Casemiro y el miedo al amarillo

casemiro

El Real Madrid ha encadenado tres empates consecutivos en los últimos días. La casualidad ha querido que sea ante equipos que visten de amarillo (Villarreal, Las Palmas, Dortmund). Según eso, la superstición juega a favor del equipo de Zidane: no hay tantos equipos que utilicen ese color a lo largo de la temporada. Si se analizan en profundidad esos empates, sí que se encuentra una causa común y hasta cierto punto preocupante: los tres han llegado en el periodo de ausencia de Casemiro, que estará de baja al menos dos semanas más. El brasileño es uno de esos futbolistas que mejoran al colectivo, por su inteligencia táctica, su sentido de la ubicación y su facilidad para recuperar. En una plantilla que vale al menos 500 millones de euros, un tipo corriente y hasta cierto punto secundario adquiere una importancia vital. Casemiro es un especialista: actúa de coche escoba o de centinela y apenas arriesga, pero hace de la sencillez su mejor virtud. En la plantilla no hay un recambio específico para su posición. Al equipo de Zidane le sobran los futbolistas creativos: Kroos y Modric partían desde el enganche en sus orígenes y James, Isco y Asensio[1] se pelean por el puesto que queda bacante en la mediapunta. En un grupo lleno de jugadores especiales, Casemiro representa el valor esencial de los modestos. En el fondo, es él quien está fuera de la norma.

En noviembre de 2015, el Madrid perdió 0-4 frente al Barcelona en el Bernabéu. Aquella derrota supuso, a la larga, la destitución de Rafa Benítez. En la alineación no figuraba Casemiro, que era del gusto de su técnico y que, en el fondo, no convencía al público más exquisito de Chamartín. Este sector recordaba que el mejor fútbol ofrecido por el Madrid en años llegó de la mano de cuatro mediocampistas con voluntad ofensiva: Modric, Kroos, James e Isco. Benítez optó aquella tarde por una alineación que seguía la línea marcada por el presidente y que buscaba la reconciliación con su público. El resultado y la superioridad del Barcelona mostraron que Benítez debió haber seguido sus principios. En el vestuario visitante, donde disfrutaban con euforia y cierta soberbia de la victoria, se escuchó una frase que adquirió la fuerza de un epitafio: “Si sacan a Casemiro, igual no les metemos cuatro”.

Cuando llegó al banquillo, Zidane mostró la inteligencia necesaria para valorar una idea de su predecesor. Y la valentía que se necesita para ponerla en práctica en las citas más importantes. Casemiro se convirtió en la pared maestra del Madrid. Zidane usó con frecuencia a Lucas Vázquez, también del gusto de Benítez y al que, por supuesto, nunca se atrevió a poner. El resultado de la temporada, que se cerró con la Undécima, dejó en buen lugar a Zidane y a Casemiro, una especie de Mauro Silva moderno [2]. Al brasileño se le valora ahora más que nunca en el Bernabéu. Sobre todo porque los números justifican su apuesta. Casemiro solo ha perdido un partido desde que el técnico francés sustituyó a Benítez y ha logrado 19 victorias y un empate en 21 partidos. Sin el brasileño, el Madrid ha cedido cinco empates y una derrota en 14 encuentros.

Frente al Eibar, el Madrid desea firmar una victoria cómoda para escapar de las dudas. Algunos de los que temen por el resultado se preocupan porque el segundo uniforme del Eibar es amarillo. Otros miran hacia la enfermería, donde está Casemiro y acaba de llegar Modric, quizá el futbolista más importante del equipo. La declaración de Mendilibar, el técnico del Eibar, se ajusta más a la lógica:

“He jugado allí muchas veces y nunca he ganado. Ir de amarillo tampoco nos ha ido bien (…) Jugar en el Bernabéu es diferente. Vas con intención de dar la cara y te la pueden partir”.

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[1] El mejor de los tres es el más barato (Asensio), pero su juventud y su bajo contrato le restan posibilidades frente a sus compañeros. A ellos les protege la inversión realizada y el gusto del presidente (James) o del público (Isco). A nadie le alarmó la ausencia de Asensio ante el Dortmund, después de haber marcado frente a Las Palmas.

[2]  Casemiro es de la estirpe de Mauro Silva, aunque posee defectos y virtudes propias del fútbol actual. Tiene más recorrido en carrera y mayor potencia en el cuerpo a cuerpo, pero no es capaz de darle al balón con la suavidad y precisión de Mauro.

(*) Casemiro, por cierto, brilló en la vuelta ante el Barcelona, en un partido en el que el equipo blanco tomó el Camp Nou (1-2). Se interpretó como una venganza del 0-4 de la ida y nadie disfrutó tanto de la victoria como el brasileño.

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