Ibrahimovic, el delantero que quiso ser leyenda

Antón Castro / La química del gol

El extraordinario ariete sueco, uno de los nombres más pregonados de la competición, dijo adiós a la Eurocopa y a su selección tras caer eliminado ante Bélgica. 

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Zlatan Ibrahimovic, uno de los mejores futbolistas europeos de todos los tiempos, se va de la Eurocopa por la puerta falsa: Suecia cayó eliminada, perdió por la mínima ante la Bélgica de De Bruyne y Hazard y él, que ha estado en el torneo con más pena que gloria, ha anunciado que abandona la selección. No es la primera vez que lo dice y lo hace: lo hizo dos veces y regresó, aunque ahora avanza hacia los 35 años. Ganador de todas las Ligas en las que ha participado –Holanda, Italia, España y Francia-, su paso por el combinado amarillo ha sido demasiado discreto para quien se ha considerado “el Dios del fútbol” y “el mejor futbolista del mundo”. Heredero de Van Basten, que le recomendaba que jugase para él y que lo consideró un maravilloso espectáculo de 1.95 metros, y de su paisano Henrik Larsson, pasará a la historia como uno de los personajes más peculiares de este deporte: en la línea de George Best, Paul Breitner, Di Stéfano o Paul Gascoigne, por citar algunos nombres.

Hijo de una familia de emigrantes bosnio-croatas, con seis hijos, nació en Malmö, Suecia, en 1981 y fue un muchacho de la calle, al que le apasionaba violar la ley por pura diversión. Fue ladrón de bicicletas, desvalijaba coches y le encantaba exhibir sus puños; las peleas, de un modo u otro, han formado parte de su vida. Parecía ir para púgil de boxeo o para campeón de artes marciales, pero también jugaba al fútbol. Vieron lo que hacía, regates y disparos increíbles, y lo llamaron. De inmediato demostró sus habilidades: tenía una elasticidad de gimnasta, mucha técnica y era capaz de marcar tantos de fantasía. De infantil o de juvenil ya poesía las virtudes que lo harían famoso. Empezó en el Malmö, pero no tardó en dar el salto al Ajax, donde tendría de entrenadores a Ronald Koeman, a Van Basten, que fue su referencia y su mejor consejero, y a Louis Van Gaal, a quien le destinó su insolente locuacidad: “Es un dictador sin sentido del humor”. Tenía tanta personalidad que increpaba a sus compañeros por sus fallos.

Siempre fue un tipo divertido y a la vez difícil, admirador de Cassius Clay y de su ingenio verbal, pero también de un narcisismo insoportable y a menudo grotesco y violento. Allá donde ha ido lo ha dejado claro: con él delante (como dijo Jorge Guillén del encanto de Federico García Lorca), no hacía frío ni calor, solo hacía Zlatan Ibrahimovic. Su carácter es tan poderoso e irreductible que en 2012 la Academia Sueca de la Lengua aceptó el neologismo “zlatanear”, que significa “dominar con fuerza”. Ibrahimovic no ha pasado inadvertido en ningún equipo: jugó dos campañas en la Juve y logró dos ‘scudettos’, de los que fue despojada la ‘Vecchia Signora’ por compra de partidos; pasó al Inter y logró tres ligas más y otros torneos menores. Y en 2009 dio el salto al Barcelona de Pep Guardiola, con quien no se entendió. En sus memorias, ‘Yo soy Zlatan Ibrahimovic’, abundó en el binomio Mourinho-Guardiola de este modo: “Para Mourinho yo estaba muerto. Él es excepcional, muy inteligente y un motivador increíble. Guardiola daba discursos filosóficos en el vestuario, pero eso es mierda para estudiantes superiores”, y al entrenador del Barcelona, al que amenazó en un ataque de furia que hasta al propio Ibrahimovic le hubiese dado miedo (así lo confesó), le reprochó en una ocasión: “Soy un Ferrari y me conduces como un Fiat”. Por cierto, cuando llegó a Barcelona en 2009 no pudo traer su flota de automóviles, trece del máximo nivel entonces, pasión que comparte con su esposa Helena Segner, una experta en marketing, once años mayor que él.

En Barcelona solo permaneció una temporada, se marchó al Milan, al que hizo campeón de liga, y, tras dos temporadas, fichó por el Paris St. Germain, donde obtuvo cuatro títulos consecutivos y los trofeos de máximo goleador. Se despidió poco antes de la Eurocopa con algunas frases antológicas: dijo que Francia era “un país de mierda”, observó que  “me quedo si sustituyen la Torre Eiffel por una estatua mía” y ensayó un feliz epitafio: “Vine como un rey, me marcho como una leyenda”. Eso sí, con ninguno de sus equipos logró ganar la Champions.

Con Suecia debutó en 2001, y participó en dos Campeonatos del mundo: en 2002 y en 2006, y en las cuatro últimas Eurocopas. En 2008, cuando España inauguró su senda de gloria, la Roja se midió a Suecia; ganaron los nuestros e Ibrahimovic marcó el gol escandinavo. A propósito de esta competición, pronunció una de sus frases más egocéntricas: “Yo no iría a una Eurocopa en la que yo no participase”.

Verlo jugar es un abonarse a la sorpresa y al asombro. Es un rematador excepcional que ha dicho: “Si quieren pararme, tendrán que matarme”. Ha marcado goles de todas las facturas: de tacón, de trallazo impresionante, de penalti (también ha fallado algunos, impulsado por su vehemencia), de falta, de cabeza o tras una cadena de regates inconcebibles. Es profundamente egoísta y a la vez genial, tiene raptos de locura y agresividad (ha zurrado porque sí a Antonio Cassano y a Rodney Strasser, entre otros,) y es un mandón que logra que sus compañeros, por afecto o por intimidación, se pongan bajo su protección. En las redes sociales circulan resúmenes de sus goles y parecen a veces arabescos de mago, de volatinero o de trapecista, porque se mueve como nadie en las alturas. Al fin y al cabo, no solo es Dios, sino “un gran hombre de fútbol, un campeón”, como lo ha definido el belga Eden Hazard.

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*Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón, el viernes 24 de junio de 2016.

 

EL LEICESTER Y LA MAGIA DE LO IMPREVISTO

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Con menor frecuencia de la que nos gustaría, el fútbol nos recuerda que es un espectáculo difícil de predecir. Cuando el balón empieza a rodar en septiembre cualquier aficionado puede, más o menos, anticipar lo que sucederá en el desarrollo de la temporada. Si hace una lista de cuatro candidatos para ganar cada una de las ligas más importantes, rara vez se equivocará. Seguramente, uno de esos cuatro equipos acabará alzando el título en verano. Los partidos se alimentan de momentos imprevistos, y pueden generar sorpresas con relativa facilidad, pero el curso de las temporadas suele tener un desenlace más o menos medido. Es uno de los fundamentos básicos del fútbol moderno: el interés está en ver cómo se narra esta vez un cuento similar al que ya se ha contado. Nos interesa saber si el Atlético le podrá pelear la liga al Barça y Madrid, si el Dortmund podrá acercarse al todopoderoso Bayern, si alguien le aguantará el pulso a la Juventus (ya sea la Roma, el Nápoles o el Inter) o si el PSG tendrá alguna dificultad para ganar la Ligue 1.

Afortunadamente, cada cierto tiempo, el fútbol nos reserva una bonita sorpresa. Y ninguna competición fomenta esa posibilidad como la Premier League, la liga más seguida del mundo y, al mismo tiempo, la más impredecible. En Inglaterra se equilibran los repartos de derechos televisivos, muchos clubes han sido relanzados por millonarios y los estadios se llenan cada domingo[1]. Cualquier club de mitad de tabla puede realizar una mayor inversión en fichajes que un aspirante a Champions en la liga española. Los partidos no tienen la calidad técnica del fútbol español, pero poseen una atmósfera especial. Es un juego más rudo, quizá más primitivo, pero que posee más emoción y una mayor vinculación con los orígenes del deporte. Además, se aprecia que las diferencias entre los equipos son menores y, como consecuencia, se producen más alternancias en el marcador. Es un fútbol más dinámico, lleno de idas y venidas, en el que se percibe la voluntad de conquistar los espacios.

En la Premier, es más frecuente que haya dos goles en un mismo descuento o que los grandes[2] pierdan puntos frente al colista. En España, resulta más fácil ver a un equipo triangular en espacios reducidos o que los equipos opten a los títulos continentales. Quizá por estas razones, la Liga envidia a la Premier como producto televisivo y en Inglaterra se admira el fútbol coral de los españoles y su prestigio en Europa.

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En ese contexto se ha producido el fenómeno del Leicester City, una de las historias más especiales del fútbol reciente. La ciudad, de 300.000 habitantes, vive pendiente de los triunfos de su club. Tras derrotar al Manchester City en su propio estadio (1-3) es líder en solitario, con cinco puntos de ventaja sobre sus perseguidores: el Tottenham y el Arsenal. Tienen a su favor el público neutral de las islas, que ven el crecimiento de Leicester como un acontecimiento de otro tiempo. Especialmente si se observa el recorrido del equipo, propiedad desde 2010 de Vichai Srivaddhanaprabha, un magnate tailandés que hizo fortuna con la empresa Power Group. El Leicester jugaba hace dos temporadas en la First Division y el año pasado sufrió hasta las últimas jornadas para mantenerse en la Premier League. Ahora, el equipo vuela a las órdenes de Ranieri, un entrenador que parecía olvidado en el fútbol de alto nivel. El italiano, bien aconsejado por los ojeadores y directivos del club, es el portavoz del sueño de la ciudad. El Leicester, como su técnico, busca llenar su vitrina con un trofeo que nunca ha levantado.

Quizá el mejor reflejo del año del Leicester es Jamie Vardy, un delantero atípico y veloz; lunático e incomprendido al mismo tiempo. Hace cinco años,  se conformaba con jugar en un equipo de séptima división y alternar los entrenamientos con media jornada en una fábrica de productos de rehabilitación (muletas, sillas de ruedas, etc). Ahora, es el goleador del gran aspirante del fútbol inglés. Probablemente no lo sería si no compartiera plantilla con Riyad Mahrez, hasta el momento el mejor futbolista de la competición. El argelino es el producto más visible de la acertada labor de los cazatalentos del Leicester. Fichado por medio millón de euros, procedente del modesto Le Havre francés, Mahrez es ahora uno de los jugadores más cotizados de la Premier League. Frente al Manchester City dejó su sello en una gran acción individual, en la jugada del 0-2, que alejó al equipo de Pellegrini del título. Mahrez posee una magia singular, un don especial que se manifiesta en las grandes ocasiones.

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Mahrez proporciona los instantes de fantasía en un equipo rocoso y bien trabajado, construido a gusto de Ranieri. Okazaki alterna el trabajo con la llegada al área, Albrighton profundiza, N´Kate se desfonda en la recuperación y Drinkwater equilibra el juego. En defensa destacan dos centrales veteranos con gran recorrido en la Premier: Robert Huth, que marcó dos goles en el Etihad Stadium (en dos acciones a balón parado), y Wes Morgan, más rápido que su compañero de zaga. La portería la protege Kasper Schmeichel, que ha heredado los reflejos y el carácter de su padre, el legendario portero del Manchester United. En el banquillo esperan su oportunidad algunas buenas piezas de refresco como Ulloa, Inler o Dyer.

Ranieri, más allá de elogiar los goles de Vardy y el talento de Marhez, señala que la clave del Leicester reside en la fuerza del grupo, que practica un fútbol solidario y veloz. Ese entusiasmo colectivo, que rejuvenece al deporte y a la Premier, les ha llevado a vivir una historia tan bonita como inesperada.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: The Sun. Foto 2: Daily Mirror. Foto 3: Daily Mail.

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[1] Estadios llenos. Esta virtud, una de las grandes señas de identidad del fútbol inglés, puede cambiar en los próximos años, debido al aumento del precio de los abonos. El pasado fin de semana, los aficionados de Anfield encabezaron una protesta que tuvo una gran repercusión mediática. En los últimos minutos, los seguidores del Liverpool vaciaron la emblemática grada de The Kop. La protesta no solo tuvo valor simbólico. El equipo de Jürgen Klopp ganaba 2-0 y el Sunderland acabó empatando el partido en el tramo final.

[2] El declive de los grandes. Probablemente una de las razones que permiten la explosión del Leicester es que ninguno de los grandes de Inglaterra viven su mejor momento. El Arsenal se mantiene en la pugna con el Tottenham por el segundo puesto y amenaza la posición del líder, pero es un equipo ciclotímico, capaz de practicar el mejor fútbol de la competición una jornada y de apagarse en la siguiente. Tampoco parece mostrar una gran continuidad el Manchester City, que fue derrotado por el Leicester el pasado fin de semana. Su proyecto deportivo sigue teniendo un gran presupuesto, pero le falta solidez argumental. Nadie parece contar ya con el United de Van Gaal o con el Liverpool de Klopp. Y menos opciones tiene el Chelsea, al que Mourinho dejó en posiciones de descenso. Su recuperación con Hidink en el banquillo le permite, como mucho, creer en la posibilidad de entrar en Europa.

Uno de los grandes argumentos del Leicester es que ha sido capaz de batir con autoridad a equipos de gran prestigio: venció al Chelsea en la primera vuelta y, en los últimos dos partidos, derrotó al Liverpool y Manchester City. Este domingo visitará el Emirates Stadium en un duelo decisivo.

Pese a la alegría que genera el liderato del Leicester, es lógico pensar que el Arsenal, City y Tottenham (que está siendo más constante que nunca) disputarán la liga hasta la última jornada. Mientras tanto, el Leicester seguirá desafiando a la razón con un relato absolutamente imprevisto.

THIAGO SILVA HACE VOLAR AL PSG

El Paris Saint Germain consiguió el pase en Stamford Bridge en una declaración de ideales, un ejercicio futbolístico que ejecutaron los parisinos con buen gusto, pundonor y coraje. El equipo que dirige Laurent Blanc se sobrepuso a la tempranera expulsión de Ibrahimovic y supo reaccionar cuando la eliminatoria estaba en su contra. Thiago Silva cometió el penalti que ponía al Chelsea por delante en la prórroga y enmendó su error con un testarazo a la red de Courtois.

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Si algo se le podía achacar al Paris Saint Germain, un equipo construido por la maquinaria económica del jeque Nasser Al-Khelaïfi, era que le faltaba su gran bautismo europeo. Se le podía reprochar también que le faltó carácter en las eliminaciones de las últimas temporadas, ante el Chelsea y el Barcelona. Pues bien, su partido en Stamford Bridge solventó de un plumazo todas las dudas que su generaba su juego, especialmente en los grandes escenarios. Su orgullo y su amor propio quedó reflejado en la figura de sus centrales: David Luiz y Thiago Silva, los autores de los goles que sellaron la reacción del conjunto galo. El Chelsea se empeñó en que no se jugara a nada, y olvidó que también tiene armas para atacar y no solo para resguardarse. No hubo noticias de Cesc en la circulación, no apareció Hazard para desequilibrar y Diego Costa se perdió en riñas con David Luiz. Por el contrario, cobraron protagonismo Matic y los guardianes de la zaga blue (Ivanovic, Terry, Cahill y Azpilicueta), los verdaderos hombres de confianza de Mourinho. Y con el Chelsea entregado a la pizarra de Mou, la media del PSG aceptó el protagonismo que concede el balón. Verratti, Motta y Pastore se juntaron en el medio y combinaron con exquisita precisión. Entre Verratti y Motta se reparten los papeles en la dirección del juego. Thiago Motta es un jugador de escuela, de esos que le da criterio a la circulación. Marco Verratti imprime su sello en cada pase. El menudo mediocampista italiano es un futbolista osado, de gran personalidad, que destaca en la lectura del juego. Tiene plena confianza en sus recursos técnicos y posee la facilidad de saltar la presión con un regate sutil o un pase medido. También entendió bien el partido Pastore, que acudió a generar superioridades en el medio e inquietó a Ivanovic desde el costado izquierdo. Por ese carril se desplegaba también Maxwell, un lateral fino y aseado, que sigue dando soluciones por más que pasen  los años. El trotón Matuidi cubría las espaldas y se aproximaba al balcón del área. Se ofrecía Cavani y jugaba de cara Ibrahimovic, que en el minuto 32 fue víctima de un error de bulto del colegiado. El balón quedó largo e Ibrahimovic llegó tarde en la disputa con Óscar, pero recogió las piernas visiblemente para moderar su entrada. Óscar exageró el golpe y los futbolistas del Chelsea fueron en manada a por el árbitro. Bjorn Kuipers cayó en la trampa y expulsó a Ibrahimovic. No se inmutó el PSG y siguió fiel a su plan de juego, basado en el buen trato del balón. Tampoco dio un paso hacia delante el Chelsea, que mereció la eliminación porque no presentó ningún argumento ofensivo. Jugó demasiado preocupado de proteger a Courtois, sin imaginación en el juego ni voluntad de herir al rival.

1426094599_130686_1426105263_album_grande El ideario de Mourinho viene avalado por un glosario de títulos, pero posee tantos apartados dedicados a los sistemas defensivos que olvida que el fútbol también es un juego basado en la improvisación y en el ataque. Darle un resultado a favor es darle una ventaja que se ha de conservar, que bajo ningún concepto se puede estirar más, si eso exige arriesgarse. Y esa fue la tumba del Chelsea en Stamford Bridge: un planteamiento basado en la precaución y la cobardía. El equipo inglés no quiso  sentenciar a un rival fatigado, que jugó noventa minutos en inferioridad numérica y lo pagó con la eliminación. El PSG, por otra parte, buscó la victoria sin reservas, con la pasión y la urgencia que impone un resultado adverso. El equipo parisino solo dejó de trenzar jugadas cuando Verratti tuvo que pedir el cambio, en los minutos finales del tiempo reglamentario. Minutos antes había tenido el gol en las botas de Cavani. Verrati salió de la presión con un giro plástico y cedió para Pastore. El mediapunta argentino atendió a la llegada de Cavani y el disparo del uruguayo se topó con la madera, después de sortear la salida de Courtois. Por un momento, el resultado pareció darle la razón a Mourinho, cuando Cahill fusiló a Sirigu tras un barullo en el área. El primer gol de la noche partió, como todos los que llegaron después, de un saque de esquina. Y parecía que el gol del Chelsea firmaba la clasificación de los blues, entre otras cosas porque su rival estaba asfixiado. Pero el equipo que dirige Laurent Blanc encontró aliento en los córners y apareció David Luiz para llevar el partido a la prórroga. Lavezzi centró y el defensa brasileño ejecutó un remate de cabeza inapelable a la escuadra de Courtois. Pese al empate, Mourinho mandó parar a los suyos en los minutos finales del partido, consciente de la ventaja que tenían al jugar una prórroga frente a 10 jugadores. En los minutos iniciales del tiempo extra, el Chelsea dio un paso al frente, empujado más por la inercia del partido que por la voluntad de atacar. Y una vez que consiguió la ventaja volvió a entregarse a la calculadora de su técnico. Thiago Silva saltó frente a Zouma con el brazo en alto. Es difícil saber si llegó a tocar el balón pero el gesto fue tan extraño y, al mismo tiempo tan alarmante, que el colegiado señaló penalti. Hazard, que fue el único rebelde en un equipo demasiado encorsetado, lo transformó con tranquilidad. Esta vez sí que parecía el gol definitivo, entre otras cosas, porque el PSG daba la impresión de estar entregado. Pero el equipo de Blanc se encontró con dos nuevos saques de esquina, en los que Thiago Silva emergió. El brasileño había cometido un error impropio de su nivel y había emborronado su gran partido. Pero el fútbol no hubiese sido justo con él si no hubiese premiado su esfuerzo durante los 120 minutos. En el primer lanzamiento, Courtois despejó su cabezazo con una estirada inverosímil. El segundo córner llegó desde el otro costado y Thiago Silva se elevó para batir a Courtois en el minuto 114. El brasileño firmó el gol que castigó a un Chelsea tan precavido que, a fuerza de no arriesgar, acabó asumiendo demasiados riesgos.

1426094599_130686_1426115219_album_grande El PSG consiguió superar a su verdugo de la temporada pasada y lo celebró en el mismo césped, con los aficionados que se desplazaron hasta Londres. Hasta el jeque, Nasser Al-Khelaïfi, bajó al campo en busca de futbolistas a los que abrazar. La victoria supone una liberación para la plantilla y es, en definitiva, justa para el fútbol. El equipo de Blanc ha dejado de ser una exótica constelación de estrellas. Tras su noche mágica en Stamford Bridge, el Paris Saint Germain se ha convertido en un serio aspirante.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Toby Melville (REUTERS). Foto 2: Ian Kington (AFP) . Foto 3: Gerry Penny (EFE)

LA SAGA DE LOS HAZARD

hi-res-3ea2cd7666a590c3b219a6c46eacdacd_crop_north Eden Hazard (La Louvière, Bélgica, 1991) es el futbolista que marca la diferencia en el Chelsea de Mourinho. El mediapunta de La Louvière heredó el talento de sus padres futbolistas, un legado que comparte con sus tres hermanos. Hazard es un jugador habilidoso y valiente, que reclama el balón cuando su equipo pasa por dificultades. Domina la suerte del regate y es capaz de filtrar pases interiores a la espalda de la defensa. En los últimos años ha asumido más responsabilidad en el juego de los blues y ha mejorado su constancia y su relación con el gol a las órdenes de Mourinho. Con un don que está inscrito en su código genético, Hazard es uno de los aspirantes al trono que alternan Cristiano Ronaldo y Leo Messi. Por su capacidad para improvisar, parece tener más similitudes con el argentino, tal y como confirma Cesc Fábregas. El centrocampista catalán dirige la circulación de los blues en busca de Hazard, al que define como “el Messi del Chelsea”. Frente al Paris Saint Germain se espera una noche luminosa del mediapunta belga, que pretende aprovechar la oportunidad que concedieron las paradas de Thibaut Courtois en París.

Es difícil encontrar un futbolista más vocacional que Eden Hazard. Su padre, Thierry Hazard (que comparte nombre con un cantautor francés) fue un centrocampista defensivo en un equipo semi-profesional en Bélgica. Su madre, Carine Hazard, alcanzó cierta fama como delantera y fue una pionera del fútbol femenino. Cuando estaba embarazada de tres meses tuvo que dejar el deporte profesional para atender a su hijo. El futbolista que llevaba en su vientre no era otro que Eden Hazard. La seguridad financiera de la familia permitió a los Hazard crecer en un hogar cómodo en el que podían alternar la formación académica con su pasión por el balón. Después de Eden nacieron Torghan, que milita en el Borussia Monchenglachbad, Kylian, que juega en el Zulte Warengen, y Ethan, que con 9 años también aspira a ser futbolista. La facilidad para domar el balón de Hazard convenció a algunos equipos de la zona, e incluso a las canteras de equipos franceses. Sus padres decidieron aceptar la oferta del LOSC Lille y Eden debutó con 16 años en la liga francesa, en noviembre de 2007. El matrimonio de los Hazard consideró que en Francia se prestaba más atención al fútbol base que en el país de nacimiento de sus hijos. Poco después de que Eden se integrase en la cantera del LOSC Lille, Torghan llamó la atención de los responsables de otro club francés en un amistoso. Lo reclutó el RC Lens y en los siguientes años fue escalando los peldaños de la cantera.

HERMANOS HAZARD Mientras tanto, Eden Hazard empezaba a despuntar en la liga francesa y recibió el premio al mejor joven de la Ligue 1 dos temporadas consecutivas. En su cuarta temporada en la élite del fútbol francés consiguió el doblete de Liga y Copa. Fue la gran estrella de la competición (obtuvo el premio de mejor jugador de la Ligue 1) y llamó la atención de los grandes clubs europeos. Zinedine Zidane le situó como el mayor talento del futuro, y el Real Madrid, el Manchester United, el Chelsea y el Manchester City pujaron por él. La subasta se cerró con un traspaso al Chelsea de Román Abramóvich por más de 40 millones de euros. En sus tres temporadas en Londres ha confirmado los presagios de Zizou y se le considera uno de los mejores futbolistas del mundo. Eden Hazard es el líder de una de las mejores generaciones del fútbol belga, en la que se incluye a jugadores de gran proyección como Kevin De Bruyne, Thibaut Courtois, Romelu Lukaku, Dries Mertens, Axel Witsel, Divock Origi, Kevin Mirallas o Zakaria Bakkali.

Entre las grandes promesas belgas se encuentra también Thorgan Hazard, que fue elogiado por su propio hermano: “El mejor es Thorgan. Llegará más lejos que yo”. Torghan debutó con el Lens en 2012, antes de partir a Londres con su hermano. El equipo inglés decidió cederle al Zulte Warengen[1] una temporada y, posteriormente, al Borussia Monchenglachbad. Dos años más tarde, se ha asentado en el equipo titular del ´Gladbach y ya ha debutado con la selección absoluta. Thorgan posee algunas diferencias en el juego con su hermano: actúa como mediocampista ofensivo y es más un trequartista que un driblador. Esta temporada empieza a destacar en una dura competición como la Bundesliga. El Borussia Monchenglachbad se ha hecho con sus derechos pero el Chelsea se reserva la opción de repescarlo. También Thorgan mantiene la esperanza de volver a Londres. Su sueño, como ha manifestado en varias ocasiones, es conseguir títulos al lado de su hermano, en el Chelsea y en la selección.

Los hermanos Hazard disfrutaron de una bonita casa en La Louvière. Los padres aún conservan esa casa en el pueblo de Braine-le-Comte. A pocos metros del domicilio una valla cerraba el paso a un campo de fútbol. Los hermanos consiguieron hacer un agujero en el vallado y se colaban al campo siempre que podían. Los padres, Thierry y Carine, decidieron quitar la valla para evitar riesgos. Los aficionados del Chelsea y el fútbol belga se lo agradecen. No en vano, en aquel campo se empezó a gestar la saga de los Hazard.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1:blacherreport.net. Foto 2: plazacasalls.blogspot.com .

[1] En el Zulte Warengen, equipo en el que jugó cedido Thorgan, despunta ahora Kylian Hazard. El menor de todos, Ethan, juega en el FC Tubize, el primer equipo en el que jugaron sus hermanos.

COURTOIS SE HACE GRANDE EN PARÍS

El Paris Saint Germain y el Chelsea empataron (1-1) en el primer duelo de la eliminatoria, en un enfrentamiento que decepcionó en el juego. Stamford Bridge volverá a ser el escenario en el que se decida el pase a cuartos de final.

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Sobre el papel, se trataba de la eliminatoria más interesante de todos los duelos de octavos de final, honor que en todo caso comparte con el Barcelona-Manchester City de la próxima semana. Y quizá el gran cartel de la eliminatoria fue uno de los elementos que jugó en contra del espectáculo. Los entrenadores, especialmente Mourinho, se obcecaron en sujetar a sus equipos, con la obsesión de no exponerse más de lo necesario ante un rival temible. Los dos equipos atendieron más a las grandes amenazas del rival que a sus propias virtudes. Y en el espeso terreno de la táctica, se fraguó un partido conservador, aburrido y plano, sin demasiadas variantes en el juego ni velocidad en la circulación. El Chelsea temía la pólvora de la delantera parisina, que tiene en su plantilla a dos grandes goleadores: un artista (Zlatan Ibahimovic) y un matador (Edilson Cavani). El Paris Saint Germain quería evitar los pases de Cesc, el regate de Hazard y los goles de Diego Costa. El duelo entre los nuevos ricos del fútbol, lejos de ser un combate desmelenado, fue una especie de tanteo entre dos púgiles demasiado precavidos. Y el tanteo se prolongó durante casi todo el partido, aunque Blanc se libró de sus miedos en las minutos finales, cuando descubrió que el Chelsea es un equipo más vulnerable de lo que creía, especialmente en el juego aéreo.

Mourinho reconoció que si alguien debió llevarse el partido, ese debió ser el Paris Saint Germain, fundamentalmente porque lo intentó más, o porque simplemente lo intentó. Y ya desde el inicio, dispuso de más oportunidades. El equipo parisino orientó el juego a su banda izquierda; en la que se despliegan el trotón Matuidi y el lateral Maxwel, y aparece de vez en cuando un extremo imprevisible, capaz de lo mejor y de lo peor: Ezequiel Lavezzi. Y desde allí llegaron sus mejores oportunidades durante todo el partido, especialmente en los minutos finales, cuando Marco Verratti, el menudo constructor del juego parisino, entendió que el lado débil de la defensa blue era el lateral que ocupa Ivanovic, un central reconvertido. En la primera mitad, Matuidi cabeceó un servicio de Cavani desde ese costado. Su remate puso a prueba los reflejos de un portero inmenso: Thibaut Courtois. El  belga reaccionó a tiempo y despejó el ataque de los parisinos, como hizo durante toda la noche. En la continuación de la jugada el balón volvió a partir de la banda izquierda y le llegó a Ibrahimovic, que se topó por primera vez con las manos de Courtois. Y antes de que llegara el gol del Chelsea, Cavani dispuso de una oportunidad, esta vez a la salida de un córner, desde el lado derecho. El centro de Lavezzi lo remató el uruguayo al primer palo pero de nuevo emergió el portero belga para evitar el tanto de los franceses.

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Antes de llegar al descanso, el equipo de Mourinho se encontró un gol en una jugada que parecía intrascendente. El Chelsea había administrado la posesión durante la primera parte con cautela, sin asumir riesgos, aunque fuese a costa de no inquietar al rival. Sin grandes noticias de Cesc Fábregas, el futbolista que le da sentido al juego del equipo londinense, la circulación del Chelsea la representó como nadie Matic, un mediocentro recuperador que se ha especializado en dar el pase más sencillo. El serbio se ha convertido en una pieza importante del equipo pero su labor es más bien silenciosa. No posee la capacidad de saltar líneas con un pase filtrado, un servicio necesario para encontrar a Hazard, que estuvo siempre muy vigilado, a William, más trabajador que otra cosa en París, o a Diego Costa, que menguó ante el marcaje de Thiago Silva y Marquinhos. Atascados en la posesión, sin mucha aportación de sus delanteros, los blues se pusieron por delante en una jugada que protagonizaron sus defensas. La acción fue extraña desde el inicio. El Chelsea, un equipo poderoso en el juego aéreo, optó por lanzar el córner en corto. El central John Terry recogió un balón pasado en posición de extremo y centró sin mucha convicción. Su compañero en la zaga, Tim Cahill, prolongó de tacón y el lateral Ivanovic batió de cabeza a Sirigu (1-0).

El Paris Saint Germain tuvo que dar un paso al frente en el partido, condicionado por la urgencia del resultado. El gol le dio al Chelsea el pretexto perfecto para esperar al rival en su propio campo. Quiso anular la posesión del equipo de Laurent Blanc, aunque fuese a costa de renunciar al segundo gol. Tras el descanso, el PSG se entonó, aunque mantuvo ciertas precauciones: nunca descuidó la marca de Diego Costa o Hazard. El equipo francés superó a su rival en la media, gracias al talento de Verratti en la distribución, al recorrido de Matuidi y a la presencia de David Luiz, que parece partir siempre con ventaja en la disputa. Verratti dirigió el juego con personalidad, David Luiz recuperó y se asoció en corto, Matuidi se desfondó, Ibrahimovic dejó destellos de su talento y Cavani siguió buscando el gol en cada jugada. El uruguayo es un purasangre del fútbol, un jugador que no entiende de discusiones tácticas: se vacía en cada partido y vive siempre en boca de gol. Es, además, generoso en el esfuerzo y solidario con el equipo, una virtud que parece ser una costumbre en los delanteros uruguayos. Cavani firmó el tanto del empate en otro centro de Matuidi, tras una larga posesión del conjunto parisino. El Matador volvió a ganar el balón de cabeza a los centrales y esta vez Courtois no pudo evitar que el remate acabara en sus redes (1-1). Contagiado por el entusiasmo de una grada ruidosa, el PSG vivió sus mejores minutos en el partido y dispuso de hasta tres oportunidades claras para completar la remontada. En la primera, Ibrahimovic sorteó rivales hasta toparse con Courtois, que le ganó la partida en el mano a mano. Tampoco acertó Lavezzi en el rechace, que fue despejado por Azpilicueta. Poco después, Cavani dejo atrás con un bonito quiebro a Matic y su disparo de puntera se marchó ligeramente desviado. Y cuando moría el partido, Maxwell encontró la cabeza de Ibrahimovic en el segundo palo. El genial delantero remató a bocajarro y Courtois cerró su gran noche en París con otra mano prodigiosa.

Paris St Germain v Chelsea - UEFA Champions League Second Round First Leg

Mourinho había advertido en la previa del partido que el Chelsea de este año es muy diferente al equipo que se midió al campeón francés la temporada pasada. Es cierto que el equipo londinense trata ahora mejor el balón y en fases de la temporada ha practicado un fútbol vistoso, bajo el foco de Cesc y de Hazard. Pero la duda que deja este equipo es si será capaz de utilizar ese registro en los partidos importantes, en los que se deciden los títulos. Ayer volvió a alimentar esas dudas, con un propuesta rácana que solo encuentra su justificación en el marcador. El técnico portugués reconoció que Courtois evitó la victoria del PSG en París, especialmente en la segunda parte. Con sus paradas finales, el belga les da la oportunidad de jugarse el pase a cuartos con todo a favor en Londres, ante un equipo que baja su rendimiento fuera de Francia. En el club parisino advierten que la eliminatoria de la pasada campaña les hizo madurar. Y esperan que esta vez sus dos delanteros, Zlatan Ibrahimovic y Edilson Cavani, puedan ganarle el duelo a un gigante de goma: Thibaut Courtois.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: The Guardian. Foto 2: Skysports.  Foto 3: The Daily Telegraph.