Martí Perarnau: “Del juego me interesa todo. Me aburre lo que rodea al fútbol”

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Martí Perarnau (Barcelona, 1955) ha dedicado toda su vida al deporte. Fue atleta olímpico en Moscú 1980, campeón de España en todas las categorías y ostentó el récord nacional de salto de altura (2,21 m). Incluso antes de su retirada, ya mostró que su futuro estaba vinculado al periodismo deportivo. En sus inicios como atleta, tuvo un primer puesto como periodista en el Diario de Barcelona. En 1976 fue el jefe de la redacción deportiva de Mundo Diario. Ha dirigido la sección de deportes de TVE en Cataluña, Radio Barcelona (Cadena SER) y fue el director de comunicación y publicidad de Antena 3 Televisión hasta 1995. También estuvo al mando del centro de prensa de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Desde 1995 dirige una productora publicitaria, ha participado en distintos medios y ha creado el espacio digital Perarnau Magazine, que tiene desde 2013 su propia edición en papel: The Tactical Room. En 2011 publicó Senda de campeones (Editorial Córner) que describía la metodología de la cantera del Barcelona. Desde 2013 su carrera está unida a la de Pep Guardiola. Relató el primer año del técnico en el Bayern Múnich en Herr Pep (Editorial Córner, 2013), que alcanzó un gran éxito internacional. Y en 2016 publicó Pep Guardiola. La Metamorfosis (Editorial Córner), en el que hace un recorrido por los años del técnico en Múnich, describe sus puntos de evolución y ofrece un breve esbozo de su llegada a Manchester. Perarnau es testigo directo de las lecciones del técnico y, a la vez, uno de sus grandes confidentes.

Martí Perarnau posee una mirada especial sobre el deporte, alejada del ruido de las tertulias. Le interesan los matices que tienen que ver con el juego, las historias que no se han contado y la vinculación que tiene el deporte con la literatura y el contexto social.

 De Guardiola me fascinó su capacidad inagotable de seguir buscando esa perfección que todos sabemos -por supuesto, él también- que es inalcanzable.

Es en los momentos de mayor dificultad cuando tu propuesta puede salvarte (…) si crees en tu propuesta debes intentar aplicarla precisamente cuando las cosas están más difíciles.

¿Qué es lo que te interesó de Pep Guardiola para seguir su trayectoria tan de cerca? ¿Qué te fascinó de él?

Cuando Pep empezó a entrenar al primer equipo del Barça yo fui bastante escéptico respecto de su rendimiento y así lo mostré en varios artículos, pero también advertía algo especial en aquel inicio lleno de sombras, así que decidí observar con mucha atención lo que llegaría a continuación. Y llegó la que probablemente es la etapa más fructífera y feliz de ningún equipo en la historia. Con todo, ni siquiera conocía a Pep hasta que la oportunidad surgió en Múnich. Me fascinó su capacidad inagotable de seguir buscando esa perfección que todos sabemos –por supuesto, él también– que es inalcanzable. Pep sigue buscando esa perfección a base de trabajar, estudiar, equivocarse, corregir sus errores y seguir trabajando. En esto es infatigable.

Dice Lorenzo Buenaventura que Alemania cambió a Guardiola y Pep cambió Alemania, ¿crees que Inglaterra está cambiando la visión del deporte de Guardiola y que Pep podrá cambiar el contexto del fútbol inglés?

No creo que cambie su visión del deporte, pero sí su aproximación al fútbol. A la fuerza está aprendiendo nuevos factores que influyen en el juego en Inglaterra de un modo mucho más insistente que en otros lugares. En realidad, él fue a la Premier League precisamente a esto: a aprender cosas nuevas. ¿Podrá cambiar Pep el fútbol inglés? Responderé con otras dos preguntas: ¿Ha cambiado el fútbol español tras la etapa de Guardiola en el Barcelona? ¿Aceptó el fútbol alemán los cambios que le propuso Pep desde el Bayern? No tengo unas respuestas concluyentes.

En el libro hay grandes pasajes que describen su relación con Neuer, Xabi Alonso, Alaba, Lahm o Kimmich. ¿Nos puedes hablar de su sintonía con ellos, de lo que les unía y del legado que ha dejado en Alemania a través de sus jugadores?

Se ha sentido muy unido a ellos durante estos tres años en el Bayern. En primer lugar, porque estos jugadores que mencionas –y otros como Robben, Thiago, Coman, Douglas Costa, Boateng, Badstuber, Rafinha…– son muy buena gente, verdaderamente buena gente. Y en segundo lugar, porque Pep es muy sentimental, al contrario de lo que en ocasiones se piensa de él. Le gusta sentirse próximo a los jugadores y en Alemania comprendió que esta proximidad no equivale a correr riesgos en la gestión.

El legado es especialmente emocional o por lo menos eso es lo que yo he detectado cuando he vuelto a Múnich y he hablado con aficionados y periodistas, sobre todo con aficionados. Todos ellos te hablan de lo bien que jugaba el Bayern de Pep, de lo mucho que disfrutaron, de los sentimientos que aquel tipo de fútbol les generó.

¿Cómo estás viendo el primer año de Guardiola en Inglaterra?

Como estaba previsto: con las dificultades de quien ha de adaptarse a una competición que es peculiar y en la que el juego es distinto al que él estaba acostumbrado. Además, la renovación del equipo solo está en la mitad del trayecto. Como explico en el libro, hasta bien entrado 2018 no veremos al auténtico City que proyectaba Pep. Hasta entonces le toca sufrir y resistir.

¿Ves al Manchester City con alguna posibilidad de pelear la Premier al Chelsea de Conte? En el libro se anticipa que es su proyecto más complicado, ¿tienes la sensación de que la dificultad ha superado esos pronósticos iniciales?

Tengo la sensación de que las dificultades que viene sufriendo son acordes con lo que se pronostica en el libro, que por otro lado no son apuestas mías, sino razonamientos a partir de muchas conversaciones con el propio Guardiola y su cuerpo técnico. Ellos entendían que iba a ser una temporada muy difícil y la realidad es prácticamente idéntica a como la imaginaron. En cuanto al Chelsea, su ventaja es tan amplia que cabe decir que su principal rival son ellos mismos. Si mantienen el juego más o menos como hasta ahora serán campeones con todo merecimiento.

Guardiola parece un entrenador inquieto y obsesivo. En el libro haces un inventario de sus formaciones, en total hasta 23 esquemas distintos. ¿Es el cambio y la adaptación a diferentes momentos el motor de la evolución de Guardiola?

Sin duda alguna. Cuando le conocí y tras el primer año en Múnich pensé que lo que movía interiormente a Pep era la pasión, pero después de tres temporadas en su proximidad tiendo a creer que es alguien que se motiva por el cambio, por no quedarse estancado ni quieto, ni contemplativo. Ni siquiera contemplando los éxitos. Al contrario, los saborea un instante y de inmediato busca aquello que es necesario corregir.

En Pep Guardiola. La Metamorfosis describe su relación con Thomas Tuchel, ¿nos puedes hablar de esa amistad tan especial entre los dos entrenadores?

Tuchel se tomó un año sabático en verano de 2015 y lo aprovechó para profundizar en aspectos del juego. Viajó a Múnich varias veces y estableció una amistad muy sólida con Pep, que compartió con él su conocimiento sobre el juego de posición. En la temporada siguiente fueron grandes rivales, pero siguieron viéndose, incluso después de haberse enfrentado en liga. Y aún hoy siguen teniendo una relación constante.

¿Es en los momentos de mayor dificultad cuando Guardiola cree más que nunca en su propuesta?

Es que en los momentos de máxima dificultad es cuando tu propuesta puede salvarte. Cuando la Juventus vencía por 0-2 en el Allianz Arena y el Bayern parecía eliminado de la Champions, es entonces cuando adquiere valor jugártela, meter a un extremo más, alinear cinco delanteros y solo dos defensas y buscar los buenos pases en vez de lanzar balonazos sin ton ni son. Puede salirte bien o mal por cualquiera de las vías, pero si crees en tu propuesta debes intentar aplicarla precisamente cuando las cosas están más difíciles.

¿Cómo de importantes son los personajes que le rodean (Estiarte, Buenaventura, Lillo) en su consideración del juego posicional?

Lillo es una referencia ideológica indiscutible para Pep. Estiarte es su brazo derecho, el hombre en quien puede confiar siempre y bajo cualquier circunstancia. Buenaventura es la pieza que engrana los entrenamientos, un hombre imprescindible en la maquinaria de Pep.

Guardiola siempre busca tipos en el campo que puedan transmitir su idea, ¿crees que Silva puede ser esa prolongación del técnico en el campo?

De momento lo está siendo. Las instrucciones estratégicas de Guardiola en los partidos van siempre dirigidas a David Silva.

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La lesión de Gündoğan ha precipitado el regreso de Yayá Touré, al que se ve en buen estado de forma, ¿crees que el marfileño, una vez reconciliado con su técnico, será importante en el primer año de Guardiola en el City?

De momento, esta recuperación de Yayá Touré para la alta competición parece milagrosa. Le vi en los primeros entrenamientos y francamente jamás habría imaginado que pudiera volver a ser futbolista. No solo por el exceso de peso que tenía, y que era muy abundante, sino por la desgana que parecía desprender. Pero hoy por hoy es un jugador clave en el equipo. Esta recuperación tiene un gran mérito.

¿Qué espera Guardiola de futbolistas con gran proyección, como Kevin De Bruyne, Raheem Sterling o Leroy Sané? ¿Le pide al Kun Agüero que sea un futbolista para las grandes ocasiones?

Tiene una gran fe en estos jugadores jóvenes: Sané, Sterling, Gabriel Jesús más los chicos del filial: Phil Foden, Brahim Díaz, Jadon Sancho, Paolo Fernandes… Hay futbolistas muy prometedores que en dos o tres años pueden ser de primer nivel europeo. De Bruyne ya lo es, es pieza capital en el City. En cuanto al Kun, más que pedírselo Pep creo que es algo de sentido común: Agüero ha de ser más decisivo en los grandes partidos.

Hay algo especial  en el libro, la acumulación de citas y referencias de grandes personajes que trascienden el ámbito del deporte, ¿sirve Guardiola, un tipo con inquietudes más allá del deporte, para realizar un pequeño tratado sobre la vida? ¿Tuviste la deliberada idea de que fuera así?

Fue por casualidad. En el libro de 2014, Herr Pep, empleé algunas frases que me parecían adecuadas, y para La Metamorfosis comencé igual, pero poco a poco creció el número de capítulos y al final hay un número muy grande de ellas. Bueno, globalmente sí dan una cierta concepción del deporte…

¿La metamorfosis de Guardiola pasa por la negación de los dogmas que siempre le han acompañado?

El libro es bastante más que eso, pero es evidente que Pep rompe con muchos dogmas que le acompañaban tras su paso por el Barcelona. Y sobre todo, con las etiquetas que le han puesto, aunque en general se le continúa etiquetando del mismo modo.

Quizás el proyecto del Manchester City sea más largo de lo que todo el mundo imagina…

Tengo la sensación de que los medios creen que su negocio está en la explotación de los sentimientos más viscerales alrededor del deporte. Por lo tanto, glorifican sin recato y crucifican con la misma frivolidad.

Guardiola ha anunciado que el City será uno de sus últimos equipos y a la vez que no será presidente del Barcelona. ¿Hay que tomarlo como una cortina de humo o como un resultado del desgaste mediático?

Ni una cosa ni otra. Pienso que le quedan varios años más como entrenador. Quizás el proyecto del Manchester City sea más largo de lo que todo el mundo imagina…

¿Tienes la sensación de que Guardiola ya no es un personaje que cae tan simpático como en sus inicios? 

Probablemente sea así y probablemente tenga mucho que ver con la cultura del odio que desborda en los medios de comunicación de todas partes. Tengo la sensación de que los medios creen que su negocio está en la explotación de los sentimientos más viscerales alrededor del deporte. Por lo tanto, glorifican sin recato y crucifican con la misma frivolidad. Para ello, nadie mejor que aquellos que están en lo más alto. Naturalmente, esta generalización sobre los medios tiene honrosas excepciones en todas partes.

Tengo una curiosidad: más allá de Guardiola, se ve que vives el deporte de manera apasionada y a la vez lúcida… ¿Qué es lo que te interesa y lo que te aburre del fútbol?

Del juego me interesa todo. Es una actividad deportiva tan rica y poliédrica que nunca puedes abarcarla por completo. Y con una variedad muy interesante de modelos de juego. Me aburre todo lo que rodea al fútbol.

¿Cuál es el sitio de la revista The Tactical Room, el lugar que le buscas o le estás buscando? ¿Cuál fue la idea original y cómo se ha desarrollado hasta convertirse en el trabajo delicado y especial que es hoy?

Es una revista deportiva de formato digital en la que buscamos ofrecer un contenido que se asemeje por calidad al que se encuentra en los mejores libros de literatura deportiva. Es una revista hecha sin prisas, totalmente alejada de los parámetros que manejan los medios de comunicación en la actualidad. Esto presupone que el lector tenga un interés alto por saber y conocer; y que los autores sean buenos especialistas en la materia que tratan. La mayor parte de los lectores son socios anuales que renuevan sus suscripciones desde el año 2013 en que comenzamos el proyecto. Además, contamos entre ellos con abundantes entrenadores o deportistas. Por ejemplo, los cuerpos técnicos de cuatro equipos que están ahora mismo en octavos de final de Champions League la leen.

La idea surge a partir del Perarnau Magazine, que es una web en abierto en la que hemos venido volcando unos 7000 artículos e informes desde 2012. Poco a poco comprobamos que podíamos dar un paso aún mayor en la búsqueda de la calidad en los contenidos y así nació The Tactical Room. Este año 2017 hemos pasado a periodicidad mensual y el volumen de socios y lectores está creciendo de una forma muy notable.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto 1: Loles Vives. Foto 2: Isaac Lluch.

O THIAGO O NADIE

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“Sí, claro que lo quiero. Es un superjugador, tiene mucho talento. Si no llega él, no buscaremos nada más en el mercado. O Thiago o nadie”. De este modo se dirigió Pep Guardiola a los medios de comunicación en el verano de 2013. Acababa de llegar al banquillo del Bayern Munich y quería mantener la herencia del equipo de Heynckes, campeón de todo hacía unos meses. Guardiola solo contemplaba la llegada de Thiago Alcántara, al que había hecho debutar en el primer equipo del Barcelona. El hispanobrasileño estaba llamado a liderar la nueva generación de la Masía, pero se sintió maltratado por la directiva de Rosell y Bartomeu. En la presidencia del Barça se le consideraba un jugador más efectista que efectivo, algo irregular y propenso al adorno innecesario. Uno de los apartados del contrato que le unía al Barcelona exigía un mínimo de minutos para que su clausula de rescisión no fuese rebajada. En el último tramo de la temporada, el equipo catalán pudo haberle hecho participar para invalidar las condiciones de su contrato. Pero a la junta directiva no pareció preocuparle en exceso la marcha de Thiago, que no había logrado hacerse un hueco entre Xavi e Iniesta. Guardiola aprovechó la ocasión y, tras un año de descanso en Nueva York, reclutó al mediocampista para su Bayern Múnich.

Los años de Thiago en Alemania han estado marcados por las lesiones. Entre operaciones de rodilla y recaídas, no ha podido mostrar con regularidad su fútbol de alta escuela. Ha sido decisivo en los duelos ante el Borussia Dortmund, pero hasta el miércoles le faltaba vivir un gran momento en la Champions League. También las ausencias han condicionado la aventura de Guardiola, que ha visto caer a piezas importantes de su plantilla en los tramos decisivos de la temporada. En las semifinales de las últimas dos ediciones se vio superado por dos enemigos conocidos: el equipo de su vida, el Barcelona, y su eterno rival, el Real Madrid. En ese contexto afronta el técnico su último año en Munich, con la voluntad de extender su dominio de la Bundesliga a la Champions League. Guardiola cuenta otra vez con Thiago, que ya ha vuelto a ser el jugador que fue. El mediocampista acude con frecuencia al despacho de Guardiola y atiende a sus consejos con una mezcla de admiración y complicidad. “Llevo desde los 16 años con Pep y puedo decir que jugar en sus equipos es un privilegio (…) Desde que coincidimos en las inferiores del Barça me fijé en que era un entrenador diferente: era capaz de ver cosas que otros no veían. Ha sido una persona muy influyente en mi carrera, siempre  fue sincero conmigo. Le debo mucho”. Su técnico ha tratado de depurar el juego de Thiago, que confiesa que es incapaz de renunciar al riesgo y a la imaginación: “La táctica es noción de los espacios y el aprendizaje. El instinto tiene más que ver con el momento en que te llega el balón”.

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El pasado miércoles, el Bayern Munich logró clasificarse en una de las eliminatorias más bonitas de los últimos años. Tras el empate a dos en Turín, la Juventus se adelantó con goles de Pogba y Cuadrado en el Allianz Arena (el segundo llegó tras una jugada inverosímil de Morata). El Bayern combinó el manual de Guardiola con el código genético del fútbol alemán: no renunció a su estilo y nunca dejó de creer en la remontada. También tuvo la dosis de fortuna que se necesita en los partidos a vida o muerte. No acertó la Juve en la sentencia y Lewandowski ajustó las diferencias con su remate. A falta de media hora, el Bayern necesitaba un gol para igualar la eliminatoria. Colaboró Allegri sustituyendo a Morata y el equipo de Guardiola arrinconó a la Juventus. En el descuento, Müller mandó el partido a la prórroga, después de cabecear un centro de Coman. La grada del Allianz Arena lo celebró con el alivio y el entusiasmo de quien se sitúa en una posición próxima a la épica. Thiago Alcántara observó la reacción del Bayern desde la banda, a la espera de que Guardiola le diese una oportunidad.

Saltó al campo en el tiempo extra y en sus primeras intervenciones perdió dos balones comprometidos. Su técnico le recriminó las jugadas con una severidad que solo se explica si se observan los años que los dos han compartido. Los penaltis parecían alegrar más a los de Allegri que a los de Guardiola, que buscaban sin fortuna el remate entre la defensa de la Juve. Entonces, Thiago ganó un balón aparentemente perdido en la frontal del área italiana. Combinó con Lewandowski y ajustó su disparo de interior. Su remate se situó en un lugar inalcanzable para Buffon, en el partido en el que la leyenda de la Juventus se convirtió en el segundo jugador italiano con más participaciones en Champions. Para Thiago, que ha marcado 3 tantos en los últimos dos partidos, el gol tuvo algo de justicia poética. Su tanto sirvió también para salvar las opciones de su equipo en la Champions League, el torneo que se le exige a Guardiola desde su llegada.

En los últimos minutos de la prórroga, Kingsley Coman cerró el partido en una carrera prodigiosa. El veloz extremo francés, cada vez más importante en el dibujo de Guardiola, batió al equipo que le tiene en propiedad. También suplente en el inicio, pudo desordenar el partido y se asoció con Thiago en la prórroga. El hispanobrasileño había tenido un papel secundario en el duelo ante la Juve, en beneficio de Arturo Vidal, que posee mayor recorrido físico. El chileno tiene experiencia en las grandes competiciones y conocía las virtudes de la Juve, equipo en el que jugó las últimas cuatro temporadas.

Sin embargo, la acción que decidió la eliminatoria fue obra de Thiago. En el Bayern, ningún mediocampista está tan preparado para improvisar como él. Quizá por eso, es fácil imaginarse a Guardiola tratando de encontrar una solución para la prórroga. En un momento de lucidez, el técnico repite una sentencia que le es familiar: “O Thiago o nadie”.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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LA NOCHE DEL 10

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Pep Guardiola había advertido en la previa que el talento de Messi invalida cualquier planteamiento táctico. Y el partido en el Camp Nou acabó por darle la razón al técnico de Santpedor, especialmente porque los goles de Messi llegaron cuando el plan de la eliminatoria parecía sonreírle más a Guardiola que a Luis Enrique.

El partido poseía un indudable factor emocional, en el regreso de Guardiola al Camp Nou. No le recibió con honores la hinchada (llegó a ser pitado por algún sector de la afición blaugrana) y le derrotó Messi, empeñado en sellar su venganza frente al Bayern Múnich. El argentino tenía en la memoria la eliminatoria de 2012, en la que los alemanes ejecutaron sin compasión a un Barça mermado. Messi llegó al partido de ida, en Múnich, con problemas en el bíceps femoral y ni siquiera saltó al campo en la vuelta. El marcador del global de la eliminatoria reflejó un humillante 7-0. Dos años después, Messi decantó el partido del lado blaugrana, con una actuación inolvidable, reservada a los genios de este deporte.

El primer tanto de Messi llegó en un momento en el que los de Guardiola estaban cómodos en el Camp Nou. El Bayern de Múnich no había logrado inquietar a Ter Stegen pero, en el minuto 76, tenía el partido en su terreno. Había conseguido sostener el ataque del Barcelona gracias a las paradas de Neuer y le había robado el esférico al equipo de Luis Enrique. El Barcelona generó mucho peligro en el primer tiempo, pero le faltó eficacia ante Neuer, un portero largo y seguro, capaz de detener a Suárez y Alves en dos acciones decisivas.

El Bayern inició el partido con defensa de tres y Guardiola supo corregir sobre la marcha, permitiendo que su equipo se asentara en el juego. Tras el descanso, el equipo alemán consiguió alejar al Barcelona de su portería, gracias a un sólido ejercicio en la circulación. A su juego le faltaba verticalidad y pólvora, sobre todo por la ausencia de sus futbolistas más desequilibrantes: Robben y Ribery. Y, consciente de los peligros del Barça, el Bayern utilizó la posesión como una eficaz fórmula de protección. El Barcelona no conseguía profundizar y durante unos minutos, le sucedió lo peor que le puede ocurrir. Incómodo frente al juego de posesión del Bayern, el Barça perdió la estela de Messi.

1430986891_361299_1430987121_album_normal El argentino había participado mucho en el primer acto, principalmente como especialista del último pase. Alternando la posición de 10 con la de falso extremo, Messi siempre mejoró la jugada. Desbordó rivales con facilidad, midió la seguridad de Neuer en un disparo de falta, sirvió un balón de gol a Suárez y mostró su sintonía con Neymar y Jordi Alba. En los minutos que precedieron al primer gol, el 10 del Barcelona perdió presencia en el juego, condicionado por el despliegue de su rival. Cuando Guardiola parecía ser el vencedor de la batalla táctica -a pesar de que Ter Stegen siguiera inédito-, en el Camp Nou se aferraban a una ráfaga de Messi. El argentino avisó primero con un servicio a Neymar y después con un disparo sobre la portería alemana, bien guardada por Neuer.

En los minutos más tensos para los blaugranas, el equipo de Luis Enrique se ahogó por el costado izquierdo, en el que Neymar no lograba sobrepasar a Rafinha. Jordi Alba se dio cuenta tras un saque de banda y cambió el juego hacia el otro costado, en el que estaba Messi cabizbajo. El 10 se activó cuando el balón llegó a sus botas e inquietó a la defensa muniquesa con un pase preciso a Neymar, que no alcanzó el balón por poco y pidió penalti de Rafinha. La jugada no progresó en exceso, pero le dio al Barça las claves de la victoria: las que dicta la zurda de Messi. Medio minuto después, el Bayern apuró en la salida de balón y Alves recuperó ante Bernat. Messi observaba atento la jugada desde el pico del área y levantó el brazo para pedir el balón, en un gesto similar al que hace un alumno al pedir la palabra. Se lo dio Alves en ventaja y el 10 necesitó de tres toques para poner por delante a su equipo. En el primero, controló el balón. En el segundo, lo acomodó a su zurda. Y en el tercero, soltó un disparo seco a la base del palo, inalcanzable incluso para Neuer. Lo celebró como una liberación, consciente de que era un gol fundamental para el desarrollo de la eliminatoria.

Pero al 10 le faltaba firmar su gran obra de la noche. Tres minutos después del primer tanto, el Barcelona se serenó con el balón y Rakitic lanzó la carrera de Messi. El argentino se topó con Boateng en la entrada del área y le fijó con una bonita finta. Messi amagó con salir para su zurda y sorprendió por el lado contrario. Con su regate, tumbó a Boateng, y con una plástica vaselina, elevó el balón por encima de Neuer, su antídoto en la final del Mundial. La belleza del gol sirvió para poner en pie a un Camp Nou repleto, que coreó con entusiasmo el nombre de Messi. El argentino cumplía 100 partidos en Champions League y consiguió marcar por primera vez en unas semifinales europeas en el Camp Nou. La estética de sus goles adquirió mayor relevancia al tratarse de una de las citas más importantes de la temporada, el escenario donde se miden los grandes jugadores.

1430986891_361299_1430989523_album_normal Antes del final del partido, el Barça dispuso de otra oportunidad en botas de Suárez. Su disparo se perdió por encima del larguero de Neuer y el uruguayo se lamentó de su mala suerte. Su error le obligó a pelear con rabia el siguiente balón. Ya en el descuento, Suárez ganó un rechace e inició el contragolpe. El balón le llegó a Messi y el 10 regaló un pase definitivo a Neymar, solo ante Neuer. El brasileño no falló esta vez: amagó con frialdad y batió por bajo al portero del Bayern, en un gol que deja al Barcelona muy cerca de la final de Berlín.

El Camp Nou celebró la actuación de Messi con devoción. Sus goles llegaron en un momento en el que el Barcelona no había podido imponer su fútbol colectivo. El equipo azulgrana era el único que tenía presencia en el área, pero el marcador y el juego favorecían ligeramente al Bayern, especialmente con vistas a la vuelta en el Allianz Arena. Todo cambió en el último cuarto de hora, en el que la advertencia de Guardiola en sala de prensa cobró sentido en el césped: “Un talento de esta magnitud no se puede defender”. Juan Bernat, el lateral encargado de marcar a Messi, habló con cierta resignación al final del encuentro: “Tenemos que jugar el partido perfecto y esperar a que no la coja Leo. Hoy lo habíamos hecho todo bien pero mira, ni así (…) No hay que darle más vueltas al partido. Messi es demasiado bueno”.

Guardiola regresó al Camp Nou el 6 de mayo de 2015, tres años después de dejar el Barcelona. El partido era especial para el club catalán y el técnico de Santpedor. Pero no fue la noche de Guardiola ni del Bayern. Fue la noche del 10.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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[1] Messi tiene facilidad para marcar goles de bella factura. En más de una ocasión parece haber marcado una versión del mismo gol. El primer tanto de ayer recordó al de la final de Wembley, frente al Manchester United, incluso en la celebración. El segundo  fue similar al que le marcó al Leverkusen en 2012, la noche que firmó cinco goles en el Camp Nou.

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Foto 1 y Foto 3: El País. Gustau Nacarino (Reuters) . Foto 2: El País. Paul Hanna (Reuters)

EL BARÇA MÁS SERIO ANULA AL PSG

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El Barcelona consiguió el pase a semifinales tras derrotar al Paris Saint Germain en el Camp Nou (2-0). El resultado de la ida le otorgaba cierta tranquilidad, pero Luis Enrique se encargó de mentalizar a sus jugadores, a los que exigió que afrontaran el partido con la misma seriedad que en el primer partido de la eliminatoria. En París, el Barcelona realizó un partido muy completo, con buenos tramos de juego e inteligencia para superar a un rival mermado. En el impoluto césped del Parque de los Príncipes, el Barcelona ofreció un fútbol coral, dirigido por Messi y culminado, con brillantez, por Luis Suárez. Y en la vuelta en el Camp Nou, el Barcelona escuchó las advertencias de su técnico y afrontó el partido con el mismo rigor competitivo. Consciente de los peligros del PSG, el Barcelona imprimió un sello reconocible a su juego: supo dormir a su rival con la posesión, aceleró en el momento preciso y realizó un gran ejercicio en la presión. Y recuperado su manual más tradicional, el Barcelona se ordenó a través del balón, que resguardó como nadie Iniesta. El manchego firmó una gran primera parte y fabricó el gol que premió el inicio del Barcelona. Fue en una jugada llena de plasticidad y de sutileza, en la que Iniesta condujo desde su propio campo, se deshizo de tres rivales y le sirvió un balón medido a Neymar. El brasileño, especialmente eficaz frente al PSG, le ganó la carrera a David Luiz y dribló al meta Sirigu para introducir el balón en la red. El gol del Barcelona sofocó cualquier posibilidad de remontada y el PSG dejó de creer en sus posibilidades demasiado pronto. Y se fue del Camp Nou prácticamente inédito; sin rastro de pólvora en sus delanteros y con escasas muestras de talento de Pastore o Ibrahimovic, que firmaron un partido discreto en el momento en el que más se les necesitaba. Solo Verratti se rebeló ante el dominio del Barça y dejó algún detalle que levantó el asombro del Camp Nou. Pese a ello, el fino mediocampista italiano acabó harto de perseguir sombras y mostró su impotencia en una patada a Neymar en el segundo tiempo. El brasileño volvió a ejercer de finalizador en el segundo gol, tras un centro de su compatriota Dani Alves. Neymar batió a Sirigu de cabeza y firmó su quinto gol de la temporada frente al equipo parisino. El segundo gol le dio al Barcelona argumentos para relajarse, pero el equipo de Luis Enrique mostró la misma seriedad que al inicio y se esforzó en dejar su portería a cero.

La segunda parte no tuvo mucha historia. El PSG adelantó líneas en busca de un gol que le diese vida a la eliminatoria. Y aunque mantuvo sus buenas intenciones con el balón, se topó siempre con el buen ejercicio defensivo de los blaugranas. El Barça se desgañitó en la presión y su zaga permaneció firme ante las amenazas parisinas: Ibrahimovic solo disparó una vez a puerta, Cavani se desfondó en la presión pero no inquietó a Ter Stegen, Pastore perdió la mayoría de los balones que tocó y Matuidi no se acercó al balcón del área. Solo la salida de Lucas Moura aportó velocidad a una delantera estática y sin la ambición que requiere la fase decisiva de la competición.

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El Paris Saint Germain ha perdido ante el Barcelona parte de la credibilidad que ganó en el duelo de octavos frente al Chelsea de Mourinho. Afectado en esta ocasión por las bajas, el equipo parisino sigue sin romper la barrera de cuartos de final. Más allá de eso, la imagen que ha ofrecido en la eliminatoria no está a la altura de las expectativas que ha generado la inversión de Nasser Al-Khelaïfi. La combatividad que permitió derrotar al Chelsea en Stamford Bridge con un jugador menos, ha dado paso a una declaración de impotencia frente al Barcelona. Tres años después de ser eliminado en el Camp Nou, el PSG vuelve a caer en los cuartos de final, sin demasiados síntomas de mejora. La reedición del duelo frente al Barcelona, lejos de consagrar al equipo parisino, ha sido un baño de realidad para los de Laurent Blanc. Pero lo más alarmante de todo es que el PSG ha asumido la superioridad del Barcelona con aparente resignación.

La noche fue tan placida[1] en el Camp Nou, que el Barça ni siquiera necesitó de la inspiración de Messi. El argentino no mostró el brillo de los últimos partidos y fue una pieza más del puzle del Barcelona, no el futbolista que da sentido al juego blaugrana. Sin la frescura del 10, esta vez fue Neymar el que, con sus goles, reclamó el papel de protagonista. A buen nivel rallaron el resto de sus compañeros: Suárez se esforzó en el desmarque, Messi colaboró en la circulación, Rakitic fue solidario en la recuperación, Xavi e Iniesta alternaron la distribución del juego [1] y Busquets volvió a esconder el balón con maestría. Mascherano mostró su lectura de juego, Piqué volvió a estar sobrio al corte y los laterales- Jordi Alba y Dani Alves- mezclaron con acierto el despliegue en ataque con la atención defensiva.

El Barcelona se mostró como un equipo sólido y aseado, que atendió a la circulación y se esforzó en robar en el campo del rival. El buen nivel colectivo, la recuperación de Iniesta, la seguridad de Busquets y los goles de Neymar fueron las mejores noticias de un equipo que ha llegado a la fase decisiva de la temporada con opciones en todos los títulos. Tras derrotar en el global de la eliminatoria al PSG por 5-1, el Barça disputará las semifinales de la Champions League, algo que ha ocurrido en siete de las últimas ocho ediciones. La eliminatoria ha mostrado la seguridad del Barcelona, que mantiene intacta su reputación en las grandes ocasiones.

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 Jorge Rodríguez Gascón.

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[1] En el segundo tiempo, Luis Enrique pudo dar descanso a Busquets, Iniesta y Suárez. Iniesta fue sustituido por Xavi Hernández y el de Tarrasa recogió el testigo del manchego en la circulación.

[2] En el otro partido de la jornada el Bayern de Múnich remontó la eliminatoria frente al Oporto (6-1). El Bayern zarandeó a su rival en la primera parte y en media hora ya había conseguido el 3-0, que le daba el pase a semifinales. La grada del Allianz Arena se encendió desde el inicio y acabó entregada a sus jugadores. Marcaron Lewandowski en dos ocasiones, Thiago, Boateng, Müller y Xabi Alonso. Jackson Martínez consiguió el único gol del Oporto, un equipo prometedor que aspira a estar entre los grandes del fútbol europeo. Pep Guardiola le ganó el duelo en los banquillos a Julen Lopetegui, en un enfrentamiento entre los dos mejores técnicos españoles que entrenan en el extranjero. La victoria le da tranquilidad a Guardiola, que ha pasado una semana difícil en Múnich, y devuelve al Bayern su cartel de favorito.

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Foto 1: peru.com. Foto 2: caughtoffside.com

LA SAGA DE LOS MÜLLER

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Thomas Müller es un futbolista de mundiales. Lo ha demostrado en sus dos participaciones, en las que ya acumula 10 goles. Alemania, a diferencia de las otras semifinalistas, es un equipo coral en el que el plan de juego está por encima de cualquier figura. Todos sus grandes futbolistas -que son muchos- están al servicio del equipo. Pero probablemente si tuviéramos que decir quién es su jugador más determinante no sería extraño decantarse por Thomas Müller. El futbolista del Bayern Múnich heredó el número 13 en el Mundial de Sudáfrica. Un dorsal con mucho peso en la selección, que han llevado otros símbolos del fútbol alemán como Michael Ballack y Gerd Müller. El delantero del Bayern, con Löw como máximo valedor, ha sabido responder a la historia de su selección.

Müller es un apellido común en Alemana y también en la selección. El ya mencionado Gerd Müller ha sido el mejor delantero de Alemania. Un `nueve´ de área, muy certero en el remate, que hacía del olfato una virtud y del oportunismo un don. (Algo que comparte con su homónimo en la selección de Löw). Anotó 14 goles en dos citas mundialistas: en México 1970 marcó 10 y los otros 4 en el Mundial de Alemania 1974. La Mannschaft consiguió la Copa en su propio país, con Bekenbahuer como líder del equipo. Venció tras una final increíble ante la Naranja Mecánica en el Olímpico de Múnich. La Holanda de Cruyff había deslumbrado durante el campeonato y todo parecía a su favor. Y más cuando a los pocos segundos de partido Berti Vogts cometió un penalti sobre Johan Cruyff. Lo transformó Neskeens y la anfitriona tuvo que darle la vuelta al marcador. Paul Breitner consiguió el empate en otro lanzamiento desde los once metros. Y dos minutos antes del final de la primera parte apareció “Torpedo” Müller para marcar el gol de la victoria para los alemanes. Aquella Holanda merecía haber ganado el campeonato porque fue de largo la que mejor fútbol practicó. Curiosamente ahora Alemania merece el campeonato por el juego desplegado y el hecho de ser un favorito tan claro no le da ninguna ventaja.

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Dieter Müller fue el sustituto del “Torpedo” en el Mundial de Argentina 1978. Gerd era un delantero de área, pero con muchos recursos en el remate. Sin embargo, su sucesor en la selección, Dieter, era más bien tosco y limitado. También otro Müller jugaba en aquella selección. Hansi Müller, un futbolista fino que militó en el Stuttgart y en el Inter de Milán. El zurdo jugó dos mundiales (Argentina 1978, España 1982) y fue fundamental en el triunfo en la Eurocopa de 1980 en Italia.

A todos los futbolistas con su apellido les cogió el testigo Thomas Müller en el Mundial de Sudáfrica. -Incluso se podría decir que tiene algo de cada uno de ellos -(*). Thomas llegaba tras perder la final de la Champions ante el Inter de Milán y Löw le dio el protagonismo que necesitaba. Marcó cinco goles y dio tres asistencias en la competición y su selección jugó un torneo fantástico. La Mannschaft derrotó a tres rivales marcando cuatro goles hasta llegar a la semifinal. Entre ellas, estaba la Inglaterra de Capello y sobre todo la Argentina de Maradona. En un amistoso de selecciones entre Argentina y Alemania, Maradona se negó a salir a la vez que Thomas Müller a atender a los medios. El entrenador argentino no sabía el nombre del delantero alemán y durante toda la rueda de prensa se refirió a él como “el jugador”. Meses más tarde, en el Estadio Green Point de Ciudad del Cabo la Alemania de Löw le dio un severo correctivo a la Argentina del Diego. Thomas Müller inició la goleada y Alemania venció por un 4-0 incontestable, en el último precedente en partido oficial entre estas dos selecciones. Maradona no volvió a olvidarse del nombre del delantero alemán.

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En semifinales Müller se enfrentó a la España de Del Bosque, a la que Joachim Löw piropeaba con insistencia. Puyol desequilibró el partido con un cabezazo en un córner. Paradójicamente, la España que quería poner el balón en el suelo venció en una jugada en el aire a la Alemania de Mertesacker y Boateng. En un salto inmortal de un ilustre al que se ha añorado en Brasil. Aquella España proponía un juego que la selección alemana no tardó en querer imitar. Müller fue la gran revelación del Mundial y obtuvo el premio al mejor jugador joven de la competición y compartió el de máximo goleador del Mundial. Tras vencer a Uruguay en el partido del tercer y cuarto puesto, estaba empatado con Villa a 5 goles pero el alemán sumó más asistencias (3) y recibió la bota de oro. Löw propuso una evolución del estilo de juego, a través del dominio de la posesión. Una apuesta por el juego asociativo intentando mantener las virtudes históricas del fútbol alemán: poderío físico, tensión competitiva, oficio y fiabilidad.

Löw juntó futbolistas de talento y se vio beneficiado por la llegada de Guardiola al Bayern, uno de los espejos en los que quiere mirarse Alemania. En la columna vertebral de la selección alemana hay muchos futbolistas del equipo muniqués y eso ha facilitado el cambio de propuesta de la selección. Pero Alemania ha demostrado tener variantes en el juego: puede ser un equipo valiente, que recupera muy arriba y junta muchos futbolistas por delante del balón. O un equipo más frío y calculador que sabe resolver por la vía rápida. Müller advierte con cierta ironía: «si todo nos sale mal haremos un gol a balón parado…».  La selección de Joachim Löw ha sabido sufrir en momentos puntuales del campeonato y parece llegar en el mejor momento posible, tras una goleada apabullante ante Brasil. Thomas Müller ya ha igualado sus registros del Mundial de Sudáfrica. Lleva cinco goles y tres asistencias en Brasil y aún le queda por disputar la final de Maracaná ante Argentina. Está a cuatro goles de igualar a Gerd Müller y tiene a seis al máximo goleador de la historia de los mundiales: su compatriota Klose, que acaba de batir el récord de Ronaldo Nazario da Lima y amenaza con aumentar la distancia ante sus perseguidores (lleva 16 goles). Aunque parece que si Müller está tan acertado en próximas ediciones de la Copa del Mundo como en Sudáfrica y Brasil, la corona de Miroslav Klose será efímera.

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Frente a Brasil el 13 de Alemania descosió a Marcelo por el carril derecho. Además de marcar el tanto que abrió la goleada, asistió a Klose y generó varias oportunidades claras. En el primer gol de Schürrle (0-6), el delantero del Bayern Múnich estaba con el remate ya preparado, pero su compañero se anticipó en el último momento. Y en el séptimo gol, de nuevo Schürrle se aprovechó de un servicio de Müller, que recuperó un balón en la línea de cal. Ante Argentina, Thomas Müller tiene la oportunidad de conseguir un trofeo que se le resiste a su país desde el Mundial de Italia 1990.

Müller es un futbolista intuitivo, que lee muy bien el juego y suele tomar la mejor decisión. Es ambicioso, siempre mira a portería y sabe moverse por cualquier lugar del frente de ataque. Crea ocasiones si se mueve en la posición de falso nueve y es generoso cuando juega tirado a la banda. No es el delantero más vistoso pero sí uno de los más eficaces. Es un futbolista sencillo, que juega sin muchos alardes y no hace excesivo ruido. Sabe donde colocarse en el momento preciso y es imprevisible: nunca parece que vaya hacer lo que termina haciendo. Y tiene la asombrosa capacidad para ejecutar las jugadas más difíciles con la misma normalidad que las más fáciles.

Thomas Müller tiene un idilio con el gol que se manifiesta en las grandes ocasiones. El delantero alemán lo resumió de forma sencilla: «básicamente tengo suerte, golpeo justo en el momento correcto».

 

 

(*) La saga de los Müller. Además de compartir apellido tienen en común algunas  habilidades en el juego. Thomas Müller parece emular el remate y el olfato del histórico Gerd Müller, la finura de Hansi Müller e incluso en ocasiones aparenta la descoordinación de Dieter Müller. Pero es mera apariencia: Müller combina la habilidad y la imaginación con el tradicional espíritu competitivo del fútbol alemán.

 

Jorge Rodríguez Gascón.

TONI KROOS Y LA EVOLUCIÓN DEL FÚTBOL ALEMÁN

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El Bayern venció al Arsenal en el Emirates de la mano de un genial Toni Kroos, uno de los centrocampistas más prometedores del mundo.

Los mejores cazatalentos de Alemania se fijaron pronto en el joven Kroos y ha sido seleccionado por su país desde que era juvenil. Fue nombrado mejor futbolista del Mundial sub 17 de Corea en 2007, aunque su equipo cayó en semifinales ante la que a la postre se haría con el título: Nigeria. El Bayern se hizo con sus servicios en 2006  y desde entonces su progresión ha sido constante. Debutó en 2007, a la edad de 16 años y fue cedido al Leverkusen. Allí, bajo la tutela de su maestro Jupp Heynkes, el joven Kroos se fue asentando en la Bundesliga. Demostró talento y volvió al equipo que le hizo debutar. El Bayern de Munich confió en él desde entonces. Fue entrando en un equipo competitivo y mostrando desde la mediapunta que ha nacido para el fútbol.

En la eliminatoria ante el Real Madrid, en 2012, fue clave para su equipo. En la ida jugó un partido muy completo y el conjunto bávaro se fue al Bernabéu con 2-1 de ventaja. En Madrid, el partido se puso de cara para los blancos, que dieron la vuelta a la eliminatoria con un 2-0 en los primeros minutos. Entonces, la figura del joven Kroos emergió. Pidió el balón y reclamó el peso del encuentro. Dirigió, desequilibró y disparó. El Bayern logró el gol que forzó la prórroga y los penaltis. Y Kroos deslumbró a Europa en un escenario único. Los alemanes vencieron en la tanda, con algunos fallos sonados (Cristiano, Kaká, el propio Kroos y el famoso penalti de Ramos).

Después llegó la final de Champions en la que el Chelsea les arrebato el triunfo en los penaltis. Pero el Bayern y Kroos se citaron con la historia. Al año siguiente, llegaron a la final después de humillar al Barcelona. Esta vez, ganaron la final por 2-1. Robben se redimió de sus últimas finales, en las que la suerte siempre le fue esquiva. Pero Tony Kroos no disfrutó de su redención. Al talento alemán le falló su abductor y se perdió la fase definitiva de la temporada. Se lesionó cuando era protagonista en el equipo. Y ganó todo sin sentirse partícipe en el momento decisivo.

Bayern Munich's Kroos celebrates after scoring against Napoli during their Champions League Group A soccer match at San Paolo stadium in Naples

Este verano Guardiola llegó al banquillo muniqués, y con él, futbolistas de talento como Thiago y Götze para formar una plantilla muy completa y ambiciosa. Es un equipo formado para marcar una época en el fútbol. La competencia aumentó para Kroos y en ciertas fases jugó menos de lo que debiera. Al parecer tuvo algún desencuentro con su técnico aunque cada vez Guardiola ha confiado más en su calidad. El preparador ha emprendido una revolución en el estilo del Bayern. Y para ello ha confiado en futbolistas de calidad y ha sabido mezclarlos con maestría. Kroos coincide ahora en el campo con Thiago, Götze, Javi Martínez,  Robben y Lahm. Guardiola ha dado las llaves del mediocentro a Lahm, el gran capitán, que funciona a la perfección como ancla del equipo, le da salida de balón y equilibrio a partes iguales. Habrá que ver qué sucede cuando regresen Ribery y Schweinsteiger, dos jugadores que por su peso y salario claman por un puesto en el once. Kroos, mientras tanto, ha progresado al lado de futbolistas similares y de talento. Su juego se ha ido enriqueciendo y cada vez acapara más protagonismo en el equipo. Ha pasado de ser un mediapunta fino pero frío, un llegador más parecido al prototipo de centrocampista alemán, a un mediocampista total, capaz de dirigir el juego del Bayern. Sus maravillosos detalles de antes tienen ahora incidencia en el resultado. Combina con Thiago y Lahm, alimenta la velocidad de los extremos Robben y Ribery y asiste a Mandzukic. Y muestra con más frecuencia una de sus grandes virtudes: el disparo.

Kroos lo tiene todo y lo mostró en el Emirates Stadium con una de sus mejores actuaciones. Estuvo preciso en la circulación, descarado en el regate y fue decisivo en el partido. Le dio el pase a Robben que precedió al penalti fallado por Alaba. Fue un envío por encima de la defensa, al más puro estilo Laudrup. Y anotó el primer gol de su equipo en un precioso disparo a la escuadra. Con Guardiola se ha convertido en un jugador más serio, constante y que sabe que debe mirar a portería. Kroos tenía una cuenta pendiente con la Champions y está empezando a saldarla.

Aún así la prensa sensacionalista alemana señala una serie de desencuentros entre el futbolista alemán y su entrenador. El jugador está en pleno proceso de renovación y no lo está poniendo fácil. Las filtraciones de los salarios al diario Bild le han mostrado que está por debajo en el escalón salarial que la mayoría de sus compañeros. El Bayern sabe que tendrá que hacer un esfuerzo económico importante si quiere mantener a Kroos en sus filas. Y lo debe hacer si quiere formar una media poderosa y con futuro: con Javi Martínez, Thiago, Götze y Toni Kross. Y si no es así los grandes de Europa se frotarán las manos ante la posibilidad de traer al talentoso medio a su equipo.

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Kroos representa un cambio de estilo en el fútbol alemán, donde los jugadores de talento se valoran como nunca. En Alemania se relamen con la hornada de futbolistas de calidad que va a reunir en su selección: Götze, Reus, Özil, Gündogän, Draxler, entre otros. Joachim Low es uno de los responsables de esta evolución. Fue él quien empezó a dar protagonismo a los jugadores técnicos, tomando el ejemplo de España, en perjuicio de jugadores de fuerza y potencia como Michael Ballack. En el fútbol alemán los centímetros y la pelea han dejado de ser primordiales, y la nueva generación confía en la combinación y la habilidad para marcar una época dorada. Antes, los futbolistas técnicos como Mehmet Schol eran la excepción, y ahora la calidad se ha convertido en un requisito fundamental. Y Toni Kroos está llamado a ser un líder en la nueva Alemania.

Por Jorge Rodríguez Gascón.

THIAGO ALCÁNTARA, EL SUCESOR EXILIADO

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Thiago Alcántara era el elegido para el relevo de Xavi en el Barça. Nadie lo dudaba. Guardiola lo subió al primer equipo y confió en su talento. Tenía el futuro del Barça en sus manos. Thiago es de esos jugadores que no pasa desapercibido ni con un pase de dos metros. Todo lo que hace lo empapa de una finura excepcional. Sin embargo en el conjunto blaugrana, con el paso del tiempo le negaron un puesto fijo. Jugaba muchos minutos, pero no le consideraban titular. Además el club catalán se obsesionó con el regreso de Cesc que, bajo mi punto de vista, es menos jugador que el hispano brasileño.

Thiago tiene un don. Sabe organizar el juego, tiene un manejo de balón privilegiado y mucho descaro. Además, el hijo de Mazinho es de esos futbolistas que nunca se esconde. Siempre pide el balón y asume responsabilidades. Puede estar más o menos acertado, incluso caer en la retórica futbolística, pero siempre arriesga. En la semifinal de Champions contra el Bayern Munich, donde el Barça fue vapuleado, el joven mediocampista no paró de pedir el balón cuando la humillante derrota ya se había consumado.

El Barça sabía que tenía una perla en su plantilla pero no le dio la batuta del juego, reservada a un Xavi que quería ser su maestro. Poco a poco se fue estancando, hacía cosas maravillosas pero se despistaba en determinadas fases de la circulación blaugrana. Mazinho, su padre y representante, acordó una clausula en la que decía que si Thago no jugaba un determinado número de minutos, su fichaje se abarataría hasta los 18 millones. El Barça no fue previsor y Thiago no jugó el total de minutos acordado en su contrato.

El brasileño deslumbró a todos en el Europeo sub 21 con una actuación soberbia en la final. Las ofertas le llovieron y el silencio se instaló en su entorno. Xavi le dijo que tuviera paciencia, que él mismo estuvo a punto de abandonar el club blaugrana y que lo tenía todo para triunfar. Xavi se quedó y conquistó el mundo. Sin embargo, Thiago no hizo caso de los consejos de su referente y confirmó su fichaje por el Bayern Munich de Guardiola, su primer maestro. Se fue con su talento a otra parte.

Alcántara afirmó que el Barça no había hecho todo lo que debía para retenerle. Y tenía razón, el fichaje de Cesc entorpeció una progresión meteórica y ni Tito ni Pep le curtieron lo suficiente en partidos importantes. Una última falta de respeto fue darle a Neymar su número, antes incluso de que se hubiese confirmado su salida. Dos años antes ya le había cedido el 4 a Cesc en un acto de generosidad y humildad. En el seno barcelonista, se atendió demasiado a sus peculiares celebraciones y se perdieron de vista sus brillantes cualidades. El Barça ha perdido en velocidad de posesión, en recursos; y echan de menos su magia.

Es probable que Thiago fuese demasiado impaciente. Su padre, un fantástico mediocentro del Celta de Vigo, le llenó la cabeza de pájaros y le contagió su desconfianza hacia los clubs. (Mazinho tuvo salidas traumáticas de Celta y Valencia). También fue campeón del mundo con Brasil en Estados Unidos, sustituyendo a Rai. La salida de su hijo, sin embargo, solo ha sido traumática para el club que le ha dejado escapar.

En el Bayern, Thiago demostró su clase desde el primer día. Los alemanes son conscientes de que tienen a un futbolista único. Está jugando gran parte de los minutos y Guardiola, en esta ocasión,  sí que le ha dado la responsabilidad en los partidos más importantes. Una lesión amenazó su adaptación, pero regresó para ganar en campo del Dormund y dejar casi sentenciada la liga. Thiago salió del banquillo a los pocos minutos de comenzar la segunda parte. Su descaro y atrevimiento fueron fundamentales para que el conjunto bávaro ganara el partido. El talentoso mediocentro contribuyó con un pase de gol que sentenció la contienda.

Tras su lesión ha vuelto para quedarse. Es un fijo en las alineaciones, al lado de un Philipp Lahm reconvertido de manera brillante al puesto de mediocentro. Guardiola tiene grandes ideas y Thiago está cambiando la forma de jugar de un club que quiere entrar en la historia, con el balón como instrumento. Thiago está madurando en Alemania, ha reducido las perdidas, sin perder ni un ápice de su calidad y está marcando goles.

En el Barça se tiran de los pelos y esperan que su emergente hermano Rafinha, ahora cedido en el Celta de Vigo, ocupe el lugar que ha dejado.                                                                     Los culés han perdido la brújula de su futuro. Thiago se ha hecho mayor y se ha ido de casa.

Por Jorge Rodríguez Gascón.