España no intimidó a Croacia

Antón Castro / La química del gol

españa vs croacia (líbero)

Los balcánicos dieron la vuelta al gol de Morata (1-2) y dejaron en evidencia la lentitud española. El equipo de Del Bosque, que repitió alineación, fue víctima del cansancio y del desorden.

Que Croacia no es Chequia ni Turquía ya se sabía. Todos teníamos claro que iba a ser un partido exigente que calibraría con mayor seriedad las posibilidades de España. El choque empezó con demasiado descontrol: ellos, que habían dejado a algunas figuras en la banqueta, salieron con empuje y dinamismo, dispuestos a subir y colgar el balón de inmediato. Y España asomó un tanto fría y lenta: en poco tiempo se encadenaron fallos, más o menos leves, de Piqué, de De Gea, de Sergio Ramos y de Busquets. A la Roja le costaba encontrar el ritmo y la posesión, y los croatas parecían no echar en falta a su líder Luke Modric, el cerebro.

Estaban tan seguros los balcánicos de su juego y de su energía que Iván Rakitic se desplazó a la derecha dispuesto a penetrar por la banda y listo para detener los avances de Iniesta y sus flechas, Alba y Nolito. De repente, David Silva, el mago Merlín, cogió un balón y encadenó varios amagos hasta que dejó un balón inesperado y sutil, un milimétrico pase interior a Cesc Fábregas: este tocó, envió el regalo a Morata y el ariete marcó con la izquierda.

La jugada fue todo un prodigio de precisión, de sutileza y de confianza. Silva demostró ahí porque es tan bueno y porque se le considera el ‘Messi’ de la selección. El canario se entusiasmó, se sintió a gusto e importante y creó varias ocasiones, incluso se permitió lanzar un balón envenenado desde lejos, él, a quien tanto le cuesta soltar la pierna.

España desarboló a su rival durante quince minutos: con el balón en la bota, no tenía adversario y los croatas parecían condenados a correr y correr. Rog, Srna y el joven Jedvaj se defendían como podían, pero España perdió precisión, adormeció el ritmo, suavizó su ambición y Croacia empezó a jugar mejor. Avanzaba por los costados y por el centro. Empezó a dominar y a meter el miedo en el cuerpo. Poco a poco, ante el paulatino despiste de los nuestros y la evidente  desaparición de Iniesta, fundido e intrascendente, de Silva, de Fábregas, se adueñaron del partido comenzaragon a exhibir un balompié de impacto rápido. Vertical.

España daba muestras de desconcentración y de despiste y, sobre todo, de lentitud. Esa tónica en realidad se mantuvo casi siempre. Anoche ni la suerte estuvo con los españoles: Sergio Ramos falló un penalti que no fue y Piqué tuvo que emplearse muy fondo. Corrigió el vacío de Juanfran y se mostró majestuoso, incluso estuvo a punto de detener el disparo letal de Ivan Perisic, que no paró de husmear el área española todo el tiempo. España era una perfecta desconocida: sus virtuosos se habían desconectado. Los cambios no fueron determinantes: Aritz Aduriz sustituyó a un pendenciero ayer Morata, Bruno Soriano aportó solidez al centro del campo y el cambio de Thiago Alcántara, para controlar el balón, no sirvió de nada.

Croacia se mostró como un gran conjunto. Vibrante y pundonoroso, con fe en sí mismo, que no se asusta de un resultado adverso y que sabe muy bien a lo que juega. No se amilanó ante el nombre del España. Asfixió su centro del campo y le puso dos o tres marchas más de velocidad al juego y mostró orientación y capacidad de despliegue y repliegue. El resultado adverso condena a los nuestros al mayor esfuerzo: deberá tumbar a Italia para seguir y, en ese caso, debería enfrentarse a Alemania o Francia. España careció de fluidez, de un poco de soberanía y orden en defensa, control en la media, y le faltó una buena transición de balón y velocidad. Se ha metido en un pequeño atolladero y volverá a enfrentarse a Italia, que tiene unas cuantas cuentas pendientes con Del Bosque y sus chicos.

Al técnico español, por una vez, y desde luego a posteriori, cabe reprocharle que no haya dado descanso a sus estrellas. A Iniesta, que hará mucha falta en el futuro. A Cesc. A Silva. Al propio Ramos. Los croatas sí lo hicieron. Y quizá haya que reprocharle que aún no ha entrado en acción otra arma necesaria en ataque: las carreras, los centros y la frescura de Lucas Vázquez.

El resultado de ayer dejó otro sinsabor: España perdió su poder intimidatorio y se reveló frágil.

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*Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón, el miércoles 22 de junio de 2016.

La Roja jugó como antaño y deslumbró

Antón Castro / La química del gol

El combinado nacional recuperó las sensaciones, la efectividad y el brillo de sus mejores días ante Turquía

Hay jugadores que tienen talismán. O un espíritu aliado en algún lugar del universo y de la imaginación. Y el caso es Nolito, un futbolista que es puro tesón, insistencia, trabajo, convicción en su disparo; está tocado por el relámpago de la suerte y protegido por su abuelo Manuel. Y algo así sucede con Morata: encarna la calma, la generosidad y el sacrificio. Domina el desmarque y el control sobre sí mismo: parece desplegarse como un molino de aspas inabordables y solo se le puede detener con una falta táctica. Siempre está implicado y golea. Ayer lo hizo por partida doble y se permitió el lujo de correr más de 50 metros en la recuperación de un balón.

 Turquía, al principio, no quiso repetir la estrategia de Chequia y decidió estirarse, salir al venenoso contragolpe y engancharse a la ambición y la dirección de Arda Turan, desaparecido y desubicado este año en el Barcelona y odiado por la grada. Esta España otra: a veces tiene leves lagunas, parecen faltarle medios que sepan regresar, pero ha recuperado no solo el pentagrama que le llevó a la victoria con Luis Aragonés y Del Bosque, sino la confianza, la paciencia, la brillantez y el vértigo en la elaboración. Algunos de sus futbolistas han recuperado las certezas de antaño: saben que poseen recursos, ese fútbol trenzado y preciosista, de caligrafía y toque. España cuenta con dos auténticos puñales por las alas. A Nolito le dobla Jordi Alba; a Silva, Juanfran Torres. Y los dos se aplican, insisten, multiplican el peligro y el desconcierto de Turquía. Ayer, sus laterales, con o sin coberturas, estaban rebasados.

Los turcos habían salido a por todo. Con rudeza, con ganas de sorpresa pero España se encontró con dos tantos de sus dos grandes apuestas: Nolito sirvió al templado Morata y este puso a fin a su ansiedad goleadora, un poco a la manera de Piqué. Y luego fue el  propio Nolito que aprovechó un servicio de Cesc Fábregas y un fallo defensivo. En ese instante, el gaditano miró más allá del cielo y de la tierra. La noche en Niza era tan hermosa que resultaba casi inconcebible. En la mejor jugada del partido, iniciada de nuevo por la maestría de Andrés Iniesta, Morata amplió la ventaja. Este jugador posee olfato, todo un surtido de recursos, hambre de gloria y una madurez impropia de sus 23 años. Lo anunciamos aquí hace unos días: con un poco de suerte y este nivel de los chicos de Del Bosque, Morata podría ser uno de los héroes de la Eurocopa de París.

Si España jugó bien o más que bien ante la República Checa, ayer estuvo a un nivel impresionante en todas sus líneas. Sólida en defensa, con un Piqué de nuevo majestuoso y muy atento a todo, es uno de los líderes absolutos del equipo y está en un estado de forma impresionante. Con Busquets seguro y preciso, el mejor mediocentro de la tierra, que cataliza cualquier balón y lo atrae con magnetismo; Fábregas se alió muy bien con los dos magos, Silva, delicado y artista, e Iniesta, que volvió a impartir una lección de aplomo, pausa y visión. Con este futbolista se acaban los adjetivos incluso en sus días más normales. Es el intérprete ideal de cualquier choque, se disfraza de plasticidad y armonía.

Una de las aportaciones fundamentales ha sido la presión de los españoles. Han recuperado el balón muy arriba y ha seguido la pauta del mejor Barcelona. Otra novedad importante ha sido la incorporación de Bruno Soriano: el zurdo y capitán del Villarreal es un espléndido jugador de club, dirige, acompaña y es serio, comprometido, con experiencia, y será de mucha ayuda a Busi; por ahora, Koke aún no ha demostrado en la selección todo su potencial. Le seguimos esperando. España se ha clasificado ya por sus propios méritos. Si invitar al triunfalismo, se puede decir que es quien mejor ha jugado hasta el momento. Y casi llama la atención la felicidad de Íker Casillas: si había algún temor a que fuera el futbolista tóxico, en absoluto. Acepta su suplencia y se siente rabiosamente feliz. O liberado.

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* Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón, el sábado 18 de junio de 2016.

España recuperó la sensatez y ganó

Antón Castro / La química del gol

españa gana a la rep. checa

El equipo de Del Bosque dominó de principio a fin y cerró el choque con un gol agónico de Piqué. La Roja exhibió posesión, calidad, continuidad y fantasía, pero también sus carencias ante el gol.

España ha vuelto. Y de qué modo: con serenidad y paciencia, con esfuerzo y carácter, con recursos de antaño y aún justo de gol, ante un elenco rocoso como Chequia que sabía cómo jugar: encadenado a Cech, encerrándose y esperando una salida vertiginosa o el golpe intimidatorio de un saque de esquina, donde sus gigantes podrían cazar al vuelo. El más que correcto partido de España se inició en la sensatez de Del Bosque: eligió bien en el marco al inclinarse por De Gea (resultó bonito el prolongado abrazo de Jordi Alba), dio confianza a Cesc, apostó por Nolito y Morata arriba, y los demás fueron los esperados.

El combinado español pronto demostró que se sabía la lección y que hay ilusión, entrega y partitura. Salvo dos lanzamientos de esquina, Chequia apenas compareció: su estrella Rosicky solo defendía, perseguía el balón e intentaba taponar a Juanfran o a Silva, que, algo lejos de su mejor nivel, ofreció pases milimétricos.

España jugó con seriedad en todas las posiciones: los laterales fueron profundos y generaron  juego, algún desborde y centros interesantes; los centrales dieron sensación de seguridad y de aplomo, afinaron el pase y combinaron con eficacia. Buscaban el enlace con los pivotes Busquets y Cesc (Busi es el ancla, el observador y el coche escoba; Fábregas busca su sitio en el entorno de la media luna rival), y tuvieron arrestos para ir al ataque.

Cuando no aciertan los arietes, los dos, Piqué y Ramos son una alternativa por alto, por su capacidad de remate, y por abajo, por su insistencia y su determinación. Y por dentro, se mueven los dos directores de juego: Silva e Iniesta. Silva alcanzaba su partido número 100 y estuvo a buen nivel, en el costado derecho. Generó ocasiones, sirvió un gol cantado a Morata, buscó la triangulación en corto de patio de colegio y usó ese toque primoroso con el que fabricó peligro y sorpresa; enchufado en un vehemente inicio de la segunda parte, falló la mejor jugada de la selección por poco, en la que volvió a ejercer de asistente Iniesta.

El 6 de la Roja es un futbolista increíble: resulta liviano, parece encerrarse en jardines sin salida, y sale y juega en profundidad y desborda con esa sutileza o gracia difícil de definir. Apenas pierde balones, sortea gigantes con un gesto de cadera, se ovilla sobre sí mismo y encuentra rutas, desfiladeros o puntos de fuga con la cabeza erguida. Si el fútbol posee algún atributo excepcional ligado a la maravilla o el asombro, Iniesta lo encarna a la perfección, sin ínfulas, con la suavidad de alguien que es de este mundo y parece de otro. El fútbol con Andrés alcanza otra dimensión. Garbo, malabarismo y deslumbramiento, incluso cierta espiritualidad.

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El partido fue trabajoso. Desde el principio. Los españoles dominaron hasta el agobio: la República Checa llegó a defenderse con una línea de 5-4-1 y con un doble muro 5-5. Y a esa empalizada, España le buscó soluciones, y a veces las encontró sin la deseada fortuna. Dominó de principio a fin. Nolito fue más pugnaz que brillante o incisivo, no desbordó con nitidez casi nunca, pero lo intentó, y buscó el regate hacia afuera para acomodar su preciso disparo, que ayer se le negó.

Y Morata no estuvo fino en la línea de gol, marró dos oportunidades claras, pero se escurrió a las bandas, controló muy bien el balón, exhibió desmarque e intención y evidenció una madurez indiscutible. Con un poco de suerte, será uno de los delanteros del torneo. Le sustituyó Aduriz, que intimida todo el tiempo.

Aduriz y Morata se complementan: pueden jugar juntos y a la vez el uno es el recambio perfecto del otro. España venció agónicamente, sí, pero demostró también que ha recuperado sensaciones, ambición, rasmia, instantes de preciosismo e incluso seguridad en sí misma como bloque. Entereza y constancia. Faltó gol, hay que mejorar el ritmo, acelerar el juego cuando los rivales se encanallan atrás, y hay que combatir, y sobreponerse, una cierta tendencia a la inmovilidad, a la pereza y al conformismo.

Del Bosque estuvo correcto con los cambios. No modificó en exceso su método y creyó en él. Respiró hondo cuando llegó el tanto de justicia poética de Piqué. También el míster necesita espantar fantasmas, insidias, dudas y la mala sombra de Brasil 2014.

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*Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón, el martes 14 de junio de 2016.

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Foto 1: andina.com.pe. Foto 2: amazona.news.com

LA JUVE MANTIENE SU CORONA

juve vs napoli

En Italia se esperaba el duelo entre Nápoles y Juventus con mucha ilusión. Era el gran partido de la temporada. El Nápoles llegaba líder al estadio del campeón, con dos puntos de ventaja, y creía en la posibilidad de distanciar a su rival. La Juventus, que en septiembre firmó el peor arranque de su historia, había encadenado catorce victorias consecutivas para llegar al encuentro con opciones de liderato. El curso del partido siguió los cánones del fútbol italiano: fue un choque tenso, trabado, en el que se cuidaron con mimo los detalles. Sin demasiado lugar para la inspiración, el trabajo táctico era más importante que el talento. No hubo muchas noticias de Higuaín, Dybala, Insigne o Morata y el protagonismo recayó en un secundario: Simone Zaza, autor de un bonito gol a dos minutos del final. El zurdazo de Zaza, a la espera de que se cumpla el tramo final de la temporada, sitúa a la Juve en una posición favorable en la carrera por el título.

El Nápoles vive con la ansiedad perpetua de repetir las hazañas que Maradona consiguió para la ciudad. Su afición persigue el ideal de rebelión ante la tiranía de la Juventus, que representa como nadie el poderío del norte. Los Partenopei, que se sienten despreciados por el resto de Italia, han vivido de los goles de Higuaín, del disparo de Hamsik y del talento de Insigne. Con eso, y el trabajo táctico del grupo, les ha bastado para desafiar el orden establecido. Hay algo romántico en su propuesta, pero al Nápoles le faltó carácter para imponer sus ideas en la cita más importante. No hubo rastro de rebeldía en el equipo de Sarri, que dio por bueno el empate demasiado pronto. Tampoco quiso desprotegerse en exceso la Juventus, que necesitaba más los puntos. El conjunto de Allegri mostró, eso sí, el oficio que se le supone al campeón.

La Juve se preocupó de parar a Higuaín, el mejor argumento del conjunto napolitano. El delantero se midió en solitario a una gran defensa y acabó desesperado ante la ausencia de oportunidades, demasiado pendiente de su marcador y de las decisiones arbitrales. Ni Insigne, ni Jorginho, ni Callejón, ni Mertens (que salió a falta de un cuarto de hora) pudieron surtir de buenos balones al Capocannoniere.Y cuando lo hicieron, siempre emergió la figura de Barzagli o  de Bonucci, autor de un corte vital en el primer tiempo, que llegó cuando Higuaín ya cargaba su disparo. Hamsik solo se aproximó al área de la Vecchia Signora en un disparo lejano e Insigne ofreció pinceladas entre largos minutos de absentismo. Quizá le perjudicó la mentalidad de su técnico en el segundo tiempo. Convencido de que el empate le favorecía, el Nápoles se preocupó de guardar su portería y apenas amenazó la de Buffon. A pesar de que la Juve no hizo mucho más por ganar, el miedo al riesgo pesó más para los de Sarri, que no tienen la misma experiencia en los grandes partidos ni tantos recursos en la plantilla.

La Juventus no pudo encontrar la zurda de Dybala, un futbolista capacitado para proponer algo distinto. Pero fue un conjunto metódico, que consiguió madurar el encuentro hasta llevarlo a su terreno. Sin demasiados alardes, su eficacia en las áreas le permitió salir vencedor del duelo decisivo. Pogba no atinó en la búsqueda del gol, pero mostró que es un jugador de gran recorrido; capaz de desplegarse en ataque, de desbordar por el costado y de trabajar en la recuperación. Cuadrado profundizó por el costado, Marchisio combinó el esfuerzo defensivo con la llegada al área y Khedira equilibró a su equipo. En la última media hora, Zaza aprovechó el trabajo de Morata, que tuvo que ser sustituido por un golpe, víctima del juego duro que presidió el encuentro.

Simone Zaza ha brillado siempre en equipos modestos (Ascoli, Atalanta, Sassuolo) y ahora golea para la Juve, el equipo más laureado de Italia. Cuando el empate parecía el resultado más probable, el delantero italiano cazó un balón en las cercanías del área. Dribló en diagonal y acomodó el balón a su zurda. Su disparo confundió a Reina y el balón se instaló en las redes. En un partido gobernado por la pizarra de los entrenadores, hubo tiempo para un futbolista acostumbrado a partir desde el banquillo. Al final del encuentro, Zaza comentaba: “¿Un gol para tener más espacio en el equipo? Espero estar a punto cada vez el entrenador  me necesite”.

El gol y el triunfo de la Juve se celebró con absoluto entusiasmo en Turín, pues acerca a su equipo al quinto Scudetto consecutivo. Para la plantilla de Sarri la derrota fue una especie de desengaño, ya que perdieron el liderato en la noche más esperada. Nápoles nunca se rinde y promete discutir la dictadura de la Vecchia Signora. Pero ahora la inercia del Calcio vuelve a sonreír a la Juventus.

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Jorge Rodríguez Gascón.