VOCABULARIO DE ONCE CONTRA ONCE

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE /

sensei_630x354_zweiteilungNeuer-Romero. El alemán, cancerbero del Bayern, es uno de los mejores de Europa: va bien por arriba y por abajo, tiene grandes reflejos y está tan atento que asume la condición de libre por necesidad. ‘Chiquito’ Romero pasó de estar cuestionado a ser un héroe. Es un meta irregular que no es titular en el Mónaco. Ha ido de menos a más.

 

2_2972872kLahm-Zabaleta. El capitán de la selección y del Bayern es uno de los jugadores más finos de Alemania y un líder. Impecable arriba y abajo. Zabaleta es un lateral fuerte, pugnaz, voluntarioso, un tanto deslavazado. Pragmático, se va arriba con más empeño que clase.

 

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Garay-Boateng. Dos centrales parejos: intensos, van bien por arriba, difíciles de desbordar, atentos.

 

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Hummels-Demichelis. No tienen nada que ver. El germano ha sido comparado con Beckenbauer: es elegante, saca el balón jugado y tiene personalidad. Algo lento en el uno contra uno; cabecea de maravilla. Demichelis es un veterano que intenta cumplir partido tras partido. Es más duro que elástico, más constante que rápido. Tiene el rasgo común de los argentinos: compite muy bien.

 

beneHowedes-Rojo. Cumplen, se despliegan, defienden y atacan con corrección. Rojo parece tener más presencia en el equipo; Howedes pasa más inadvertido, pero ante Brasil demostró que sabe atacar.

 

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Schweinsteiger-Enzo Pérez. El jugador alemán es un medio poderoso, de control, despliegue y llegada. Versátil. Marca y acude al ataque, y siempre está ahí. Esforzado y con buen toque. Enzo Pérez es el volante clásico: trabajador, serio, complementario. Es capaz de hilvanar un buen regate y un buen pase, pero no puede decirse que sea un futbolista de brillo.

 

2014-635407995817384066-738Kroos-Mascherano. Dos de los grandes jugadores de Alemania y Argentina. Kroos es el centrocampista que cualquier equipo sueña para su juego. Es imponente y técnico, es disciplinado e inventa. Posee clase y habilidad para realizar un fútbol preciosista, de combinación y tránsito rápido, y sabe acomodarse a un partido trabado, y ahí asoma su fuelle, su seriedad y su excelente disparo con las dos piernas. El Mundial ha revelado su madurez. A Mascherano ya le pesan los años y los partidos; en cuanto a calidad nunca le ha sobrado nada. Pero es el Jefecito y el Jefazo. Mirada de acero, tensión, pasión por el país y su tradición futbolística, y ascendencia sobre el bloque. Y, además, protege a Messi a conciencia.

 

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Khedira-Lucas Biglia. Khedira es un jugador físico, con movilidad, iniciativa y mucha resistencia. Con Alemania, además, se atreve a llegar al área. Löw ha confiado en él y le responde con sacrificio y acierto. Biglia mandó al banquillo a Gago; parecen clónicos: académicos y técnicos. Es más enérgico y batallador que su compañero.

 

pict.phpMüller-Messi. El alemán puede ocupar cualquier puesto de la delantera. Está sembrado de genialidad, confianza e inspiración. Parece lunático, como si fuera a su aire. Pero siempre aparece con su instinto goleador y con una jugada circense. Messi es el artista absoluto de este juego con un palmarés asombroso. Aquí es otro: parece un náufrago, quizá esté enfermo, quizá nunca vuelva a ser el que fue. Lleva una década a un increíble nivel. Argentina espera de él su penúltimo milagro.

 

7_2972867kÖzil-Lavezzi. Özil es un futbolista de la sutileza, de la estirpe de Magath, Netzer, Overath o Hansi Müller, pero está jugando un Mundial flojo. Se redimió ante Brasil. Lavezzi, por ahora, es todo coraje, entrega. No resiste la comparación con el ‘Kun’ Agüero o con Di María, pero ahí está, sin volver la cara.

 

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Klose-Higuaín. El alemán es efectividad, convicción, sed de gol e insistencia. Se desmarca muy bien y ahí sigue, a los 36 años, con el olfato abierto. A Higuaín no se le ve bien físicamente ni iluminado de acierto. Recuerda a un caballo asturcón, pesado de cadera. Se alivió con el gol que le marcó a Bélgica.

 

(*) Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el 13 de julio de 2014.

ARGENTINA, A LA FINAL ENTRE BOSTEZOS

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Argentina alcanzó la final del Mundial 24 años después, tras derrotar a la selección holandesa en la tanda de penaltis (0-0) (4-2).

Argentina y Holanda se enfrentaron en un partido aburrido, sin ambición ni brillo. Fue un duelo entre dos equipos conservadores, que han olvidado que la mejor forma de evitar riesgos es arriesgar de vez en cuando. La suerte de los penaltis alzó a Argentina y a su portero Romero. El meta argentino superó a Cillessen, demasiado acomplejado por su cambio ante Costa Rica. (Van Gaal hizo los tres cambios antes de los minutos finales de la prórroga y Tim Krul no pudo salir al campo).

Los dos equipos se midieron en un tanteo postizo, casi indigno de una semifinal de la Copa del Mundo (*). Nadie propuso jugar y todos se dedicaron a contener. Argentina estaba tan preocupada de Robben y Holanda de Messi, que ambos seleccionadores se dieron por satisfechos al ver que las estrellas rivales no intervenían. Tampoco aparecieron los secundarios holandeses: Van Persie parece otro futbolista, a Sneijder le sobra pegada pero le falta jerarquía en el juego, los laterales no se desplegaron y la media no supo construir ni una sola jugada. En Argentina, Higuaín se desfondaba y llegaba tarde al remate, Lavezzi fue un futbolista atropellado, Enzo Pérez fue de más a menos en el encuentro y la media estaba demasiado pendiente de no conceder espacios. Y a falta de figuras para decidir el encuentro emergió Mascherano para los argentinos y Vlaar para los holandeses.

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Mascherano se ha ganado ser una de las voces más importantes del vestuario gracias a su compromiso y su solidaridad en el juego. Ayer trabajó en la recuperación y tuvo criterio en la salida de balón. No perdió muchos balones y, cuando lo hizo, tardó pocos segundos en recuperarlo. Mascherano se destapó además como el gran antídoto de Robben: era el primero en realizar la ayuda a los defensas y firmó un partido impecable en el marcaje del extremo. Vlaar, el mejor de los holandeses, era al comienzo del torneo uno de los debutantes de Holanda. Van Gaal  emprendió su renovación fundamentalmente en defensa y Vlaar fue el elegido para liderar la zaga. Frente a Argentina realizó un gran partido: estuvo rápido al corte, seguro en el juego aéreo, eficaz en la disputa y valiente ante Messi. Solo empañó su actuación con su fallo en la tanda de penaltis, en el primer lanzamiento de los holandeses.

Ninguno de los dos equipos quiso jugar y la prórroga y los penaltis parecían un final inevitable. Fue un partido táctico, con dos equipos que atendieron demasiado a la pizarra y se olvidaron del balón. En Argentina solo algún destello de Messi o los desmarques de Higuaín parecían desordenar el partido. Cada vez que el 10 toca el balón encuentra soluciones a un juego sin creatividad. Pero pasa mucho tiempo entre sus intervenciones. Y, entre tanto, por mucho que retrase su posición, Leo no hace nada por recibir. Hasta el minuto 8 de juego no tocó el primer balón y en la prórroga recibió liberado en una sola ocasión. Dribló hacia la derecha y sacó un centro peligroso, que remató en semifallo Maxi Rodríguez. Messi solo disparó una vez a puerta (en una falta que detuvo Cillesen mediada la primera parte) y parece estar desfondado en los partidos.

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Argentina supo contener a Robben durante muchos minutos. El holandés estuvo desaparecido  durante toda la primera parte y comenzó a entrar en el partido en el último tramo del tiempo reglamentario. Buscó el perfil izquierdo y llegó a línea de fondo. Y en el descuento de los 90 minutos, tuvo la ocasión para clasificar a Holanda. Robben encontró un hueco entre la defensa y enfiló la portería. Al holandés le sobró un toque y Mascherano le comió terreno e interceptó su disparo. Aunque jugó su peor partido de la competición, creció en la prórroga, frente a una defensa cada vez más agotada.

Holanda apretó en la primera parte de la prórroga y Argentina tuvo ocasiones en la segunda. La salida de Agüero le aportó mayor dinamismo a un juego estático, pero el Kun está lejos de su mejor momento y parece todavía renqueante de su lesión. Cuando se acercaba la tanda, Palacio se plantó solo ante Cillesen, pero remató de un modo inocente. Y sin que ni Holanda ni Argentina hiciesen nada por remediarlo, el partido llegó a los penaltis. La albiceleste se volvió a agrupar en torno a Sabella y el entrenador no escondió los tiradores. Mascherano se dirigió a Romero y le dijo «hoy vos te convertís en héroe».  El portero argentino siguió sus consejos, fue el mejor jugador del partido y paró los lanzamientos de Vlaar y Sneijder[1]. Los penaltis de Messi, Garay, Agüero y Maxi sellaron la clasificación para Argentina. El 10 argentino no pertenece, de momento, a la larga lista de grandes jugadores que ha fallado un penalti en un mundial.

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Argentina se clasificó en el Arena de Saõ Paulo para la final del domingo en Maracaná. Fue un equipo con oficio y experiencia al que le acompañó la suerte. Ya no sorprenden sus carencias y ha llegado a la final siendo un equipo lento y previsible, que en ocasiones desprecia el balón. Messi necesita un equipo que le involucre en el juego con la posesión y sus lagunas en los partidos también responden a eso.

Argentina se clasificó por última vez para la final de un Mundial en Italia ´90. Con Maradona como capitán y tras otra tanda de penaltis. Perdieron la final por 1-0 ante la Alemania de Matthäuss. Cuatro años antes, en México ´86, Maradona había conquistado la Copa del Mundo (3-2) también ante La Mannschaft.

Holanda perdió la oportunidad de llegar a una final cuatro años después de su derrota en Johannesburgo. Confió todas sus opciones a una suerte que ya le aupó ante Costa Rica y que le dio la espalda ante Romero. Argentina fue un equipo vulgar con el balón, aunque bien trabajado en el aspecto defensivo. Sin embargo, frente a la selección de Joachim Löw deberán generar más ocasiones y Messi, que está ante la oportunidad de su vida, tiene que asumir responsabilidades. Alemania hace temblar a cualquiera y Argentina no emociona.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) Lamentablemente, muchas semifinales de la historia de los mundiales se han decidido entre dos equipos tan calculadores y rácanos cómo lo fueron ayer Argentina y Holanda

 

EL CUENTO DE LOS DE SIEMPRE

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE

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Nada nuevo bajo el sol. Ahí están, a trancas y barrancas, los de siempre: Brasil, que no enamora y ha perdido a su estrella Neymar Jr., Alemania, discontinua y poderos y que avanza y retrocede, con más pesadez que imaginación, sobre el filo de la navaja, y Argentina, insulsa, que se alimenta tan solo del esfuerzo y del sudor de Mascherano y sus gladiadores y de las apariciones de Messi. Ayer, las cámaras le captaron desde arriba, girándose sobre sí mismo como un bailarín y recordó a Maradona en 1986.

De sus botas salió el inicio del de Higuaín, que cazó un gran disparo y amortiguó el camino a la gloria de Courtois. El arquero es bueno, buenísimo, pero tendrá que seguir creciendo con sus compañeros para alcanzar la miel del mundo. En el fondo, esta Bélgica recordó un poco a la de 1986, a la de Jean Marie Pfaff, Gerets, Scifo y Ceulemans, que llegó algo más lejos: hasta semifinales. Los “diablos rojos” son jóvenes y tienen mucho porvenir; parecía que ya aquí iban a presentar oposición a semifinales al menos, pero se arrugaron ante Messi y los albicelestes. Y el que más falló fue Eden Hazard: si estuvo no se le vio. Desapareció entre la maraña de piernas de los argentinos y apenas mostró atisbos de la genialidad y el carácter que se le atribuye.

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Argentina es poca cosa. Pero ¿quién se atreve a cuestionar a un equipo que se arrastra, dormita, se desangra, se parte, está hundido, se vuelve apático, resiste, insiste, se cae, pero siempre puede engancharse a la bota izquierda de Messi? Argentina es casi menos que nada, insisto, está lejos de la entereza y del pundonor del Atlético de Madrid y de Simeone, tien un entrenador que parece desbordado y que no cuenta con el respeto y el cariño de sus pupilos, pero ahí está, en semifinales. Y quizá sepan, o sospechen, que este tiene que ser, ya sin Neymar, el Mundial de Messi. El Mundial que hará a Messi tan grande como Maradona y Pelé y Cruyff. Los argentinos parecen señalados por la suerte. Pese a jugar tan mal podrían vencer.

Sin embargo, muchos aficionados ven a Alemania como favorita. Para mí es otra pradoja. Es un equipo que ha ido solventando sus partidos sin brillo. En realidad, cuando mejor jugó fue contra Portugal. No ha vuelto a aganar con claridad ni convicción. Se le supone más de lo que da. Y algunos de sus futbolistas están, al menos hasta ahora, en una baja forma alarmante, como el antaño finísimo Mesut Özil.

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A Brasil se le han aparecido los dioses antiguos. Y el viernes incluso jugó a su favor el miedo inicial de Colombia. Su inoperancia en el centro del campo y en el ataque es de tal calibre que le han sacado del apuro sus dos centrales: el vulnerable y dado al llanto, quién lo habría dicho, Thiago Silva y el eficaz e impetuoso David Luiz, que marcó de falta. Si Colombia compareció con un rictus de pánico de partida, luego tomó las riendas y buscó el triunfo. Brasil es rocoso, falto de imaginación, practica un fútbol antiguo y sin duende, pero este campeonato, a pesar de os momentos de emoción que ha tenido en las prórrogas y en los penaltis, no llama la atención por su innovación. Es tan gris que recuerda mucho al de México 1986. La pena, la gran pena, es que se ha ido el que quizá sea el jugador más prometedor del planeta: James Rodríguez. Él intentó disparar, buscar a los compañeros, asumió el mando sin arrugarse. El penalti hace justicia a su trabajo, a su clarividencia y a su plasticidad. Quizá gane el título de máximo goleador. Le azuzan Thomas Müller y el propio Messi. En cuanto a la continuidad de juego ninguno de los dos ha estado a su nivel, por lo menos por ahora. Y en Brasil, dos partidos pueden ser todo un mundo, un laberinto o el cuento de la lechera.

 

(*) Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el 6 de julio de 2014.

Previa: Argentina vs Bélgica

Argentina vs Bélgica

(Estadio Nacional de Brasilia, Brasilia. 5 de julio, 18:00 h)

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Argentina. Estrella: Messi. Llega a los octavos de final después de estar al borde del abismo ante Suiza. En la prórroga, apareció para asistir a Di María y se mide en cuartos a una selección al alza. Lleva 4 goles y ha participado en 6 de los 7 tantos que ha marcado su selección. Nadie ha sido tan decisivo como él en el Mundial. De su estado de ánimo y de sus grandes momentos depende toda Argentina. Si se ofrece, presiona y hacer por jugar, esos momentos que deciden partidos llegarán de la mano. Si vuelve a aislarse en su mente, solo tendremos destellos de un jugador irrepetible, que más que un futbolista parece una estrella de baloncesto, solo presente para marcar la canasta decisiva. Se medirá a Courtois, su gran antídoto esta temporada.

Bélgica: Estrella: Hazard. Eden Hazard lidera una generación prometedora para los belgas. Es un futbolista de excelente trato con el balón, rápido y desequilibrante. Ha dado asistencias decisivas y ha aparecido en los momentos importantes. Aún así, como las grandes estrellas del campeonato, tiene cierta tendencia a desconectarse del partido. Ante Argentina, debe dar un paso al frente y asociarse con De Bruyne. La albiceleste es vulnerable y las opciones belgas pasan por ser un equipo agresivo y atrevido, con Hazard como director de orquesta.

Claves del partido:

  • La inspiración de Messi. Es siempre una incógnita, pero la versión que veamos del 10 será decisiva en el marcador. Su implicación en el juego es fundamental: si muestra ambición, corre en la presión y se integra en la circulación, Argentina ganará muchas opciones en el partido. Su actitud es determinante en el juego y es capaz de contagiar a un equipo plano, sin imaginación en el medio. La defensa belga, con Kompany al mando, deberá tratar de aislar a Messi del juego. Las ayudas de los medios, Witsel y Fellaini, y de los laterales, Vertonghen y Alderweirelend, serán fundamentales para parar a La Pulga.
  • Segundas espadas. Bélgica es un equipo con múltiples recursos y tiene un puñado de futbolistas que pueden cambiar el encuentro. Al habilidoso Hazard, se suma el prometedor de Bruyne, el bombardero Witsel, el atrevido Mirallas y el gigante Fellaini. Además es un equipo con variantes y Willmonts puede formar con un delantero de seda como Origi o con un tanque como Lukaku. En el banquillo esperan, además, futbolistas de calidad como Mertens, Dembelé o Januzaj. Argentina, en cambio, es un equipo con menos opciones. Solo Di María (un futbolista hiperactivo, de eslalon infatigable) acompaña a Messi a la hora de desequilibrar partidos. Ante la ausencia de Agüero, de los delanteros Higuaín y Lavezzi se espera más bien poco.
  • Fidelidad al estilo. Bélgica debe mostrar atrevimiento y jugar a hacer daño a Argentina. Equipos de menor nivel han mostrado la fragilidad de la albiceleste y los belgas tienen capacidad para hacer temblar a su defensa. Debe mantener su fidelidad al juego asociativo, no especular, y aprovechar sus oportunidades. Si Bélgica no teme a Argentina (sus jugadores ya han afirmado que jugarán sin miedo) la selección de Sabella sufrirá en Brasilia.

LOS NÚMEROS DEL MUNDIAL

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El Mundial está siendo una competición más igualada que entretenida. Los octavos de final han transcurrido según un mismo patrón: el teórico favorito se enfrentaba a un rival menor. La competición ha puesto al grande en su lugar y se ha visto que no había tanta diferencia entre los contendientes. Aún así, de manera agónica y poniendo a prueba su suerte, han conseguido el pase a cuartos en los últimos minutos. Así lo hizo Holanda ante México, tras un gol de Giovani dos Santos que les puso contra las cuerdas. Después, con fortuna y polémica consiguieron remontar. Del mismo modo se clasificó Brasil, en los penaltis ante Chile, después de que Pinilla estuviera a punto de eliminar a los anfitriones con un disparo al larguero en el tiempo extra. Argelia forzó la prórroga ante Alemania, Nigeria aguantó hasta el último tramo ante Francia y Suiza perdió ante Argentina, con un tanto de Di María en el minuto 118.

Las fuerzas están muy igualadas y los equipos se respetan en exceso. Las defensas aguantan y los ataques desperdician las oportunidades más claras. Falta verticalidad en el juego y los equipos grandes solo pueden desequilibrar la balanza a su favor en los minutos finales. En estos octavos de final se han disputado demasiadas prórrogas: 5 en los 8 partidos y a excepción del Colombia-Uruguay todos los encuentros se han definido en los últimos minutos. De las cinco prórrogas, a tres se ha llegado con empate a cero: Alemania-Argelia, Argentina-Suiza y Bélgica-Estados Unidos. Y a dos con empate a uno: Brasil-Chile, Costa Rica-Grecia. En estos octavos de final se han marcado 15 goles y 7 de ellos en las prórrogas. Si atendemos al momento en que se han marcado los tantos, nos damos cuenta de que 11 de los 15 se han marcado después del minuto 78.

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La explosión goleadora de la primera fase (136 goles) ha contrastado con los resultados de la fase de eliminatorias. Solo dos partidos se han decidido por más de un gol de diferencia (Francia-Nigeria y Colombia-Uruguay) y solo en dos ocasiones se han marcado más de dos goles en un partido y ha sido con la ayuda de una prórroga: Alemania-Argelia, Bélgica-Estados Unidos.

De momento las estrellas están brillando aunque de un modo fugaz. Messi representa como nadie esta afirmación. Dosifica sus apariciones en el partido y cuando recibe es para plasmar la diferencia en el marcador. Neymar vive una situación parecida, tiene un país a sus espaldas y su equipo depende en exceso de su inspiración. Al igual que Benzema, que lidera una generación de jóvenes talentos. Müller destaca en un equipo coral como Alemania y la velocidad de Robben gana partidos para Holanda. El más constante es James Rodríguez, que encarna la frescura de la selección colombiana. De momento lidera la tabla de goleadores y amenaza a la anfitriona en su Fortaleza. Ha marcado 5 goles y ha participado en 10 de los 11 goles de su selección.

Entre las estrellas hay grandes diferencias y alguna similitud. Los tres máximos goleadores (James Rodríguez, Messi, Neymar) han disparado las mismas veces: 15. James ha marcado en 5 ocasiones y Messi y Neymar lo han hecho en 4. Messi es de todos los grandes del Mundial quien más pases realiza, con 159, por encima de los 130 de James, de los 113 de Neymar o de los 100 de Karim Benzema. También en el equipo argentino encontramos el líder de pases completados: Javier Mascherano, con 364, con un 88´3 % de acierto. Y hay que destacar que Messi ha participado en todos los goles de Argentina, excepto en el que marcó Rojo contra Nigeria.

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Los equipos más goleadores de la competición son Holanda (12 goles), Colombia (11), Francia (10), Alemania (9) y Brasil (8).

Benzema es el delantero que más tira a puerta, ha necesitado 25 disparos para marcar sus tres goles. Le sigue Cristiano Ronaldo, con un partido menos y solo un gol en 23 lanzamientos. Ángel Di María es otro de los futbolistas que más ha probado a los porteros, con 22 disparos. Otros grandes del Mundial que aparecen en esta clasificación son James Rodríguez, Messi o Neymar, empatados a 15 disparos cada uno. Aunque hay diferencias: de los 15 disparos de James solo uno se ha ido fuera del marco, dos de Neymar y siete de Messi.

Entre los equipos que más han disparado a puerta se sitúan Bélgica, con 81 lanzamientos, Argentina, con 77, empatada con Francia y en cuarto lugar Brasil, que ha disparado un total de 70 veces. La selección francesa es el combinado que más dispara desde dentro del área (34) y le ha dado en cinco ocasiones al poste.

Y en un Mundial en el que destacan los porteros, Howard ha sido el más exigido, con 28 paradas, seguido de M´Bolhi (Argelia) y de Benaglio (Suiza), con 23 y 22 respectivamente. Pero los mejores porteros de la competición son Keylor Navas, que ha realizado 14 paradas y solo ha encajado dos goles (88% de efectividad) y Courtois que ha atajado 12 lanzamientos y ha encajado dos goles. Costa Rica está siendo la gran sorpresa de la competición y ha basado su suerte en los reflejos de Keylor Navas.

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El jugador que más metros ha recorrido es Bradley, con 54.7 km, seguido del chileno Díaz con 52,2 km y de su compatriota Jones con 47´6 km. Después están Lahm, Kroos y Müller alrededor de los 47 kilómetros recorridos. En cuanto a la distancia recorrida con balón destacan los alemanes, Lahm y Kroos, con 20, 8 km y 20, 2 km respectivamente. Müller lleva 19, 8 km y el argentino Di María 18´3 km. Entre las grandes figuras de la competición se encuentran Neymar y Robben, ambos con 15´7 km. Y llama la atención el caso de Messi: El argentino ha recorrido 15,4 km con balón y tan solo 8,3 km sin él.

Uruguay es el equipo que más faltas ha realizado con 73. Además contagia a sus rivales su juego agresivo y los partidos se enmarañan. Ha recibido 63 faltas hasta llegar a octavos donde las eliminó la sensación de la competición: Colombia. Curiosamente, Bélgica, que representa una nueva hornada de jóvenes que apuestan por el buen trato de balón, realiza más faltas que ninguna de las otras selecciones presentes a estas alturas de competición (72 faltas). Alemania sí que responde a su cartel de juego y es la selección que menos faltas realiza. Además tiene el record de la competición en pases: 2560 pases, con un 84% de acierto.

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En el Mundial de los modestos, más por resistencia que por victorias, todos los equipos realizan un marcaje sobre las grandes figuras de la competición. Los árbitros parecen estar más del lado de los favoritos. Y paradójicamente el futbolista que más faltas a recibido no es ni Neymar, ni Messi, ni James Rodríguez ni Robben. Se trata del griego Samaras. Le sigue la estrella de los anfitriones y el tercero es Luis Gustavo, un jugador que destaca más bien por destruir juego del rival.

Los futbolistas más rápidos de la competición han sido el costarrincense Junior Díaz con 33´8 km/h y el costamarfileño Serge Aurier con 33´5 km/h. Entre otras selecciones clasificadas destaca el argentino Ángel Di María con 33 km/h, y los franceses Varane y Sissoko, ambos con 32´3 km/h. Los datos de las figuras del campeonato son las siguientes: Neymar 31´8 km/h, Robben 31 km/h, James Rodríguez 30´9 km/h y Messi 29´6 km/h.

El Mundial está haciendo bueno un tópico que acompaña al fútbol: “Los delanteros ganan partidos, las defensas campeonatos” (*). Las selecciones que han llegado a cuartos de final han cuidado especialmente el apartado defensivo para construir sus opciones de título. Colombia, Francia, Bélgica y Costa Rica han recibido solo dos goles; Alemania, Brasil y Argentina, tres; y solo Holanda está en la 7ª posición con cuatro goles encajados. Entre las más goleadas está España, con 7 goles recibidos.

El Mundial no está teniendo grandes alardes en el juego. Más bien momentos de inspiración en partidos demasiado largos. Los datos estadísticos son una forma de aproximación al campeonato. Pero hay algo hermoso en el fútbol, un instante de emoción y de magia, capaz de superar a la estadística. Hay jugadas que los datos no pueden explicar.

 

(*) La frase se le atribuye al entrenador inglés John Gregory.

Jorge Rodríguez Gascón.

NADIE ES MEJOR QUE NADIE

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE /

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Al Mundial no le falta emoción. Ni fervor religioso ni pasión nacional: el ritual de los himnos explica cómo se vive un torneo así. Ni le faltan esas frases que parecen levantar a un país. Los locutores argentinos, tan desmesurados, repiten aquello de “no nos morimos aquí. No nos morimos”, tras su lance con Suiza. Y el presidente uruguayo Mujica, que vive en un rancho, habla de “la manga de viejos hijos de puta” de la FIFA por la sanción a Luis Suárez. En el Mundial la emoción se revela de muchas formas: nadie es superior a nadie, nadie es favorito sin bajar del autobús y los choques, en su mayoría, se resuelven con suspense en los últimos minutos, en la prórroga o en los penaltis. El portero es de una pasta especial (lo decía Camus, Nabokov, Chillida…), es un elemento determinante: no tanto por su genialidad o por su capacidad de pararlo tanto (Neuer, Keylor Navas, Howard…), sino por su sensatez (Claudio Bravo, por ejemplo), y ahí reina un hombre tranquilo y largo que se llama Courtois. La actuación del portero –a veces puede resultar entre gracioso o patético como Sergio Romero, inferior a todas luces a Willy Caballero- contribuye a darle grandeza a las eliminatorias: pienso en Julio César. Él es uno de los líderes de Brasil: canta y gesticula como si se enfrentase,  en cada choque, a una prueba a vida o muerte. Esta, más que nunca quizá, es una competición de cancerberos.

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El Mundial tiene emoción pero poco juego. Varios equipos habían copiado el modelo español de fútbol hermoso, de toque y posesión, del Barcelona y de Guardiola y ya están fuera: Italia es el ejemplo. Y España también. Y la misma Alemania, que ha calcado el método, anda sobre el alambre. El Mundial, como la liga española o la Champions, revela que ese sistema está en crisis o que el planeta se ha conjurado para neutralizarlo: solo sirve cuando el balón circula muy de prisa, cuando la clase de los jugadores es impresionante y la presión no descansa. En cambio, este Mundial –del espray, del tiempo muerto y del ojo de halcón-, no ha traído novedades esenciales en cuanto a métodos o sistemas, a invención estricta de estrategias del juego. En cambio, sí confirma que los grandes son un poco más pequeños y más tediosos y que los pequeños, con orden, atrevimiento y mucho batallar, son algo más grandes.

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Las figuras también lo son un poco menos. Messi, decisivo, es como mínimo paradójico. Juega y corre menos que nunca, pero si engancha dos o tres buenos balones despierta del tedio y del pánico a su país. Otro tanto sucede con Muller en Alemania: es su jugador más desconcertante e imaginativo y a la vez es un enigma. Holanda avanza gracias a sus tres clásicos, Van Persie, Robben y Snejder. Francia ha resucitado un poco y mejora cuando Benzema, su gran artista, se halla a gusto. Este, por su estado de forma, debiera ser su campeonato. Los jugadores, en general, son ciclotímicos y de veleidosa moral. Se encuentran y se pierden. Se reencuentran y estallan, como le ocurre a Ángel Di María o Hazard, empecinado en ser tan refinado e imprevisible como Enzo Scifo. Por eso, por su equilibrio, por su oficio, por su sentido del gol, reina James Rodríguez. Dicen que es el más grande: quizá no lo sea aún, pero es talentoso, brillante, le acompaña la suerte y parece en estado de gracia. Como el Pelé de 1958. Con todo, Colombia, tan sólida y tan artística a la vez, tan comprometida línea por línea, se enfrentará a un equipo que ya ha acudido al psicólogo: este Brasil sobrecogido de responsabilidad y agobiado por su mal juego. Su propia estrella, tan contagiado de pragmatismo, dice que no están ahí para practicar ‘jogo bonito’ ni la antigua bossa nova del fútbol sino para ganar. La duda es: ¿cómo lo harán?

* Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el 3 de julio de 2014.

LOS PROTAGONISTAS DE LA PRIMERA FASE

-Once ideal del Mundial:

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(*) Otros de los destacados del Mundial son: James Rodríguez, Müller, Van Persie, Jackson Martínez o el portero costarricense Keylor Navas.

(*) Messi y Cuadrado no juegan en la posición asignada. Pero les he fabricado un sitio, en el que pueden jugar, para que tengan hueco en el mejor once de la primera fase.

-Las revelaciones del Mundial:

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-Las grandes decepciones del Mundial:

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(*) Los delanteros Suárez y Ballotelli comenzaron bien la competición e hicieron buenos partidos al inicio. Pero han sido señalados por motivos diferentes. El italiano acabó siendo intrascendente en el juego de la azzurra y la afición empieza a perder la paciencia con él. Y el uruguayo mordió a un rival por tercera vez en su carrera y ha sido suspendido 4 meses. Su indisciplina parece haber condenado a la celeste y ha decepcionado a sus seguidores.

El MUNDIAL: RESUMEN DE LA PRIMERA FASE

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La primera fase del Mundial de Brasil ha tenido instantes de brillantez, muchos goles y apariciones de las grandes figuras. La competición avanza impulsada por destellos, por minutos de emoción que interrumpen tramos de juego intrascendente. En este Mundial se pelea cada metro, se arriesga en la disputa y cada balón es importante. Los equipos americanos, aclimatados a la humedad brasileña y sobre todo superiores en intensidad y entusiasmo, están dominando la competición.8 de los 16 equipos clasificados para octavos son del continente americano: Colombia, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Estados Unidos, Costa Rica y México.

La gran mayoría de las figuras están respondiendo y han sabido brillar en Brasil. La anfitriona camina liderada por Neymar, una especie de niño prodigio que tiene que crecer a pasos de gigante en un escenario sin comparación. El brasileño está encantado de que Scolari le dé galones y está cómodo ante los focos. En la canarinha se le ve más suelto que en el Barcelona: está más acertado en el regate, mira más a puerta y tiene el don de la oportunidad. En una situación parecida está Leo Messi, al frente de la selección de un país que vive el fútbol con fanatismo. El 10 argentino ha sido determinante en todos los resultados de la albiceleste, ha marcado en todos los encuentros que ha disputado y parece más implicado e inspirado. La prensa brasileña sueña con un enfrentamiento entre las dos grandes del fútbol sudamericano y Messi y Neymar parecen avanzar en una carrera paralela, casi calcada. Ambos están decidiendo la suerte de equipos poco imaginativos, que dependen demasiado de su inspiración y que han dejado muchas lagunas. Aunque con una gran diferencia entre ambas selecciones: Brasil parece un equipo más sólido y difícil de ganar, con centrales más fiables. Argentina deja más dudas en la zaga y puede sufrir en octavos ante el culebreo del suizo Shaqiri.

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La Alemania de Joachim Löw tampoco ha acabado de convencer. Asombró en el debut ante Portugal mostrando un juego muy coral y eficaz. Müller anotó el primer hat-trick del Mundial, y el centro del campo alemán dio una lección de precisión y rapidez. Desde ese día Alemania ha perdido algo de frescura y ya no parece tan temible. La Argelia de Feghouli calibrará el estado de la mannschaft en octavos de final.

Dos selecciones renovadas en el banquillo se han ganado el cartel de favoritas. La Holanda de Van Gaal, camina con autoridad, después de completar su venganza y humillar a la campeona. Ha sido un equipo muy fiable, que sabe replegarse y buscar la velocidad de sus dos zurdos: Robben y Van Persie. Se enfrentará a un equipo bien trabajado como México, con Gio Dos Santos, Guardado y Chicharito como grandes peligros. La nueva Francia de Deschamps ha sido uno de los equipos más brillantes de la competición, con un mediocampo poderoso en el que se implican Matuidi, Pogba, Cabaye y Valbuena, y un Karim Benzema desatado en la delantera. Su rival en octavos será Nigeria, una selección atrevida pero a la que le falta disciplina.

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En el capítulo de las decepciones destacan España e Italia, como representantes de un estilo de juego que ha sucumbido ante la intensidad y la tensión competitiva de sus rivales. España fue un equipo frágil de moral, sin la frescura necesaria para defender el título. A la Italia de Pirlo y de Prandelli le pesaron los años de sus símbolos y le faltó pegada para culminar una propuesta valiente. Inglaterra, otra de las grandes que ha caído pronto, fue un equipo osado pero inocente. Tiene jugadores de gran futuro pero a los que les falta experiencia para las grandes ocasiones. La Portugal de Cristiano Ronaldo decepcionó desde el principio. A su capitán se le vio ansioso y fallón, enfadado consigo mismo y con sus compañeros. Fue un equipo sin alma, incapaz de ir a por la clasificación cuando Ghana se tambaleaba. Solo Moutinho era capaz de dar algo de criterio al mediocampo portugués.

Costa Rica ha sido la gran sorpresa al conseguir la clasificación, dejando fuera a dos campeonas del mundo: Italia e Inglaterra. Los ticos son un equipo entusiasta en el que destacan los reflejos de Keylor Navas y la finura de Bryan Ruiz. Chile es otra selección con poderío. Fue el verdugo de España y a nadie le sorprende que sea un conjunto con ambición, con capacidad para aspirar a todo. El partido ante Brasil medirá la ilusión de un equipo solidario en el que Vidal dirige, Alexis ejecuta y todos trabajan.

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Colombia, otra de las grandes revelaciones, ha sorprendido con un juego fresco y alegre. Cuadrado desborda por los costados, James Rodríguez inventa y Jackson Martínez define. El zurdo James Rodríguez está siendo uno de los futbolistas de la competición, tiene un manejo de balón exquisito y disfruta en una selección festiva como la colombiana.

Bélgica es otra de las que ha conseguido tres victorias, aunque sin la brillantez que se le suponía en un grupo tan débil. Es un equipo con calidad y juventud, que se mueve al ritmo de Hazard. Tiene una eliminatoria interesante frente a Estados Unidos, un combinado que ha crecido gracias al protagonismo de Dempsey y a la sensatez de Bradley. Uruguay se recuperó del batacazo inicial ante Costa Rica y superó la fase de grupos. Pero una estupidez de Suárez le ha restado opciones en su enfrentamiento ante Colombia. Y ha limitado la ilusión de vivir un nuevo Maracanazo.

En estas dos semanas hemos visto una competición intensa y bonita, en la que han pasado muchas cosas. Está siendo un torneo ofensivo, con más goles que juego. Hay gran igualdad sobre el césped y da la sensación de que cualquier teórico favorito puede ser derrotado por unos aspirantes atrevidos y desvergonzados. El Mundial presenta todos los alicientes para ser un espectáculo emocionante.

 

 

ARGENTINA CREE EN MESSI

Messi-goalArgentina y Nigeria se enfrentaron en Porto Alegre, la ciudad en la que Ronaldinho empezó a jugar al fútbol. Messi, que recogió su testigo en Barcelona, no tardó en rendirle tributo.

Lo hizo en el minuto 2 de juego: Di María se quedó frente al portero y su disparo lo escupió el poste. Messi, más vivo que en los últimos meses, salió en busca del rechace y remató con saña. (1-0) El publico celebró el gol con entusiasmo, como si fuera el principio de una goleada que iba a despejar todas las dudas de la albiceleste. Pero la selección nigeriana no tardó en silenciar un estadio repleto de argentinos. Mostró, casi sin tiempo para asimilar el gol de Messi, que es un equipo peligroso al espacio. Nigeria pilló a la defensa albiceleste desprotegida. Y Musa, un extremo veloz y descarado, se abrió desde el costado y, tras un disparo ajustado, encontró la escuadra de Romero. (1-1)

El inicio del partido fue lo mejor de Argentina en todo el Mundial. Tras el empate no se arrugó y siguió en busca de la victoria. Nigeria, mientras tanto, concedía metros y confió en la velocidad de sus puntas. Se replegaba a la altura de la frontal y defendía por acumulación, con muchos efectivos pero con poco orden. Argentina pudo combinar con velocidad, en pocos toques, y generar peligro.

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La albiceleste supo mantener la posesión y acelerar en el instante oportuno. Apoyándose en el desborde de Di María, en los desmarques de Agüero e Higuaín, en la circulación sosegada de Gago, en el trabajo del obrero Mascherano y en el desequilibrio de un inspirado Leo Messi. Argentina pudo ponerse por delante de nuevo. Messi asistió al Pipita e Higuaín falló en boca de gol y Di María puso a prueba los reflejos de Enyeama con tres disparos lejanos. Y cuando el partido bajaba el nivel de intensidad y el juego de la albiceleste se volvía a atascar, apareció Messi. Esta vez con dos golpes francos. En el primero, lejos de la portería nigeriana, Leo se atrevió con un lanzamiento seco y preciso. Enyeama resolvió con una estirada felina. En el segundo disparo, diez metros más cerca de la portería nigeriana, Messi calcó el lanzamiento anterior. En esta ocasión Enyeama no se estiró y contempló cómo el balón se alojaba en la red. (2-1)

Tras el descanso, cuando el público todavía coreaba el nombre de Messi, Musa volvió a empatar el partido. Se aprovechó de las dudas de una defensa blanda y batió a Romero con suficiencia. (2-2) La albiceleste no tembló ante el empate nigeriano y dos minutos más tarde Rojo consiguió el gol de la victoria, tras un rodillazo a la salida de un córner. (3-2)

El gol le dio a Argentina tal tranquilidad que hasta Sabella se permitió el lujo de sustituir a Messi. El 10 recibió una calurosa ovación de su público y esbozó una sonrisa de satisfacción en el banquillo.

Nigeria v Argentina: Group F - 2014 FIFA World Cup BrazilNigeria mostró entonces que es un equipo valiente y se adueñó de la posesión en busca del empate. Obi Mikel gobernó el juego, Musa y Odemwingie se desplegaron por los costados y Emenike intimidó a los centrales argentinos. Y puso en más de un aprieto a una zaga frágil y vulnerable.

Argentina, huérfana ante la sustitución de Messi, no consiguió el gol de la sentencia y sufrió hasta el último instante. El pitido final fue un alivio para la albiceleste, que se enfrentará a la Suiza de Shaqiri en octavos. La victoria dejó buenas sensaciones en global, pero el equipo mostró demasiados síntomas de debilidad.

El partido dejó una lectura positiva para la albiceleste: mejoró en el juego, la circulación fue más fluida, hubo mayor velocidad pasados los tres cuartos de campo y el equipo generó más ocasiones. Di María volvió a ser el mejor apoyo de Messi y completó un gran partido: se desfondó, desequilibró y buscó el gol, aunque no pudo batir al ágil Eneyeama. Lavezzi aportó desde el banquillo y los argentinos estuvieron menos estáticos que en los anteriores encuentros.

di mariaPese a ello la mejora albiceleste fue engañosa. Tiene un grave problema: le cuesta controlar los partidos. El equipo bajó la intensidad en los minutos finales, se partió con facilidad, trabajó poco en la recuperación y dejó dudas en la retaguardia. Agüero se retiró con molestias antes del descanso y peligra su participación en lo que resta de competición. Higuaín estuvo acertado en los desmarques pero errático en la definición. (A ambos les hace falta un gol para que se acabe esa ansiedad que les oprime). Argentina  se desconcentró en fases del partido y Nigeria le empató en dos ocasiones. La albiceleste, hasta en su mejor día, sufre con las transiciones rápidas de sus rivales, a sus defensores les falta cintura y a su delantera les cuesta cerrar los partidos.

Aún así, el partido de La Pulga parece camuflar todos esos problemas. En el estadio Beira-Rio, ante miles de argentinos, Leo quiso ser Messi.  Fue más constante en el juego y mantuvo su capacidad para decidir partidos. Sigue de dulce de cara al gol y ya lleva 4 tantos, los mismos que su compañero en el Barcelona, Neymar. Messi jugó su mejor encuentro en lo que llevamos de Mundial: estuvo rápido, fino y afortunado. Se involucró en el juego, trabajó en la presión y generó oportunidades. Además se asoció con peligro e integró a sus compañeros.

Argentina es una nación bipolar que se debate constantemente entre el amor y el odio. Messi conococe los dos extremos y parece haber recuperado toda esa inspiración que estaba perdida en algún rincón de su mente. El 10 se ha ganado la fe de los argentinos.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) Messi tenía el recuerdo del anterior Mundial, en el que también se enfrentaron a Nigeria. En aquella ocasión el portero Enyeama fue capaz de neutralizar al 10, en un partido que se saldó con un escueto 1-0 a favor de los argentinos. En esta ocasión, casi desde el pistoletazo de salida, Messi pudo batir al portero nigeriano.

LA NUEVA FRANCIA DE KARIM BENZEMA

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE/

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Este es un Mundial extraño. Sobre el papel, a priori, hay muchos favoritos. Sobre el terreno, nadie es mejor que nadie. La propia España ha sido víctima de ello en los dos partidos. E Italia perdió ante Costa Rica. Alemania estuvo contra las cuerdas frente a Ghana: el chiste fácil Ghana gana habría hecho justicia al partido soberbio de los africanos que dominaron a los alemanes durante la primera parte, les impidieron jugar y se pusieron por delante 2-1. A Brasil, el todopoderoso Brasil de Scolari, le amargó el segundo partido México, con un portero de goma que hizo pensar en la ‘Tota’ Carbajal, que jugó cinco mundiales. Nadie parece imbatible ni tener un sistema de juego superior al de los demás o superior al que exhibió España en Sudáfrica. Por cierto, digan lo que digan, como cantaba Raphael, el juego del tiqui taca ha hecho mella en Joachim Löw, que también se ha contagiado de la obsesión de Guardiola por convertir a un gran lateral como Lahm en un intrascendente creador de juego, o en Cesare Prandelli, desolado el otro día en la banda: desolado, desesperado e impotente. Parecía preguntarse: “¿Es esto todo lo que tenemos?”. ¿Sería eso, Balotelli, Pirlo, Cassano, será tanta la nada?

Brasil y Argentina van a su aire o a su bola, y ofrecen muy poca cosa: los dos conjuntos supeditan su juego, su esquema y su partitura a dos estrellas disparejas, Neymar, en período de formación aunque tan valiente como temerario, y a Messi, que intenta recuperar al genio que fue anteayer mismo en Europa. Son dos equipos contradictorios y raros: aburren y apenas ofrecen rasgos de belleza, pinceladas de fútbol coral, una idea o un plan de desarrollo y ataque. Están descolgados por completo de su historia.

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No se puede hablar, por lo mostrado hasta ahora, de favoritos. Pero sí de un equipo que funciona como un bloque, que es rocoso y sutil a la vez, que tiene personalidad y que crece partido a partido, y que está dirigido desde la delantera por un jugador denostado ayer, odiado por casi toda Francia e idolatrado hoy: Karim Benzema. Esta Francia, de entrada, da la sensación de saber lo que quiere y de tener diversos registros en todas las líneas, registros y piezas intercambiables. En sus dos partidos ofreció una lección de un fútbol sólido, acaso estelar. Es capaz de construir el juego con rapidez y gusto por el toque, que nace en los pies de Cabaye (nervioso e irresponsable: con el resultado a favor seguía golpeando y haciendo faltas como si jugase la final de su vida) y Valbuena (que recuerda a un pequeño jugador de leyenda como Alain Giresse); a la vez practica un contragolpe vertiginoso, conducido por Benzema (que ha llegado pletórico, iluminado de certezas y de inteligencia), por Giroud, por Griezmann o por esos portentos físicos, con gol en las botas, que se llaman Pogba, Matuidi y Sissoko. El nivel general del grupo es tremendo. De repente, se ha animado, se ha encorajinado y empieza a pensar que todo es posible. Benzema, que ha jugado una buena temporada en el Real Madrid, conoce el envés del fútbol: ha sido menospreciado y silbado. Pelillos a la mar. En Brasil se encuentra en plenitud: conduce y remata, golpea desde cualquier posición, fantasea o inicia la jugada. Marca los tiempos. Se sabe importante y cualquier balón le sirve para inventar un pequeño prodigio. Nadie echa de menos a Ribéry ni a Nasri. Si el colegiado le hubiera concedido el último tanto que le marcó a Suiza, ya sería el héroe del Mundial de Brasil. El fútbol no admite la atonía ni la sensatez: va y viene de la cúspide al precipicio en un santiamén. Benzema ya lo había sentido en carne propia. Ahora tiene un puñado de argumentos irrebatibles.

*Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el 23 de junio de 2014.