El fútbol vuelve cada fin de semana

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A veces al fútbol le sobran días de la semana. El deporte vive un momento de saturación televisiva que parece el resultado de un plan trazado por dirigentes, patrocinadores y medios de información. El problema es que se ha descubierto un foco de atención casi tan rentable como los goles: la polémica. La espera de los partidos sirve para desviar la atención hacia conflictos absurdos, agravios y escarnios que poco tienen que ver con el juego. La última disputa que ha surgido en el fútbol español tras los incidentes de Mestalla sirve como ejemplo. En el fondo, muestra la hipersensibilidad de las partes, la falta de mano izquierda, la predisposición al enfado. El Barcelona venció en Mestalla en un partido vivo y accidentado, en el que el colegiado favoreció a los de Luis Enrique en dos o tres jugadas claves. Más que suficiente para indignar a la grada, que no toleró bien los errores del colegiado. El encuentro se resolvió con un penalti en el último minuto, que transformó Messi ante el ágil Diego Alves.

Pronto dejó de importar que hubiésemos visto un bonito intercambio de golpes, lleno de emoción y de alternativas. En cuanto el balón llegó a las redes, el fútbol pasó a un segundo plano. Los futbolistas del Barça se reunieron frente a las grada de animación de Mestalla, en la que se suelen situar los Yomus, el sector más radical de su afición. Algunos jugadores (especialmente Neymar y Busquets) celebraron de mala manera, casi desafiando al público. La respuesta llegó de la peor forma posible. Un menor, que ya ha sido identificado y expulsado de Mestalla, lanzó una botella que rozó a Neymar y a Messi. Algunos de sus compañeros también se llevaron las manos a la cabeza, como si el botellazo hubiese tenido más réplicas. Messi siempre aparenta estar despistado, incluso cuando marca su quinto gol en dos partidos. Tras el botellazo, recordó que hace dos temporadas también le tiraron una moneda en el mismo estadio. Enrabietado y fuera de sí, se dirigió a la grada en los peores términos que se le recuerdan.

El Valencia tenía motivos legítimos para quejarse, pero la actitud de un sector de sus aficionados deja en mal lugar a la institución. Sobre todo porque es reincidente en este tipo de actos y porque se lanzaron más objetos que la botella (los árbitros recogieron un par de mecheros en su acta). Tampoco colaboró el directivo García Pitarch en sus declaraciones, censuradas en un primer momento por Bein Sports, en las que calificaba el arbitraje de “vergonzoso”. La versión del club siempre debe ser más moderada que la del aficionado más extremista. Aún así, el problema pudo haber quedado ahí, pero se encargó de devolverle el protagonismo Javier Tebas, el mandamás de la Liga Santander. A Tebas le dolía el desprecio de los jugadores del Barcelona a la Gala de la liga, un evento que se retransmite en más de 80 países y que, en el fondo, no tiene ningún interés. Otro de los males del fútbol es el pomposo envoltorio que rodea al juego. Tebas aprovechó la ocasión para condenar la actitud del aficionado y para reprochar la teatralidad de los futbolistas del Barça. El club catalán, propenso al sentimiento de agravio, siempre sospechó de Tebas, un madridista declarado. Y entró al trapo con una medida infantil e inoportuna: se planteó llevar el caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo. Como si los pleitos fueran una solución para un lenguaraz profesional como Tebas o para un equipo que ha manchado su imagen en los juzgados. El deporte se ha convertido en un espectáculo televisivo, que tiende, como tal, a la exageración y al sensacionalismo. En este caso, ninguna de las partes han actuado con cordura: el Barça ha creído en las teorías conspiratorias, la afición del Valencia recurrió a la violencia y Tebas ha aprovechado su poder para sentar un peligroso precedente.

El conflicto refleja el pobre estado del fútbol español a nivel institucional, enturbiado desde hace años por las luchas de poder que mantienen Tebas y Villar. Por si no había ya suficientes problemas, el periódico El Mundo ha destapado que la Federación Española (presidida por Villar) no ha podido justificar el gasto de 200.000 euros, destinados en teoría a un proyecto formativo en Haití. De un modo extraño, la corrupción y las insidias que envuelven al deporte se olvidan cuando comienza la jornada. Por fortuna, el fútbol vuelve cada fin de semana.

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LA RECONSTRUCCIÓN DEL VALENCIA

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El Valencia Club de Fútbol ha recuperado la sonrisa bajo la gestión de Peter Lim y la dirección técnica de Nuno, que ha firmado la renovación tras situar a su equipo en la tercera plaza de la clasificación. La afición valencianista disfruta ahora de un equipo que está cerca del Barcelona y el Madrid y afronta el futuro con ilusión, consciente de que en este primer año se han sentado las bases de su ambicioso proyecto.

Renovación institucional

La gestión de la deuda de Amadeo Salvo ha permitido que el Valencia ocupe un lugar de referencia en el fútbol español y ha conseguido revertir la inercia de un equipo que llegó a temer por su futuro en las grandes competiciones. No hace tanto la afición se manifestaba en las inmediaciones de Mestalla, cuando la sombra de las deudas se apoderaba del club. Los males económicos empezaron a manifestarse en 2009, cuando Juan Bautista Soler dejó al Valencia en una situación complicada. Soler no supo disfrutar la herencia de un equipo campeón (que consiguió el doblete en 2001 con Rafa Benítez en el banquillo) y llevó a cabo una política de traspasos irreal, que hipotecó el futuro del club. Se paralizó la construcción del Nuevo Mestalla a consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria, el mismo factor que pudo con la gestión de Soler al frente del Valencia. Los bancos que debían asumir el débito del Valencia ya no admitían más terrenos como aval, porque el suelo se había devaluado.

Manuel Llorente asumió la presidencia en el verano de 2009 y trató de paliar la deuda (de 540 millones) con la venta de algunas de sus estrellas: se fueron David Villa, Juan Mata, David Silva, Raúl Albiol, Jordi Alba o Roberto Soldado. La salida de los futbolistas de referencia creó un clima de desapego entre la afición y el club. Quizá por ello, aunque el equipo se renovó, los entrenadores no se pudieron asentar en el banquillo. Ni Unai Emery, ni Ronald Koeman, ni Ernesto Valverde ni Juan Sebastián Pizzi llevaron la estabilidad a un club importante, acostumbrado a estar situado en un lugar privilegiado en el fútbol español. La situación del equipo se agravó la pasada temporada, cuando el Valencia se quedó sin disputar ningún título y la afición mostró su indignación en varias manifestaciones.

La fundación Valencia Fútbol Club poseía el 72% de las acciones y se hizo cargo de la deuda. Nombró un consejo de administración, basado en el proyecto GloVal, dirigido por expertos en marketing y gestión de empresas. El principal representante del proyecto era Amadeo Salvo, que desbancó a Manuel Llorente de la presidencia del club. Bancaja (y luego su sucesor, Bankia) había asumido el préstamo del Valencia y de la fundación, con el aval del gobierno de la Comunidad Valenciana. Pero finalmente el aval fue suspendido en un juzgado y Bancaja rechazó el plan de refinanciación que proponía la Fundación VFC. Amadeo Salvo propuso entonces la venta del club a Peter Lim, dueño del grupo Meriton Holding Ltd, con el que ya había establecido los primeros contactos. La venta del club se alargó más de lo esperado durante el verano de 2014, entre otras cosas porque Bankia estableció unas duras condiciones de negociación. Amadeo Salvo propuso un consejo de administración en el que se debatieron las propuestas de siete compradores que habían hecho su oferta por el Valencia. La votación se resolvió a favor del magnate Peter Lim y Amadeo Salvo abandonó las oficinas de Mestalla entre los aplausos de la afición valencianista. En el centro de Valencia se congregó un numeroso grupo de aficionados, que agradeció a Salvo su labor en la venta del club. El 24 de octubre de 2014 las cuatro partes de la comisión gestora de la venta (Valencia Club de Fútbol, Fundación VFC, Bankia y la Generalitat Valenciana) y el grupo inversor Meriton Holding Ltd sellaron el acuerdo que le otorgaba a Peter Lim la mayoría accionarial del club (un 70’4 %), a cambio de 94 millones de euros y la liquidación de la deuda con Bankia.

Renovación deportiva

El club ya había emprendido una profunda renovación de la plantilla durante el verano, antes de que se sellase la venta total en octubre. Peter Lim firmó el primer acuerdo con Bankia el 14 de agosto y puso a Nuno Espiritu Santo al frente del banquillo de Mestalla. Nuno construyó un equipo poderoso, con muchas variantes, que ha sido capaz de asustar a todos los grandes en el último año.[1] La sintonía entre Peter Lim y Jorge Mendes nutrió las aspiraciones del Valencia. Los negocios que mantienen en común el magnate nacido en Singapur (Lim) y el multimillonario representante de futbolistas portugués (Mendes) facilitó la llegada de algunas piezas claves del equipo de Nuno: Álvaro Negredo André Gómes, Rodrigo Moreno, Nicolás Otamendi[2] o Enzo Pérez. También la inversión de Peter Lim permitió afrontar la temporada con una plantilla amplia, y el Valencia fichó jugadores complementarios, con futuro en Primera División: Rodrigo de Paul llegó procedente de Racing de Avellaneda, Yoel abandonó Vigo para defender la portería del Valencia y Zucullini llegó cedido del Manchester City. La sociedad que forman Peter Lim, Mendes y Nuno avaló también los derechos de Cancelo, fichado del Benfica, y Felipe Augusto, que sigue cedido en el club que entrenó la pasada temporada Nuno, el Río Ave portugués.

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Nuno ha formado un bloque sólido, que mezcla el poderío físico con una gran inteligencia táctica. La gran virtud del técnico portugués reside en su capacidad para convencer a una plantilla joven, para explotar su rendimiento y competir frente a equipos más acostumbrados a los títulos. El Valencia actual se construye con un principio fundamental: es un equipo compacto y sobrio, al que es difícil hacer daño y que posee muchas armas para atacar al rival. Otamendi y Mustafi son dos centrales rocosos que representan la estabilidad de la zaga ché y que han marcado, además, goles importantes en jugadas a balón parado. Orban y Barragán alternan los laterales, especialmente cuando Gaya juega de interior, con libertad para profundizar por el carril. El equipo de Nuno aprovecha el juego por los costados; en el que llega a línea de fondo Gayá -una nueva muestra de que Valencia es una fuente inagotable de laterales izquierdos- y se desatan dos extremos veloces como Piatti y Feghouli. El Valencia disfruta también del despliegue de sus mediocampistas; del mando y la llegada de Parejo, del equilibrio de Javi Fuego, el recorrido de Enzo Pérez y la zancada de André Gómes. Y el equipo ché alterna en la delantera el juego de espaldas y el remate de Negredo con la picardía y el oportunismo de Paco Alcácer. También aparecen en las alineaciones Rodrigo Moreno, un zurdo que puede jugar a pie cambiado o como falso nueve; De Paul, el clásico volante argentino; o Filipe, un joven mediocentro brasileño. Nuno destaca la importancia de tener una plantilla competitiva para afrontar las temporadas largas. Y parece que su fondo de armario ha sido clave en el buen momento de los valencianistas, que llevan una trayectoria ascendente en liga. El Valencia ha aprovechado el leve bajón del Atlético y se ha instalado en la tercera posición, a cinco puntos del segundo puesto, que ocupa el Real Madrid.

La imagen de Mestalla refleja el buen momento que vive el Valencia. Es un equipo poderoso en su propio estadio y disfruta de la paz institucional que ha proporcionado la cuenta bancaria de Peter Lim y el acierto de Amadeo Salvo. A la espera de noticias sobre la reanudación de la construcción del nuevo campo, la dirección del club decidió cambiar el aspecto de la fachada de Mestalla. El club ha renovado también los exteriores del campo y un murciélago gigante preside una de las entradas al estadio.

Nuno insiste en que este año el objetivo es entrar en Champions y que la temporada que viene el equipo debe aspirar a cotas más altas. De momento, esta campaña se medirá con el Atlético en una bonita batalla por el tercer puesto, a la espera de que Barça y Madrid fallen en los diez partidos que restan. El Valencia tiene a su favor el poder de convicción de Nuno, la unidad del vestuario y la comunión con la grada. La dirección del club es consciente de la ilusión que despierta el equipo en la afición y ha adoptado esta frase como lema del nuevo Valencia: “Junts tornem”[3].

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[1] El Valencia venció al Atlético en Mestalla (3-2), ganó frente al Madrid (2-1) y estuvo a punto de batir al Barcelona en su estadio, pero un gol en el descuento de Busquets le dio al equipo catalán la victoria.

[2] Otamendi fue fichado la temporada pasada, pero un error en la dirección deportiva le impidió jugar, al haber agotado ya el cupo de jugadores extracomunitarios. El Valencia disfruta ahora de uno de los mejores defensores del campeonato, un futbolista veloz en la anticipación y contundente en el despeje.

[3] “Juntos volvemos”.

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Jorge Rodríguez Gascón

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Foto 1: estadiodeportivo.com  Foto 2: mundodeportivo.com