La Eurocopa, entre lo imprevisto y lo esperado

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La Eurocopa llega a los cuartos de final y el desenlace se presenta emocionante. El torneo ha dado algunas sorpresas: la derrota de la vigente campeona a manos de Italia, la enésima decepción de Inglaterra o la eliminación de Croacia, que era uno de los equipos que mejor fútbol habían practicado. También han surgido fenómenos absolutamente inesperados como el de Islandia y Galés, dos equipos sin tradición en las competiciones internacionales. En el fondo, son grandes noticias para el fútbol, un deporte acostumbrado a la reafirmación de lo cotidiano. Alemania y Francia responden a su cartel de candidatas. La Mannschaft venció a Eslovaquia en su mejor partido del torneo y Francia descubrió que Griezmann es la mejor solución en los momentos de emergencia. Italia ya ha demostrado que siempre está en la pelea: especialmente en los torneos en los que menos se la espera. El equipo de Antonio Conte se medirá a la campeona del mundo, en uno de esos duelos que bien valen una Eurocopa. Portugal, que pasó con fortuna la fase de grupos, se enfrentará a la Polonia de Lewandowski. Cristiano Ronaldo tiene el camino más sencillo del cuadro y hay ilusión porque pueda guiar a Portugal a la final. Su gran obstáculo en el cuadro puede ser la Bélgica de Wilmots, que ante Hungría mostró todas sus virtudes: el talento de Hazard, la conducción de De Bruyne, la zancada de Carrasco, la amenaza permanente que es Lukaku, el recorrido de Nainggolan, la llegada de Witsel. El técnico Marc Wilmots dirige a una de las mejores generaciones del fútbol belga. Hasta los cuartos, a su equipo se le intuía más fútbol del que mostraba. Quizá su goleada libere a una selección sobre la que se ha llegado a sospechar. Muchos temen que nunca estará al nivel de las mejores predicciones. Al fútbol europeo no le iría mal que Bélgica dejara de ser una promesa interrumpida.

La derrota de España provoca una tristeza inmensa. No solo supone una tímida confirmación del fracaso de Brasil, sino que se intuye el fin de su imperio. La eliminación llegó producto del despiste ante Croacia y de la abdicación del campeón ante Italia. Dio la sensación de que la azzurra tenía más ganas de vencer que la selección de Del Bosque. Visto de otro modo, La Roja no le dio a Italia la importancia que se merecía. Ellos se tomaron el partido como la superación de una barrera psicológica, similar a la actitud que tuvo España hace 8 años, en los cuartos de final de la Eurocopa de Austria. Consumada su venganza, para los supersticiosos Italia pierde opciones por una razón caprichosa: todos los rivales la empiezan a temer. El duelo frente a Alemania, que remite a las leyendas de otro tiempo, es uno de los partidos más atractivos del torneo. En esta ocasión, es la Alemania de Joachim Löw la que quiere ajustar cuentas: nunca venció a Italia en un Mundial o una Eurocopa. El técnico alemán responde como si le asaltara un picor incómodo: “No tenemos un trauma con la selección italiana”. Con las dos selecciones se cumple un requisito histórico: su mejor nivel de juego ha llegado en el tramo decisivo del torneo.

Individualidades

Las aspiraciones de las selecciones se sostienen, en gran medida, en el nivel de sus estrellas. Alemania disfruta de la mejoría de Özil, del juego sosegado de Kroos y del desborde de Draxler. La aparición del joven mediapunta ante Eslovaquía fue una de las grandes noticias de La Mannschaft. Sustituye a Götze, que ha jugado todo el torneo melancólico, como si recordara que está lejos de ser el jugador que fue. En Italia se alegran de la sintonía que tienen sus dos delanteros: Graziano Pellè y Eder. Tan distintos y a la vez tan complementarios. Pellè es la amenaza en el remate y una fórmula de desahogo: su juego de espaldas ofrece grandes soluciones a sus mediocampistas. Eder es un velocista generoso y sacrificado. Tiene el desborde y la intuición de los delanteros pícaros y sabe aprovechar los servicios de Pellè. En Polonia esperan el despertar de Lewandowski. Mientras tanto, se nutren de la llegada constante de Blaszczykowski. Su rival en cuartos, Portugal, se aferra al don goleador de Cristiano Ronaldo y a sus surtidores, Nani y Quaresma.

Galés vive de la carrera y del disparo de Gareth Bale, un héroe para la nación. Arropado por un conjunto trabajador y sólido, la tarea de suministrar buenos balones a Bale es de Aaron Ramsey y Joe Allen. El Expreso de Cardiff es quizá uno de los futbolistas más determinantes de la competición. Su afición le estima tanto que hasta un pequeño pueblo ha cambiado su nombre para que coincida con el de su estrella. Bale, ambicioso, se ha convertido en el portavoz de una selección atrevida: “A la Eurocopa se viene para ganarla, no para jugar tres partidos”. Su rival en cuartos, Bélgica, debe integrar en el partido a Hazard, De Bruyne, Carrasco o Lukaku.

La selección francesa depende de la inspiración de Payet, Griezmann y Pogba. El primero es una de las grandes revelaciones del torneo: Payet encarna el dinamismo, el regate y el disparo. Pogba ofrece despliegue y un amplio repertorio de lujos técnicos. Griezmann es una garantía de peligro y uno de esos futbolistas que poseen un aura especial. Veloz, fino y atrevido, su mejor partido llegó cuando Francia más lo necesitaba. Su zurda es la mejor virtud del anfitrión. Sobre todo, ante una selección solidaria como Islandia, cuya fuerza reside en el grupo y en su resistencia defensiva. La selección del “país del hielo” está escribiendo uno de los relatos más bonitos de la competición. La belleza de Islandia no reside en su fútbol, algo anticuado y rudimentario, sino en la modestia de sus futbolistas y en el ruido de su hinchada. Un país de 333.000 habitantes, con apenas 100 jugadores que viven solo del fútbol, ha encontrado su hueco entre los 8 mejores equipos de Europa. A veces, el deporte es también una aproximación a lo imprevisto.

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Jorge Rodríguez Gascón.

THIAGO SILVA HACE VOLAR AL PSG

El Paris Saint Germain consiguió el pase en Stamford Bridge en una declaración de ideales, un ejercicio futbolístico que ejecutaron los parisinos con buen gusto, pundonor y coraje. El equipo que dirige Laurent Blanc se sobrepuso a la tempranera expulsión de Ibrahimovic y supo reaccionar cuando la eliminatoria estaba en su contra. Thiago Silva cometió el penalti que ponía al Chelsea por delante en la prórroga y enmendó su error con un testarazo a la red de Courtois.

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Si algo se le podía achacar al Paris Saint Germain, un equipo construido por la maquinaria económica del jeque Nasser Al-Khelaïfi, era que le faltaba su gran bautismo europeo. Se le podía reprochar también que le faltó carácter en las eliminaciones de las últimas temporadas, ante el Chelsea y el Barcelona. Pues bien, su partido en Stamford Bridge solventó de un plumazo todas las dudas que su generaba su juego, especialmente en los grandes escenarios. Su orgullo y su amor propio quedó reflejado en la figura de sus centrales: David Luiz y Thiago Silva, los autores de los goles que sellaron la reacción del conjunto galo. El Chelsea se empeñó en que no se jugara a nada, y olvidó que también tiene armas para atacar y no solo para resguardarse. No hubo noticias de Cesc en la circulación, no apareció Hazard para desequilibrar y Diego Costa se perdió en riñas con David Luiz. Por el contrario, cobraron protagonismo Matic y los guardianes de la zaga blue (Ivanovic, Terry, Cahill y Azpilicueta), los verdaderos hombres de confianza de Mourinho. Y con el Chelsea entregado a la pizarra de Mou, la media del PSG aceptó el protagonismo que concede el balón. Verratti, Motta y Pastore se juntaron en el medio y combinaron con exquisita precisión. Entre Verratti y Motta se reparten los papeles en la dirección del juego. Thiago Motta es un jugador de escuela, de esos que le da criterio a la circulación. Marco Verratti imprime su sello en cada pase. El menudo mediocampista italiano es un futbolista osado, de gran personalidad, que destaca en la lectura del juego. Tiene plena confianza en sus recursos técnicos y posee la facilidad de saltar la presión con un regate sutil o un pase medido. También entendió bien el partido Pastore, que acudió a generar superioridades en el medio e inquietó a Ivanovic desde el costado izquierdo. Por ese carril se desplegaba también Maxwell, un lateral fino y aseado, que sigue dando soluciones por más que pasen  los años. El trotón Matuidi cubría las espaldas y se aproximaba al balcón del área. Se ofrecía Cavani y jugaba de cara Ibrahimovic, que en el minuto 32 fue víctima de un error de bulto del colegiado. El balón quedó largo e Ibrahimovic llegó tarde en la disputa con Óscar, pero recogió las piernas visiblemente para moderar su entrada. Óscar exageró el golpe y los futbolistas del Chelsea fueron en manada a por el árbitro. Bjorn Kuipers cayó en la trampa y expulsó a Ibrahimovic. No se inmutó el PSG y siguió fiel a su plan de juego, basado en el buen trato del balón. Tampoco dio un paso hacia delante el Chelsea, que mereció la eliminación porque no presentó ningún argumento ofensivo. Jugó demasiado preocupado de proteger a Courtois, sin imaginación en el juego ni voluntad de herir al rival.

1426094599_130686_1426105263_album_grande El ideario de Mourinho viene avalado por un glosario de títulos, pero posee tantos apartados dedicados a los sistemas defensivos que olvida que el fútbol también es un juego basado en la improvisación y en el ataque. Darle un resultado a favor es darle una ventaja que se ha de conservar, que bajo ningún concepto se puede estirar más, si eso exige arriesgarse. Y esa fue la tumba del Chelsea en Stamford Bridge: un planteamiento basado en la precaución y la cobardía. El equipo inglés no quiso  sentenciar a un rival fatigado, que jugó noventa minutos en inferioridad numérica y lo pagó con la eliminación. El PSG, por otra parte, buscó la victoria sin reservas, con la pasión y la urgencia que impone un resultado adverso. El equipo parisino solo dejó de trenzar jugadas cuando Verratti tuvo que pedir el cambio, en los minutos finales del tiempo reglamentario. Minutos antes había tenido el gol en las botas de Cavani. Verrati salió de la presión con un giro plástico y cedió para Pastore. El mediapunta argentino atendió a la llegada de Cavani y el disparo del uruguayo se topó con la madera, después de sortear la salida de Courtois. Por un momento, el resultado pareció darle la razón a Mourinho, cuando Cahill fusiló a Sirigu tras un barullo en el área. El primer gol de la noche partió, como todos los que llegaron después, de un saque de esquina. Y parecía que el gol del Chelsea firmaba la clasificación de los blues, entre otras cosas porque su rival estaba asfixiado. Pero el equipo que dirige Laurent Blanc encontró aliento en los córners y apareció David Luiz para llevar el partido a la prórroga. Lavezzi centró y el defensa brasileño ejecutó un remate de cabeza inapelable a la escuadra de Courtois. Pese al empate, Mourinho mandó parar a los suyos en los minutos finales del partido, consciente de la ventaja que tenían al jugar una prórroga frente a 10 jugadores. En los minutos iniciales del tiempo extra, el Chelsea dio un paso al frente, empujado más por la inercia del partido que por la voluntad de atacar. Y una vez que consiguió la ventaja volvió a entregarse a la calculadora de su técnico. Thiago Silva saltó frente a Zouma con el brazo en alto. Es difícil saber si llegó a tocar el balón pero el gesto fue tan extraño y, al mismo tiempo tan alarmante, que el colegiado señaló penalti. Hazard, que fue el único rebelde en un equipo demasiado encorsetado, lo transformó con tranquilidad. Esta vez sí que parecía el gol definitivo, entre otras cosas, porque el PSG daba la impresión de estar entregado. Pero el equipo de Blanc se encontró con dos nuevos saques de esquina, en los que Thiago Silva emergió. El brasileño había cometido un error impropio de su nivel y había emborronado su gran partido. Pero el fútbol no hubiese sido justo con él si no hubiese premiado su esfuerzo durante los 120 minutos. En el primer lanzamiento, Courtois despejó su cabezazo con una estirada inverosímil. El segundo córner llegó desde el otro costado y Thiago Silva se elevó para batir a Courtois en el minuto 114. El brasileño firmó el gol que castigó a un Chelsea tan precavido que, a fuerza de no arriesgar, acabó asumiendo demasiados riesgos.

1426094599_130686_1426115219_album_grande El PSG consiguió superar a su verdugo de la temporada pasada y lo celebró en el mismo césped, con los aficionados que se desplazaron hasta Londres. Hasta el jeque, Nasser Al-Khelaïfi, bajó al campo en busca de futbolistas a los que abrazar. La victoria supone una liberación para la plantilla y es, en definitiva, justa para el fútbol. El equipo de Blanc ha dejado de ser una exótica constelación de estrellas. Tras su noche mágica en Stamford Bridge, el Paris Saint Germain se ha convertido en un serio aspirante.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Toby Melville (REUTERS). Foto 2: Ian Kington (AFP) . Foto 3: Gerry Penny (EFE)

LA SAGA DE LOS HAZARD

hi-res-3ea2cd7666a590c3b219a6c46eacdacd_crop_north Eden Hazard (La Louvière, Bélgica, 1991) es el futbolista que marca la diferencia en el Chelsea de Mourinho. El mediapunta de La Louvière heredó el talento de sus padres futbolistas, un legado que comparte con sus tres hermanos. Hazard es un jugador habilidoso y valiente, que reclama el balón cuando su equipo pasa por dificultades. Domina la suerte del regate y es capaz de filtrar pases interiores a la espalda de la defensa. En los últimos años ha asumido más responsabilidad en el juego de los blues y ha mejorado su constancia y su relación con el gol a las órdenes de Mourinho. Con un don que está inscrito en su código genético, Hazard es uno de los aspirantes al trono que alternan Cristiano Ronaldo y Leo Messi. Por su capacidad para improvisar, parece tener más similitudes con el argentino, tal y como confirma Cesc Fábregas. El centrocampista catalán dirige la circulación de los blues en busca de Hazard, al que define como “el Messi del Chelsea”. Frente al Paris Saint Germain se espera una noche luminosa del mediapunta belga, que pretende aprovechar la oportunidad que concedieron las paradas de Thibaut Courtois en París.

Es difícil encontrar un futbolista más vocacional que Eden Hazard. Su padre, Thierry Hazard (que comparte nombre con un cantautor francés) fue un centrocampista defensivo en un equipo semi-profesional en Bélgica. Su madre, Carine Hazard, alcanzó cierta fama como delantera y fue una pionera del fútbol femenino. Cuando estaba embarazada de tres meses tuvo que dejar el deporte profesional para atender a su hijo. El futbolista que llevaba en su vientre no era otro que Eden Hazard. La seguridad financiera de la familia permitió a los Hazard crecer en un hogar cómodo en el que podían alternar la formación académica con su pasión por el balón. Después de Eden nacieron Torghan, que milita en el Borussia Monchenglachbad, Kylian, que juega en el Zulte Warengen, y Ethan, que con 9 años también aspira a ser futbolista. La facilidad para domar el balón de Hazard convenció a algunos equipos de la zona, e incluso a las canteras de equipos franceses. Sus padres decidieron aceptar la oferta del LOSC Lille y Eden debutó con 16 años en la liga francesa, en noviembre de 2007. El matrimonio de los Hazard consideró que en Francia se prestaba más atención al fútbol base que en el país de nacimiento de sus hijos. Poco después de que Eden se integrase en la cantera del LOSC Lille, Torghan llamó la atención de los responsables de otro club francés en un amistoso. Lo reclutó el RC Lens y en los siguientes años fue escalando los peldaños de la cantera.

HERMANOS HAZARD Mientras tanto, Eden Hazard empezaba a despuntar en la liga francesa y recibió el premio al mejor joven de la Ligue 1 dos temporadas consecutivas. En su cuarta temporada en la élite del fútbol francés consiguió el doblete de Liga y Copa. Fue la gran estrella de la competición (obtuvo el premio de mejor jugador de la Ligue 1) y llamó la atención de los grandes clubs europeos. Zinedine Zidane le situó como el mayor talento del futuro, y el Real Madrid, el Manchester United, el Chelsea y el Manchester City pujaron por él. La subasta se cerró con un traspaso al Chelsea de Román Abramóvich por más de 40 millones de euros. En sus tres temporadas en Londres ha confirmado los presagios de Zizou y se le considera uno de los mejores futbolistas del mundo. Eden Hazard es el líder de una de las mejores generaciones del fútbol belga, en la que se incluye a jugadores de gran proyección como Kevin De Bruyne, Thibaut Courtois, Romelu Lukaku, Dries Mertens, Axel Witsel, Divock Origi, Kevin Mirallas o Zakaria Bakkali.

Entre las grandes promesas belgas se encuentra también Thorgan Hazard, que fue elogiado por su propio hermano: “El mejor es Thorgan. Llegará más lejos que yo”. Torghan debutó con el Lens en 2012, antes de partir a Londres con su hermano. El equipo inglés decidió cederle al Zulte Warengen[1] una temporada y, posteriormente, al Borussia Monchenglachbad. Dos años más tarde, se ha asentado en el equipo titular del ´Gladbach y ya ha debutado con la selección absoluta. Thorgan posee algunas diferencias en el juego con su hermano: actúa como mediocampista ofensivo y es más un trequartista que un driblador. Esta temporada empieza a destacar en una dura competición como la Bundesliga. El Borussia Monchenglachbad se ha hecho con sus derechos pero el Chelsea se reserva la opción de repescarlo. También Thorgan mantiene la esperanza de volver a Londres. Su sueño, como ha manifestado en varias ocasiones, es conseguir títulos al lado de su hermano, en el Chelsea y en la selección.

Los hermanos Hazard disfrutaron de una bonita casa en La Louvière. Los padres aún conservan esa casa en el pueblo de Braine-le-Comte. A pocos metros del domicilio una valla cerraba el paso a un campo de fútbol. Los hermanos consiguieron hacer un agujero en el vallado y se colaban al campo siempre que podían. Los padres, Thierry y Carine, decidieron quitar la valla para evitar riesgos. Los aficionados del Chelsea y el fútbol belga se lo agradecen. No en vano, en aquel campo se empezó a gestar la saga de los Hazard.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1:blacherreport.net. Foto 2: plazacasalls.blogspot.com .

[1] En el Zulte Warengen, equipo en el que jugó cedido Thorgan, despunta ahora Kylian Hazard. El menor de todos, Ethan, juega en el FC Tubize, el primer equipo en el que jugaron sus hermanos.

COURTOIS SE HACE GRANDE EN PARÍS

El Paris Saint Germain y el Chelsea empataron (1-1) en el primer duelo de la eliminatoria, en un enfrentamiento que decepcionó en el juego. Stamford Bridge volverá a ser el escenario en el que se decida el pase a cuartos de final.

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Sobre el papel, se trataba de la eliminatoria más interesante de todos los duelos de octavos de final, honor que en todo caso comparte con el Barcelona-Manchester City de la próxima semana. Y quizá el gran cartel de la eliminatoria fue uno de los elementos que jugó en contra del espectáculo. Los entrenadores, especialmente Mourinho, se obcecaron en sujetar a sus equipos, con la obsesión de no exponerse más de lo necesario ante un rival temible. Los dos equipos atendieron más a las grandes amenazas del rival que a sus propias virtudes. Y en el espeso terreno de la táctica, se fraguó un partido conservador, aburrido y plano, sin demasiadas variantes en el juego ni velocidad en la circulación. El Chelsea temía la pólvora de la delantera parisina, que tiene en su plantilla a dos grandes goleadores: un artista (Zlatan Ibahimovic) y un matador (Edilson Cavani). El Paris Saint Germain quería evitar los pases de Cesc, el regate de Hazard y los goles de Diego Costa. El duelo entre los nuevos ricos del fútbol, lejos de ser un combate desmelenado, fue una especie de tanteo entre dos púgiles demasiado precavidos. Y el tanteo se prolongó durante casi todo el partido, aunque Blanc se libró de sus miedos en las minutos finales, cuando descubrió que el Chelsea es un equipo más vulnerable de lo que creía, especialmente en el juego aéreo.

Mourinho reconoció que si alguien debió llevarse el partido, ese debió ser el Paris Saint Germain, fundamentalmente porque lo intentó más, o porque simplemente lo intentó. Y ya desde el inicio, dispuso de más oportunidades. El equipo parisino orientó el juego a su banda izquierda; en la que se despliegan el trotón Matuidi y el lateral Maxwel, y aparece de vez en cuando un extremo imprevisible, capaz de lo mejor y de lo peor: Ezequiel Lavezzi. Y desde allí llegaron sus mejores oportunidades durante todo el partido, especialmente en los minutos finales, cuando Marco Verratti, el menudo constructor del juego parisino, entendió que el lado débil de la defensa blue era el lateral que ocupa Ivanovic, un central reconvertido. En la primera mitad, Matuidi cabeceó un servicio de Cavani desde ese costado. Su remate puso a prueba los reflejos de un portero inmenso: Thibaut Courtois. El  belga reaccionó a tiempo y despejó el ataque de los parisinos, como hizo durante toda la noche. En la continuación de la jugada el balón volvió a partir de la banda izquierda y le llegó a Ibrahimovic, que se topó por primera vez con las manos de Courtois. Y antes de que llegara el gol del Chelsea, Cavani dispuso de una oportunidad, esta vez a la salida de un córner, desde el lado derecho. El centro de Lavezzi lo remató el uruguayo al primer palo pero de nuevo emergió el portero belga para evitar el tanto de los franceses.

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Antes de llegar al descanso, el equipo de Mourinho se encontró un gol en una jugada que parecía intrascendente. El Chelsea había administrado la posesión durante la primera parte con cautela, sin asumir riesgos, aunque fuese a costa de no inquietar al rival. Sin grandes noticias de Cesc Fábregas, el futbolista que le da sentido al juego del equipo londinense, la circulación del Chelsea la representó como nadie Matic, un mediocentro recuperador que se ha especializado en dar el pase más sencillo. El serbio se ha convertido en una pieza importante del equipo pero su labor es más bien silenciosa. No posee la capacidad de saltar líneas con un pase filtrado, un servicio necesario para encontrar a Hazard, que estuvo siempre muy vigilado, a William, más trabajador que otra cosa en París, o a Diego Costa, que menguó ante el marcaje de Thiago Silva y Marquinhos. Atascados en la posesión, sin mucha aportación de sus delanteros, los blues se pusieron por delante en una jugada que protagonizaron sus defensas. La acción fue extraña desde el inicio. El Chelsea, un equipo poderoso en el juego aéreo, optó por lanzar el córner en corto. El central John Terry recogió un balón pasado en posición de extremo y centró sin mucha convicción. Su compañero en la zaga, Tim Cahill, prolongó de tacón y el lateral Ivanovic batió de cabeza a Sirigu (1-0).

El Paris Saint Germain tuvo que dar un paso al frente en el partido, condicionado por la urgencia del resultado. El gol le dio al Chelsea el pretexto perfecto para esperar al rival en su propio campo. Quiso anular la posesión del equipo de Laurent Blanc, aunque fuese a costa de renunciar al segundo gol. Tras el descanso, el PSG se entonó, aunque mantuvo ciertas precauciones: nunca descuidó la marca de Diego Costa o Hazard. El equipo francés superó a su rival en la media, gracias al talento de Verratti en la distribución, al recorrido de Matuidi y a la presencia de David Luiz, que parece partir siempre con ventaja en la disputa. Verratti dirigió el juego con personalidad, David Luiz recuperó y se asoció en corto, Matuidi se desfondó, Ibrahimovic dejó destellos de su talento y Cavani siguió buscando el gol en cada jugada. El uruguayo es un purasangre del fútbol, un jugador que no entiende de discusiones tácticas: se vacía en cada partido y vive siempre en boca de gol. Es, además, generoso en el esfuerzo y solidario con el equipo, una virtud que parece ser una costumbre en los delanteros uruguayos. Cavani firmó el tanto del empate en otro centro de Matuidi, tras una larga posesión del conjunto parisino. El Matador volvió a ganar el balón de cabeza a los centrales y esta vez Courtois no pudo evitar que el remate acabara en sus redes (1-1). Contagiado por el entusiasmo de una grada ruidosa, el PSG vivió sus mejores minutos en el partido y dispuso de hasta tres oportunidades claras para completar la remontada. En la primera, Ibrahimovic sorteó rivales hasta toparse con Courtois, que le ganó la partida en el mano a mano. Tampoco acertó Lavezzi en el rechace, que fue despejado por Azpilicueta. Poco después, Cavani dejo atrás con un bonito quiebro a Matic y su disparo de puntera se marchó ligeramente desviado. Y cuando moría el partido, Maxwell encontró la cabeza de Ibrahimovic en el segundo palo. El genial delantero remató a bocajarro y Courtois cerró su gran noche en París con otra mano prodigiosa.

Paris St Germain v Chelsea - UEFA Champions League Second Round First Leg

Mourinho había advertido en la previa del partido que el Chelsea de este año es muy diferente al equipo que se midió al campeón francés la temporada pasada. Es cierto que el equipo londinense trata ahora mejor el balón y en fases de la temporada ha practicado un fútbol vistoso, bajo el foco de Cesc y de Hazard. Pero la duda que deja este equipo es si será capaz de utilizar ese registro en los partidos importantes, en los que se deciden los títulos. Ayer volvió a alimentar esas dudas, con un propuesta rácana que solo encuentra su justificación en el marcador. El técnico portugués reconoció que Courtois evitó la victoria del PSG en París, especialmente en la segunda parte. Con sus paradas finales, el belga les da la oportunidad de jugarse el pase a cuartos con todo a favor en Londres, ante un equipo que baja su rendimiento fuera de Francia. En el club parisino advierten que la eliminatoria de la pasada campaña les hizo madurar. Y esperan que esta vez sus dos delanteros, Zlatan Ibrahimovic y Edilson Cavani, puedan ganarle el duelo a un gigante de goma: Thibaut Courtois.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: The Guardian. Foto 2: Skysports.  Foto 3: The Daily Telegraph.