirán en busca de un sueño. Ningún país cree tanto en su estrella como Gales en Bale, que ha guiado al equipo hasta una oportunidad histórica. Para lograrla deberá vencer a Cristiano Ronaldo, que es una amenaza permanente.

Portugal juega para ganar y no le importa si agrada o defrauda. Sabe que la memoria es generosa con el campeón y, de momento, los resultados justifican su propuesta. También la selección de Colleman intuye que está ante una ocasión irrepetible. Portugal abraza el pragmatismo de Fernando Santos y busca un trofeo que siempre se le ha negado. Gales , por su parte, sigue creyendo en los dragones.

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EL CLÁSICO DE LAS MIL CARAS

El Barcelona venció en el clásico del fútbol español (2-1), en un partido bonito, igualado y lleno de alternativas, que resolvió Luis Suárez en el minuto 56. El duelo no decepcionó en el juego y fue un intercambio de golpes entre los dos candidatos al título, una sucesión de estados de ánimo que acabó por coronar al Barcelona.

FC Barcelona v Real Madrid CF - La Liga

El espectacular mosaico del Camp Nou recibió a los protagonistas de un evento deportivo que se retransmite en todo el mundo. Luis Enrique se decidió en la previa del partido por Mascherano como eje del equipo, en lugar de Busquets, que acaba de recuperarse de una lesión. La decisión privó al Barcelona de un juego más aseado, pero le permitió ganar tensión competitiva en un partido exigente. El estadio registró la mejor entrada de la temporada y el público tardó poco en cantar el primer caño de Messi, una de las apuestas que más baratas se pagaban en el Clásico. El equipo de Luis Enrique amenazó tímidamente a Casillas, hasta que el juego se alejó del 10. Con Messi aislado en la banda, el Barcelona estuvo lento en la circulación, no ejerció bien la presión, perdió el control del partido y el Madrid disfrutó de espacios para correr. Rakitic tuvo que sacrificarse a la hora de seguir a Marcelo y el Madrid generó superioridad en el medio, en el que camparon a sus anchas Modric y Kroos. Bajo la dirección del croata, Marcelo desbordó por el costado, Benzema puso su talento al servicio del equipo y Cristiano olfateó el gol. Los tres se dieron cita en la primera ocasión del Madrid. La jugada partió de la banda de Marcelo y el balón llegó a Benzema que, tras revolverse en el área, centró para Cristiano. El portugués remató forzado y su lanzamiento se topó con el larguero de Bravo.

El Barcelona lograba sacudirse la presión blanca por momentos, bajo la conducción de Iniesta, el juego de espaldas de Suárez y las ráfagas de Messi. Pero en la primera parte renunció a su abecedario futbolístico y abusó del balón largo a Suárez, que se peleó durante todo el partido con Pepe y Ramos. Con Messi lejos del cuero, Neymar rifó la posesión en regates intrascendentes, Rakitic perdió peso en el partido y Alves sufrió en su banda, ante la superioridad que generaban Cristiano y Marcelo. Y cuando la duda rondaba el Camp Nou, Messi botó con precisión una falta desde el costado izquierdo. Mathieu le ganó el salto a Ramos y remató a la red de Casillas (1-0), que regresaba al Camp Nou dos años después. Y aunque el partido transcurría por un terreno de idas y venidas, en el que el poderío físico parece favorecer a los velocistas del Madrid, el Barcelona tuvo tras el gol la opción de ampliar su ventaja. Suárez cazó un rechace en el área madridista y su disparo tropezó en Neymar, que falló con todo a favor, a medio metro de la portería de Casillas. La jugada no pudo ser más trascendente para el resultado, pues en el siguiente ataque, Benzema fabricó el gol de la igualada. El francés recibió en el borde del área un servicio de Modric y dibujó de tacón un pase medido para Cristiano. El portugués, muy activo durante la primera mitad, llegó antes que Alves y ajustó su disparo de puntera hasta hacer inútil la estirada de Bravo (1-1).

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Tras el empate, el equipo de Ancelotti disfrutó de sus mejores minutos en el Camp Nou, que coincidió con el mejor momento de Benzema y Cristiano en el partido. El portugués mostró en el Clásico su ambición: encaró a Alves, buscó posiciones de remate, exigió a Bravo con un poderoso lanzamiento y fomentó su sociedad con Benzema, el futbolista más inspirado del Real Madrid. El francés posee la capacidad de improvisar en ataque estático, ofrece siempre buenas soluciones para sus compañeros y tiene además facilidad para rescatar un pelotazo y convertirlo en un tesoro.

Bravo fue exigido por Bale, Benzema y Cristiano y el chileno mantuvo a su equipo en el partido. El Barcelona agradeció el descanso y se benefició de la poca puntería del Madrid. En la segunda parte el equipo de Luis Enrique se serenó en el juego y, aunque le costó progresar en la elaboración, concedió menos pérdidas y limitó los ataques blancos. Ante el atasco blaugrana en la media decidió forzar a la defensa del Madrid con balones al espacio, como una forma de sorprender a su rival. Y el Barcelona encontró a Luis Suárez, un futbolista al que le sienta bien la etiqueta de los grandes partidos. Alves lanzó la carrera del uruguayo con un desplazamiento largo y el delantero le ganó la partida a Ramos. Orientó el balón y, con poco ángulo, cruzó su disparo con precisión, lejos de Casillas (2-1).

El segundo tanto fue un golpe crítico para el Madrid, que se fue difuminando en el encuentro, en el momento en que irrumpió Messi. El argentino llegó tarde al partido, fundamentalmente porque el Barcelona no consiguió integrarle con la posesión y él tampoco se ofreció en exceso. No estuvo tan fresco como ante el City, pero en la última media hora, el 10 volvió a dirigir al Barcelona, cuando Kroos y Modric ya no tenía pulmones para realizar las coberturas. La salida de Xavi y Busquets le dio al Barcelona más fluidez en el juego y el equipo conservó el balón con criterio. Messi abandonó la banda y acampó en la posición del enganche, lugar en el que muestra su facilidad para la invención. Desde allí, explotó su zurda, burló rivales y fabricó las mejores ocasiones del Barcelona. Jordi Alba estuvo a punto de marcar en un servicio del 10 y Neymar mantuvo su riña con el gol hasta en tres disparos. Messi también falló ante la sombra de Casillas: primero, se zafó del marcaje de Kroos y su disparo de interior se fue fuera por poco; después, no embocó un pase atrás de Jordi Alba, en una bonita combinación entre ambos; y, por último, no resolvió un barullo en el área madridista.

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Con el Madrid fatigado, el Barcelona disfrutó de varias oportunidades para firmar la sentencia. Pero, al igual que ante el City, pecó de cierta inocencia ante la portería rival, cuando la inercia del partido estaba a su favor. El Madrid no tuvo capacidad de respuesta tras el gol de Suárez y solo inquietó a Bravo con un disparo lejano de Benzema. Cristiano no amenazó en el último tramo, Marcelo no profundizó como en la primera parte y la media se desfondó. El equipo de Ancelotti recurrió al juego directo y se estrelló contra Piqué, que confirmó su buen momento con un partido impecable ante el eterno rival.

El Clásico llegó a su fin con el rondo del Barcelona en el descuento. El Madrid dejó buenos síntomas en el Camp Nou: fue mejor durante muchas fases del partido y supo imponer su juego hasta el gol de Suárez, pero perdonó a su rival en las jugadas decisivas del duelo. El Barcelona mantuvo la paciencia en los momentos críticos, en los que la fortuna estuvo de su lado, y superó con claridad a su rival en la última media hora, gracias a la finta de Messi y al pase de Xavi, que completó su partido número 42 ante el Real Madrid. Antes, cuando el Barcelona parecía estancado en el juego, Mathieu y Luis Suárez le habían dado la ventaja, en dos acciones que definen los registros del Barcelona de Luis Enrique. El primer gol llegó en una jugada a balón parado, una suerte que tradicionalmente esquivaba al equipo catalán, y el segundo tanto responde más al juego directo que a la elaboración, una novedad que ofrece Suárez al repertorio del Barça.

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El Clásico fue un duelo exigente, un espectáculo vibrante entre dos de los mejores equipos de Europa. La fortuna y el cuidado de los detalles consagró la reacción del Barcelona en la Liga. El equipo de Luis Enrique amplía su distancia a cuatro puntos y refuerza su liderato, cuando no hace tanto llegó a estar a siete del Real Madrid. Siguen quedando muchos puntos en juego y, como mostró el partido, todo puede cambiar en el momento más inesperado. La liga, como el duelo entre sus máximos aspirantes, se mueve en un carrusel de altibajos.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1,2, 3 y 4: (AFP) Getty Images (Reuters).

APUNTES DEL CLÁSICO

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El Clásico enfrenta a dos de los mejores equipos del mundo. El duelo no será decisivo –el vencedor será líder con una diferencia mínima-, pero puede ser un punto de inflexión para dos conjuntos que han alternado fases brillantes y mediocres. Real Madrid y Barcelona representan dos concepciones diferentes del fútbol, dos estilos antagónicos cuyos límites se han difuminado en algunos momentos de la temporada. El Madrid ha sumado a su brutal contragolpe la capacidad de controlar los partidos a través de la posesión. En su mejor momento de la temporada, el centro del campo formado por Kroos, Modric, Isco y James dominaba y ganaba los partidos a través de la combinación, si bien mantenía su gusto por el contraataque. Sin embargo, en la última fase de la temporada, con las bajas de Modric y James, el Madrid ha perdido imaginación y se ha visto obligado a recurrir a su arma más natural. Del mismo modo, en algunas fases el Barcelona ha renunciado al juego horizontal, a posesiones largas que permitan al rival encerrarse. Lo ha hecho en favor de su delantera, tal vez la mejor del mundo en ataque posicional, pero imparables con espacio.

La defensa del Madrid parece más segura. Incluso en los peores partidos del equipo de Ancelotti, cuando el rival le creaba ocasiones con facilidad, el principal problema no estaba en los defensas, sino tal vez en la poca ayuda que ofrecían los delanteros y en la superioridad del contrario en el centro del campo. Carvajal ha dado un paso al frente esta temporada. Su enfrentamiento con Neymar, al que defendió muy bien en la primera vuelta, será una de las claves del partido. Ramos y Pepe forman una de las parejas de centrales más sólidas del mundo. Son los líderes naturales del equipo. Marcelo será fundamental para sacar el balón jugado y para crear desequilibrios. Las mejores jugadas del Madrid suelen nacer en el costado izquierdo, en combinaciones del brasileño con Isco, Benzema o Cristiano. Sin embargo las caídas de Messi a la banda derecha pueden limitar sus incoporaciones.

En el Barcelona, Piqué pasa por su mejor momento en años. En sus enfrentamientos contra el Madrid su actuación siempre ha sido un factor determinante. Se ha medido a Cristiano Ronaldo con diferentes suertes. A su lado, estarán Mathieu o Mascherano, dependiendo de si finalmente Luis Enrique arriesga y Busquets juega de inicio. El francés promete fortaleza en los balones aéreos y potencia para sostener un sprint a los velocistas del Madrid. Mascherano es la anticipación y la lectura del juego, algo importantísimo en los Clásicos. Dani Alves y Jordi Alba son dos laterales incansables que siempre ofrecen un apoyo, o doblan a su extremo en busca de la línea de fondo. El Madrid tratará de aprovechar los metros que se creen a sus espaldas, especialmente en el caso del brasileño, con menor rigor táctico.

El centro del campo del Madrid explica la amplitud de recursos con los que cuenta el equipo de Ancelotti. Su duelo con la media blaugrana definirá el partido: los dos equipos querrán imponer su juego, y el que pierda el balón deberá decidir si presiona o espera. Los papeles ahora pueden intercambiarse. El Madrid sabe hacer de Barça, y el Barça de Madrid.

Real Madrid CF v FC Barcelona - La Liga

Busquets podría volver al equipo, recuperado de su esguince de tobillo, con lo que la circulación del Barcelona ganaría fluidez. Su grado de inspiración en la salida de balón y en la lectura de los espacios siempre ha sido otro elemento vital en los Clásicos. Mascherano puede ser un fantástico sustituto, sobre todo en un partido en el que su equipo no tendrá el balón en algunas fases del partido y deberá correr para recuperar. En el Madrid, Kroos volverá a ser el eje, después de su primera jornada de descanso de la temporada, justo antes de un partido que se presume exigente. Él y Busquets son los jugadores que más pases realizan en la liga. El alemán, además de ser el responsable del primer pase del Madrid, deberá vigilar su espalda, terreno en el que Messi suele disfrutar.

Iniesta e Isco tienen algunas similitudes: ambos son malabaristas del balón, expertos en esconderlo y hacerlo aparecer en el lugar menos esperado. Isco es uno de los favoritos de la afición madridista; no solo porque algunos vean en sus regates algún gesto que les recuerde a Zidane, no solo por su capacidad de sacrificio por el bien del equipo, sino por su personalidad para pedir el balón en los momentos clave. Muchos consideran que Isco será el relevo de Iniesta en la selección, pero incluso en sus mejores días, al malagueño le falta algo de la presencia del manchego, de su capacidad para gobernar los partidos, de la trascendencia de cada una de sus intervenciones. En el encuentro del Bernabéu, Isco completó un gran partido y el balón que robó a Iniesta en el 3-1 fue para muchos un símbolo del recambio generacional. Desde entonces el nivel de Iniesta ha mejorado mucho. Su función en el juego ha cambiado. Ha retrasado su posición en el campo, pero a medida que avanza la temporada su importancia en el equipo crece. Además acostumbra a alcanzar su mejor nivel en el momento decisivo de la competición.

Modric y Rakitic completarán el centro del campo del Madrid y del Barça. Los dos croatas son fundamentales para sus equipos, que sin su presencia han perdido recursos. La recuperación de Modric es la mejor noticia para el Madrid en las semanas previas al Clásico. Es un futbolista único y uno de los responsables de la versatilidad del ataque blanco. Rakitic no tiene tanta presencia como su compatriota. Su entrada en lugar de Xavi ha hecho que su equipo pierda algo de control de balón, algo de pausa. En su lugar, el croata aporta más capacidad de trabajo y llegada. Es un jugador complementario, pero con él el Barça es más competitivo. En las grandes victorias de la temporada, Rakitic siempre ha estado presente.

Las opciones de las delanteras dependerán en gran medida de la pelea en el centro del campo. La línea de ataque del Madrid tiene menos recursos y se siente más cómoda cuando puede jugar a la carrera. Cristiano y Bale, las dos perlas del proyecto de Florentino, son jugadores demoledores cuando encuentran las condiciones favorables, gracias a su poderío físico. Aunque su 2015 está siendo gris, en el Clásico pueden encontrar espacios y ser decisivos. Cristiano está en un mal momento: enfadado con sus compañeros, con la afición, con la prensa y consigo mismo, poco claro en el juego y de cara a gol. Sin embargo hace un tiempo que el Barça se le da bien. En el Camp Nou le gustaría poder correr y aprovechar su velocidad para encarar a Piqué. El Clásico es una oportunidad inmejorable para reponerse y dar la vuelta a la situación.

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Suárez y Benzema son jugadores muy diferentes: el pundonor y la ambición frente a la sutileza y la magia. Sin embargo, ambos ejercen de nueve en un equipo en el que no son los grandes goleadores. Su aportación al equipo va más allá de los goles que marcan. Suárez completará en el Clásico su primera vuelta con el Barcelona y se ha integrado en el equipo: pelea, presiona y se desmarca sin descanso. Siempre tiene el gol en la cabeza y su entendimiento con Messi y Neymar no ha dejado de mejorar. Benzema no aporta el trabajo de Suárez, ni le recorre esa especie de furia interna que sacude al uruguayo. El francés posee el talento de los mediapuntas y el acierto de los delanteros. Combina con los laterales y con los medios, y conserva el instinto asesino para llegar al remate. Aunque se le acusa de frialdad, suele rendir en las citas importantes y ha jugado muy buenos partidos frente al Barça, al que le ha marcado 7 goles.

Neymar llega al Clásico como tercer máximo goleador del campeonato, a pesar de su sequía goleadora en Liga. Su temporada está siendo bastante buena, aunque a veces no elige bien los regates y pierde demasiados balones en zonas intermedias. Ha entendido a la perfección el juego de Messi y eso le permite disponer de oportunidades con frecuencia. El argentino será la clave definitiva del partido. Las opciones del Madrid pasan por pararle, por limitar el juego que genera. Las del Barça porque Messi esté inspirado e interprete ese papel de jugador total que reclamó en la eliminatoria frente al Manchester City. En cualquier caso, es difícil imaginar una victoria culé sin que Messi sea determinante.

El Clásico llega cuando todavía quedan muchas jornadas para decidir los títulos. No resolverá el campeonato pero puede suponer un cambio en las tendencias que marcan esta liga, que parece moverse por oscilaciones en las que el nivel de los dos grandes dibuja un par de curvas opuestas.

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Diego Rodríguez Gascón

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Fotos: aporelmundial.com   sifutbol.com   peru.com

PÁNICO EN EL BERNABÉU

3-4. El Schalke hace tambalearse a un campeón sin personalidad

El Madrid consiguió la clasificación para los cuartos de final de la Champions League, en una noche de pánico en el Bernabéu. El Shalke 04, un equipo solidario y trabajador, estuvo a punto de remontar la eliminatoria y consiguió sembrar el miedo en la grada madridista.

El Bernabéu comenzó a pitar a su equipo a los 10 minutos de partido. Para entonces, el Schalke ya había tenido dos llegadas claras, y los problemas del Madrid empezaban a ser evidentes. La noche que debía reconciliar a jugadores y afición, una noche que el madridismo esperaba plácida, se convirtió en una pesadilla en la que el fantasma de una eliminación humillante pudo percibirse desde el principio. El Schalke, un equipo con fama de tosco y defensivo, se hizo con el control del juego. Atacó con peligro en corto y en largo, en combinaciones que encontraban una y otra vez la espalda de los mediocentros madridistas, o en balones largos que Huntelaar y Choupo-Moting ganaban a los centrales. El joven Meyer interpretó brillantemente los espacios que se creaban entre las líneas del equipo de Ancelotti, una vez más demasiado largo, incapaz de coordinar su presión y de controlar el partido mediante la posesión.

El Shalke se adelantó en otra jugada conducida por Meyer, que abrió el balón a la banda derecha. El centro de Barnetta encontró a Fuchs en el segundo palo, un lateral izquierdo a quien Bale renunció a perseguir, liberado por una mala basculación de Arbeloa. Tampoco Casillas estuvo acertado y no pudo detener un disparo centrado. El gol desató la ira del Bernabéu contra su equipo, un muñeco de trapo en las grandes y torpes manos del Schalke. Ni siquiera el cabezazo de Cristiano en un córner sacado por Kroos sirvió para silenciar el clamor. El Madrid seguía siendo un equipo atenazado, previsible y mecánico en ataque, despistado en defensa. Kroos y Khedira, la pareja de mediocentros de la Alemania campeona del mundo, perdían la batalla a campo abierto a la que el planteamiento de Ancelotti les conduce. Entre ellos y la defensa, entre ellos y los tres atacantes que por momentos parecen desconectados del resto del equipo, aparecen grandes praderas donde los rivales esconden la pelota.

El Schalke pudo volver a adelantarse en un espléndido disparo de Huntelaar que se estrelló contra la escuadra. El delantero holandés le ganó la partida a Varane para recoger la dejada de Choupo-Moting, como volvió a ganársela en el segundo gol, para empujar el manso rechace que Casillas dejó tras un disparo de Meyer, en una nueva muestra de la desidia del Madrid en defensa. Como ocurrió tras el primer gol, el Madrid reaccionó rápido con otro poderoso remate de cabeza de Cristiano, con el que supera a Messi como máximo goleador histórico de la Liga de Campeones. El portugués no tuvo su mejor día, acabó indignado con la grada y con sus compañeros, pero apareció en dos momentos clave en los que el Madrid parecía hundirse, e intentó levantar el ánimo de un equipo sobrecogido.

El Madrid se adelantó en la segunda parte tras una demostración de clase y frialdad de Benzema, pero ni siquiera así pudo controlar el encuentro. Modric entró como salvador del Madrid y el equipo mejoró en la distribución de balón. Sin embargo, el Schalke, que completó uno de sus mejores partidos en los últimos años, ya se había dado cuenta de que podía ser su gran noche. Conscientes del gran escenario en el que se encontraban, envalentonados por la hostilidad del madridismo hacia los suyos, los alemanes se fueron creciendo a lo largo del encuentro. Sané, otro joven osado que había sustituido a Choupo-Moting, encontró el espacio que necesitaba para combinar con Meyer y Barnetta. Recibió el balón en la esquina del área y tuvo tiempo para preparar el disparo sin que Coentrao o Pepe le estorbaran. Casillas hizo la estatua mientras la pelota entraba pegada a su palo derecho.

El Schalke arriesgó y el Madrid, más partido que nunca, aceptó el intercambio de golpes. En otra conducción de Sané, Modric tocó el balón lo justo para asistir a Huntelaar, otra vez más listo que los centrales del Madrid, que fusiló a Casillas. El holandés es uno de los mejores delanteros centro de Europa. Tiene un fantástico disparo, es poderoso en el juego aéreo e inteligente en la búsqueda de desmarques y de segundas jugadas. Tiene la categoría suficiente para consagrarse en un equipo grande.

Los diez minutos finales, con 3-4 en el marcador, se hicieron eternos para el madridismo. Los jugadores perdían tiempo, los recogepelotas escondían el balón y la afición pitaba. El descontento se había transformado en miedo. El Schalke tuvo dos ocasiones para conseguir la clasificación para cuartos, pero Casillas acertó en los disparos de Sané, en una jugada muy similar al tercer gol, y de Howedes, que recogió en el área la dejada de Huntelaar cuando el partido moría.

El pitido final acabó con el pánico pero no con las protestas del Bernabéu. Casillas intentó forzar una reconciliación llamando a los jugadores al círculo central. Ancelotti inició su rueda de prensa pidiendo perdón y diciendo que los pitos son “merecidos”. El Madrid caminó por un precipicio y estuvo muy cerca de caer. Muchos señalan el partido contra el Schalke como el día en que los de Ancelotti tocaron fondo, pero nada sugiere que la dinámica del equipo vaya a cambiar. Da la sensación de que al Madrid le faltan jugadores, de que el banquillo solo sirve para dar descanso a los titulares y nunca para aportar algo nuevo. Al equipo le falta aliento y creatividad, y parece que la delantera funciona como un ente independiente del resto del equipo, asilada de los medios tanto en defensa como en ataque. Pero lo que más molesta la afición es que, en momentos como el partido de ayer, cuando se vislumbra la tragedia, los jugadores parecen paralizados, oscilando entre la impotencia y la indiferencia, o quién sabe si presa de un ataque de pánico.

Foto 1: www.sportsmole.co.uk Foto 2: www.ligabbva.com

Diego Rodríguez Gascón

LA LIGA INESPERADA

Jornada 24.

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La pasada jornada el Barcelona afianzaba su progresión con una victoria redonda ante el Levante, el Real Madrid ganó pero no convenció ante el Deportivo y el Atlético se estrelló en su visita a Balaídos. Pero la liga es una competición vibrante, que depara sorpresas cada fin de semana. El guión de la jornada volvió a cambiar la situación en los primeros puestos: el Madrid restauró sus cuatro puntos de distancia con el Barcelona y el Atlético resolvió en el Calderón, en una noche en la que volvieron a brillar sus puntas.

Esta vez el Barcelona cayó contra pronóstico en su propio estadio, víctima de un equipo joven y atrevido como el Málaga, capaz de anular al plantel de Luis Enrique en el repliegue y de desquiciarlo con el balón en su poder. Juanmi aprovechó un error de bulto de Dani Alves para firmar el gol de la victoria en el minuto siete de partido. Y al Barcelona le faltaron recursos para abrir el cerrojo del Málaga, que le ha ganado el duelo al equipo culé en los dos choques de la temporada (consiguió empatar a cero en la Rosaleda y se llevó los tres puntos del Camp Nou). Sin el brillo de sus delanteros (ni Messi ni Suárez ni Neymar estuvieron a su nivel), el Barcelona se convirtió en un equipo previsible, que dejó ciertos síntomas de impotencia.[1] No aprovechó los costados, el único resquicio que dejaba la defensa rival, y ni siquiera llegó a asustar en los últimos minutos. Messi y Neymar acabaron en las redes del sistema defensivo malaguista, y se les vio sin la chispa de las últimas jornadas. Nadie destacó en un Barcelona que se pareció más al equipo impotente de Anoeta que al que llegó a encadenar once victorias consecutivas antes del choque de este fin de semana. La euforia que rondaba en el Camp Nou pudo jugarle una mala pasada al equipo culé, que volvía a tener a tiro el liderato. Tras la derrota, ve como el Real Madrid amplía su distancia y espera resarcirse en el decisivo duelo ante el City, que medirá sus aspiraciones europeas. Pero sería un error no apreciar los méritos del Málaga en su victoria en el Camp Nou. Fue un equipo solidario, que ejecutó las ayudas defensivas con acierto, supo asociarse cuando tuvo el balón y ganó siempre los rechaces. El técnico Javi García volvió a superar a Luis Enrique y supo explotar a su plantilla: dispone de jóvenes futbolistas con descaro (Juanmi, Castillejo, Samuel, Horta o Juanpi) que brillaron en un escenario exigente. El Barcelona ni siquiera agobió al rival en los minutos finales y el Málaga cuidó aquellos detalles que permiten ganar partidos.

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El Atlético de Madrid venció con solvencia al Almería (3-0) y recuperó sensaciones tras la derrota en Balaídos. Simeone planteó el partido para aprovechar la sintonía de sus delanteros, Griezmann y Mandzukic, que viven el mejor momento de la temporada y firmaron los goles atléticos. Y aunque el árbitro jugó un papel importante en el partido al señalar un penalti riguroso sobre Godín, el Atlético fue superior al conjunto que dirige Juan Ignacio Martínez. El penalti lo transformó Mandzukic, un delantero inteligente, que aporta muchas soluciones a su equipo: puede fijar a los centrales, rematar en boca de gol y asistir a sus compañeros. Y el croata se entiende a la perfección con Griezmann, probablemente el futbolista más en forma de la competición. El delantero francés marcó los otros dos goles de su equipo, en dos bonitas acciones ejecutadas con su zurda. En la primera de ellas, recibió un gran servicio de Mandzukic al espacio, aprovechó su velocidad y definió con sutileza. En el tercer tanto del Atlético, Griezmann resolvió un barullo en el área con un disparo cruzado. El Almería se topó con Moyá siempre que lo intentó y firmó demasiado pronto la derrota, tras un mal inicio de partido. Después de la victoria, Simeone prestó más atención a su lucha con el Valencia y el Sevilla por la tercera plaza que a la pugna por el liderato, en un juego al despiste que ya no convence a nadie. Y las noticias que recibió su equipo fueron buenas en ambos sentidos: consiguió acercarse al Barcelona en el segundo puesto y se afianzó en la tercera posición. El Valencia venció en Córdoba (2-1), con goles de André Gómes y Pablo Piatti, y el Sevilla perdió ante la Real Sociedad (4-3) en el partido más bonito de la jornada, que se jugó en la mañana del domingo. En San Sebastián se vio un duelo lleno de alternativas, que resolvió Xabi Prieto con un cabezazo en los minutos finales. La victoria de la Real Sociedad permite a Simeone mirar a la cabeza de la tabla, aunque sigue quedando demasiado para que el técnico reconozca que su equipo es un serio candidato a la liga. Para el resto, lo ha sido siempre.

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El Real Madrid cerró la jornada del domingo con una victoria sólida en Elche (2-0). El equipo de Ancelotti sigue recuperando la confianza tras la derrota en el Calderón y aprovechó el pinchazo del Barcelona para consolidar su liderato. El Elche despreció el balón y el Madrid cuajó un buen partido, en el que la media pudo circular el balón a su gusto y sus delanteros volvieron a estar inspirados. Cristiano se implicó más en el juego, generó media docena de ocasiones y acabó marcando el segundo gol del equipo en un poderoso remate de cabeza. Ya lleva 29 goles en Liga y ha igualado a Santillana al marcar 290 tantos con la camiseta del Madrid. Benzema se asoció con el portugués, volvió a firmar un gran partido y llegó a marcar dos goles, aunque su chilena fue anulada por fuera de juego. Ya en la segunda parte, Cristiano aceleró desde la banda y Benzema aprovechó un rechace para adelantar al Madrid. El gol del francés premió a un equipo insistente, que remató más que en los partidos del último mes. El Elche fue un rival estéril, que se dio por vencido cuando el equipo de Ancelotti abrió el marcador. El Madrid ha encontrado a dos rivales cómodos como el Schalke y el Elche para elevar su estado anímico, justo en el momento más delicado de la temporada. En el Martínez Valero creó muchas situaciones de peligro y el Elche no exigió a Casillas. El regreso de Pepe ha dotado al equipo de mayor seguridad y su mezcla con Varane cada día es más fiable. Carvajal y Marcelo profundizaron por los costados y Lucas Silva parece integrado en la media, que dominan Kroos e Isco. El alemán parece haberse repuesto de su bajón físico y sigue siendo un futbolista académico, que parece rayar la perfección en cada pase. Pero en el Madrid, la improvisación está a cargo de otro futbolista: Isco Alarcón. El malagueño tiene un don que se manifiesta en cada control, en cada regate. El balón parece disfrutar en sus botas e Isco hace disfrutar al resto. No es casualidad que una vez más el de Arroyo de la Miel fuese ovacionado en campo contrario, al abandonar el Estadio Martínez Valero. Los campos de Primera suelen apreciar que están ante algo especial y, sin duda, Isco es un futbolista diferente. Casillas sentenció al final del encuentro: “Isco es el próximo jugador más importante que pueda tener este país”.

Dicen que la política se construye con verdades que duran solo un día. En el fútbol las verdades pueden durar más de una semana, pero estas se ponen en cuestión cada partido. Nada nuevo, la liga es una competición larga, que premia al que tenga más regularidad en un carrusel de altibajos. Y cada jornada sigue siendo un laberinto de emociones: la suerte de los equipos puede cambiar en el momento más inesperado.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: hoyenfutbol.com. Foto 2: Daily Mail. Foto 3: periodistadigital.com. 

[1] El árbitro le perdonó la expulsión a Neymar en un rabieta y no castigó las patadas en la espalda de Jordi Alba a Juanpi, cuando el Barcelona ya daba por perdido el partido.

EL MADRID CUMPLE EN ALEMANIA

El Real Madrid venció con solvencia en el Veltins Arena de Gelsenkirchen (2-0), frente a un rival débil, al que le sigue quedando grande la fase decisiva de la competición.

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El equipo de Carlo Ancelotti sabía de la importancia del inicio. Y, con más rigor competitivo que buen juego, supo ratificar su superioridad ante un equipo voluntarioso, tan bien trabajado en el aspecto táctico como inocente ante la portería de Casillas. El Madrid entró al partido con la seriedad que requiere una eliminatoria en la máxima competición continental. Sin demasiados alardes en la circulación, comprendió que lo importante era alejar el juego de la portería de Casillas, aunque fuera a través de una posesión horizontal, que no encontraba en buenas condiciones a sus delanteros. El Madrid se instaló en campo contrario, al ritmo que marca Kroos en la elaboración, siempre en buena sintonía con Isco, un futbolista elegante de recursos ilimitados. Sin mostrar un fútbol vistoso, el Madrid maduró el partido con inteligencia, no se impacientó ante la defensa alemana y resolvió con sus carrileros. Mientras tanto Pepe y Varane neutralizaban la resistencia alemana, personalizada en Huntelaar, un delantero con instinto, y Choupo-Moting, un futbolista descarado que se movió pegado al carril zurdo. El delantero holandés chocó con Varane y tuvo que ser retirado en el ecuador de la primera parte. La lesión de Huntelaar acabó de desorientar al Schalke, cuyas opciones ofensivas descansan en el delantero holandés. Y con Huntelaar camino de la enfermería, el Madrid se acercó al balcón del área y desde ahí generó sensación de peligro, especialmente a través de la conducción de Isco y la movilidad de Cristiano y Benzema. El portugués se ofreció en corto, se movió por todo el frente de ataque, buscó posiciones de remate y puso fin a su paréntesis goleador de los últimos partidos. Aunque perdió muchos balones y no siempre estuvo acertado en el desborde, Cristiano fue decisivo en el resultado y se liberó de su agonía, como demostró en su efusiva celebración. El gol había llegado al filo de la media hora de partido. Carvajal sorprendió con un gran centro de zurda y Cristiano llegó libre de marca a la posición de remate. Desde ahí, el portugués resolvió de cabeza, esquivando la salida en falso del joven portero Wellenreuther, que creció con el paso de los minutos (1-0).

El gol le dio al conjunto blanco (que ayer vestía de rosa chillón) la seguridad y la confianza que necesitaba. Y durante el resto del encuentro, siempre dio la sensación de que el partido estaba más próximo a la sentencia del Madrid que a la igualada del equipo de Roberto Di Matteo. Incluso el remate al larguero de Platte pareció una jugada aislada, producto de uno de los pocos despistes defensivos que tuvo el Real Madrid en Alemania. La ocasión del Schalke reactivó el fútbol de ataque del Madrid y Marcelo consiguió el segundo tanto del partido, un gol que deja prácticamente sentenciada la eliminatoria. Cristiano consiguió zafarse de la marca de Uchida y asistió al lateral brasileño. Marcelo se acomodó el balón a su pie derecho y soltó un zapatazo inapelable a la escuadra de Wellenreuther (2-0). El gol premió el gran partido del brasileño en el Veltins Arena, un futbolista fundamental para el Madrid. Marcelo destaca especialmente frente a defensas bien protegidas, como la que planteó ayer Roberto Di Matteo. En ataque estático, el brasileño es capaz de agitar los partidos desde el carril izquierdo, lugar en el que a menudo se asocia con Isco y Cristiano.

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El segundo gol fue el golpe definitivo para el Schalke, que esperó al final del partido, con la impotencia de quien ve inalcanzable a su rival. El Madrid consiguió una victoria que supone una inyección de moral para una plantilla cuestionada. Aunque sigue dejando dudas en la elaboración del juego, el Madrid regresó de Alemania cargado de buenas noticias. El equipo de Ancelotti consiguió encarrilar la eliminatoria tras completar un partido cómodo, sin demasiados contratiempos. Cristiano Ronaldo volvió a marcar, Isco cuajó otro buen partido, Kroos organizó el juego y Pepe le dio a la zaga mayor solidez defensiva. El conjunto blanco cerró el partido sin encajar ningún gol y la sensación es que el equilibrio de los blancos y su mejoría defensiva son tan importantes como los goles de Cristiano.

Lucas Silva desbancó a Illarramendi y completó sus primeros noventa minutos con el Real Madrid. Mostró que es un jugador complementario, comedido en el pase e inteligente en lo táctico, aunque sigue sin ser la solución a los problemas que tiene el Madrid en la creación. El problema es que cuando el balón se separa de Kroos, de Isco o incluso de Benzema parece perder control, en busca del vértigo que proponen los velocistas blancos: Cristiano Ronaldo y Gareth Bale. Y eso afecta a un equipo con limitaciones en el ataque posicional. Algo que parece que no cambiará hasta que vuelvan Modric o James, futbolistas que apuestan por un fútbol en el que la posesión cobra mayor protagonismo.

El Madrid encontró en el Schalke 04 a un sparring perfecto para elevar su confianza. El conjunto de Roberto Di Matteo fue un equipo trabajador, que derrochó entusiasmo y dureza en cada disputa. Pero al que le parece faltar fútbol para competir al más alto nivel, especialmente afectado por una gran cantidad de bajas, entre las que destaca la de Julian Draxler, un mediapunta de gran proyección. La llegada de Roberto Di Matteo aportó mayor consistencia defensiva, y el equipo se reagrupó con una línea de tres centrales: Höwedes, Nastasic y Matip. Pero al Schalke le sigue costando un mundo crear ocasiones, un problema que se agrava con la lesión de Huntelaar, la referencia ofensiva del equipo.

El Real Madrid construyó la victoria desde la sensatez y la prudencia. Volvió a atascarse en la elaboración y no estuvo inspirado en el juego, pero resolvió pronto en el marcador. Las debilidades del Schalke le favorecieron y consiguió un resultado casi definitivo, que pone al conjunto de Ancelotti en la antesala de los cuartos de final.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1 y 2: Getty images.