Del esplendor a la nada

Antón Castro / La química del gol

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El asunto de David de Gea descorazona. Incomoda bastante. Si fuera una invención, nos recordaría las zonas sensibles de la sociedad y del periodismo y la facilidad con que puede ensuciar una vida. Y si fuera verdad, sería igual o más deplorable y habría que aplicarle la exactitud de la justicia. Hasta anteayer David de Gea había tenido una actitud impecable: se forjó en el Atlético de Madrid y poco a poco se convirtió en un número uno. En el Manchester probó de inmediato que era uno de los mejores arqueros de Europa y el año pasado, protagonizó aquel incidente jocoso del fax tardío que le impidió jugar en el Real Madrid. A punto del debut de España ante Checoslovaquia seguía siendo una incógnita quien iba a ser titular, aunque eran muchos los que veían superior a De Gea que a Casillas; el asunto, antes del escándalo sexual o puramente mediático, ya incomodaba a Del Bosque. El míster, con su bondad cachazuda y conciliadora, rara vez pierde la paciencia, pero se le veía un poco descompuesto. Y ahora, tras las informaciones de diversos medios y el torrente de whatsapps que no dejan bien a nadie, menos. Del Bosque anda con la mosca detrás de la oreja. ¿Qué ha pasado, por qué se ha perdido el fútbol que emocionó al mundo, por qué se generan tantas dudas? Georgia nos ha devuelto el fantasma, y los presuntos líos de faldas y de hoteles promovidos por De Gea (¿acostumbran  los cracks a financiar orgías ajenas?) empujan al equipo a zonas de sombra inesperadas. ¿Hay una conjura contra España? ¿Ha perdido Vicente del Bosque su estrella, de nuevo? ¿Recuperará así Casillas su buen hado y la titularidad? ¿Tendrá que marcharse el novio de Edurne, que escribió hace unos días un tuit enigmático: “Andaré por mí, andaré sin mirar atrás, sé que soy capaz”. De Gea ha eclipsado otra noticia: Víctor Valdés, ese arquero que pasó del esplendor a la nada, se va del Manchester. El destino no le acompañó en sus designios: eligió mal, la adversidad se cebó con él, y quizá con su soberbia. Desde entonces ha ido cuesta abajo. En dirección al olvido.

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* Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón, el domingo 12 de junio de 2016.

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Foto: marcadores.com

EL LEICESTER Y LA MAGIA DE LO IMPREVISTO

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Con menor frecuencia de la que nos gustaría, el fútbol nos recuerda que es un espectáculo difícil de predecir. Cuando el balón empieza a rodar en septiembre cualquier aficionado puede, más o menos, anticipar lo que sucederá en el desarrollo de la temporada. Si hace una lista de cuatro candidatos para ganar cada una de las ligas más importantes, rara vez se equivocará. Seguramente, uno de esos cuatro equipos acabará alzando el título en verano. Los partidos se alimentan de momentos imprevistos, y pueden generar sorpresas con relativa facilidad, pero el curso de las temporadas suele tener un desenlace más o menos medido. Es uno de los fundamentos básicos del fútbol moderno: el interés está en ver cómo se narra esta vez un cuento similar al que ya se ha contado. Nos interesa saber si el Atlético le podrá pelear la liga al Barça y Madrid, si el Dortmund podrá acercarse al todopoderoso Bayern, si alguien le aguantará el pulso a la Juventus (ya sea la Roma, el Nápoles o el Inter) o si el PSG tendrá alguna dificultad para ganar la Ligue 1.

Afortunadamente, cada cierto tiempo, el fútbol nos reserva una bonita sorpresa. Y ninguna competición fomenta esa posibilidad como la Premier League, la liga más seguida del mundo y, al mismo tiempo, la más impredecible. En Inglaterra se equilibran los repartos de derechos televisivos, muchos clubes han sido relanzados por millonarios y los estadios se llenan cada domingo[1]. Cualquier club de mitad de tabla puede realizar una mayor inversión en fichajes que un aspirante a Champions en la liga española. Los partidos no tienen la calidad técnica del fútbol español, pero poseen una atmósfera especial. Es un juego más rudo, quizá más primitivo, pero que posee más emoción y una mayor vinculación con los orígenes del deporte. Además, se aprecia que las diferencias entre los equipos son menores y, como consecuencia, se producen más alternancias en el marcador. Es un fútbol más dinámico, lleno de idas y venidas, en el que se percibe la voluntad de conquistar los espacios.

En la Premier, es más frecuente que haya dos goles en un mismo descuento o que los grandes[2] pierdan puntos frente al colista. En España, resulta más fácil ver a un equipo triangular en espacios reducidos o que los equipos opten a los títulos continentales. Quizá por estas razones, la Liga envidia a la Premier como producto televisivo y en Inglaterra se admira el fútbol coral de los españoles y su prestigio en Europa.

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En ese contexto se ha producido el fenómeno del Leicester City, una de las historias más especiales del fútbol reciente. La ciudad, de 300.000 habitantes, vive pendiente de los triunfos de su club. Tras derrotar al Manchester City en su propio estadio (1-3) es líder en solitario, con cinco puntos de ventaja sobre sus perseguidores: el Tottenham y el Arsenal. Tienen a su favor el público neutral de las islas, que ven el crecimiento de Leicester como un acontecimiento de otro tiempo. Especialmente si se observa el recorrido del equipo, propiedad desde 2010 de Vichai Srivaddhanaprabha, un magnate tailandés que hizo fortuna con la empresa Power Group. El Leicester jugaba hace dos temporadas en la First Division y el año pasado sufrió hasta las últimas jornadas para mantenerse en la Premier League. Ahora, el equipo vuela a las órdenes de Ranieri, un entrenador que parecía olvidado en el fútbol de alto nivel. El italiano, bien aconsejado por los ojeadores y directivos del club, es el portavoz del sueño de la ciudad. El Leicester, como su técnico, busca llenar su vitrina con un trofeo que nunca ha levantado.

Quizá el mejor reflejo del año del Leicester es Jamie Vardy, un delantero atípico y veloz; lunático e incomprendido al mismo tiempo. Hace cinco años,  se conformaba con jugar en un equipo de séptima división y alternar los entrenamientos con media jornada en una fábrica de productos de rehabilitación (muletas, sillas de ruedas, etc). Ahora, es el goleador del gran aspirante del fútbol inglés. Probablemente no lo sería si no compartiera plantilla con Riyad Mahrez, hasta el momento el mejor futbolista de la competición. El argelino es el producto más visible de la acertada labor de los cazatalentos del Leicester. Fichado por medio millón de euros, procedente del modesto Le Havre francés, Mahrez es ahora uno de los jugadores más cotizados de la Premier League. Frente al Manchester City dejó su sello en una gran acción individual, en la jugada del 0-2, que alejó al equipo de Pellegrini del título. Mahrez posee una magia singular, un don especial que se manifiesta en las grandes ocasiones.

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Mahrez proporciona los instantes de fantasía en un equipo rocoso y bien trabajado, construido a gusto de Ranieri. Okazaki alterna el trabajo con la llegada al área, Albrighton profundiza, N´Kate se desfonda en la recuperación y Drinkwater equilibra el juego. En defensa destacan dos centrales veteranos con gran recorrido en la Premier: Robert Huth, que marcó dos goles en el Etihad Stadium (en dos acciones a balón parado), y Wes Morgan, más rápido que su compañero de zaga. La portería la protege Kasper Schmeichel, que ha heredado los reflejos y el carácter de su padre, el legendario portero del Manchester United. En el banquillo esperan su oportunidad algunas buenas piezas de refresco como Ulloa, Inler o Dyer.

Ranieri, más allá de elogiar los goles de Vardy y el talento de Marhez, señala que la clave del Leicester reside en la fuerza del grupo, que practica un fútbol solidario y veloz. Ese entusiasmo colectivo, que rejuvenece al deporte y a la Premier, les ha llevado a vivir una historia tan bonita como inesperada.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: The Sun. Foto 2: Daily Mirror. Foto 3: Daily Mail.

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[1] Estadios llenos. Esta virtud, una de las grandes señas de identidad del fútbol inglés, puede cambiar en los próximos años, debido al aumento del precio de los abonos. El pasado fin de semana, los aficionados de Anfield encabezaron una protesta que tuvo una gran repercusión mediática. En los últimos minutos, los seguidores del Liverpool vaciaron la emblemática grada de The Kop. La protesta no solo tuvo valor simbólico. El equipo de Jürgen Klopp ganaba 2-0 y el Sunderland acabó empatando el partido en el tramo final.

[2] El declive de los grandes. Probablemente una de las razones que permiten la explosión del Leicester es que ninguno de los grandes de Inglaterra viven su mejor momento. El Arsenal se mantiene en la pugna con el Tottenham por el segundo puesto y amenaza la posición del líder, pero es un equipo ciclotímico, capaz de practicar el mejor fútbol de la competición una jornada y de apagarse en la siguiente. Tampoco parece mostrar una gran continuidad el Manchester City, que fue derrotado por el Leicester el pasado fin de semana. Su proyecto deportivo sigue teniendo un gran presupuesto, pero le falta solidez argumental. Nadie parece contar ya con el United de Van Gaal o con el Liverpool de Klopp. Y menos opciones tiene el Chelsea, al que Mourinho dejó en posiciones de descenso. Su recuperación con Hidink en el banquillo le permite, como mucho, creer en la posibilidad de entrar en Europa.

Uno de los grandes argumentos del Leicester es que ha sido capaz de batir con autoridad a equipos de gran prestigio: venció al Chelsea en la primera vuelta y, en los últimos dos partidos, derrotó al Liverpool y Manchester City. Este domingo visitará el Emirates Stadium en un duelo decisivo.

Pese a la alegría que genera el liderato del Leicester, es lógico pensar que el Arsenal, City y Tottenham (que está siendo más constante que nunca) disputarán la liga hasta la última jornada. Mientras tanto, el Leicester seguirá desafiando a la razón con un relato absolutamente imprevisto.

CASA DE CITAS DE GEORGE BEST

98003603_a_352699b George Best (Belfast, 1946 – Londres, 2005) fue un futbolista genial y único, que dejó un gran legado en el campo y ante los micrófonos. Algunos de sus rivales describieron el juego de Best a través de anécdotas. Graham Williams, defensa del Tottenham Hospur, le dijo a Best en medio de un partido: “Así que este eres tú, ¿eh? He jugado contra ti tres veces y todo lo que había visto de ti era tu culo”. Su compañero en el United, Dennis Law le definió como “el jugador con más talento que he visto en un campo de fútbol”.

Best fue protagonista en los grandes partidos de la Premier. Sus choques contra el Liverpool, el Arsenal o el Chelsea tenían un interés especial. Frente a los blues mantenía un intenso duelo con el perro de presa Ron “Choper” Harris: “Siempre me encargaban la tarea de marcar a George, aunque nunca tuve mucho éxito”. Harris se acuerda especialmente de un partido en el que George Best les marcó el gol del triunfo en un rápido contragolpe. En aquella jugada Harris le dio una patada que puso en peligro el tobillo de Best. Pero Best aguantó el golpe y, tras sortear al portero, marcó el gol decisivo. Desde un estudio de la BBC, el defensa concluye su anécdota: “es el mejor jugador al que tuve que defender en mis 21 años de carrera”.

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El entrenador que le hizo debutar, sir Matt Busby, relativizó la temprana afición de Best por la noche: “En efecto tuvimos algunos problemas con el pequeño individuo, aunque prefiero recordar al genio”. Y profundizó en las virtudes de su juego: “Era capaz de usar los dos pies, e incluso a veces parecía que tuviera seis”. Quienes más sufrieron la espiral autodestructiva del extremo de Belfast fueron sus mujeres. La primera, Angela MacDonald-James, explicó la razón por la que Best no acudía a muchos entrenamientos: “Cada noche se bebe dos botellas de champán con vodka y por la mañana es imposible levantarle para que vaya a entrenar”. Su segunda esposa, Alex Pursey, calibró la decadencia del quinto Beatle: “cuando está borracho, George es el más deplorable, burro e ignorante pedazo de mierda que he visto”.

Sin embargo, nadie habló mejor de él que el propio George Best. No siempre tuvo acierto ni razón en lo que decía, ni siquiera sentido de la realidad o de su propia destrucción. Pero resumió su modo de vida en declaraciones llenas de ingenio que figuran en la memoria colectiva. Algunas reflejan un ideal hedonista: “He gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y coches. El resto lo malgasté”. Otras muestran que el extremo tenía un buen concepto de sí mismo: “Si yo hubiese nacido feo, no hubierais oído hablar de Pelé”. Otras son simples frases en las que Best se sirve de un gran sentido del humor: “Un equipo norteamericano me hizo una oferta: ‘Te pagaremos 20.000 dólares el primer año y 30.000 el segundo’. Yo les respondí: ‘de acuerdo, firmaré el año que viene’”.

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Algunas de sus citas más célebres mezclan las grandes pasiones de Best fuera de los terrenos de juego: “En 1969 dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores 20 minutos de mi vida”. En otras repasó sus aventuras con las modelos, una de sus debilidades más famosas: “Hace años dije que si me daban a elegir entre marcar un golazo al Liverpool o acostarme con Miss Universo, iba a tener una difícil elección. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas”. “Dicen que me acosté con siete Miss Universo. No lo hice. Fueron solo cuatro. No me presentaron a las otras tres.” O su variante: “La prensa es muy mentirosa. Dicen que me he acostado con 200 mujeres, pero solo fueron 100”.

best drinking Algunas de sus declaraciones son una exhibición velada de su propio alcoholismo, siempre desde un punto de vista divertido e irónico: “Nunca me levantaba por la mañana con la intención de emborracharme, simplemente sucedía”.

“He dejado de beber… pero solo cuando duermo”.

“Tuve una casa junto al mar, pero para ir a la playa tenía que pasar por delante de un bar. Nunca me bañé”.

“Cada vez que entro a un sitio, hay setenta personas que quieren invitarme a beber y yo no sé decir que no”.

En una entrevista en la televisión nacional, Best descartó algunas posibilidades de tratamiento: “Podría ir a Alcohólicos Anónimos, pero creo que sería difícil para mí permanecer en el anonimato. (…) Si les dijese a los alcohólicos: ‘Hola me llamó George y tengo un problema con el alcohol’ me responderían: ‘Si, ya lo sabemos’ ”. Acto seguido profundizó y contó una anécdota de sus visitas a la asociación: “Fui una vez a Alcohólicos Anónimos. Me encontré a un viejo amigo y acabamos brindando por la ocasión”. En la siguiente respuesta George contestó con mayor seriedad: “No tengo nada en contra de Alcohólicos Anónimos, creo que a mucha gente le ha ayudado a dejar la bebida. Solo que no funcionó conmigo”. article-2255603-01D0581C00000578-280_634x547 El genial jugador también dedicaba declaraciones a aquellos a los que la prensa situaba como sus sucesores. Sobre David Beckham comentó: “No chuta con la izquierda, no marca muchos goles, no cabecea ni roba… Aparte de eso, está bien”. Con Paul Gascoigne tuvo una relación especial. Su talento y su afición por la bebida le situaban como el heredero natural de George Best en el fútbol británico. Al comienzo de su carrera a Best le pidieron que aconsejara a Gascoigne. Best respondió con la ironía que le caracterizaba: “Que no beba, que no haga el amor con mujeres y que no disfrute de su vida”. Instantes más tarde, Best se puso serio: “Creo que no soy quién para dar consejos a nadie (…). Solo espero que sepa soportar la presión de los medios y que no le destroce como me destrozó a mí”. Años más tarde, cuando compararon sus carreras, Best concluyó: “No me llega ni a la suela de la botella”. Best habló de Wayne Rooney en plena retransmisión de un partido para Sky Sports: “¿Rooney tan bueno como yo? ¡Qué tontería!”. La única comparación que fue bien recibida por Best fue la de Cristiano Ronaldo: “Ha habido unos cuantos jugadores en estos años a los que se ha llamado el nuevo George Best. Pero con Cristiano Ronaldo, por primera vez, es un halago para mí”.

article-2328969-039023950000044D-144_634x376 Best supo ser un gran crítico de sí mismo: “Estaba enfermo y yo era el único que no lo veía. Nací con un gran don, y eso en ocasiones genera una vena destructiva. Igual que yo quería superar a todo el mundo cuando jugaba, tenía que hacerlo también cuando estaba en la ciudad”. Protagonizó una famosa campaña publicitaria para News of the world en la víspera de su fallecimiento: el periódico publicó una foto con el lema “Don´t die like me” (No muera como yo). A pesar de eso, su único remordimiento, según declaró en 1981, no tenía nada que ver con sus excesos: “Tiré un penalti contra el Chelsea en 1971 y el hijo de puta de Peter Bonetti me lo paró. Ojalá se lo hubiera tirado por el otro lado”. Al fin y al cabo, Best había logrado su gran objetivo: “Mi mayor meta es que mi padre pensara que fui el mejor y lo piensa”.

Meses antes de morir concedió una entrevista a una radio irlandesa. En ella le preguntaron cuál era la clave para batir a grandes porteros como Gordon Banks, al que le marcó un célebre gol en Wembley. Con evidentes signos de enfermedad, George Best respondió: “El secreto es que era más rápido que él. Y lo sigo siendo”.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: The Times.  Foto 2: http://img.blogs.es/1001experiencias/wp-content/uploads/2013/02/George-Best1.jpg. Foto 3: fifa.com. Foto 4: Daily mail. Foto 5: Daily mail. Foto 6: Getty images.

The Busby Babes: DUNCAN EDWARDS Y BOBBY CHARLTON

  article-1390533-0C27A7BB00000578-47_634x413

Duncan Edwards (1936, Dudley – 1958, Múnich) mostró desde su infancia unas condiciones innatas para el deporte. Su predilección era el fútbol y a los 11 años ya destacaba en el Dudley, ante rivales mayores que él. Jack O´Brien, uno de los secretarios del Manchester United, le vio jugar e informó a Matt Busby de que acababa de encontrar a un futbolista único. Le pretendían los grandes equipos del país y Edwards se decantó por el Manchester United, el equipo de su infancia. Le convenció Bert Whalley, uno de los asistentes de Busby, en una visita a su domicilio a las 2 de la madrugada. Edwards formó parte del equipo juvenil y sus cualidades no pasaron desapercibidas. Duncan era un jugador de gran presencia física, que se adaptaba al prototipo de futbolista inglés. Era capaz de organizar al equipo, se desplegaba por el costado izquierdo, robaba balones y llegaba al área con frecuencia. Era además un jugador valiente, capaz de tomar la responsabilidad en los momentos más difíciles. Años más tarde, Bobby Charlton resumió las virtudes de Edwards: “Desde el primer momento vi que podía jugar en cualquier parte y hacer cualquier cosa. Era valiente, tremendo en el tackle, podía hacer pases en largo o en corto y marcar. Cuando llegué al United, Duncan era el único que podía hacer cosas que yo sabía que era incapaz de hacer”.

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Pronto le quedó pequeño el equipo juvenil, con el que conquistó dos FA Cups junior, y, a los 16 años, Busby le hizo debutar en el primer equipo. La afición de los red devils se prendó del chico de Dudley y tres temporadas después de su debut ya llevaba 100 partidos en la First División. A los 18 jugó su primer partido como internacional y se convirtió en el futbolista más joven en vestir la camiseta de la selección inglesa. Su récord se mantuvo intacto hasta la irrupción de Michael Owen en 1998. Era el orgullo del fútbol inglés cuando su carrera se apagó en el accidente aéreo de Múnich. Hasta entonces había sido el líder natural de un equipo que venció en Inglaterra y soñó con Europa. En aquella plantilla coincidió con otra de las grandes promesas de The Busby Babes: Bobby Charlton.

Bobby Charlton (11 de octubre de 1937) era un talento que procedía de Ashington. Su padre trabajaba en una mina y cuatro de sus tíos eran futbolistas. Desde joven alcanzó cierta fama en el condado de Yorkshire por su facilidad para domar el balón. Jackie Charlton, que años más tarde jugaría con él en la selección inglesa, avanzó que el destino de su hermano ya estaba marcado: “Todo el mundo lo conocía en el noreste de Inglaterra. Hacían cola para verle jugar. Nadie me conocía a mí, pero todos le conocían a él. Nunca tuve dudas de que llegaría a la élite del fútbol”.

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Bobby Charlton recuerda con cariño los partidos en Yorkshire. Su padre trabajaba en la minería y él colaboraba como “chico de los recados”. En los descansos que daba la mina organizaban partidos de treinta contra treinta, en espacios muy reducidos. Charlton ha confesado en más de una ocasión que su técnica individual procede de esos partidos interminables, jugados en campos de carbón. A los 15 años le fichó el Manchester United y coincidió en alguna ocasión con Edwards en el equipo juvenil. Bobby debutó a los 17 en la First Division ante el Charlton Athletic, en un partido en el que anotó un doblete. Sorprendió a Old Trafford y se hizo con el mediocampo del United, siempre con vistas a la portería rival. Duncan Edwards ya estaba asentado en el primer equipo y fue un gran apoyo para Bobby Charlton en el vestuario. Aprendió a su lado y entendió las claves de la competición en la élite del fútbol. Quizá las diferencias en el juego de ambos potenciaron la unión de los futbolistas con más proyección de Inglaterra. Las condiciones físicas y técnicas de Edwards le permitían superar a los rivales con cierta facilidad, Charlton generaba ventajas sirviéndose de su manejo de balón.  Le daba sentido al juego, llegaba al área rival y surtía a los delanteros. Edwards era un volante izquierdo, un futbolista de mucho recorrido con dotes de mando. Ganaba las disputas de cabeza y tenía facilidad para marcar. Charlton era una apuesta de futuro, un niño que empezaba a dar frutos entre los grandes. Edwards era un adolescente al que, por su madurez, compañeros y rivales veían como un hombre.

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Entre Edwards y Charlton no tardó en surgir una gran amistad. Hicieron el servicio militar juntos y pedían un permiso para acudir a los partidos durante los fines de semana. Durante aquel año jugaron también en la liga militar, con el mismo éxito que con The Busby Babes. Ambos jugadores tenían muchas cosas en común: procedían de familias humildes y tenían una ética de trabajo similar. Pese a que los dos poseían unas facultades técnicas privilegiadas no tardaron en darse cuenta de que el éxito de su juego se basaba en el trabajo y el sacrificio. El fútbol comenzaba a ser un deporte de masas en Inglaterra y Edwards y Charlton se convirtieron en modelos de conducta. Eran los ídolos de la afición y parecían tener una vida sencilla: no eran famosos por sus  salidas nocturnas ni hacían declaraciones fuera de lugar. Diez años más tarde, la figura del siguiente héroe de Old Trafford, George Best, se alejaría de ese modelo de ciudadano ejemplar que encarnaban Duncan Edwards y Bobby Charlton.

Matt Busby dio entrada a los jóvenes formados en la academia. Tras conquistar la liga de 1952, el relevo generacional que el técnico había planeado fue tomando forma. El Manchester United conquistó la liga en la temporada 1955/1956 con una media de edad de 22 años. En aquel equipo habían ido entrando Roger Byrne, Mark Jones, Eddie Colman, el prometedor Bobby Charlton y el que ya era el líder de aquella plantilla: Duncan Edwards.

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En 1957 revalidaron el título de liga y retaron al Madrid de Di Stéfano, Gento y Kapa en Europa. Tras perder ante los blancos en 1957, se clasificaron para las semifinales en la siguiente edición, después de eliminar al Estrella Roja de Belgrado. El 6 de febrero de 1958 el equipo emprendió el viaje de vuelta a Manchester. El avión que partía de Belgrado se estrelló en una casa abandonada en las cercanías del aeropuerto de Múnich, después de repostar en la ciudad alemana. Murieron 23 personas: 8 jugadores y 15 pasajeros, entre los que se encontraban algunos periodistas ingleses y personal del Manchester United. Bobby Charlton salió despedido y quedó inconsciente tras el impacto. Harry Greg y Bill Foulkes, que formaban parte de la plantilla, le pusieron a salvo y sacaron a algunos heridos del avión. Duncan Edwards estaba entre los más afectados y fue trasladado al hospital Isar der Rechts con múltiples heridas. Algunas de ellas le habían afectado al riñón y era necesario un trasplante. El órgano llegó pero tras la operación surgieron problemas derivados del accidente en otras partes de su cuerpo. Tenía las costillas rotas, lesiones medulares y un pulmón colapsado. Los médicos creían que no duraría más de dos noches. Duncan Edwards luchó durante 15 días en aquel hospital de Múnich. Murió el 21 de Febrero de 1958, a los 21 años, y fue despedido por más de 5000 personas en su funeral en Dudley.

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Bobby Charlton se recuperó y fue la pieza angular de la reconstrucción del Manchester. Conquistó la Copa de Europa diez años más tarde, fue el líder de la Inglaterra que consiguió la Copa del Mundo y fue galardonado con el Balón de Oro en 1966. Sir Alex Ferguson, el técnico que dirigía al Manchester en 2008 y otro de los emblemas del club, definió al inglés: “Cuando pienso en los grandes deportistas que han mantenido un proceder correcto a lo largo de su carrera, el primer y mejor ejemplo que me viene a la cabeza es Bobby Charlton”.

Charlton es un hombre de un solo club. Sigue siendo el máximo goleador de la historia del United y la FIFA le considera el mejor jugador inglés de todos los tiempos. En la actualidad es el presidente de honor del Manchester United e imparte cada año una charla a los jugadores en la que narra la historia de The Busby Babes. Charlton siempre recuerda la importancia que tuvo la tragedia a la hora de forjar la identidad del club. Cuando se cumplió el 50 aniversario del accidente de Múnich, el Manchester United saltó al campo con la indumentaria que usó el equipo de Matt Busby ante el Estrella Roja de Belgrado, en el partido previo a la catástrofe. Fue en un derbi de Manchester en 2008 y, rápidamente, las cámaras enfocaron a un Bobby Charlton visiblemente emocionado.

En 1968, con la Copa de Europa todavía reciente, Bobby Charlton se acordó de su gran referente: “Duncan Edwards era incomparable. Fue terrible que muriera y sólo puedo explicar a la gente que su adiós fue la mayor tragedia porque era el mejor de todos nosotros. En toda mi vida como futbolista, siempre sentí que podía competir con cualquier jugador. Menos con Duncan. Él era el talento, siempre me sentí inferior a él. Nunca conocí a alguien tan dotado técnicamente y tan fuerte. Duncan tenía una presencia que nos eclipsaba a todos”.

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En sus últimas horas de vida, Duncan Edwards recibió la visita de Jimmy Murphy, el asistente de Matt Busby. Murphy había evitado el accidente porque alternaba su labor de segundo entrenador con la de seleccionador de Gales. Desde Yugoslavia había escogido otro vuelo para acudir a una convocatoria con la selección galesa. Al técnico le dio rabia perderse el viaje de vuelta a Inglaterra, ya que reinaba un ambiente de celebración tras conseguir la clasificación en Belgrado. Después de la tragedia, se hizo cargo del equipo hasta que Busby se recuperó por completo.

Cuándo Jimmy Murphy entró en la habitación encontró a Edwards en medio de un sueño agitado. De pronto, Duncan Edwards se despertó y le preguntó: “¿A qué hora jugamos el próximo fin de semana contra los Wolves? No me puedo perder ese partido”.

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Por Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Bobby Charlton en primer plano y una foto de Duncan Edwards al fondo, en la presentación del libro Duncan Edwards, The Greatest.  (dailymirror)

Foto 2: Duncan Edwards realiza un saque de banda. (the telegraph). 

Foto 3: Bobby Charlton juega con unos niños en su Ashington natal. (dailymirror).

Foto 4: The Busby Babes se fotografían en un desplazamiento por Europa. En la parte derecha de la foto alguien se apoya en el hombro de Duncan Edwards, no es otro que Bobby Charlton (manutd.official)

Foto 5: Imagen del equipo juvenil del Manchester United. En la fila superior, el tercer jugador empezando por la izquierda es Duncan Edwards. Al final de la misma se encuentra Bobby Charlton (footyposters).
Foto 6: Bobby Charlton se recupera del accidente aéreo en Múnich. (dailymirror // getty images).
Foto 7: La estatua que se levantó en honor de Duncan Edwards en su Dudley natal. (manudtalk.com)    

The Busby Babes: MATT BUSBY

matt busby 2Matthew Busby (Orbiston, 1909 – Manchester, 1994) es uno de los grandes personajes de la historia del Manchester United. Dirigió al equipo desde 1945 hasta 1970 y protagonizó la primera época dorada de los red devils. Tras dejar los banquillos fue el presidente del equipo hasta su muerte. A las puertas de Old Trafford hay una estatua que recuerda la importancia del técnico escocés. Bobby Charlton, uno de los jugadores más laureados del fútbol inglés, resumió el método de su entrenador: “Matt Busby no hablaba mucho de tácticas. Hablaba con nosotros individualmente. Siempre esperaba que nos expresáramos y que le diéramos al público algo que no pudiera ver durante la semana. Algo emocionante”.

Paradójicamente, la carrera de Busby como jugador se desarrolló en el Manchester City, el “vecino ruidoso” del United. Consiguió una FA Cup en 1938 y terminó sus días como futbolista en el Liverpool, alternando su labor de jugador con la de entrenador. En 1945 se convirtió en el mánager del Manchester United. Por aquel entonces el club atravesaba una situación difícil. Llevaba sin ganar la First Division desde 1910, llegó a descender de categoría (aunque luego ascendió) y Old Trafford había sido bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial. El equipo tuvo que trasladarse a Maine Road, el campo del Manchester City. A Matt Busby le seducía la idea de reconstruir un club en horas bajas. Su proyecto se basaba en la cantera, en el reclutamiento y la formación de los jóvenes talentos del país. Pidió plenos poderes en todas las facetas del club y se instaló en una pequeña oficina en las cercanías de Old Trafford. Con la ayuda de Walter Crickmer, secretario del club, fundó el Manchester United Junior Atlhetic Club, que sentó las bases de su proyecto. Se dio mucha importancia al equipo juvenil y allí creció una de las mejores generaciones de la historia del fútbol inglés: The Busby Babes. Tres años después de la contratación del técnico escocés, el Manchester consiguió la FA Cup tras derrotar en la final al Aston Villa. En 1952, 42 años después de su último título liguero, los red devils se proclamaron campeones de la First Division. Busby renovó el equipo pese a conseguir el campeonato y empezó a dar entrada a muchos jóvenes de la academia: Roger Byrne, Mark Jones, Eddie Colman y, sobre todo, Duncan Edwards, la mayor promesa del fútbol inglés. Fichó a atacantes como Tommy Taylor y Dennis Viollet, que se estaban haciendo un nombre en primera división, e hizo debutar a Bobby Charlton, toda una institución en Old Trafford en la actualidad. Aquel Manchester era un equipo osado, con hambre de triunfos y mucho talento. Reconquistó la liga en la temporada 1955/1956 y el equipo se reforzó con la llegada de un extremo puro: Liam Whelan. The Busby Babes era un equipo que apostaba por un fútbol vistoso y ofensivo, que sabía explotar la velocidad y la calidad de sus integrantes para llevar el dominio del juego. Su entrenador resumió la grandeza de un equipo joven y atrevido: “Todavía tenían las marcas de la cuna, pero no se les notaba”.

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El Manchester no se conformó con los títulos nacionales y empezó a mirar a Europa. Por aquel entonces el Real Madrid de Di Stéfano dominaba la competición y el Manchester de Duncan Edwards, Bobby Charlton y Roger Byrne se presentaba como una de las alternativas a los blancos. Pero la organización de un torneo novedoso, que se desarrollaba fuera de las fronteras nacionales, generaba dudas en la Federación Inglesa. Un año antes habían prohibido la participación del Chelsea, por la dificultad que suponía cuadrar el calendario de la liga doméstica con largos desplazamientos por el continente europeo. Finalmente, Matt Busby, que creía que el futuro del club estaba en Europa, convenció a los miembros de la Federación. El Manchester United se convirtió en el primer representante del fútbol inglés en la Copa de Europa gracias a la insistencia de Busby.

En su primera participación, el club inglés pasó la fase de grupos. Venció por un escandaloso 12-0 al Anderlech, en la que es, hasta la fecha, la victoria más holgada de los red devils en Europa. Superaron al Borussia Dortmund y al Athletic de Bilbao en una eliminatoria intensa, en la que los de Busby dieron la vuelta al resultado (para ganar 5-4 en el global). Allí les esperaba el Madrid de Di Stéfano y Gento. El vigente campeón mostró su poderío y venció al Manchester United en un bonito enfrentamiento. Tras la victoria por 1 a 3 en Old Trafford, el Madrid contuvo a los red devils en Chamartín (2-2) y logró su segunda corona en Europa. Las crónicas de la época dan a entender que al Manchester United le faltó oficio ante el gran equipo del momento. El Manchester se citó con el Madrid para la siguiente temporada y revalidó el título de liga en Inglaterra, tras vencer al Arsenal en el encuentro decisivo.

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La temporada 1957/1958 debía ser la de la consagración de The Busby Babes. La derrota ante el Madrid hizo madurar a los talentos de la academia y el equipo funcionó desde el principio. Duncan Edwards era el motor del equipo y se le consideraba el mejor futbolista inglés del momento. Le acompañaban Bobby Charlton, un talentoso mediocampista, Roger Byrne, el capitán y líder de la defensa, futbolistas de la cantera como Mark Jones, Eddie Colman o Harry Greg, y los goleadores Tommy Taylor, Dennis Violet o Liam Whelan. En la competición doméstica se midieron con los Wolves en un duelo por el liderato. En la Copa de Europa llegaron a cuartos de final, donde se enfrentaron  con el Estrella Roja de Belgrado. En el partido de ida, en Old Trafford, el Manchester United venció 2-1, en un encuentro igualado y entretenido. En la vuelta se desplazaron hasta Yugoslavia, en medio de un clima adverso, con el césped del Estadio Estrella Roja (conocido como el “Pequeño Maracaná”) completamente helado. Bobby Charlton confesó meses después que era la primera vez que el equipo realizaba un viaje tan largo y que sufrieron como nunca ante un equipo experimentado. En la primera parte el equipo de Matt Busby se puso 0-3, con dos goles de Bobby Charlton y uno de Dennis Viollet. Sin embargo, el Estrella Roja reaccionó tras el descanso. La zaga de los red devils concedió metros y el equipo yugoslavo supo aprovechar las debilidades de los ingleses. Después de dos goles de Bora Kostic llegó el empate de Lazar Tasic en el minuto 82. El Manchester vivió los minutos más largos de la competición pero el marcador no se volvió a mover. Tras sufrir en Belgrado, los de Matt Busby consiguieron el pase a la semifinal ante el Milán.

Y ahí es donde comienza la tragedia. El Manchester United se subió al avión “The Elizabethan” que partía de Belgrado. Hicieron una parada en Múnich para recargar combustible, en medio de una tormenta de nieve. Después de dos intentos el avión no consiguió despegar. Matt Busby consideró que era conveniente salir lo antes posible, para evitar una sanción de la Federación Inglesa, que seguía sin ver con buenos ojos la participación del United en la Copa de Europa. El técnico escocés siempre se arrepintió de aquella sugerencia. En el tercer intento el avión despegó y se estrelló a 300 metros del aeropuerto. Murieron 23 personas, entre ellos 8 futbolistas, 3 técnicos (Walter Crickmer, Bert Whalley y Tom Curry) y 12 pasajeros. Algunos de los futbolistas que fallecieron eran la columna vertebral del equipo: el prometedor Duncan Edwards, el lateral Roger Byrne, el defensor Mark Jones, el extremo Liam Whelan, el mediocentro Eddie Colman y el delantero Tommy Taylor. Los otros dos integrantes de la plantilla que fallecieron fueron los suplentes Geof Bent y David Pegg.

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El Manchester United se presentó 13 días después del accidente a jugar frente al Sheffield Wednesday. Alineó un once lleno de juveniles, con algunos de los supervivientes del accidente, como Harry Greg o Bill Foulkes. El equipo venció en un partido de luto, lleno de homenajes a los fallecidos. La voz de Matt Busby resonó por la megafonía del estadio y sirvió de aliento a los suyos. Meses más tarde, y con más espíritu que fuerzas, el Manchester United consiguió el pase a la final de la FA Cup. Sin embargo, el equipo cayó en Wembley ante el Bolton Wanderers. El Milán los eliminó en las semifinales de la Copa de Europa y el Manchester afrontó un periodo de transición tras la catástrofe. Uno de los supervivientes, Bobby Charlton, se convirtió en el emblema del equipo. Matt Busby estuvo cerca de morir en el accidente y no volvió a dirigir al equipo hasta tres meses después, en el verano de 1958. Durante aquel tiempo se había hecho cargo del equipo Jimmy Murphy, su fiel asistente. Busby sopesó su retirada pero sentía que estaba en deuda con sus Babes: “Tengo la certeza de que si la tragedia de Múnich no hubiese sucedido habríamos ganado la Copa de Europa aquel año”.

El técnico escocés planificó la reconstrucción del equipo. Se volvió a servir de la cantera y en menos de una década orquestó otro gran equipo, con las cicatrices de Múnich todavía abiertas. Al liderazgo de Bobby Charlton se sumó el talento de George Best y el olfato de Denis Law. Aquel equipo se construyó casi íntegramente por jugadores formados en la academia de Busby y en plena madurez consiguió grandes títulos (dos Ligas, dos Community Shield y una FA Cup), incluso más que la primera generación de The Busby Babes. A eso se añadió la conquista del título que más anhelaba, el trofeo que se les escapó en la tormenta de Múnich. Cuando se cumplía una década de la tragedia, en 1968, el Manchester United consiguió levantar la Copa de Europa. Llegó a la final tras derrotar al Madrid de Las Cinco Copas y se midió al Benfica de Eusebio en Wembley. Fue una noche mágica, una de las mejores finales que se recuerdan; un bonito intercambio de golpes en la cima del fútbol europeo. George Best y Bobby Charlton resolvieron en la prórroga y los campeones dedicaron la victoria a las víctimas de Múnich. Los autores de los goles (Bobby Charlton, George Best y John Kidd) reflejaban el éxito de la idea de Matt Busby, pues todos ellos se habían formado en el equipo juvenil del Manchester United.

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Matt Busby, el arquitecto de todo aquello, resumió el sentimiento de los aficionados:

“Cuando Bobby levantó la copa me purifiqué interiormente. Me quité el peso y la culpabilidad de haber ido a Europa. En ese momento sentí que se había hecho justicia”.

Busby se acordó entonces de la oficina en la que se instaló a su llegada a Manchester: “En esa pequeña oficina no había ni mucho espacio ni tiempo para soñar, pero si algo hice allí fue soñar”. Old Trafford está situado en la actualidad en Sir Matt Busby Way. Al estadio, en un homenaje encubierto de Bobby Charlton al técnico escocés, se le conoce con un bonito sobrenombre:  “El teatro de los sueños”.

Por Jorge Rodríguez Gascón.

Foto 1: The Telegraph 

Foto 2: BBC

Foto 3: bleacherreport.com

Foto 4: 101greatgoals.com

Foto 5: Daily Mail

(*) El texto forma parte de una serie de artículos dedicada a The Busby Babes.

ANFIELD Y LA ÉPICA DEL FÚTBOL INGLÉS

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En Inglaterra se vive el fútbol de manera especial. El público está más cerca de los jugadores, los estadios se llenan a rebosar y los cánticos de los aficionados suenan más fuerte que el silbato del árbitro o el ruido de la megafonía. El estilo de la Premier también permite que los partidos sean más dinámicos. Se señalan menos faltas, el juego es más directo y los encuentros se abren con mayor facilidad. Los equipos se construyen a la carrera y parece que el nivel competitivo de la liga es mayor. Los grandes pierden más puntos a lo largo de la temporada y hay más candidatos al título que en el resto de las ligas. Y, por tanto, es lógico que en cada jornada haya partidos entre rivales directos. Es un fútbol más rápido, con muchas alternativas, en el que los equipos son más poderosos físicamente y el talento decide los partidos.

La Premier es además la liga que más ha invertido en este período de fichajes con 960 millones. El Manchester Unided de Van Gaal es el equipo que más ha gastado (187 millones) pero tras su victoria de ayer ante el Hull City sólo es séptimo en la clasificación. De los teóricos aspirantes, el Chelsea es el equipo más sólido de la competición: es líder en solitario y solo ha cedido un empate, le sigue el Manchester City de Pellegrini a 5 puntos y el Arsenal de Wenger a 6. El Manchester United se ha dejado 10 puntos en 6 jornadas y el Liverpool 11. Las revelaciones de la competición son el Southampton de Koeman, que marcha segundo a 3 puntos del Chelsea de Mourinho, y el Swansea de Garry Monk, empatado a puntos con el Arsenal.

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Anfield Road representa la magia de la Premier como ningún otro campo. Su himno “You´ll never walk alone” se ha convertido en un ritual de culto al fútbol. Y nada mejor que el rival de su ciudad para medir el canto de Anfield. El Liverpool se enfrentó al Everton de Roberto Martínez en un duelo bonito e igualado, que se desarrolló cumpliendo los tópicos del fútbol inglés: el rugido de la grada, dos aficiones enfrentadas desde el respeto, un permanente intercambio de golpes y un fútbol alegre y vital. El equipo de Brendan Rogers quiso llevar la iniciativa y generó más oportunidades. El eléctrico Sterling desbordó por el costado y no atinó Ballotelli, que estuvo en boca de gol en un par de ocasiones. Tim Howard detuvo un cabezazo de Lallana y el Everton respondió a la contra. El conjunto de Roberto Martínez aguantó el empuje de los reds y buscó a Lukaku en largo. El belga es un delantero corpulento, hábil con el balón e inteligente en el juego. Recibe de espaldas, da aire a sus compañeros, se asocia y dispara. Mignolet tuvo que intervenir en varios lanzamientos lejanos de Lukaku y de McGeady, que salió en sustitución del lesionado Mirallas. Tras la reanudación Sterling y Alberto Moreno hicieron sufrir a Hibbert y el equipo de Brendan Rodgers mereció adelantarse. Ballotelli forzó una falta al borde del área a la hora de partido. El delantero italiano se acercó para pedir el balón pero Steven Gerrard, que le había cedido los dos anteriores, ya se había adjudicado el lanzamiento.  Su disparo se elevó por encima de la barrera y se incrustó en la portería de Tim Howard (1-0). El gol del capitán se celebró con entusiasmo en Anfield Road y todo parecía indicar que sería el tanto de la victoria en el derbi de Merseyside. Posteriormente Ballotelli[1] perdonó la sentencia en otra gran acción de Sterling.

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En los últimos minutos el Liverpool renunció al segundo gol y se protegió en exceso. El Everton se acercó al área, más por inercia que por convicción. Y cuando ni el más optimista de los Toffies creía en el empate, llegó el gol de Jagielka. En una jugada larga en el descuento, el Liverpool no fue contundente en el despeje y el balón quedó botando al borde del área. Jagielka midió los tiempos y soltó un disparo precioso a la escuadra. El balón se fue alejando de Mignolet y su estirada solo sirvió para embellecer el gol.

Cuando Anfield celebraba una victoria importante en un partido especial, con un gol de su gran capitán, el central del Everton marcó el gol más bello de su carrera. El empate cambió el guión en el último momento, en un giro muy propio de la Premier. Inglaterra es la cuna del fútbol y eso le otorga cierta inclinación a la épica.

Por Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Alex Livesey/Getty Images. Foto 2: http://www.thisisanfield.com. Foto 3: Getty Images

[1] Los aplausos a Ballotelli muestran que Anfield es un lugar especial. El italiano es un delantero de calidad y buenos movimientos pero que tiene un carácter conflictivo y se implica poco en sus equipos. Sin embargo, desde que ha llegado al Liverpool ha variado en algunos aspectos su juego. Pese a que no está teniendo suerte de cara a puerta, es un futbolista más sacrificado y voluntarioso. Ante el Everton protagonizó algunas acciones defensivas de mérito y no paró de buscar posiciones de remate. Por ello fue ovacionado por un público que valora el compromiso de sus jugadores. Incluso cuando no están del todo acertados.