LA LIGA INESPERADA

Jornada 24.

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La pasada jornada el Barcelona afianzaba su progresión con una victoria redonda ante el Levante, el Real Madrid ganó pero no convenció ante el Deportivo y el Atlético se estrelló en su visita a Balaídos. Pero la liga es una competición vibrante, que depara sorpresas cada fin de semana. El guión de la jornada volvió a cambiar la situación en los primeros puestos: el Madrid restauró sus cuatro puntos de distancia con el Barcelona y el Atlético resolvió en el Calderón, en una noche en la que volvieron a brillar sus puntas.

Esta vez el Barcelona cayó contra pronóstico en su propio estadio, víctima de un equipo joven y atrevido como el Málaga, capaz de anular al plantel de Luis Enrique en el repliegue y de desquiciarlo con el balón en su poder. Juanmi aprovechó un error de bulto de Dani Alves para firmar el gol de la victoria en el minuto siete de partido. Y al Barcelona le faltaron recursos para abrir el cerrojo del Málaga, que le ha ganado el duelo al equipo culé en los dos choques de la temporada (consiguió empatar a cero en la Rosaleda y se llevó los tres puntos del Camp Nou). Sin el brillo de sus delanteros (ni Messi ni Suárez ni Neymar estuvieron a su nivel), el Barcelona se convirtió en un equipo previsible, que dejó ciertos síntomas de impotencia.[1] No aprovechó los costados, el único resquicio que dejaba la defensa rival, y ni siquiera llegó a asustar en los últimos minutos. Messi y Neymar acabaron en las redes del sistema defensivo malaguista, y se les vio sin la chispa de las últimas jornadas. Nadie destacó en un Barcelona que se pareció más al equipo impotente de Anoeta que al que llegó a encadenar once victorias consecutivas antes del choque de este fin de semana. La euforia que rondaba en el Camp Nou pudo jugarle una mala pasada al equipo culé, que volvía a tener a tiro el liderato. Tras la derrota, ve como el Real Madrid amplía su distancia y espera resarcirse en el decisivo duelo ante el City, que medirá sus aspiraciones europeas. Pero sería un error no apreciar los méritos del Málaga en su victoria en el Camp Nou. Fue un equipo solidario, que ejecutó las ayudas defensivas con acierto, supo asociarse cuando tuvo el balón y ganó siempre los rechaces. El técnico Javi García volvió a superar a Luis Enrique y supo explotar a su plantilla: dispone de jóvenes futbolistas con descaro (Juanmi, Castillejo, Samuel, Horta o Juanpi) que brillaron en un escenario exigente. El Barcelona ni siquiera agobió al rival en los minutos finales y el Málaga cuidó aquellos detalles que permiten ganar partidos.

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El Atlético de Madrid venció con solvencia al Almería (3-0) y recuperó sensaciones tras la derrota en Balaídos. Simeone planteó el partido para aprovechar la sintonía de sus delanteros, Griezmann y Mandzukic, que viven el mejor momento de la temporada y firmaron los goles atléticos. Y aunque el árbitro jugó un papel importante en el partido al señalar un penalti riguroso sobre Godín, el Atlético fue superior al conjunto que dirige Juan Ignacio Martínez. El penalti lo transformó Mandzukic, un delantero inteligente, que aporta muchas soluciones a su equipo: puede fijar a los centrales, rematar en boca de gol y asistir a sus compañeros. Y el croata se entiende a la perfección con Griezmann, probablemente el futbolista más en forma de la competición. El delantero francés marcó los otros dos goles de su equipo, en dos bonitas acciones ejecutadas con su zurda. En la primera de ellas, recibió un gran servicio de Mandzukic al espacio, aprovechó su velocidad y definió con sutileza. En el tercer tanto del Atlético, Griezmann resolvió un barullo en el área con un disparo cruzado. El Almería se topó con Moyá siempre que lo intentó y firmó demasiado pronto la derrota, tras un mal inicio de partido. Después de la victoria, Simeone prestó más atención a su lucha con el Valencia y el Sevilla por la tercera plaza que a la pugna por el liderato, en un juego al despiste que ya no convence a nadie. Y las noticias que recibió su equipo fueron buenas en ambos sentidos: consiguió acercarse al Barcelona en el segundo puesto y se afianzó en la tercera posición. El Valencia venció en Córdoba (2-1), con goles de André Gómes y Pablo Piatti, y el Sevilla perdió ante la Real Sociedad (4-3) en el partido más bonito de la jornada, que se jugó en la mañana del domingo. En San Sebastián se vio un duelo lleno de alternativas, que resolvió Xabi Prieto con un cabezazo en los minutos finales. La victoria de la Real Sociedad permite a Simeone mirar a la cabeza de la tabla, aunque sigue quedando demasiado para que el técnico reconozca que su equipo es un serio candidato a la liga. Para el resto, lo ha sido siempre.

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El Real Madrid cerró la jornada del domingo con una victoria sólida en Elche (2-0). El equipo de Ancelotti sigue recuperando la confianza tras la derrota en el Calderón y aprovechó el pinchazo del Barcelona para consolidar su liderato. El Elche despreció el balón y el Madrid cuajó un buen partido, en el que la media pudo circular el balón a su gusto y sus delanteros volvieron a estar inspirados. Cristiano se implicó más en el juego, generó media docena de ocasiones y acabó marcando el segundo gol del equipo en un poderoso remate de cabeza. Ya lleva 29 goles en Liga y ha igualado a Santillana al marcar 290 tantos con la camiseta del Madrid. Benzema se asoció con el portugués, volvió a firmar un gran partido y llegó a marcar dos goles, aunque su chilena fue anulada por fuera de juego. Ya en la segunda parte, Cristiano aceleró desde la banda y Benzema aprovechó un rechace para adelantar al Madrid. El gol del francés premió a un equipo insistente, que remató más que en los partidos del último mes. El Elche fue un rival estéril, que se dio por vencido cuando el equipo de Ancelotti abrió el marcador. El Madrid ha encontrado a dos rivales cómodos como el Schalke y el Elche para elevar su estado anímico, justo en el momento más delicado de la temporada. En el Martínez Valero creó muchas situaciones de peligro y el Elche no exigió a Casillas. El regreso de Pepe ha dotado al equipo de mayor seguridad y su mezcla con Varane cada día es más fiable. Carvajal y Marcelo profundizaron por los costados y Lucas Silva parece integrado en la media, que dominan Kroos e Isco. El alemán parece haberse repuesto de su bajón físico y sigue siendo un futbolista académico, que parece rayar la perfección en cada pase. Pero en el Madrid, la improvisación está a cargo de otro futbolista: Isco Alarcón. El malagueño tiene un don que se manifiesta en cada control, en cada regate. El balón parece disfrutar en sus botas e Isco hace disfrutar al resto. No es casualidad que una vez más el de Arroyo de la Miel fuese ovacionado en campo contrario, al abandonar el Estadio Martínez Valero. Los campos de Primera suelen apreciar que están ante algo especial y, sin duda, Isco es un futbolista diferente. Casillas sentenció al final del encuentro: “Isco es el próximo jugador más importante que pueda tener este país”.

Dicen que la política se construye con verdades que duran solo un día. En el fútbol las verdades pueden durar más de una semana, pero estas se ponen en cuestión cada partido. Nada nuevo, la liga es una competición larga, que premia al que tenga más regularidad en un carrusel de altibajos. Y cada jornada sigue siendo un laberinto de emociones: la suerte de los equipos puede cambiar en el momento más inesperado.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: hoyenfutbol.com. Foto 2: Daily Mail. Foto 3: periodistadigital.com. 

[1] El árbitro le perdonó la expulsión a Neymar en un rabieta y no castigó las patadas en la espalda de Jordi Alba a Juanpi, cuando el Barcelona ya daba por perdido el partido.

LA SONRISA DEL BARCELONA

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El fútbol es un estado de ánimo y el Barcelona es feliz desde que encontró la senda de la victoria. El partido del miércoles frente al Villarreal es una muestra de ello. El equipo no puso en práctica un juego brillante, pero volvió a ganar con solvencia, e incluso pudo dejar sentenciada la eliminatoria.

El Barça se enfrentaba a un gran rival, que ya en liga puso le puso en dificultades en su propio estadio. En aquella ocasión, Messi completó la remontada con un disparo ajustado a la escuadra. Marcelino García Toral también tuvo en mente el encuentro de liga a la hora de plantear la eliminatoria. El técnico asturiano quería evitar a toda costa el juego en carrera del Barcelona y el Villarreal se replegó en campo propio. Quiso aprovechar la velocidad de sus atacantes para sorprender al Barcelona en la misma suerte que tanto le preocupaba de los blaugranas: el contragolpe. Y aunque el conjunto amarillo dispuso de alguna ocasión, el deseo de protegerse le privó de más oportunidades para inquietar a Ter Stegen. En fases del partido, en las que se el Villarreal se apoderó del balón, dio la sensación de que el Barcelona era vulnerable. Vietto, un delantero espléndido, volvió a jugar un buen partido en el Camp Nou: siempre mejoró la jugada y cazó un disparo peligroso que midió la elasticidad de Ter Stegen. Cheryshev, un velocista que avanza por el carril zurdo, asistió a Vietto y el portero alemán resolvió con una gran estirada. Tras el descanso, Ter Stegen cometió un error que condicionó su actuación: no supo despejar un disparo centrado y potente de Manu Trigueros, que acabó en gol.

El problema del Villarreal fue que no empleó el mismo interés en desarmar al Barça que el que prestó a las internadas de Messi. El 10 azulgrana estuvo vigilado siempre por Jaume Costa en el costado, que recibía las ayudas de Cheryshev, Pina y de Bruno Soriano. Messi se descolgó al interior, como es costumbre cuando el equipo blaugrana tiene que progresar en ataque estático. Desde esa posición es capaz de cambiar el ritmo del partido. Buscó a Jordi Alba en el costado, enlazó con Neymar y se asoció con Luis Suárez. La Pulga llegó al área y no atinó en sus dos primeros disparos, que nacieron en dos de las mejores jugadas colectivas del Barcelona.

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Messi no estuvo tan fino como lo ha estado en el último mes. En momentos puntuales se desentendió de la jugada y no colaboró en la presión, reservando sus fuerzas para las acciones más decisivas del encuentro. En ellas siempre aparece el argentino, como arquitecto o como brazo ejecutor. Messi, hasta en sus noches perezosas, conserva intacta su capacidad de decidir partidos. No se olvida de usar sus mejores quiebros y encuentra el camino del gol, en el desarrollo y en la ejecución de las acciones. El primer tanto del Barcelona llegó en una acción de Luis Suárez, que le robó un balón a Musacchio en un ejercicio de pundonor. Corrió hasta el pico del área y desde ahí le sirvió al 10 el balón del gol. Messi ajustó su disparo al palo largo con precisión, en un lugar inalcanzable para Asenjo. Suárez, protagonista en las jugadas de los goles, parece cada día más integrado en el equipo: tiene a su favor el cariño de la afición y rescata jugadas que parecen intrascendentes, peleando hasta la extenuación. Aunque sigue sin estar enfocar a la portería y a veces desentona en combinaciones rápidas, Suárez aporta tantas soluciones y pone tanto corazón en el juego que es imposible que el público no premie su esfuerzo.

El Barcelona quiso controlar el partido desde una posesión fiable, segura y solo aceleró en los metros finales, al amparo del juego luminoso de sus delanteros. Le costó improvisar ante una defensa bien plantada pero no se impacientó. Con un Villarreal bien protegido, en un partido menos abierto y un juego más pausado en la circulación, emergió Iniesta. El manchego había perdido protagonismo en los últimos tiempos, era un daño colateral del plan de Luis Enrique, al que le costaba desequilibrar entre tantas idas y venidas de su equipo. El Barcelona ya no atiende tanto a la pausa y aceleración que marcan sus centrocampistas, sino que busca servir el balón a sus delanteros en buenas condiciones, para que ellos decidan la suerte de los partidos. Pero en encuentros como el del miércoles, en los que los espacios son reducidos, Iniesta posee la capacidad de filtrar el mejor pase, de desbordar con sutileza e incluso de mirar a portería. Las tres cosas se dieron en el segundo gol del Barcelona, el tercero de Iniesta en toda la temporada. Se asoció con Suárez, desbordó a la defensa y se favoreció de la lucha entre Mario Gaspar y Luis Suárez, para firmar el gol que volvía a poner al Barcelona por delante, tras el empate de Manu Trigueros al poco de comenzar la segunda parte. El Barcelona se está acostumbrando a reaccionar rápido tras encajar un gol, y no deja de ser una costumbre temeraria que, de momento, le favorece. Minutos más tarde llegaría el 3-1, en un córner botado por Messi, que remató Piqué a la red. El central catalán está en un buen momento de forma y ha recuperado la confianza del barcelonismo. Tras el gol de Piqué, el Barcelona no supo cerrar la eliminatoria y dispuso de un penalti que desperdició Neymar. El brasileño no brilló ante el Villarreal de Marcelino: sufrió ante el marcaje de Mario Gaspar y se enredó en regates intrascendentes. Después de que Musacchio cometiera un penalti por manos, tuvo una pequeña conversación con Messi. Sólo ellos saben si fue Neymar el que pidió tirar el lanzamiento, ofuscado en un partido difícil para él, o fue Messi el que delegó sus funciones en el brasileño, con el recuerdo del fallo ante Oblak en la misma portería. Lo que sí sabemos es que Neymar disparó y Asenjo atajó su disparo en un gesto felino, que le da vida a su equipo en la eliminatoria.

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El Barcelona cerró el partido dando por bueno el resultado y el Villarreal encontró consuelo en que mantiene alguna opción en la eliminatoria, después de un partido en el que los elementos estuvieron en su contra. La derrota deja en el camino a un futbolista fundamental para el Villarreal: Bruno Soriano, el capitán del equipo y el responsable de la elaboración del conjunto amarillo. El mediocentro se partió el peroné en el Camp Nou, al intentar detener un eslalon de Iniesta. El Villarreal también sufrió la baja de Mario Gaspar, en la acción que le emparejó con Suárez, antes del segundo gol del Barcelona. Las lesiones favorecieron un discurso un tanto pesimista de Marcelino, que afirmó que la película del partido había seguido un guión escrito por su peor enemigo. En el Madrigal tendrá que salir a buscar al Barcelona, algo que no hizo en el Camp Nou, y debe marcar pronto, para verse con opciones de llegar a la final. Para ello Marcelino dispone de un buen puñado de futbolistas: Vietto, Cheryshev, Manu Trigueros, Gerard Moreno, Moi Gómez o los hermanos Dos Santos. Un equipo joven y de mucha calidad, que en el Camp Nou cometió el error de despreciar el balón, para sujetar, con menor éxito del que Marcelino esperaba, al tridente blaugrana.

El equipo de Luis Enrique encarriló la eliminatoria con paso firme, sin demasiados alardes en el juego, pero con la seriedad que requiere la fase definitiva de una competición. Messi volvió a decidir y Suárez e Iniesta cuajaron un gran partido, en un duelo que evidenció los síntomas de recuperación del uruguayo y el manchego. El Barcelona venció en una noche en la que nadie se quiso exponer. Quizá por ello, un partido que prometía mucho espectáculo, decepcionó en el juego y, en algunas fases, se convirtió en una batalla táctica. El equipo de Luis Enrique compensó su poca velocidad de circulación con un generoso despliegue en la presión, que fue el germen de los goles. Los detalles estuvieron a su favor: se repuso del empate de Trigueros, solventó con fortuna las fugas que dejó su defensa, vio como se lesionaban algunas piezas claves de sus rivales, aprovechó la inercia de las victorias e incluso volvió a marcar a balón parado.

El fútbol es un depósito de emociones y el Barcelona es feliz desde que olvidó la derrota en Anoeta. Sigue quedando un mundo pero lleva diez victorias consecutivas, sus figuras están disfrutando y tiene a tiro el liderato y el pase a la final de la Copa del Rey. Una prueba más de que las victorias son, en el fútbol, el único pretexto que justifica la sonrisa.

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Jorge Rodríguez Gascón.

EL BARÇA SE DESATA EN EL NUEVO SAN MAMÉS

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El Barcelona venció con claridad en la Nueva Catedral, en un partido bonito que resolvió el talento de sus figuras (2-5). El Athletic fue superado por un rival brillante, pero supo mantener el honor en la derrota. Fue un equipo voluntarioso y con corazón, que no entregó la cuchara ni siquiera cuando el Barça ya había firmado la sentencia. El conjunto de Luis Enrique vive el mejor momento de la temporada, con el mágico sustento de Messi en la dirección del juego y con un Neymar veloz, que ha aprendido a ser decisivo y espectacular al mismo tiempo.

El Barcelona no perdió esta vez la oportunidad que le concedió el Madrid en el Calderón. Los recuerdos de Anoeta asomaron en un inicio pasional del Atlhetic. Y es que el Nuevo San Mamés mantiene la atmósfera de la Catedral, esa que hace que al menos el calentamiento lo ganen los locales. El equipo de Valverde salió con las ideas claras, buscó a Adúriz y ahogó las vías de pase del Barcelona. En los primeros minutos probablemente fue Bravo el futbolista que más balones tocó, sin realizar ninguna parada, contabilizando incluso algún regate. Cuando el Barcelona tomó aire e irrumpió en el partido, lo hizo para finiquitarlo. Encadenó dos o tres posesiones, disfrutó de espacios y encontró a Messi, que todavía estaba entrando en calor. El 10 se asoció con Suárez, le pidió el balón a Xavi, a Busquets y a Ivan Rakitic y buscó el carril de Neymar y Jordi Alba. Y lanzó una falta que desvió Laporte y confundió a Gorka, para acabar en la red (0-1). El gol de Messi le dio al Barça la seguridad suficiente para imponer su juego; supo conservar el balón con finura y hacer daño en transiciones de vértigo. El Athletic llegó a disponer de un remate a bocajarro en botas de Adúriz, que salvó Bravo con una gran estirada. No se quedó atrás Gorka, cuando prolongó la agonía de Luis Suárez al evitar un gol cantado.

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El Barcelona quería ampliar su ventaja y le devolvió la presión inicial al Athletic. Recuperó el balón en zonas templadas y lo llevó sin pagar peajes a la portería de Gorka. Y así fue como llegó el segundo del Barcelona. Suárez lanzó la carrera de Messi y el argentino se frenó para servir al uruguayo uno de sus goles más esperados (0-2). Fueron los mejores minutos de los blaugranas en el primer acto, el Barcelona monopolizó el partido y dispuso de más oportunidades. Incluso Xavi pudo marcar tras recibir un servicio de Messi y regatear a Gorka. El partido llegó al descanso cuando el Atlhletic se encontraba desbordado, cada vez más consciente de que ni su coraje ni la grada de San Mamés iban a evitar la victoria del equipo de Luis Enrique.

En la reanudación el equipo vasco le volvió a tomar el pulso al partido: Adúriz ganó el balón entre los centrales del Barça y su disparo lo rechazó Bravo, que no pudo hacer nada ante la llegada de Mikel Rico (1-2). Un tanto que despertó al mejor Barça, enrabietado por haber perdonado la sentencia. Neymar dribló, cedió para Messi y el disparo del argentino rozó la portería de Iraizoz. En la siguiente jugada, el 10 combinó con Alves y aceleró para pedirle el balón a Rakitic. Cuando lo recibió, midió la llegada de Neymar y le dio el balón a su gusto. Xavi esclareció la jugada, dejando pasar el balón entre sus piernas, en un gesto que vale tanto como una asistencia. El brasileño, cada vez más fino en la liga y en el partido, recibió y situó su disparo en el palo largo con precisión (1-3). Tras el tercer tanto, el Barcelona se desató: mostró un juego coral y creativo, se asoció al primer toque y embelleció la búsqueda del gol. El cuarto llegó en otra brillante combinación del tridente que acabó en una desgraciada carambola para De Marcos, quien desvió el remate de Messi hacia su propia portería (1-4). Animado por la expulsión de Etxeita, el Barcelona pudo firmar media docena, si no se hubiese encaprichado en lograr un gol más bonito que el anterior. Aunque el Atlhletic hizo un último ejercicio de valentía. Adúriz sacó partido de su lucha con los centrales y consiguió el segundo gol, al batir a Bravo por su propio palo (2-4). La respuesta blaugrana no tardó en llegar, con un bello lienzo dibujado por la zurda de Messi. El 10 giró sobre el balcón del área, sorteando a rivales en una y otra dirección (le rodearon ocho jugadores) y vio llegar a Busquets, que le había dado el balón al comienzo de la acción. El sutil pase de Messi aclaró la jugada y Busquets le cedió el honor del gol a Pedro, siempre dispuesto a aprovechar sus minutos (2-5). Antes del final del partido, Neymar falló hasta cuatro ocasiones que no le borraron la sonrisa.

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La jugada final de Messi, la del gol de Pedro, fue un claro retrato de su estado de forma. Lleva nueve goles en poco más de un mes y en su debut en el Nuevo San Mamés participó en los cinco tantos de su equipo. Está implicado en el juego y cada vez descifra mejor los enigmas de los partidos. Juega con total libertad, siempre pendiente de encontrar soluciones para el equipo. Ha acentuado su sentido del juego colectivo y parece siempre dispuesto a servir goles a sus compañeros. Con sus dos asistencias del partido de ayer, La Pulga se convierte en el máximo asistente de la historia de la Liga. Messi hace tiempo que dejó de ser un falso nueve o un extremo, para convertirse en un diez.

El liderazgo del argentino se sustenta en la mejoría del equipo, que está de dulce desde que perdió en Anoeta. El equipo ha aumentado la intensidad en la presión y está sembrado en el juego. En su regreso al País Vasco, el Barcelona cuajó un gran partido en todas sus líneas: Jordi Alba llegó a línea de fondo, Dani Alves se entendió con Messi, Piqué sufrió ante Adúriz pero sigue dando buenas sensaciones y Mathieu acertó a resolver la mayoría de sus despistes. Busquets enlazó con la media, Xavi amansó el partido y Rakitic le dio fluidez. Messi bajó a recibir y gobernó el partido; Neymar buscó desbordar en cada jugada y alimentó su sociedad con el argentino; Suárez por fin ganó en su lucha con el gol y cada partido nos descubre una mejor sintonía con sus compañeros; y Pedro mostró que es una gran bala en la recámara. Lo único que se les puede achacar es que volvieron a conceder dos goles, algo que últimamente sucede con mayor frecuencia. Parte del mérito le corresponde al Athletic, que no bajó los brazos ante un gran rival. La resistencia de los vascos se personificó en Aymeric Laporte, un central de gran proyección, y en Aritz Adúriz, que está siempre al filo del remate.

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Más allá de eso, la voluntad del Athletic acabó beneficiando al Barcelona, que ahora disfruta al contragolpe. En Bilbao preocupa la situación de los leones, que están demasiado cerca de los puestos de descenso. Pese a seguir vivo en tres competiciones, el Athletic está lejos del nivel del año pasado y depende demasiado de los goles de Adúriz. Muniaín no es el que era, Susaeta no llega tantas veces a línea de fondo, Beñat ha perdido el sitio, Iturraspe ha desaparecido de las alineaciones y los canteranos Unai López y Guillermo deben hacerse aún a la competición. El equipo bilbaíno debe apelar a las emociones para retomar el vuelo. La buena imagen que dio ante el Barcelona puede ser un aliciente para una escuadra histórica, que tiene una afición especial. No hay mejor muestra de esto último que la ovación a Xavi Hernández o los cánticos de su grada, que se prolongaron en la derrota.

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El Barcelona ha conseguido recortar la distancia con el líder y ya depende de sí mismo para lograr el campeonato. Queda un mundo y Luis Enrique vaticina que para lograrlo llevarán un camino plagado de obstáculos, con lógicos altibajos. Al menos el Barcelona ya tiene un once que recitar de memoria (con pequeñas variantes como la de ayer) y el equipo posee un estilo de juego definido, con múltiples posibilidades. El Barça de Luis Enrique quiere apropiarse del balón y dominar el juego a la carrera, siempre al paso que marcan sus delanteros y al galope que propone Messi. El argentino fue más diez que nunca en el Nuevo San Mamés.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Claudio Chaves (Mundo deportivo). Foto 2: Agencias (El Correo). Foto 3: Juan Flor (Diario AS). Foto 4: Miguel Toña (EFE). Foto 5: Vicent West (Reuters).