EL SILENCIO DE MESSI

Messi perdió en Maracaná su gran oportunidad de levantar la Copa del Mundo. Llegó a Brasil con muchas dudas pero el torneo fue avanzando de acuerdo a sus pretensiones. Argentina fue uno de los cuatro equipos que consiguió un pleno de victorias en la primera fase (con Holanda, Bélgica y Colombia) y Messi fue determinante en esos resultados. Ante Bosnia firmó el segundo tanto de los argentinos en una gran jugada personal, frente a Irán marcó un precioso gol sobre la bocina y ante Nigeria consiguió un doblete en una gran actuación. Pese a ello brilló solo en momentos puntuales, en instantes tan bellos como fugaces. Entre ellos se sucedían momentos de absentismo, en los que el partido parecía no interesarle. En octavos asistió a Di María frente a Suiza, en cuartos participó en la jugada del gol y ante Holanda marcó el gol que abrió la tanda de penaltis.

Poco a poco fue reduciendo su influencia en los resultados de su equipo, pero acaparó siempre las mejores acciones de su selección. En Maracaná empezó con ganas y se vio con fuerzas para desequilibrar el partido. Incluso pareció más implicado, siempre con minutos de ausencias y de indolencia. Generó ocasiones para su equipo y desbordó, pero se fue difuminando en la prórroga. Las opciones ofensivas de Argentina pasaron por sus botas e incluso tuvo la oportunidad de batir a Neuer en un mano a mano. El balón salió lamiendo el palo y a Messi se le escapó la Copa en Brasil. Con el gol de Götze se volvió a conectar al encuentro y se acercó a posiciones de disparo. Remató de cabeza desde la frontal del área en un gesto técnico que recordó al de la Final de Roma ante el Manchester United. En esta ocasión Neuer, casi tan alto como Van der Sar, detuvo sin excesivas dificultades. Antes de que el árbitro Rosetti pitara el final, el 10 argentino dispuso de una oportunidad a balón parado. Su disparo salió fuera y la falta fue un cruel epílogo para la final de Messi.

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Argentina observaba como Alemania alzaba la Copa que se le resiste. Algunos se quejaban, muchos se lamentaban y otros lloraban. Pero Messi tenía un aspecto diferente. Estaba ausente, con la mirada perdida. Quizá con el recuerdo del mano a mano ante Neuer, del fallo de Higuaín en el primer tiempo, de las asistencias que Palacio no entendió o de su falta fallida en la última jugada. Para colmo le dieron un trofeo que no le importó y que muchos consideraron inmerecido. Fue un premio cuestionable, que no sirvió de consuelo al argentino. Messi no alteró el gesto, parecía demasiado afectado por la derrota cómo para sonreír o dar la mano al público que se la tendía. Messi cerró un año lleno de decepciones y de finales perdidas.

La Pulga vive con la amenaza de no volver a ser el que fue. Las lesiones musculares le han restado confianza y explosividad. La temporada ha tenido demasiadas interrupciones y se le ha hecho demasiado larga. Le cuesta aguantar el ritmo de los partidos y dosifica sus apariciones con cautela. Sus intervenciones suelen tener trascendencia en el resultado pero hasta ese momento el partido no siempre va con él. El genio fugaz se convierte con demasiada facilidad en un paseante ilustre.

A Messi le afecta también el misterio de sus vómitos. Algo que ha sido motivo de especulación. Algunos creen que es una forma de somatizar la presión y los nervios. Otros consideran que responde a una enfermedad digestiva. En su entorno domina cierto secretismo y se impone el silencio como medida de protección. Otras teorías apuntan a su mal estado físico como causa de sus arcadas. Messi parece vivir en una lucha eterna contra sí mismo y los vómitos pueden ser el modo en que se manifiesta esa batalla interna. En cualquier caso, si se trata de una enfermedad diagnosticada, nadie ha dado los resultados de las pruebas a las que se ha sometido.

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También la forma de juego de sus equipos ha condicionado su rendimiento. El primer Barcelona en el que Messi se convirtió en el mejor, tenía ciertos automatismos que han cambiado con el tiempo. Era un equipo que se construía a través de la posesión, que robaba el balón con facilidad y se asociaba con mucha velocidad. Era un ejemplo con y sin el balón. Y Messi, pese a tener cierta libertad de movimientos, se implicaba más en la presión. En aquel Barcelona, el argentino estaba en contacto permanente con el balón. Combinaba en corto en la frontal del área, dejaba la elaboración a sus compañeros y solía estar fresco para buscar la portería rival. En aquellos equipos, que crecían y dominaban a través de la posesión, Messi tenía menos excusas para ausentarse.

Con Argentina siempre ha tenido que iniciar el juego y acertar en la resolución. Messi era el líder silencioso de un equipo que dirigía Mascherano. La Pulga nunca ha sido un futbolista hablador, con demasiada voz en un vestuario. Reservaba su jerarquía al marcador. Y la fortuna no estuvo de su lado cuando perseguía la estela de Maradona en la albiceleste.

Es probablemente el peor momento de Leo Messi como futbolista. Pese a ser vitoreado en los juzgados antes de declarar por sus problemas fiscales (algo que sí debería ser motivo de reproche) algunos expertos de la Ciudad Condal parecen partidarios de su salida (*). Poco a poco también ha perdido el favor de la prensa: a ojos de los periodistas ya no parece ni tan inocente ni tan ejemplar. Esas incógnitas parecen haberse trasladado al entorno del Barcelona, que ha buscado figuras de acompañamiento para dividir la responsabilidad ofensiva del equipo.

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Pero su recuperación está en sus manos. Debe aprovechar su velocidad en espacios cortos, vencer la presión que le asfixia y trabajar en el apartado físico. El argentino es claramente el futbolista de mayor talento de la actualidad, pero debe recordar que Ronaldinho también lo fue y que su dejadez le convirtió en un futbolista corriente. En el fútbol, el talento sin trabajo no sirve para mucho. Messi posee unas cualidades innatas que ha de potenciar con el esfuerzo físico. En el último año su magia le ha dado para decidir partidos pero no para ganar campeonatos.

Si quiere volver a ser el que fue, Messi necesita dar un paso adelante y crecer en un equipo que se arme con el balón como seña de identidad. Antes, la circulación le integraba en los partidos. Ahora, sus silencios, su falta de ritmo y su timidez le alejan del juego. El 10 no debe refugiarse en los recovecos de su mente; en lugares de difícil acceso, dominados por el autismo, la fragilidad y la melancolía. A veces el fútbol es un estado de ánimo y el argentino se ha acostumbrado a lucir sonrisas postizas.

Ante todas las dudas que deja el 10 hay una certeza: solo Leo tiene la llave para volver a ser Messi.

 

Jorge Rodríguez Gascón.

 

 

(*) Algunos periódicos catalanes han desvelado una supuesta conversación entre Tito Villanova y Messi pocos días antes de la muerte del técnico. En ella se decía que Tito Villanova le aconsejó al argentino que se quedara en el Barcelona.

ALEMANIA VENCE, FRANCIA DECEPCIONA

France v Germany: Quarter Final - 2014 FIFA World Cup Brazil

Alemania venció por la mínima en Maracaná en un encuentro decepcionante ante la Francia de Karim Benzema. La selección bleu era uno de los grandes atractivos de la competición. Deschamps había formado un equipo joven y prometedor que quería doctorarse en un escenario sin comparación. Ayer, en su reválida más importante, fracasó ante la veterana Alemania, que ha hecho de lo excepcional una costumbre y se ha clasificado para semifinales en las últimas cuatro ediciones de la Copa del Mundo.

Alemania pisó fuerte desde el inicio y mostró que está más seguro ante los grandes que ante los pequeños. Formó con un equipo competitivo, con Kroos, Schweinsteiger y Khedira en el medio, con Lahm en el lateral, Özil tirado a la izquierda y con Müller y Klose en la delantera. Fue un equipo constante y fiable, sin prisas ni alardes, que supo encontrar las vergüenzas del rival muy pronto. Le bastó con una falta lateral en el minuto 12 para que Hummels consiguiera de cabeza el gol de los alemanes. El central alemán completó un gran partido: secó a Benzema siempre que se enfrentaron, estuvo correcto en la salida de balón, mostró su poderío en el juego aéreo y marcó el gol de la victoria para su equipo.

Alemania no tuvo reparos en darle a su rival la posesión y a Francia le faltó imaginación para encontrar a sus delanteros. Benzema no carburaba, Griezmann no aparecía y sus medios no llegaban a posiciones de disparo. Solo la zancada de Pogba y la valentía de Valbuena parecían desestabilizar el orden alemán. Y cuando Francia creó ocasiones apareció el meta Neuer para contener a sus delanteros. En la primera mitad, le sacó a Valbuena un remate que ya se colaba por el palo izquierdo de la portería alemana y en el segundo tiempo sofocó todos los intentos de reacción de los galos.

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Alemania prescindió ayer de un futbolista imaginativo como Götze y exilió a Özil a la izquierda. Con el objetivo de dotar de mayor solidez a su equipo, Löw apostó por un futbol académico, sin demasiada improvisación. Ensalzó el músculo de Khedira y Schweinsteiger y el fútbol aseado de Kroos en lugar del talento de sus fríos mediapuntas: Götze y Özil. Y con eso le valió ante una Francia sin pegada, demasiado pendiente de buscar a Benzema por alto en lugar de a ras de suelo.

En los últimos minutos, con más prisas que fútbol, Francia se fue a por el empate. Se ofreció Benzema y se desplegó Matuidi, pero ambos se toparon con Neuer. Benzema tuvo el gol en dos ocasiones, pero Neuer le ganó la partida. El gigante alemán es un portero poco convencional: toma decisiones temerarias y le cuesta blocar los balones, pero siempre es eficaz. Y ayer, volvió a estar presente cuando su equipo le necesitaba.

El partido llegó a su fin y Alemania derrotó a su vecino francés en un partido aburrido, decepcionante, que no hizo honor ni a su cartel ni al escenario. Francia ha mostrado en este Mundial que tiene una plantilla de gran proyección y futuro, pero ayer le faltó orgullo ante un rival poderoso. Los equipos se respetaron en exceso, el partido fue un tanteo entre dos púgiles de renombre. Y Francia, exigida por el marcador, hizo poco por cambiar el curso de los enfrentamientos entre dos selecciones casi tan antiguas como el fútbol. Los chicos de Domenech mostraron mayor afectación con sus lágrimas, una vez consumada su eliminación, que pasión en el juego y ambición, cuando aún tenían tiempo para remediarla.

Alemania, por su parte, ha perdido brillantez pero camina con paso firme.

CUARTOS DE FINAL: JORNADA 1

Francia vs Alemania

(Maracaná, Río de Janeiro. 4 de julio, 18:00 h)

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Francia. Estrella: Karim Benzema. Lleva 3 goles en la competición pero no marca desde el segundo partido, ante Suiza. En octavos mantuvo un duelo particular con Enyeama que ganó el portero nigeriano. Gran parte de las aspiraciones del equipo francés pasan por el acierto de Benzema. Debe aprovechar los espacios que deja la zaga alemana y asociarse con sus compañeros a la carrera. Está jugando a un gran nivel y lidera a una generación joven y osada. Se medirá a Hummels en un duelo vibrante.

Alemania. Estrella: Thomas Müller. El alemán es un jugador con mucha ambición, sin demasiados alardes pero siempre eficaz. Sus movimientos pueden engañar en ocasiones: tiene mucho talento e imaginación. Aunque hay una cosa que no engaña: Müller siempre mira a portería. Ante Argelia lideró a su equipo en la victoria en el tiempo extra y ante Francia es la gran arma alemana. Es un hombre de Mundiales.

Claves del partido.

  • La posesión. Francia es capaz de adaptarse a varias formas de jugar: puede dominar el encuentro desde la posesión o bien replegarse y lanzar a sus delanteros en contragolpes. Alemania propone un modelo de juego basado en el dominio balón y debe evitar riesgos ante la presión francesa, repleta de mediocentros poderosos en la disputa. Parece que sus opciones pasan por la posesión, pero no basta con eso. Alemania debe darle velocidad a la circulación y fluidez al juego. Özil debe pedir el balón y la media ha de ser vertical y buscar posiciones de disparo con Kroos, Müller, Khedira o Schweinsteiger.
  • La defensa alemana. Alemania llega dejando ciertas dudas en su zaga y Francia tiene muchos jugadores capaces de hacer daño a cualquier defensa. Al desequilibrio de Benzema se suma la presencia de Giroud, la finura de Griezmann, la habilidad de Valbuena y las llegadas del lugarteniente Cabaye, del potente Matuidi y del prometedor Pogba. Alemania sufrirá en las pérdidas de balón y debe corregir sus balances defensivos ante una selección peligrosa.
  • La puntería. Ambas selecciones necesitaron muchas ocasiones para vencer a sus respectivos rivales de octavos de final. Necesitan mejorar en este aspecto, en un partido en el que cada oportunidad puede ser decisiva. Francia debe facilitar el despliegue de sus llegadores y encontrar a Benzema. Alemania debe involucrar en el juego a Özil y Götze (aunque sobre el último hay dudas de si será titular, tras su mal partido ante Argelia). Pese a ello ambos son futbolistas que le dan a La Mannschaft un plus de imaginación necesario para jugar a lo que pretenden. Schürle puede ser un gran segunda espada para Müller. Y es que a la espera de que Joachim Löw llame a filas a Klose, el 13 tiene la llave del gol para los alemanes.

 

Brasil vs Colombia

(Estadio Castelão, Fortaleza. 4 de julio, 22:00 h)

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Brasil. Estrella: Neymar Jr. Llega al partido después del trauma de los penaltis ante México y se enfrenta a la revelación del torneo. Sobre su gran figura se carga el peso de un país que vive el fútbol con una especie de devoción religiosa. Brasil necesita a Neymar y el delantero no puede estar más solo ante el peligro. La canarinha es un equipo sin imaginación y solo la mejor versión del 10 le puede dar alguna opción. Para ello debe mirar a la portería y evitar regates intrascendentes. Ante Ospina, Neymar querrá marcar su quinto tanto en la competición.

Colombia. Estrella: James Rodríguez. Está siendo el hombre del Mundial. Ha marcado 5 goles y ha participado en 10 de los 11 tantos de su equipo. Todo finura, el mediapunta debe responder ahora que es el objetivo de todos los focos. Tiene un gran sentido del juego colectivo y debe participar mucho en la circulación y asociarse con Cuadrado. Su zurda puede romper el sueño brasileño en Fortaleza.

Las claves del partido:

  • Pánico escénico: Brasil juega ante su público, con el arma de doble filo que supone ser la anfitriona. Colombia es una selección joven e impetuosa, que deberá domar los nervios que genera un gran escenario. A los chicos de Pekerman no les falta carácter y de su descaro dependen las opciones colombianas. Del regate de Cuadrado, el despliegue de Armero, el sacrificio de Abel Aguilar, la presencia de Teófilo Gutiérrez y el oportunismo de Jackson Martínez.
  • Balances defensivos: Colombia propone un juego vistoso, de ataque, se despliega por los costados y disfruta con espacios. Será interesante ver si ante la anfitriona renuncia a parte de su encanto para dotar de seguridad defensiva al equipo. En cualquier caso, la selección cafetera debe vigilar a Neymar y a Hulk, los grandes peligros de la canarinha. Brasil debe apuntalar su zaga, teóricamente una de las mejores de la competición. Con especial atención a las bandas de Cuadrado y Armero y al fútbol de cumbia de James Rodríguez.
  •  Brasil contra sí misma: Brasil jugará en Fortaleza un partido contra varios elementos: contra Colombia, la gran revelación del torneo, y contra su propia historia. Scolari propone un juego calculador, rácano, basado en el acierto puntual de su estrella y en la solidez defensiva. Es una selección que opta por un fútbol totalmente distinto al que ha encumbrado a su país como pentacampeón. Brasil hace tiempo que no juega bonito y eso sus aficionados no lo olvidan. Solo la victoria permite justificar el cambio de rumbo de su selección. El resultadismo sin resultados no sirve de nada.

 

LA NOCHE DE JAMES

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James Rodríguez[1] caminaba pensativo al acabar el encuentro en Maracaná. Buscaba a los compañeros y recibía la felicitación de los árbitros. Evitaba verse reflejado en el video marcador y solo preguntaba por su familia. En un momento de soledad extraña, intentaba asimilar lo que acababa de hacer.

James había marcado los dos goles que clasificaban a su equipo para los cuartos de final. En el primero, había puesto en pie Maracaná con una obra de arte, en el segundo había culminado una gran jugada de su equipo.

El fútbol vistoso y alegre de la selección cafetera pudo con el trabajo y la agresividad de los uruguayos. Pekerman ha construido un equipo competitivo y valiente, que puede hacer sombra a cualquiera en Brasil. Ayer, en el mayor escenario de la competición, venció a Uruguay en un partido entretenido e interesante. Era un choque de dos estilos: se enfrentaba el músculo de la celeste a la creatividad de los colombianos. Y se impuso el juego de los de Pekerman. El regate de Cuadrado, la profundidad de Armero, el oportunismo de Jackson Martínez, el sacrificio de Abel Aguilar, la sobriedad de Zapata y el liderazgo del veterano Yepes. Pero sobre todo se impuso el talento de James Rodríguez, un artista de trazo fino que pinta con su zurda. Es un jugador exquisito, con gran sentido colectivo y olfato de gol. El 10 colombiano había protagonizado una gran primera fase, se había destapado como la revelación del Mundial y llevaba tres goles.

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Pero ayer en Maracaná firmó su mejor obra. En el primer tanto amortiguó un balón que venía de las nubes. Y a la media vuelta, dibujando una plástica volea encontró la portería de Muslera. En el segundo, Colombia combinó en las inmediaciones del área. Armero centró desde la izquierda y Cuadrado salvó el balón para James. El mediapunta finalizó con la derecha y puso a su equipo en cuartos de final, en una clasificación histórica.

Uruguay se quedó sin argumentos ante el juego colombiano. La coraza de la celeste se resquebrajó ante la ausencia de su gran estandarte. Con Luis Suárez sancionado, Cavani no disparó, su lateral Pereira no se prolongó y Forlán pareció un ex jugador. Solo el combativo “Cebolla” Rodríguez y el zurdo Gastón Ramirez (cuando Tabárez le puso a jugar) parecieron capaces de hacer daño a Colombia. Entonces, cuando Uruguay buscaba un gol para poner emoción al final del encuentro, emergió David Ospina. El portero colombiano detuvo en una gran estirada un peligroso disparo del “Cebolla” Rodríguez y se anticipó a Arévalo en una internada del mediocentro uruguayo.

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Nada podía estropear la noche de James Rodríguez y el partido llegó a su fin. Su selección se medirá a la anfitriona en cuartos de final. Y Colombia ha dado más argumentos que la canarinha en octavos[2]. En Brasil ya tiemblan ante la osadía de una selección feliz y desinhibida, que ya ha hecho historia. Y que tiene en sus filas a uno de los hombres del Mundial, a un buen chico con hambre de triunfos e instinto asesino: James Rodríguez.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

 

[1] James Rodríguez (Cúcuta, Colombia, 1991) tiene 22 años y juega en el AS Mónaco. Uno de sus grandes referentes es Valderrama, un ídolo nacional en su Colombia natal. En este momento es el máximo goleador del Mundial con 5 goles.

[2] Brasil consiguió clasificarse para cuartos de final tras derrotar a Chile en la tanda de penaltis. El partido terminó 1-1, con goles de David Luiz para los brasileños (o Jara en propia puerta) y de Alexis Sánchez para los chilenos. En un partido agónico, sin juego ni brillo, la canarinha tuvo la suerte a su favor. Pinilla hizo temblar a los brasileños con un disparo a la cruceta en la prórroga. Ya en los penaltis otro disparo al poste, esta vez de Jara, condenó a los chilenos y alivió a una Brasil temerosa.

CHILE TUMBA A ESPAÑA EN MARACANÁ

ESPAÑA 0-2 CHILE

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España vio como su reinado se acababa en el césped de Maracaná, ante la mirada del mundo. Chile, su contrincante, es un equipo veloz, trabajador y comprometido. Una selección al alza que empezó el mundial reivindicando el color de su camiseta y acabó asestando el golpe definitivo a la otra Roja.

El equipo de Del Bosque llegaba con la obligación de ganar al partido y aún así no emprendió grandes cambios en su alineación. Confió en los desmarques de Diego Costa, al que parece que las lesiones musculares le han restado velocidad; en la calidad de la sociedad que forman Silva e Iniesta, empequeñecidos ante el empuje chileno; en el equilibrio de Xabi Alonso y Busquets, faltos de frescura y de ritmo; y solucionando el declive de Xavi y Piqué con la entrada de Pedro y Javi Martínez. Aún así, pese a la falta de variantes, la afición española confiaba en un arrebato de grandeza de un equipo que lo ha conquistado todo, subido a las barbas de la excelencia. Pero Chile, con Sampaoli como digno heredero de Bielsa, le robó a España la identidad, impidiendo las asociaciones en corto.

El optimismo inicial de los españoles se vino al traste pronto, cuando a los 45 segundos Arturo Vidal mostró las vergüenzas de una defensa temblorosa. Chile entró en el partido como un vendaval y España se doblegó, aturdida desde el comienzo. Los hombres de Del Bosque volvieron a sufrir en las transiciones rápidas del rival, no dominaron el juego y perdieron balones desde el inicio. Parecían todavía afectados por el trauma de la derrota ante Holanda. (Y es que no era aventurado pensar que tras la humillante derrota frente a la orange se escondía la apatía de un equipo vulnerable, que ha perdido la tensión competitiva, y al que los rivales conocen de memoria). Pronto la selección se quedó sin recursos ante la presión chilena. Solo asomaba la cabeza cuando combinaba rápido y en pocos toques o cuando Iniesta y Silva conseguían salir de la presión, algo que ocurrió en pocas ocasiones. Y Chile seguía avisando, con las galopadas de Alexis Sánchez, el liderazgo de Arturo Vidal, el oportunismo de Vargas y el trabajo de una selección generosa en el esfuerzo. Y en el minuto veinte llegó el primer gol del equipo de Sampaoli. Una pérdida de Xabi Alonso originó una estampida chilena, Alexis asistió a Aranguiz en profundidad y este cedió desde el lateral del área para Vargas. El delantero del Valencia burló a Casillas y puso el 1-0. Otra vez más la defensa quedó en evidencia, volvió a llegar tarde a la disputa y España no se levantaría más. Lo intentó sin éxito, con más rabia que fútbol, en un disparo de Diego Costa y en una llegada de Xabi Alonso. El tolosarra seguía, al igual que Busquets y Javi Martínez torpe en la circulación y lento en cada choque.

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Chile, por su parte, supo esperar su momento y en el minuto 43 Charles Aranguiz marcó el gol de la sentencia. Casillas alcanzó a despejar una falta de Alexis, pero no pudo hacer nada ante el rechace de Aranguiz, un llegador infatigable.

España se quedó sin reacción tras el segundo gol. Siguió intentándolo en pequeñas rabietas, pero parecían tener más peligro las contras chilenas que las avanzadillas de los españoles. La segunda parte fue un canto desesperado de la selección de Del Bosque, basado en la impotencia y la nostalgia de un equipo que ha perdido su corona. Por si no estuviera suficientemente tocada la selección, Diego Costa y Busquets fallaron dos goles cantados, que hubiesen metido a España en el partido.

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El partido acabó demasiado tarde y las ilusiones de la selección demasiado pronto. Cayó en primera fase, algo que ya le ha ocurrido a 5 campeonas. Lo que ocurre es que España probablemente ha dado peor imagen que cualquiera de las anteriores. Sobre todo, le ha faltado el hambre y la pasión por el juego de los aspirantes. Muchos de sus pilares fundamentales han llegado en el declive de sus carreras o en un mal momento de forma y, además, ha sido un equipo frágil ante las pequeñas adversidades y ante las grandes tragedias.

España construyó sus triunfos basándose en un modelo de juego muy reconocible, pero a la vez muy exigente. El dominio de la posesión implica un gran trabajo en la recuperación, velocidad en la circulación, movilidad, juego en pocos toques y, por tanto, se necesita estar  muy bien físicamente. Y España ha llegado cansada a Brasil, sin ganas ni cuerpo para la victoria. También el hecho de ser un equipo admirado ha favorecido que los rivales desarrollen antídotos para vencer a La Roja. No es casualidad que los dos equipos que han derrotado a España en Brasil ya se enfrentaron a ellos en el Mundial de Sudáfrica.

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El Mundial ha dejado a la campeona en muy mal lugar y ha retratado a muchos de sus integrantes: Casillas comenzó alardeando de ser los máximos favoritos, en un claro signo de debilidad, y ha acabado el torneo agachando la cabeza. Ha perdido su etiqueta de “santo” para pasar a ser un portero en clara decadencia. Xavi Hernández ha ratificado las dudas mostradas en Barcelona, Xabi Alonso nunca ha estado tan lento, Busquets ha menguado en la sala de máquinas, Torres parece que juega a otro deporte, Piqué se vio desbordado ante Holanda y Ramos nunca había fallado tanto. Tampoco los teóricos sustentos de España han brillado: Iniesta ha llegado justo físicamente, Silva ha pecado de blando en ocasiones, Villa ni se ha vestido, Pedro no ha desbordado y Diego Costa ha elegido un mal momento para jugar con España.

La selección vio con tristeza como sus mejores días se apagaban. Ante una selección como la chilena, que tiene toda la vitalidad que le falta a España. La mejor generación del fútbol español decía adiós a la competición de manera prematura, aunque con justicia. España se quedó sin respuesta ante equipos con más ambición, que no permitieron que los de Del Bosque realizaran el juego que les ha encumbrado. La selección no deben renunciar al estilo, pero debe construir un equipo preparado para jugar de esta forma, un equipo fresco en el aspecto físico y mental.

En este momento la Federación España debe reflexionar y darle a esta generación el valor que se merece. Y ahora que tiene mucho tiempo por delante, debe afrontar un cambio generacional, para optar al título en próximas ediciones. Pues el recuerdo de los títulos no es un buen consuelo, sino una comparación desoladora. Y hay un difícil paso entre el éxito y la nostalgia.

 

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) En un mal año para el juego asociativo que desarrollaba la selección, España se ha hundido como el Barcelona, incurriendo en sus mismos errores: les ha faltado velocidad en la circulación, verticalidad en el juego y solidez defensiva.  La de España y la del Barcelona son defensas vulnerables, que por el tipo de juego de su equipo deben defender a muchos metros de su portería, y sufren ante equipos atrevidos como Chile y veloces como Holanda.

CUANDO LEO ENCONTRÓ A MESSI

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No es casualidad que Maracaná fuese el estadio elegido para el debut de Messi y Argentina. Brasil reservó su templo más sagrado a su gran rival y las gradas se llenaron de argentinos entusiastas. Sin embargo, la albiceleste no correspondió a su afición y mostró un fútbol rácano y lento, que solo tuvo momentos de lucidez cuando Messi se entonó tras el descanso.

Argentina es un país en el que se vive el fútbol de manera apasionada y en el que la selección está sometida a una tremenda presión. “Ganen o ni vuelvan” proclama una campaña publicitaria con motivo del Mundial y Messi personifica esa presión como nadie. Ha llegado a Brasil después de una de sus peores temporadas en Barcelona, con el lunar de las causas judiciales por evasión fiscal, el misterio de sus vómitos y con la imperiosa necesidad de hacer a su equipo campeón 28 años después. El espejo de Maradona, además, ha dejado de ser un estímulo para convertirse en una losa. Toda esa agonía pareció afectarle al 10 de Argentina y a su selección en el inicio de la competición ante la debutante Bosnia.

Aún así Argentina se adelantó en el minuto 2 y calmó los nervios iniciales. Leo botó una falta lateral y rebotó en Kolasinac que no pudo evitar que el balón entrara en su propio marco.El gol inicial no sirvió para que la selección argentina desplegara su juego y Bosnia creció con el paso de los minutos. Pjanic mostró su talento y su desparpajo, escudado en un Besic acertado y atento a los desmarques de un delantero de grandes cualidades como Dzeko. Argentina se hartó de jugar entre los centrales y no encontraba soluciones en la salida de balón. Sabella dispuso un equipo conservador con cinco defensas y un mediocampo sin imaginación, demasiado encorsetado, con Mascherano como referencia y con Di María como protagonista en el despliegue. Su delantera, sin el servicio de sus mediocampistas, parece un islote de difícil acceso. Mientras Argentina se atascaba en la creación, Bosnia encontró los pasillos interiores y obligó al meta Romero a intervenir en un par de ocasiones.

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Messi no estuvo acertado en la primera parte: siempre rodeado de contrarios y aislado del juego, el 10 no fue ni una sombra de sí mismo. No trabajaba en la presión, perdía balones en el regate y, perjudicado por el sistema, estaba siempre muy lejos de encontrar a Agüero. Recordó a su peor versión de los últimos meses, en la que parece jugar un partido contra sí mismo: vino a recibir muy lejos de la portería, intentando arreglar el problema de Argentina en la circulación, pero le faltó acompañamiento, explosividad e inspiración.

El partido llegó al descanso y Argentina seguía sin inquietar a Begovic. Bosnia crecía en el encuentro y la afición argentina no ocultaba su decepción. El murmullo de la grada pareció afectar a Sabella y el técnico argentino cambió el esquema. El 3-5-2 inicial se sustituyó por un 4-3-3 o un 4-4-2, dibujos(*) en los que Messi se siente más a gusto. Salieron Gago e Higuaín, que enriquecieron el juego argentino.

Messi mejoró en el partido y con él su selección (*). La salida de Gago para jugar de 5 fue fundamental. En la primera parte, faltaba un futbolista que iniciase el juego de manera limpia y Gago destacó en esa función. El mediocentro estuvo muy acertado en la distribución y supo integrar a Messi en el juego. Leo recibía en tres cuartos de campo, incluso más atrás, y era capaz de oxigenar el juego y crear peligro. El 10, liberado del acoso de los bosnios, encontró espacios para driblar y asistir a una delantera muy peligrosa, aunque poco afinada.

Y para sellar su buena segunda parte, Messi firmó un golazo en un escenario para los grandes. Leo recibió en los tres cuartos de campo y tras un tímido regate tiró una pared con Higuaín. El rosarino salió liberado de la asociación y después de una conducción vertiginosa y reconocible, en la que regateó a dos rivales, se sacó un disparo seco e inapelable a la base del palo. La pulga celebró el gol, su segundo tanto en una Copa del Mundo, como una liberación. Desde ese momento Messi volvió a disfrutar: se asoció en corto, desbordó y desequilibró.

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Pese al progreso en el juego argentino, la albiceleste estuvo muy lejos de la brillantez. Solo parecía despertar con alguna jugada de Messi y los chispazos de Di María, infatigable hasta en el día menos afortunado. Aunque la albiceleste dispuso de oportunidades en transiciones rápidas, volvió a atascarse con facilidad. El equipo se parte con demasiada frecuencia, le falta precisión en muchas fases del juego, rapidez en la circulación y recursos ante defensas cerradas. Su delantera, en teoría una de las mejores de la competición, tampoco estuvo acertada y malgastó algunas oportunidades cuando el viento soplaba a favor.

Bosnia no renunció al encuentro ni con el gol tempranero argentino ni con el segundo de Messi y consiguió acortar distancias con el tanto de Ibisevic, cuando restaban seis minutos para el final. Tras el gol bosnio Argentina contemporizó hasta el pitido final. Messi volvió a disfrutar y hubiese estado encantado de jugar un rato más, algo que hacía mucho tiempo que no sucedía.

Argentina cumplió en su debut y consiguió la victoria ante uno de los rivales más difíciles de su débil grupo. Aún así dejó un reguero de dudas en cuanto a su juego: le cuesta controlar los partidos, le falta profundidad y velocidad en la distribución y no tiene solidez defensiva.  Además, muchos de sus jugadores parecen estar lejos de su mejor versión física. Entre ellos está Messi, aunque su problema es más bien de confianza. El 10 parece vivir cada partido en una constante batalla interna: tiene la autodestructiva necesidad de demostrarse a sí mismo que sigue pudiendo decidir partidos. Si no lo consigue, muestra un gesto nostálgico, luce una actitud indiferente y se refugia en los pasadizos de su mente. Si lo consigue, como hizo en el segundo tiempo de Maracaná, juega con seguridad y descaro, desatando la euforia de todos los argentinos.  Tras el gol, no había nadie que creyese en sí mismo más que Leo Messi. Sin embargo, durante la primera parte, el primero en dudar de sus posibilidades era él.

La albiceleste debe mejorar mucho si pretende alzar la Copa del Mundo, pues tras el debut solo demostró que tiene mucho cártel y poco fútbol. Nadie oculta que las opciones de campeonato pasan por la inspiración de Messi. El rosarino debe dejar atrás su versión más melancólica y Sabella debe disponer un equipo en el que el Messi participe, se sienta liberado y pueda desequilibrar.

Tras la reanudación Leo se sintió importante, beneficiado por la entrada de Gago y la corrección de Sabella. Bosnia sorprendió a muchos con su buen trato de balón, pero pecó de inocente cuando encaró a Romero. Argentina decepcionó en su debut pero el regreso del 10 da aliento a la albiceleste. Y algo quedó claro en Maracaná: solo Leo tiene la llave para encontrar a Messi.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) Messi y Agüero tuvieron una charla en el túnel de vestuarios que pareció espolear a Leo. El Kun es uno de los pocos que tienen licencia para interpretar los silencios del 10, es uno de sus mejores amigos en el vestuario, su compañero de habitación y uno de sus socios en el césped.

(*) El 4-3-3 permitió crear más juego para Argentina pero tiene el inconveniente de que el equipo se parte con facilidad, algo que la albiceleste puede pagar caro ante rivales de entidad.