LA NOCHE DE JAMES

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James Rodríguez[1] caminaba pensativo al acabar el encuentro en Maracaná. Buscaba a los compañeros y recibía la felicitación de los árbitros. Evitaba verse reflejado en el video marcador y solo preguntaba por su familia. En un momento de soledad extraña, intentaba asimilar lo que acababa de hacer.

James había marcado los dos goles que clasificaban a su equipo para los cuartos de final. En el primero, había puesto en pie Maracaná con una obra de arte, en el segundo había culminado una gran jugada de su equipo.

El fútbol vistoso y alegre de la selección cafetera pudo con el trabajo y la agresividad de los uruguayos. Pekerman ha construido un equipo competitivo y valiente, que puede hacer sombra a cualquiera en Brasil. Ayer, en el mayor escenario de la competición, venció a Uruguay en un partido entretenido e interesante. Era un choque de dos estilos: se enfrentaba el músculo de la celeste a la creatividad de los colombianos. Y se impuso el juego de los de Pekerman. El regate de Cuadrado, la profundidad de Armero, el oportunismo de Jackson Martínez, el sacrificio de Abel Aguilar, la sobriedad de Zapata y el liderazgo del veterano Yepes. Pero sobre todo se impuso el talento de James Rodríguez, un artista de trazo fino que pinta con su zurda. Es un jugador exquisito, con gran sentido colectivo y olfato de gol. El 10 colombiano había protagonizado una gran primera fase, se había destapado como la revelación del Mundial y llevaba tres goles.

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Pero ayer en Maracaná firmó su mejor obra. En el primer tanto amortiguó un balón que venía de las nubes. Y a la media vuelta, dibujando una plástica volea encontró la portería de Muslera. En el segundo, Colombia combinó en las inmediaciones del área. Armero centró desde la izquierda y Cuadrado salvó el balón para James. El mediapunta finalizó con la derecha y puso a su equipo en cuartos de final, en una clasificación histórica.

Uruguay se quedó sin argumentos ante el juego colombiano. La coraza de la celeste se resquebrajó ante la ausencia de su gran estandarte. Con Luis Suárez sancionado, Cavani no disparó, su lateral Pereira no se prolongó y Forlán pareció un ex jugador. Solo el combativo “Cebolla” Rodríguez y el zurdo Gastón Ramirez (cuando Tabárez le puso a jugar) parecieron capaces de hacer daño a Colombia. Entonces, cuando Uruguay buscaba un gol para poner emoción al final del encuentro, emergió David Ospina. El portero colombiano detuvo en una gran estirada un peligroso disparo del “Cebolla” Rodríguez y se anticipó a Arévalo en una internada del mediocentro uruguayo.

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Nada podía estropear la noche de James Rodríguez y el partido llegó a su fin. Su selección se medirá a la anfitriona en cuartos de final. Y Colombia ha dado más argumentos que la canarinha en octavos[2]. En Brasil ya tiemblan ante la osadía de una selección feliz y desinhibida, que ya ha hecho historia. Y que tiene en sus filas a uno de los hombres del Mundial, a un buen chico con hambre de triunfos e instinto asesino: James Rodríguez.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

 

[1] James Rodríguez (Cúcuta, Colombia, 1991) tiene 22 años y juega en el AS Mónaco. Uno de sus grandes referentes es Valderrama, un ídolo nacional en su Colombia natal. En este momento es el máximo goleador del Mundial con 5 goles.

[2] Brasil consiguió clasificarse para cuartos de final tras derrotar a Chile en la tanda de penaltis. El partido terminó 1-1, con goles de David Luiz para los brasileños (o Jara en propia puerta) y de Alexis Sánchez para los chilenos. En un partido agónico, sin juego ni brillo, la canarinha tuvo la suerte a su favor. Pinilla hizo temblar a los brasileños con un disparo a la cruceta en la prórroga. Ya en los penaltis otro disparo al poste, esta vez de Jara, condenó a los chilenos y alivió a una Brasil temerosa.

LA DESPEDIDA DE LA ITALIA DE PIRLO

ImagenUruguay venció a Italia en un partido bronco, duro y emocionante. El gol de Godín en los minutos finales mandó a la azzurra a la lona. A Italia no la pudo levantar ni la exquisita dirección de Pirlo, ni el manejo del osado Verratti, ni el constante salvavidas que es Buffon. Prandelli ha formado un equipo alejado del planteamiento histórico de la azzurra, renunciando (sobre el papel) al catenaccio y apostando por el juego coral que proponen Pirlo y compañía. Ante Inglaterra pudo desplegar su mejor juego pero naufragó frente a Costa Rica y Uruguay. Curiosamente a esta Italia que parte de la posesión para desarrollar su juego, le ha faltado la tensión competitiva de sus predecesoras. Ha recibido goles a balón parado y también le ha faltado un fuoriclasse que ejecutara el brillante plan de Pirlo y Prandelli, algo que sí tuvo en las grandes selecciones italianas. Un Totti o un Roberto Baggio, futbolistas que parecían de otra especie en medio de los Cannavaro, Camoranesi, Tasotti o Baresi. Fue un triste final para la Italia de Pirlo y Prandelli. También lo será para Buffon que cerró su trayectoria en la selección con una gran actuación.

Uruguay es un equipo antipático, trabajador, que asfixia en la presión y juega al límite. Se empleó con dureza ante una Italia que se dejó intimidar. Los uruguayos se dedicaron a contener y a enmarañar el partido, mientras los italianos amasaban la jugada con cautela. Solo el pincel de Pirlo y los destellos de Verratti parecían proponer algo distinto. La azzurra dominó la posesión pero jugó sin profundidad y Uruguay amenazó con una delantera de renombre. Aún así sus grandes delanteros también saben replegarse y son capaces de pegar si es necesario. Cavani se sacrifica por su equipo como nadie y Suárez volvió por sus fueros con un mordisco a Chiellini.

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Italia, pese a presumir de una propuesta valiente y atractiva, fue conservadora en el juego. Le faltó velocidad en la circulación para desmantelar el entramado defensivo uruguayo y debió ir a por el partido cuando las cosas no estaban en su contra. Ballotelli no recibía, perdido en guerrillas con la defensa, e Inmobile se dedicaba a desmarques intrascendentes. Italia no puso en aprietos a Muslera. Las avanzadillas de los uruguayos fueron neutralizadas por Buffon, que mostró reflejos felinos a los 38 años, en su último partido con la azzurra. En la segunda parte Italia siguió jugando de forma lenta y previsible y Uruguay se sentía cada vez más cómoda. El resultado iba en su contra pero parecía consciente de que los detalles estaban a su favor. Antes de que el Cebolla Rodríguez inquietara a la defensa italiana se produjo una de las jugadas claves del partido. Marchisio intentó ganar un balón dividido pero acabó pisando a Arevalo y el árbitro le expulsó. En aquel momento Italia consiguió el pretexto perfecto para encerrarse y Uruguay fue a buscar el partido. Los italianos no renunciaron al juego pero fueron concediendo cada vez más metros. Buffon volvió a resolver las oportunidades uruguayas, especialmente un mano a mano ante Luis Suárez. Y entonces llegó la secuencia que decidió el partido. Suárez, en aparente lucha por un balón dividido, mordió a Chiellini y el defensa de la Juventus respondió con un codazo. Se armó un barullo y en la jugada siguiente llegó un córner. Entonces Godín se alzo por encima de todos y remató, casi con la espalda (con «el alma» según el central uruguayo), a gol. El defensa del Atlético se ha acostumbrado a marcar goles decisivos.

Italia se fue a por el partido. Debilitada por la expulsión de Marchisio, la lesión de Verratti y la fatiga de Pirlo, fue todo coraje y corazón y buscó el empate. Cassano ofreció buenos minutos y su equipo tuvo oportunidades para lograr el pase a octavos. Aún así le faltó el oficio, el acierto y el oportunismo de otras ocasiones. Suárez y los uruguayos disfrutaron de espacios cuando Italia se volcó en busca del empate. Pero el delantero del Liverpool parece lejos de su mejor versión física y le falta esa chispa que origina los desequilibrios. Además se arriesga a una sanción tras un nuevo mordisco, esta vez a Chiellini.

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El árbitro señaló el fin del encuentro y con él Italia abandona Brasil. Una Italia con una propuesta romántica, una filosofía de juego atractiva, pero a la que le han faltado recursos ante rivales competitivos y ordenados. El partido fue un cruel epitafio para la selección del sensato Prandelli, del genial Pirlo y del eterno Buffon.