EL SILENCIO DE MESSI

Messi perdió en Maracaná su gran oportunidad de levantar la Copa del Mundo. Llegó a Brasil con muchas dudas pero el torneo fue avanzando de acuerdo a sus pretensiones. Argentina fue uno de los cuatro equipos que consiguió un pleno de victorias en la primera fase (con Holanda, Bélgica y Colombia) y Messi fue determinante en esos resultados. Ante Bosnia firmó el segundo tanto de los argentinos en una gran jugada personal, frente a Irán marcó un precioso gol sobre la bocina y ante Nigeria consiguió un doblete en una gran actuación. Pese a ello brilló solo en momentos puntuales, en instantes tan bellos como fugaces. Entre ellos se sucedían momentos de absentismo, en los que el partido parecía no interesarle. En octavos asistió a Di María frente a Suiza, en cuartos participó en la jugada del gol y ante Holanda marcó el gol que abrió la tanda de penaltis.

Poco a poco fue reduciendo su influencia en los resultados de su equipo, pero acaparó siempre las mejores acciones de su selección. En Maracaná empezó con ganas y se vio con fuerzas para desequilibrar el partido. Incluso pareció más implicado, siempre con minutos de ausencias y de indolencia. Generó ocasiones para su equipo y desbordó, pero se fue difuminando en la prórroga. Las opciones ofensivas de Argentina pasaron por sus botas e incluso tuvo la oportunidad de batir a Neuer en un mano a mano. El balón salió lamiendo el palo y a Messi se le escapó la Copa en Brasil. Con el gol de Götze se volvió a conectar al encuentro y se acercó a posiciones de disparo. Remató de cabeza desde la frontal del área en un gesto técnico que recordó al de la Final de Roma ante el Manchester United. En esta ocasión Neuer, casi tan alto como Van der Sar, detuvo sin excesivas dificultades. Antes de que el árbitro Rosetti pitara el final, el 10 argentino dispuso de una oportunidad a balón parado. Su disparo salió fuera y la falta fue un cruel epílogo para la final de Messi.

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Argentina observaba como Alemania alzaba la Copa que se le resiste. Algunos se quejaban, muchos se lamentaban y otros lloraban. Pero Messi tenía un aspecto diferente. Estaba ausente, con la mirada perdida. Quizá con el recuerdo del mano a mano ante Neuer, del fallo de Higuaín en el primer tiempo, de las asistencias que Palacio no entendió o de su falta fallida en la última jugada. Para colmo le dieron un trofeo que no le importó y que muchos consideraron inmerecido. Fue un premio cuestionable, que no sirvió de consuelo al argentino. Messi no alteró el gesto, parecía demasiado afectado por la derrota cómo para sonreír o dar la mano al público que se la tendía. Messi cerró un año lleno de decepciones y de finales perdidas.

La Pulga vive con la amenaza de no volver a ser el que fue. Las lesiones musculares le han restado confianza y explosividad. La temporada ha tenido demasiadas interrupciones y se le ha hecho demasiado larga. Le cuesta aguantar el ritmo de los partidos y dosifica sus apariciones con cautela. Sus intervenciones suelen tener trascendencia en el resultado pero hasta ese momento el partido no siempre va con él. El genio fugaz se convierte con demasiada facilidad en un paseante ilustre.

A Messi le afecta también el misterio de sus vómitos. Algo que ha sido motivo de especulación. Algunos creen que es una forma de somatizar la presión y los nervios. Otros consideran que responde a una enfermedad digestiva. En su entorno domina cierto secretismo y se impone el silencio como medida de protección. Otras teorías apuntan a su mal estado físico como causa de sus arcadas. Messi parece vivir en una lucha eterna contra sí mismo y los vómitos pueden ser el modo en que se manifiesta esa batalla interna. En cualquier caso, si se trata de una enfermedad diagnosticada, nadie ha dado los resultados de las pruebas a las que se ha sometido.

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También la forma de juego de sus equipos ha condicionado su rendimiento. El primer Barcelona en el que Messi se convirtió en el mejor, tenía ciertos automatismos que han cambiado con el tiempo. Era un equipo que se construía a través de la posesión, que robaba el balón con facilidad y se asociaba con mucha velocidad. Era un ejemplo con y sin el balón. Y Messi, pese a tener cierta libertad de movimientos, se implicaba más en la presión. En aquel Barcelona, el argentino estaba en contacto permanente con el balón. Combinaba en corto en la frontal del área, dejaba la elaboración a sus compañeros y solía estar fresco para buscar la portería rival. En aquellos equipos, que crecían y dominaban a través de la posesión, Messi tenía menos excusas para ausentarse.

Con Argentina siempre ha tenido que iniciar el juego y acertar en la resolución. Messi era el líder silencioso de un equipo que dirigía Mascherano. La Pulga nunca ha sido un futbolista hablador, con demasiada voz en un vestuario. Reservaba su jerarquía al marcador. Y la fortuna no estuvo de su lado cuando perseguía la estela de Maradona en la albiceleste.

Es probablemente el peor momento de Leo Messi como futbolista. Pese a ser vitoreado en los juzgados antes de declarar por sus problemas fiscales (algo que sí debería ser motivo de reproche) algunos expertos de la Ciudad Condal parecen partidarios de su salida (*). Poco a poco también ha perdido el favor de la prensa: a ojos de los periodistas ya no parece ni tan inocente ni tan ejemplar. Esas incógnitas parecen haberse trasladado al entorno del Barcelona, que ha buscado figuras de acompañamiento para dividir la responsabilidad ofensiva del equipo.

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Pero su recuperación está en sus manos. Debe aprovechar su velocidad en espacios cortos, vencer la presión que le asfixia y trabajar en el apartado físico. El argentino es claramente el futbolista de mayor talento de la actualidad, pero debe recordar que Ronaldinho también lo fue y que su dejadez le convirtió en un futbolista corriente. En el fútbol, el talento sin trabajo no sirve para mucho. Messi posee unas cualidades innatas que ha de potenciar con el esfuerzo físico. En el último año su magia le ha dado para decidir partidos pero no para ganar campeonatos.

Si quiere volver a ser el que fue, Messi necesita dar un paso adelante y crecer en un equipo que se arme con el balón como seña de identidad. Antes, la circulación le integraba en los partidos. Ahora, sus silencios, su falta de ritmo y su timidez le alejan del juego. El 10 no debe refugiarse en los recovecos de su mente; en lugares de difícil acceso, dominados por el autismo, la fragilidad y la melancolía. A veces el fútbol es un estado de ánimo y el argentino se ha acostumbrado a lucir sonrisas postizas.

Ante todas las dudas que deja el 10 hay una certeza: solo Leo tiene la llave para volver a ser Messi.

 

Jorge Rodríguez Gascón.

 

 

(*) Algunos periódicos catalanes han desvelado una supuesta conversación entre Tito Villanova y Messi pocos días antes de la muerte del técnico. En ella se decía que Tito Villanova le aconsejó al argentino que se quedara en el Barcelona.

EL CHICO DE ORO

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Mario Götze fue el protagonista inesperado de la final de Maracaná. El alemán es un jugador hábil, astuto y muy fino. Pero llegó al Mundial fuera de forma, lento, sin la frescura que permite marcar diferencias. Mientras Messi, Müller, Toni Kroos o el “Pipita” Higuaín acaparaban los focos antes del partido, Götze esperaba su turno en el banquillo. Al final del encuentro todas las cámaras apuntaron a la sonrisa todavía traviesa y juvenil del mediapunta alemán.

Götze había comenzado la competición siendo titular y era una de las armas de Alemania. La lesión de Reus antes de llegar a Brasil pareció darle más peso en la alineación de Joachim Löw. Jugó en el partido inicial ante Portugal y marcó uno de los cuatro goles de la Mannschaft. Sin embargo, parecía lejos de encontrar el nivel de su temporada en el Bayern y la brillantez de su etapa en el Dortmund. Poco a poco, fue perdiendo presencia en el equipo y su falta de ritmo se hizo evidente. Ante Ghana y Estados Unidos no estuvo acertado y Alemania pareció ganar con lo justo, sin el esplendor del primer encuentro. En octavos de final la selección alemana se enfrentó a Argelia, en un encuentro de ida y vuelta, mucho más igualado de lo que cabría esperar. La selección africana puso en aprietos a Alemania y Götze jugó un partido muy discreto. El futbolista del Bayern es de esos jugadores fríos que poseen un talento innato y que parecen besar los dos extremos del fútbol: el triunfo absoluto o el fracaso más rotundo. Es capaz de decidir el partido en una acción individual y también de desaparecer al menor estornudo.

Ante Argelia, la Mannschaft creció con el paso de los minutos y asestó su golpe definitivo en la prórroga. Pero Götze ya no estaba en el campo y, tras el mal juego de los alemanes en la primera parte, fue uno de los futbolistas señalados por su entrenador. Fue sustituido por el gran secundario de Alemania: André Schürrle, autor además del gol de la victoria ante los argelinos. A partir de ahí Mario Götze fue desapareciendo de las alineaciones y su presencia en los partidos fue testimonial. Jugó siete minutos en la victoria ante Francia y no se vistió en la goleada a Brasil en semifinales.

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En la final inició el partido con una mueca de conformismo, aceptando que el Mundial había llegado demasiado tarde para él. Lucía una sonrisa postiza, consciente de que había jugadores por delante de él en la rotación. Observó desde el banquillo las oportunidades alemanas y las respuestas de Argentina.

El partido se acercaba a la prórroga y Joachim Löw le llamó en el minuto 88. Götze acudió con una mezcla de tensión y desgana. Antes de salir al campo recibió los consejos de Klöse y siguió sus instrucciones. El mediapunta asistió a Schürrle nada más comenzar la prórroga y miró a portería en dos ocasiones. En la primera, estuvo lento y la defensa argentina evitó su remate. En la segunda, disparó desde la frontal con inocencia y languidez. Götze, pese a una buena puesta en escena, empezaba a mirar al suelo y a dar la razón a aquellos que habían perdido la confianza en él.

Pero entonces, en el minuto 113, apareció Schürrle para desbordar a Mascherano. El futbolista del Chelsea ha sido fundamental para Alemania: ha sido capaz de agitar los partidos desde el banquillo, ha marcado goles importantes y ha conseguido asistencias en momentos de máxima tensión. Schürrle dejó atrás a Mascherano y centró al área con precisión. Y ahí estaba Götze, solo ante Romero, casi sorprendido por el apagón general de la defensa albiceleste. Y el joven talento del fútbol alemán no lo iba a desperdiciar. Sin que cayera el balón al suelo, controló con el pecho y puso el balón lejos del alcance del portero argentino. Ejecutó una acción técnica preciosa y consiguió el gol más importante de su carrera. Celebró el tanto como aturdido, casi frotándose los ojos ante un sueño del que nunca se tuvo que despertar.

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El pequeño Götze consiguió el gol de la victoria para la Nueva Alemania de Joachim Löw. Un equipo que ha prescindido de los centímetros [1] en busca de futbolistas técnicos capaces de llevar el ritmo del partido a través de la posesión y del buen trato de balón. Löw ha sabido mezclar la experiencia de sus veteranos con la alegría de sus jóvenes. Una generación liderada por Götze y Reus y que ya en la sub 21 mostró su inclinación por un juego ofensivo. La Alemania de Löw no siempre pudo llevar a cabo su romántica propuesta, y en ocasiones pareció tener menos imaginación de la que dicta su nuevo cartel. Sin embargo, la evolución en la idea de juego es evidente y su apuesta por la combinación le ha dado el trofeo. Para lograrlo, además del cambio en el planteamiento, fue necesaria la aparición de un mago tímido de esos que va y viene en los partidos. El chico de oro, un futbolista descarado en el regate y con facilidad para los grandes momentos.

Cuando ya nadie le esperaba, apareció esa joya a la que Joachim Löw estuvo a punto de renunciar.

 

Jorge Rodríguez Gascón.

 

[1] No hay más que ver quién es el líder indiscutible de esta selección y uno de los mejores futbolistas de la competición: Philipp Lahm. Desde su 1´70 ha sabido mostrar su jerarquía y adaptarse a las necesidades de su equipo. Cumplió en el mediocentro pero mejoró su rendimiento en el lateral. Desde esa posición es un mal constante para el rival. Se despliega, aparece por dentro y por fuera y centra con peligro.

ALEMANIA SE CORONA EN MARACANÁ

Alemania alcanzó la Copa del Mundo en Maracaná, después de una final vibrante e intensa, en un duelo entre dos gigantes del fútbol mundial.

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Se enfrentaron dos equipos que responden a propuestas distintas: el fútbol de combinación y el poderío de los alemanes, frente al juego precavido de los argentinos, que han ganado partidos a base de concentración y oficio. Se enfrentaba el juego coral de los alemanes a un equipo que ha vivido del trabajo de Mascherano y de las pinceladas de Messi. El 10 se quedó a las puertas de su título soñado y cerró un año lleno de decepciones.

Desde el inicio, el encuentro fue un intercambio de golpes. Alemania quiso dominar el juego pero Argentina esperaba agazapada en la retaguarda. La albiceleste es un equipo que sabe tomarle la medida al rival y en Maracaná estuvo a la altura del escenario. Supo contener el juego interior de los alemanes y la Mannschaft buscó desestabilizar a la selección de Sabella por los costados. Encontró a Lahm por la derecha y el lateral inquietó a la defensa rival con centros envenenados. Los centrales argentinos estuvieron acertados en los despejes y concedieron pocas oportunidades en los primeros 45 minutos.

La selección albiceleste parecía cómoda cuando los alemanes tenían el balón y supieron explotar los espacios que concede su zaga. También por el carril derecho, en el lado débil de los alemanes, Argentina hizo temblar a la Mannschaft. Con Messi presente, Higuaín se ofrecía, Lavezzi quería desplegarse, Mascherano robaba y Garay y Demichelis estaban oportunos al corte. Cuando Messi se conectaba al partido, la albiceleste parecía tener la Copa al alcance de la mano. El argentino hizo un regate en el primer balón que tocó y cada desborde le daba vida a su equipo. Después llegó a línea de fondo, tras retar a Hummels a la carrera, y su centro no encontró rematador. Al filo del descanso bordeó el gol, en una acción personal: volvió a dejar atrás a Hummels y tras medirse con Neuer, Boateng despejó un balón que estaba perdido a pocos metros de la portería. Antes Higuaín había fallado la oportunidad más clara de los argentinos, en un mano a mano ante Neuer, provocado por un error en la cesión de Tony Kroos. El delantero argentino, con todo a favor, disparó muy desviado. Poco después, Messi armó una nueva jugada. Recibió el balón en las inmediaciones del área y abrió a la banda de Lavezzi. El futbolista del Paris Saint Germain centró e Higuaín, en claro fuera de juego, sí que acertó en la definición. El juez de línea levantó la bandera y arruinó la celebración efusiva del delantero del Nápoles.

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Alemania seguía llevando el ritmo en la circulación pero no encontraba el pase definitivo y veía como la defensa de Sabella le robaba espacios. Le costaba crear oportunidades: Müller solo jugaba de espaldas, Klöse llegaba siempre un segundo tarde, ni Kroos ni Schweinsteiger se acercaban a posiciones de disparo y solo los centros de un Lahm persistente parecían hacer temblar a los argentinos. Curiosamente la Alemania que ha destacado por proponer un fútbol más asociativo que sus predecesoras acabó creando mayor peligro (durante la primera parte) en centros laterales o balones aéreos. Justo antes del descanso Kroos puso un córner medido y Howedes remató al palo, en la ocasión más peligrosa de la primera parte. El lateral alemán sufrió por su costado y pudo ser expulsado, pero ganó confianza en el partido y mostró que es un futbolista peligroso en el juego aéreo.

Löw sabe cambiar el plan del partido en función de las necesidades de su equipo. Sus jugadores leen su pizarra con maestría y saben cuando han de elaborar la jugada con cautela y cuando ser más directa. La salida de Schürrle le dio mayor verticalidad al equipo y en la mejor jugada de los alemanes, Romero atajó su disparo. Özil fue creciendo en el partido y le dio a su selección la pausa y la imaginación que necesitaba.

Al descanso Sabella cambió el plan inicial, con la intención de que Messi desequilibrara desde zonas más templadas. Durante diez minutos pareció conseguirlo: la albiceleste disfrutó de oportunidades claras y jugó los mejores minutos de la final. Recordó en esos momentos al primer partido del mundial ante Bosnia. Messi participó como enganche y se plantó ante Neuer en una jugada que pudo cambiar la historia. El 10 disparó desde el flanco izquierdo y quiso ajustar tanto su lanzamiento para salvar a Neuer que el balón se fue rozando el palo. Poco después el portero chocó en una salida temeraria con Higuaín, en una jugada que recordó a la acción entre Harold Schumacher y Battiston en el duelo entre Francia y Alemania de 1982. En esta ocasión, en una decisión confusa, el árbitro señaló falta de Higuaín.

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Alemania se fue estabilizando a través de la posesión y consiguió desconectar a Messi. Los de Löw jugaron con mayor dinamismo y amenazaron al rival en los últimos minutos. Lahm seguía desplegándose, Müller cayó a bandas y surtió de balones peligrosos a Klöse y Schürrle, Özil jugó el mejor partido de la competición y los mediocentros llegaron a las inmediaciones del área. Klöse no acertó en el remate tras un centro de Lahm y Kroos volvió a disparar demasiado blando en una jugada coral alemana. Mascherano volvió a ser el futbolista más importante de Argentina en el encuentro y eso no siempre es buena señal para la albiceleste. (No hemos de olvidar que Mascherano es un futbolista fundamental para la contención pero que no tiene imaginación para orquestar el juego de la albiceleste).

Sabella falló en los cambios y Alemania fue (con más insistencia que brillo) ganado enteros en el partido. Higuaín fue sustituido por Palacio y Sabella dejó a Messi muy solo en ataque. Palacio ha sido un futbolista que no ha aportado soluciones en todo el torneo y que ha fallado ante los porteros. No ha mostrado su supuesta velocidad y le ha faltado inteligencia para entender los servicios del 10. Con Agüero todavía mermado por su lesión, Messi seguía dosificando sus intervenciones y parecía poder cambiar el signo del partido cada vez que recibía. Pero hasta entonces, caminaba en un campo ilustre, con poca intención de intervenir. La selección de Löw fue ganando confianza con el paso de los minutos y antes de la prórroga amenazó al equipo de Sabella, que parecía cada vez más desfondado.

En la prórroga el poderío físico alemán se impuso a una Argentina que, a la espera de un chispazo de Messi, parecía firmar los penaltis. La selección de Joachim Löw se fue a por el partido y Schürrle tuvo una gran oportunidad en el minuto 92. Götze encontró al futbolista del Chelsea en el pico del área y Romero atajó su disparo. Cuatro minutos más tarde Argentina tuvo el gol de la victoria en las botas de Palacio. El delantero se encontró con un balón ante Neuer, tras un mal despeje de Hummels. Pero quiso salvar la salida del portero alemán con una vaselina inocente, que se fue fuera del marco de Neuer.

Con Messi demasiado ausente, la selección de Löw siguió amenazando a Romero. Con un juego cada vez más dinámico, llegó antes que Argentina a la disputa. Y en el minuto 113 Schürrle desbordó a Mascherano y centró desde la izquierda. Demichelis se despistó y recibió Götze. El mediapunta alemán mostró su exquisita técnica con un gran control y con una definición plástica. Fue un gol bonito y definitivo en el mejor momento posible.

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A Argentina se le fue su plan al traste con el gol de Götze y le faltó tiempo y juego para reaccionar. Pudo haber conseguido el empate en un par de ocasiones, pero apareció el gigante Neuer para detener los avances argentinos. El portero alemán recibió el guante de oro y ha sido decisivo. Siempre presente en los grandes momentos, ha sido muy tremendamente difícil batirle.

El partido llegó al final y Alemania levantó la Copa del Mundo 24 años después. Fue el primer europeo en ganar la competición en territorio americano. Persistente en su idea de juego, el fútbol coral de Alemania le otorgó el triunfo ante un equipo intenso y ordenado como el argentino. La albiceleste jugó seguramente el mejor partido de la competición: supo contener a la Mannschaft y disfrutó de las mejores oportunidades en Maracaná. Sin embargo, le faltaron fuerzas en la prórroga y no tuvieron la ambición necesaria para ir sin reservas a buscar al rival. Messi pudo haber declinado la balanza del lado argentino, pero le faltó la puntería en el momento preciso. La baja de Di María, el poco peso de sus secundarios y las ausencias de Messi acabaron por condenar a la selección de Sabella.

La selección de Löw consiguió su cuarto campeonato del mundo apostando por un fútbol elaborado, en el que la asociación es el cimiento de sus triunfos. Y la victoria alemana consagró al equipo que mejor ha jugado en Brasil. La Mannschaft merecía el título por su insistencia en las últimas ediciones de la Copa del Mundo y por el juego desplegado en la competición. Pese a ello, la Alemania que mejor ha tratado el balón dependió en momentos puntuales de la suerte del campeón. La misma fortuna que fue esquiva con Argentina, llevó a Götze y a la selección de Löw a la cima del mundo.

 

Jorge Rodríguez Gascón.

 

 

Foto 1: Matthias Hangst (Getty)

Foto 2: Robert Cianflone (Getty)

Foto 3: Pedro Ugarte (Afp)

Foto 4: Sergio Moraes (Reuters)

 

 

VOCABULARIO DE ONCE CONTRA ONCE

ANTÓN CASTRO // REGATE EN EL AIRE /

sensei_630x354_zweiteilungNeuer-Romero. El alemán, cancerbero del Bayern, es uno de los mejores de Europa: va bien por arriba y por abajo, tiene grandes reflejos y está tan atento que asume la condición de libre por necesidad. ‘Chiquito’ Romero pasó de estar cuestionado a ser un héroe. Es un meta irregular que no es titular en el Mónaco. Ha ido de menos a más.

 

2_2972872kLahm-Zabaleta. El capitán de la selección y del Bayern es uno de los jugadores más finos de Alemania y un líder. Impecable arriba y abajo. Zabaleta es un lateral fuerte, pugnaz, voluntarioso, un tanto deslavazado. Pragmático, se va arriba con más empeño que clase.

 

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Garay-Boateng. Dos centrales parejos: intensos, van bien por arriba, difíciles de desbordar, atentos.

 

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Hummels-Demichelis. No tienen nada que ver. El germano ha sido comparado con Beckenbauer: es elegante, saca el balón jugado y tiene personalidad. Algo lento en el uno contra uno; cabecea de maravilla. Demichelis es un veterano que intenta cumplir partido tras partido. Es más duro que elástico, más constante que rápido. Tiene el rasgo común de los argentinos: compite muy bien.

 

beneHowedes-Rojo. Cumplen, se despliegan, defienden y atacan con corrección. Rojo parece tener más presencia en el equipo; Howedes pasa más inadvertido, pero ante Brasil demostró que sabe atacar.

 

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Schweinsteiger-Enzo Pérez. El jugador alemán es un medio poderoso, de control, despliegue y llegada. Versátil. Marca y acude al ataque, y siempre está ahí. Esforzado y con buen toque. Enzo Pérez es el volante clásico: trabajador, serio, complementario. Es capaz de hilvanar un buen regate y un buen pase, pero no puede decirse que sea un futbolista de brillo.

 

2014-635407995817384066-738Kroos-Mascherano. Dos de los grandes jugadores de Alemania y Argentina. Kroos es el centrocampista que cualquier equipo sueña para su juego. Es imponente y técnico, es disciplinado e inventa. Posee clase y habilidad para realizar un fútbol preciosista, de combinación y tránsito rápido, y sabe acomodarse a un partido trabado, y ahí asoma su fuelle, su seriedad y su excelente disparo con las dos piernas. El Mundial ha revelado su madurez. A Mascherano ya le pesan los años y los partidos; en cuanto a calidad nunca le ha sobrado nada. Pero es el Jefecito y el Jefazo. Mirada de acero, tensión, pasión por el país y su tradición futbolística, y ascendencia sobre el bloque. Y, además, protege a Messi a conciencia.

 

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Khedira-Lucas Biglia. Khedira es un jugador físico, con movilidad, iniciativa y mucha resistencia. Con Alemania, además, se atreve a llegar al área. Löw ha confiado en él y le responde con sacrificio y acierto. Biglia mandó al banquillo a Gago; parecen clónicos: académicos y técnicos. Es más enérgico y batallador que su compañero.

 

pict.phpMüller-Messi. El alemán puede ocupar cualquier puesto de la delantera. Está sembrado de genialidad, confianza e inspiración. Parece lunático, como si fuera a su aire. Pero siempre aparece con su instinto goleador y con una jugada circense. Messi es el artista absoluto de este juego con un palmarés asombroso. Aquí es otro: parece un náufrago, quizá esté enfermo, quizá nunca vuelva a ser el que fue. Lleva una década a un increíble nivel. Argentina espera de él su penúltimo milagro.

 

7_2972867kÖzil-Lavezzi. Özil es un futbolista de la sutileza, de la estirpe de Magath, Netzer, Overath o Hansi Müller, pero está jugando un Mundial flojo. Se redimió ante Brasil. Lavezzi, por ahora, es todo coraje, entrega. No resiste la comparación con el ‘Kun’ Agüero o con Di María, pero ahí está, sin volver la cara.

 

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Klose-Higuaín. El alemán es efectividad, convicción, sed de gol e insistencia. Se desmarca muy bien y ahí sigue, a los 36 años, con el olfato abierto. A Higuaín no se le ve bien físicamente ni iluminado de acierto. Recuerda a un caballo asturcón, pesado de cadera. Se alivió con el gol que le marcó a Bélgica.

 

(*) Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el 13 de julio de 2014.

LA SAGA DE LOS MÜLLER

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Thomas Müller es un futbolista de mundiales. Lo ha demostrado en sus dos participaciones, en las que ya acumula 10 goles. Alemania, a diferencia de las otras semifinalistas, es un equipo coral en el que el plan de juego está por encima de cualquier figura. Todos sus grandes futbolistas -que son muchos- están al servicio del equipo. Pero probablemente si tuviéramos que decir quién es su jugador más determinante no sería extraño decantarse por Thomas Müller. El futbolista del Bayern Múnich heredó el número 13 en el Mundial de Sudáfrica. Un dorsal con mucho peso en la selección, que han llevado otros símbolos del fútbol alemán como Michael Ballack y Gerd Müller. El delantero del Bayern, con Löw como máximo valedor, ha sabido responder a la historia de su selección.

Müller es un apellido común en Alemana y también en la selección. El ya mencionado Gerd Müller ha sido el mejor delantero de Alemania. Un `nueve´ de área, muy certero en el remate, que hacía del olfato una virtud y del oportunismo un don. (Algo que comparte con su homónimo en la selección de Löw). Anotó 14 goles en dos citas mundialistas: en México 1970 marcó 10 y los otros 4 en el Mundial de Alemania 1974. La Mannschaft consiguió la Copa en su propio país, con Bekenbahuer como líder del equipo. Venció tras una final increíble ante la Naranja Mecánica en el Olímpico de Múnich. La Holanda de Cruyff había deslumbrado durante el campeonato y todo parecía a su favor. Y más cuando a los pocos segundos de partido Berti Vogts cometió un penalti sobre Johan Cruyff. Lo transformó Neskeens y la anfitriona tuvo que darle la vuelta al marcador. Paul Breitner consiguió el empate en otro lanzamiento desde los once metros. Y dos minutos antes del final de la primera parte apareció “Torpedo” Müller para marcar el gol de la victoria para los alemanes. Aquella Holanda merecía haber ganado el campeonato porque fue de largo la que mejor fútbol practicó. Curiosamente ahora Alemania merece el campeonato por el juego desplegado y el hecho de ser un favorito tan claro no le da ninguna ventaja.

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Dieter Müller fue el sustituto del “Torpedo” en el Mundial de Argentina 1978. Gerd era un delantero de área, pero con muchos recursos en el remate. Sin embargo, su sucesor en la selección, Dieter, era más bien tosco y limitado. También otro Müller jugaba en aquella selección. Hansi Müller, un futbolista fino que militó en el Stuttgart y en el Inter de Milán. El zurdo jugó dos mundiales (Argentina 1978, España 1982) y fue fundamental en el triunfo en la Eurocopa de 1980 en Italia.

A todos los futbolistas con su apellido les cogió el testigo Thomas Müller en el Mundial de Sudáfrica. -Incluso se podría decir que tiene algo de cada uno de ellos -(*). Thomas llegaba tras perder la final de la Champions ante el Inter de Milán y Löw le dio el protagonismo que necesitaba. Marcó cinco goles y dio tres asistencias en la competición y su selección jugó un torneo fantástico. La Mannschaft derrotó a tres rivales marcando cuatro goles hasta llegar a la semifinal. Entre ellas, estaba la Inglaterra de Capello y sobre todo la Argentina de Maradona. En un amistoso de selecciones entre Argentina y Alemania, Maradona se negó a salir a la vez que Thomas Müller a atender a los medios. El entrenador argentino no sabía el nombre del delantero alemán y durante toda la rueda de prensa se refirió a él como “el jugador”. Meses más tarde, en el Estadio Green Point de Ciudad del Cabo la Alemania de Löw le dio un severo correctivo a la Argentina del Diego. Thomas Müller inició la goleada y Alemania venció por un 4-0 incontestable, en el último precedente en partido oficial entre estas dos selecciones. Maradona no volvió a olvidarse del nombre del delantero alemán.

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En semifinales Müller se enfrentó a la España de Del Bosque, a la que Joachim Löw piropeaba con insistencia. Puyol desequilibró el partido con un cabezazo en un córner. Paradójicamente, la España que quería poner el balón en el suelo venció en una jugada en el aire a la Alemania de Mertesacker y Boateng. En un salto inmortal de un ilustre al que se ha añorado en Brasil. Aquella España proponía un juego que la selección alemana no tardó en querer imitar. Müller fue la gran revelación del Mundial y obtuvo el premio al mejor jugador joven de la competición y compartió el de máximo goleador del Mundial. Tras vencer a Uruguay en el partido del tercer y cuarto puesto, estaba empatado con Villa a 5 goles pero el alemán sumó más asistencias (3) y recibió la bota de oro. Löw propuso una evolución del estilo de juego, a través del dominio de la posesión. Una apuesta por el juego asociativo intentando mantener las virtudes históricas del fútbol alemán: poderío físico, tensión competitiva, oficio y fiabilidad.

Löw juntó futbolistas de talento y se vio beneficiado por la llegada de Guardiola al Bayern, uno de los espejos en los que quiere mirarse Alemania. En la columna vertebral de la selección alemana hay muchos futbolistas del equipo muniqués y eso ha facilitado el cambio de propuesta de la selección. Pero Alemania ha demostrado tener variantes en el juego: puede ser un equipo valiente, que recupera muy arriba y junta muchos futbolistas por delante del balón. O un equipo más frío y calculador que sabe resolver por la vía rápida. Müller advierte con cierta ironía: «si todo nos sale mal haremos un gol a balón parado…».  La selección de Joachim Löw ha sabido sufrir en momentos puntuales del campeonato y parece llegar en el mejor momento posible, tras una goleada apabullante ante Brasil. Thomas Müller ya ha igualado sus registros del Mundial de Sudáfrica. Lleva cinco goles y tres asistencias en Brasil y aún le queda por disputar la final de Maracaná ante Argentina. Está a cuatro goles de igualar a Gerd Müller y tiene a seis al máximo goleador de la historia de los mundiales: su compatriota Klose, que acaba de batir el récord de Ronaldo Nazario da Lima y amenaza con aumentar la distancia ante sus perseguidores (lleva 16 goles). Aunque parece que si Müller está tan acertado en próximas ediciones de la Copa del Mundo como en Sudáfrica y Brasil, la corona de Miroslav Klose será efímera.

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Frente a Brasil el 13 de Alemania descosió a Marcelo por el carril derecho. Además de marcar el tanto que abrió la goleada, asistió a Klose y generó varias oportunidades claras. En el primer gol de Schürrle (0-6), el delantero del Bayern Múnich estaba con el remate ya preparado, pero su compañero se anticipó en el último momento. Y en el séptimo gol, de nuevo Schürrle se aprovechó de un servicio de Müller, que recuperó un balón en la línea de cal. Ante Argentina, Thomas Müller tiene la oportunidad de conseguir un trofeo que se le resiste a su país desde el Mundial de Italia 1990.

Müller es un futbolista intuitivo, que lee muy bien el juego y suele tomar la mejor decisión. Es ambicioso, siempre mira a portería y sabe moverse por cualquier lugar del frente de ataque. Crea ocasiones si se mueve en la posición de falso nueve y es generoso cuando juega tirado a la banda. No es el delantero más vistoso pero sí uno de los más eficaces. Es un futbolista sencillo, que juega sin muchos alardes y no hace excesivo ruido. Sabe donde colocarse en el momento preciso y es imprevisible: nunca parece que vaya hacer lo que termina haciendo. Y tiene la asombrosa capacidad para ejecutar las jugadas más difíciles con la misma normalidad que las más fáciles.

Thomas Müller tiene un idilio con el gol que se manifiesta en las grandes ocasiones. El delantero alemán lo resumió de forma sencilla: «básicamente tengo suerte, golpeo justo en el momento correcto».

 

 

(*) La saga de los Müller. Además de compartir apellido tienen en común algunas  habilidades en el juego. Thomas Müller parece emular el remate y el olfato del histórico Gerd Müller, la finura de Hansi Müller e incluso en ocasiones aparenta la descoordinación de Dieter Müller. Pero es mera apariencia: Müller combina la habilidad y la imaginación con el tradicional espíritu competitivo del fútbol alemán.

 

Jorge Rodríguez Gascón.

ARGENTINA, A LA FINAL ENTRE BOSTEZOS

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Argentina alcanzó la final del Mundial 24 años después, tras derrotar a la selección holandesa en la tanda de penaltis (0-0) (4-2).

Argentina y Holanda se enfrentaron en un partido aburrido, sin ambición ni brillo. Fue un duelo entre dos equipos conservadores, que han olvidado que la mejor forma de evitar riesgos es arriesgar de vez en cuando. La suerte de los penaltis alzó a Argentina y a su portero Romero. El meta argentino superó a Cillessen, demasiado acomplejado por su cambio ante Costa Rica. (Van Gaal hizo los tres cambios antes de los minutos finales de la prórroga y Tim Krul no pudo salir al campo).

Los dos equipos se midieron en un tanteo postizo, casi indigno de una semifinal de la Copa del Mundo (*). Nadie propuso jugar y todos se dedicaron a contener. Argentina estaba tan preocupada de Robben y Holanda de Messi, que ambos seleccionadores se dieron por satisfechos al ver que las estrellas rivales no intervenían. Tampoco aparecieron los secundarios holandeses: Van Persie parece otro futbolista, a Sneijder le sobra pegada pero le falta jerarquía en el juego, los laterales no se desplegaron y la media no supo construir ni una sola jugada. En Argentina, Higuaín se desfondaba y llegaba tarde al remate, Lavezzi fue un futbolista atropellado, Enzo Pérez fue de más a menos en el encuentro y la media estaba demasiado pendiente de no conceder espacios. Y a falta de figuras para decidir el encuentro emergió Mascherano para los argentinos y Vlaar para los holandeses.

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Mascherano se ha ganado ser una de las voces más importantes del vestuario gracias a su compromiso y su solidaridad en el juego. Ayer trabajó en la recuperación y tuvo criterio en la salida de balón. No perdió muchos balones y, cuando lo hizo, tardó pocos segundos en recuperarlo. Mascherano se destapó además como el gran antídoto de Robben: era el primero en realizar la ayuda a los defensas y firmó un partido impecable en el marcaje del extremo. Vlaar, el mejor de los holandeses, era al comienzo del torneo uno de los debutantes de Holanda. Van Gaal  emprendió su renovación fundamentalmente en defensa y Vlaar fue el elegido para liderar la zaga. Frente a Argentina realizó un gran partido: estuvo rápido al corte, seguro en el juego aéreo, eficaz en la disputa y valiente ante Messi. Solo empañó su actuación con su fallo en la tanda de penaltis, en el primer lanzamiento de los holandeses.

Ninguno de los dos equipos quiso jugar y la prórroga y los penaltis parecían un final inevitable. Fue un partido táctico, con dos equipos que atendieron demasiado a la pizarra y se olvidaron del balón. En Argentina solo algún destello de Messi o los desmarques de Higuaín parecían desordenar el partido. Cada vez que el 10 toca el balón encuentra soluciones a un juego sin creatividad. Pero pasa mucho tiempo entre sus intervenciones. Y, entre tanto, por mucho que retrase su posición, Leo no hace nada por recibir. Hasta el minuto 8 de juego no tocó el primer balón y en la prórroga recibió liberado en una sola ocasión. Dribló hacia la derecha y sacó un centro peligroso, que remató en semifallo Maxi Rodríguez. Messi solo disparó una vez a puerta (en una falta que detuvo Cillesen mediada la primera parte) y parece estar desfondado en los partidos.

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Argentina supo contener a Robben durante muchos minutos. El holandés estuvo desaparecido  durante toda la primera parte y comenzó a entrar en el partido en el último tramo del tiempo reglamentario. Buscó el perfil izquierdo y llegó a línea de fondo. Y en el descuento de los 90 minutos, tuvo la ocasión para clasificar a Holanda. Robben encontró un hueco entre la defensa y enfiló la portería. Al holandés le sobró un toque y Mascherano le comió terreno e interceptó su disparo. Aunque jugó su peor partido de la competición, creció en la prórroga, frente a una defensa cada vez más agotada.

Holanda apretó en la primera parte de la prórroga y Argentina tuvo ocasiones en la segunda. La salida de Agüero le aportó mayor dinamismo a un juego estático, pero el Kun está lejos de su mejor momento y parece todavía renqueante de su lesión. Cuando se acercaba la tanda, Palacio se plantó solo ante Cillesen, pero remató de un modo inocente. Y sin que ni Holanda ni Argentina hiciesen nada por remediarlo, el partido llegó a los penaltis. La albiceleste se volvió a agrupar en torno a Sabella y el entrenador no escondió los tiradores. Mascherano se dirigió a Romero y le dijo “hoy vos te convertís en héroe”.  El portero argentino siguió sus consejos, fue el mejor jugador del partido y paró los lanzamientos de Vlaar y Sneijder[1]. Los penaltis de Messi, Garay, Agüero y Maxi sellaron la clasificación para Argentina. El 10 argentino no pertenece, de momento, a la larga lista de grandes jugadores que ha fallado un penalti en un mundial.

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Argentina se clasificó en el Arena de Saõ Paulo para la final del domingo en Maracaná. Fue un equipo con oficio y experiencia al que le acompañó la suerte. Ya no sorprenden sus carencias y ha llegado a la final siendo un equipo lento y previsible, que en ocasiones desprecia el balón. Messi necesita un equipo que le involucre en el juego con la posesión y sus lagunas en los partidos también responden a eso.

Argentina se clasificó por última vez para la final de un Mundial en Italia ´90. Con Maradona como capitán y tras otra tanda de penaltis. Perdieron la final por 1-0 ante la Alemania de Matthäuss. Cuatro años antes, en México ´86, Maradona había conquistado la Copa del Mundo (3-2) también ante La Mannschaft.

Holanda perdió la oportunidad de llegar a una final cuatro años después de su derrota en Johannesburgo. Confió todas sus opciones a una suerte que ya le aupó ante Costa Rica y que le dio la espalda ante Romero. Argentina fue un equipo vulgar con el balón, aunque bien trabajado en el aspecto defensivo. Sin embargo, frente a la selección de Joachim Löw deberán generar más ocasiones y Messi, que está ante la oportunidad de su vida, tiene que asumir responsabilidades. Alemania hace temblar a cualquiera y Argentina no emociona.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

(*) Lamentablemente, muchas semifinales de la historia de los mundiales se han decidido entre dos equipos tan calculadores y rácanos cómo lo fueron ayer Argentina y Holanda

 

SINFONÍA ALEMANA

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Alemania goleó al anfitrión en Belo Horizonte en una noche histórica, que será recordada con orgullo por los alemanes y con vergüenza por los brasileños. Alemania fue un vendaval desde el inicio y en 29 minutos el marcador ya reflejaba un sorprendente 5-0. Brasil salió al campo derrotada, más pendiente de las ausencias de Neymar y de Thiago Silva que de frenar a los alemanes.

Los de Joachim Löw observaron con frialdad el ritual del himno de los brasileños y tardaron poco en frenar el entusiasmo de la hinchada carioca. Alemania irrumpió en el partido con la seriedad que merecía la ocasión. Brasil no acertaba en la circulación y sus centrales optaron por desplazamientos largos a Hulk y a Bernard como única forma de dar salida al juego. La selección alemana vio pronto las limitaciones de su rival y se fue a buscarle en la presión. Y de este modo llegaron los goles: Alemania recuperaba en campo del rival y combinaba con rapidez para enfilar a Julio César. Y Brasil se quedó sin respuesta ante la genial dirección de Kroos, la llegada de jugadores de segunda línea como Khedira, Schweinsteiger y Özil, y el olfato de Müller y de Klose. En el primer gol Kroos encontró a Müller en un córner botado con precisión. El delantero alemán fue astuto y se deshizo del marcaje de David Luiz para rematar a gol (1-0). En el segundo Kroos dibujó un pase medido para Müller, que entraba desde la derecha con decisión. El delantero del Bayern Múnich cedió para Klose y el alemán batió a Julio César (2-0). Con su gol se convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales con 16 tantos. Alemania seguía pisando el acelerador y en cosa de 6 minutos se puso 5-0 en el marcador. Después del gol de Klose llegó el primero de Kroos, tras una asociación de los alemanes que remató el mediocentro con un disparo de zurda (3-0). Dos minutos más tarde, en otra jugada coral de La Mannschaft, Kroos aprovechó la generosidad de Khedira para marcar a placer (4-0). Y en el minuto 29 Özil le regaló a Khedira el quinto, en una jugada muy similar a la del tanto anterior, en la que cambiaron los protagonistas. El quinto gol redondeó una primera parte antológica, que ya ha irrumpido con fuerza en la historia de los Mundiales.

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A la canarinha le faltaba un rival de nivel para ver que sus opciones en el Mundial respondían a la ilusión de un público optimista. David Luiz reflejó como nadie la impotencia de los brasileños (durante el encuentro y al final del mismo, con una declaración lacrimógena en la que pedía perdón a sus aficionados). Al central le faltaron piernas para apagar todos los fuegos de un equipo que se descosía por los cuatro costados. Echó en falta a su capitán Thiago Silva, más limpio y sensato, y capaz de domesticar el carácter desbocado de David Luiz. El mediocampo de Scolari quedó retratado en el partido. Fernandinho, Luiz Gustavo o Paulinho fueron futbolistas planos que perdieron balones importantes y que no pudieron despegarse de la presión alemana. De su delantera tampoco hubo noticias: Hulk desapareció y Bernard y Óscar tuvieron orgullo pero poca fortuna.

Alemania siguió sin demostrar signos de debilidad. Ahogó al rival cerrando espacios y se desplegó a partir del dominio del balón, asociándose con rapidez y velocidad en pocos metros, siempre con la portería brasileña como punto de mira. Tras el descanso, la selección de Joachim Löw bajó el pistón e incluso concedió oportunidades a los brasileños Óscar y Paulinho. Pero apareció Neuer, un portero que abarca mucha portería y que se ha acostumbrado a detener todo lo que se acerca a sus dominios.

La selección alemana fue respetuosa con un rival que se descomponía ante su público. Y no firmó una goleada mayor porque no quiso ensañarse en el segundo tiempo. Hasta que salió Schürrle, un futbolista que no entiende de medias tintas y que pugna por un puesto en el once de Löw. El delantero alemán ha crecido bajo la dirección de Mourinho y es el máximo goleador de la segunda fase de la competición, con tres dianas. El futbolista del Chelsea completó la humillación a los brasileños con dos goles. En el primero finalizó la jugada tras un servicio de Lahm y en el segundo se sacó un disparo inapelable con la zurda, que besó la red tras lamer el larguero de Julio César. Óscar consiguió en el minuto 91 el único gol de un equipo que perdió el honor ante 58.000 espectadores.

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Brasil confiaba todas sus opciones ofensivas a Neymar y ayer mostró una inoperancia impropia de un pentacampeón. Su público aguantó en su asiento entre lágrimas de impotencia y silbidos de rabia. Con sus líderes fuera del terreno de juego, la canarinha no pudo hacer nada ante una selección poderosa, que presentó argumentos incontestables. Kroos jugó su mejor partido de la competición, Khedira y Schweinsteiger trabajaron y buscaron posiciones de remate, Lahm fue un incordio constante para Marcelo en el lateral, Özil mejoró en el juego, Müller volvió a ser una amenaza constante para la defensa rival y miró a portería con la ambición de los más grandes. (Ha marcado 10 goles en dos citas mundialistas y es posible que recoja el testigo de Klose como máximo goleador de la historia de los Mundiales).

La selección de Scolari fue aplastada por un rival que tiene a la España de Del Bosque y al Barça de Guardiola como modelos de imitación. Aunque sin tener la misma finura, es un equipo más fuerte y agresivo, con mayor verticalidad y eficacia. Brasil quiso ser campeón por decreto, mostrando un fútbol antiguo, sin encanto ni inspiración. Pero un rival potente como Alemania le devolvió a la cruda realidad y le negó la opción de pisar el césped de Maracaná en “su” torneo.

La selección de Joachim Löw ha construido su nueva identidad a través del juego asociativo; de un fútbol con melodía y buen gusto. Y ayer, en el Estadio Mineirão de Belo Horizonte, la nueva Alemania escribió la página más triste del fútbol brasileño.

 

Jorge Rodríguez Gascón.