El milagro de los capitanes y otras excentricidades

Antón Castro / La química del gol

Durante un mes la Eurocopa ha propiciado hechos extraordinarios como los éxitos de Gales e Islandia, las actuaciones imponentes de Bale o Hazard y la eficiencia de clásicos como Buffon.

Portugal's Cristiano Ronaldo, left, comforts Wales' Gareth Bale after Portugal won 2-0 during the Euro 2016 semifinal soccer match between Portugal and Wales, at the Grand Stade in Decines-­Charpieu, near Lyon, France, Wednesday, July 6, 2016. (AP Photo/Michael Sohn)

.Hasta aquí el fútbol  algo pálido de Europa: solo queda el partido decisivo que enfrentará mañana a dos rivales que saben lo que es jugar finales. Portugal, tercera con Eusebio en el Mundial de 1966, ha sido semifinalista en las Eurocopas de 1984, 2000 y 2012, y finalista en su propia casa en 2004, justo cuando Cristiano Ronaldo tenía 19 años y ya poseía un prodigioso salto de cabeza. Francia ganó en 1984 y en 2000 y logró el campeonato del mundo en 1998, bajo la dirección de Zidane. Por el camino se han quedado equipos simpáticos, otros que han decepcionado, momentos inolvidables y un puñado de futbolistas que oyen numerosos cantos de sirena. De todo ello hablamos en este inventario un poco azaroso.

Buffon. Sin duda uno de los grandes porteros del torneo. Y un tipo discreto y elegante: en sus amores, en sus afectos (por ejemplo, el cariño hacia Iker Casillas) y en sus convicciones religiosas. Felip Vivanco, uno de los mejores cronistas elípticos del torneo desde ‘La Vanguardia’, recuerda que es un hombre religioso que acude a misa los domingos. Quizá crea en los milagros: su Dios no ayudó a Italia a clasificarse pero sí lo ayuda a él a ser el mejor cancerbero en disputa con Neuer y Lloris, otro tipo discreto que también es capitán y que parece abonado a lo sobrenatural, le sacó una mano a Kimmich que fue decisiva. Ni es Batt, ni Barthez, ni Lama, ni falte que le hace. Es bueno, clásico y sereno sin ostentación.

Bale. El emblema de Gales, otro hombre para un tumulto: el cabeceador, el pateador incansable, el bombardero de las lejanías. El velocista incansable al que a veces le falta otear el horizonte y darse cuenta de que el fútbol exige pausa, cabeza erguida, partitura de grupo, solidaridad esencial. Aquí también fue ese jugador ambicioso y otro (tan distinto al del Real Madrid: un extranjero lejos de casa) que ha realizado una espléndida Eurocopa. Con los dragones rojos, ayudado por Ramsey y Robson-Kanu, su abrelatas particular, ha dado una lección de fe, de ilusión, de peligro y de liderazgo.

André Gomes. Toda Europa lo pretende, incluso el mismo Barcelona. El portugués tiene 22 años y ya había llamado la atención en Valencia. Aquí ha perdido la titularidad, pero ha dejado detalles: en esto del fútbol a veces se paga no por lo que es un jugador o por lo que hace, sino porque lo que se barrunta que podría llegar a hacer. Es su caso.

Hazard. Empezó casi renqueante, desdibujado, y acabó como nadie: marcó el gol del campeonato, o uno de ellos, y dejó para el recuerdo una actuación memorable, que hace pensar en las prodigiosas tardes de Maradona, Messi o Platini. Impresionante. Antonio Conte tiene un joya en el Chelsea al que solo le falta un poco más de constancia y algo menos de frivolidad.

Islandia. El equipo de los mil oficios. El bloque de los parias que demuestran que el fútbol es un entretenimiento coral con claves sencillas y de resultados inciertos. Despertaron a su país y provocaron oleadas de entusiasmo, tantas que colocaron al 99.88 % de sus paisanos ante el televisor. Todos hemos sido vikingos. Ellos, como los irlandeses o los galeses, han creado un ritual de identidad y fanatismo controlado. El fútbol, a veces, es sinónimo de felicidad y de pura alegría de ser y vivir.

Kimmich. Fue un recurso contra Italia para la defensa de cinco de Joachim Low. Dicen que Guardiola lo convirtió en su campo de pruebas y lo moldeó a su gusto: ha sido lateral, central y medio centro. Ayer falló en uno de los tantos y remató en varias ocasiones, con la cabeza y con el pie.  Soñó el gol. Su destino se ha abonado a la incertidumbre.

Müller. Es un tipo extraño: protestón, fullero, acusicas y errático. Es capaz de pasar inadvertido, de fallar más allá de lo posible y lo imaginable, y a la vez puede reventar un partido. Lo suele hacer en los mundiales, a lo Joaquín Murillo, ‘el Pulpo’. Recuerda a Julio Salinas o Delvecchio. En la Eurocopa se reveló otra de sus condiciones: está gafado y ni asiste, ni resiste, ni marca, ni siquiera a puerta vacía. Rivalizó con él, en tristeza y languidez, el irreconocible Götze. ¿Qué se hizo, Pep Guardiola, de aquel alemán de seda y música que parecía el hermano de Andrés Iniesta?

Pepe. El mejor defensa del torneo, acaso con el italiano Leonardo Bonucci, devoto de Santa Rosa. Expeditivo, concentrado, rápido y con ascendencia sobre sus compañeros. Un valladar de antaño que tumba delanteros de hogaño. Portugal no lo echó en falta ante Gales: ahí le suplió Bruno Alves, 33 años, de la estirpe de los rabiosos. Un doble contundente de Pepe, algo más desvanecido.

Renato Sanches. Otro de los misterios de Portugal. Muchos se plantean si tiene 18 años tan solo. Otros dicen que es un poco atolondrado, pero también dinámico, pasional, con la vehemencia del que aspira a ser ciclón. Casi nunca hace lo que debe, y de su osadía o inconformismo nacen sus mejores minutos. Corre como el guepardo y le gustan los desafíos: entrar por la banda como si fuera Garrincha o Best. Sin aquel gambeteo y otros pelos, eso sí.

Fernando Santos. El entrenador de Portugal -reservado, de carácter fuerte y filósofo de la mentalidad- inició su tarea hace dos años, dio un paso al frente y dijo: «Creed en mí, llegaremos a la final». Y ahí está Portugal. El francés Didier Deschamps, que se llevó el susto de su vida ante la brillante Alemania de la primera parte, sabe que se enfrenta a un hueso: Portugal jugará a cara de perro, con un excitado Cristiano Ronaldo y con este Santos obsesivo que habrá estudiado todos los movimientos de los galos.

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(*) Este artículo se publicó en Heraldo de Aragón el sábado 9 de julio de 2016.
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