La metamorfosis de Guardiola

Martí Perarnau (Barcelona, 1955) realiza una síntesis de los tres años del técnico en Alemania en su nuevo libro Pep Guardiola. La metamorfosis (Editorial Córner, 2016). El libro sigue un desorden meditado, en el que descubrimos las claves del viaje de Guardiola a Múnich, algunos rasgos de su carácter y los puntos de evolución de sus tácticas. Lorenzo Buenaventura ya avanzó en el primer título de Perarnau sobre el entrenador catalán, Herr Pep (Editorial Córner, 2013), que “Guardiola estaba cambiando Alemania y que Alemania estaba cambiando a Pep”. Este segundo título sirve como retrato de esa transformación.

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“El guardiolismo no existe como una idea definida, se está haciendo”. “Lo que no se entrena, se olvida (…) El entrenamiento consiste en que los jugadores tomen decisiones (…) Para corregir seriamente un defecto primero hay que haber sufrido sus consecuencias”. Estas citas, tan similares y a la vez tan distintas, se recogen en Pep Guardiola. La metamorfosis y definen la personalidad y las ideas de uno de los grandes entrenadores de nuestro tiempo. Martí Perarnau, que alterna la función de testigo y la de confidente, hace un recorrido por sus años en Alemania. Describe el cambio de un Guardiola que ha aprendido a adaptarse a las dificultades y que ha abandonado su hogar en busca de una identidad propia. La metamorfosis es la continuación de Herr Pep y es también un homenaje encubierto a Johan Cruyff. Guardiola es probablemente el mejor emisario del técnico holandés y ha sido fiel a su propuesta en un terreno adverso, en “el jardín de Beckenbauer”.

Como sugiere Perarnau, Guardiola no busca fotocopias del Barcelona en los clubes que le contratan. Entre otras cosas porque ha entendido que la copia siempre sería imperfecta. Los futbolistas del Bayern Múnich o los del Manchester City no han recibido una formación que se ajuste a la propuesta que defiende Pep. El estilo del técnico tampoco se adapta a la idea tradicional de los países que le acogen. Alemania aplaude el juego más físico, el centro permanente, la lucha hasta el último minuto. Inglaterra posee una mayor vinculación con los orígenes del deporte, se alternan las idas y venidas y se entiende que el descontrol es una virtud. Guardiola busca generar superioridades en campo contrario a través del dominio del juego y del balón. Pero, a pesar de lo que indican las etiquetas, es, sobre todo, un gran competidor: “Yo no juego por el estilo, juego para ganar”. La metamorfosis ofrece un breve esbozo de su llegada al Manchester City, que es, en palabras del propio Guardiola, el reto más difícil al que se ha enfrentado.

El libro es muchos libros al mismo tiempo. A veces, parece una novela compuesta de pequeñas piezas que adquieren su sentido global con las otras partes del libro. Perarnau utiliza la metáfora del trencadís, esa acumulación de detalles que adornan las obras de Gaudí. También parece una matrioska en movimiento. Y, además, recuerda a esos formatos de origen oriental en los que el final de cada cuento sirve como punto de partida para el siguiente. Algo así como Las Mil y una noches de Pep. Los capítulos no siguen un orden lineal, van y vuelven en el tiempo, mezclan la crónica, el registro estadístico y el resumen detallado de un plan de juego. En ocasiones, Perarnau recoge ideas que poseen una gran precisión: “lo que busca el juego de posición es aumentar el índice de probabilidad de ganar a través del juego”. El libro es a veces un tratado de vida, en el que se acumulan grandes citas y referencias, y se describen las inquietudes de un tipo perfeccionista, obsesionado con la evolución constante. Guardiola se mueve entre la contención y el afecto, busca el equilibrio entre la pasión y la fidelidad a sus ideas. Y La metamorfosis es también un inventario táctico, un perfecto manual para los entrenadores. Perarnau realiza un profundo trabajo de investigación, que enriquece con detalles de la vida cotidiana, con confidencias de ascensor y grandes testimonios de los personajes que rodean a Guardiola. Manel Estiarte, Paco Seirulo y Juanma Lillo dan voz a los conceptos de Pep, describen sus contradicciones, sus fórmulas de pensamiento y analizan las dificultades del deporte de élite.

Perarnau detalla también su relación con algunos de los personajes más importantes de su etapa en el Bayern. Guardiola es consciente de que “los jugadores son sus mejores aliados”. Algunos, como Philipp Lahm, Manuel Neuer o Xabi Alonso han sido los grandes defensores de su dialecto. David Alaba fue el intérprete de las variantes tácticas de Guardiola. Joshua Kimmich fue el gran descubrimiento: empezó siendo el chico de los recados y se convirtió en un comodín imprescindible. Su complicidad con Kimmich revela algunos detalles de humanidad del técnico catalán: la armonía entre dos tipos que de algún modo se parecen, que coinciden en su capacidad para entender el juego y adaptarse a situaciones inesperadas. Quizá con Kimmich se ven los rasgos de paternalismo de un técnico al que le cuesta expresarse ante los medios, pero que sabe proteger a sus jugadores. Uno de los pasajes más interesantes del libro es el relato de su sintonía con Tomas Tuchel, sus charlas tácticas en el Schummann´s Bar. En ellas se descubre a dos tipos que se analizan, que se ponen ante un espejo, que encuentran fórmulas de mejora y que poseen argumentos similares. Tuchel, a pesar de entrenar al gran rival del Bayern, es un admirador declarado de Guardiola y quizá el mejor testigo de sus ideas.

Perarnau narra algunas de las grandes derrotas de Pep: las tres eliminaciones consecutivas en semifinales de Champions, los conflictos con el cuerpo médico o la decepción que significaron futbolistas a los que no ha sabido convencer (Ribery, Mandzukic) o que simplemente no dieron todo lo que se esperaba de ellos (Götze, Thiago). Decía Cruyff que “las leyendas también pueden alimentarse de una derrota”. Y el libro insinúa que quizá la leyenda de Guardiola parta de su fracaso en la Champions League con el Bayern Múnich. La prensa ha calificado los años de Guardiola en Múnich como una “sinfonía inacabada”. Es probable que esa obra sin terminar sea parte del encanto de su biografía, un estímulo para la mejora. A veces, las victorias morales son casi tan importantes como los títulos. Y el mayor triunfo de Guardiola reside en el legado de los jugadores, en el cambio de paradigma del fútbol alemán, en el testimonio de una afición que ha modelado su gusto casi al mismo tiempo que Pep.

Quizá la metamorfosis de Guardiola pase por la negación de los dogmas que siempre le han acompañado. Por la búsqueda de nuevos registros, por triunfos conseguidos a través de diversas variantes de juego. Por victorias escuetas, en las que no sea fiel a sus principios. Con toda seguridad, Guardiola mostrará cierta insatisfacción hasta en los momentos de mayor lucidez. Siempre encontrará puntos para sentirse descontento, matices en los que sus equipos deben evolucionar. Perarnau lo resume con una frase que combina la belleza y la sencillez: “su partido perfecto siempre está por jugarse”.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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