Chile vuelve a ser campeón de América

chile campeónd e america

El equipo de Juan Antonio Pizzi logró el segundo título consecutivo, de nuevo en la tanda de penaltis. Esta vez falló Messi su lanzamiento, que hubiese puesto a Argentina en ventaja, tras la parada de Romero a Vidal. Su llanto en los banquillos refleja el sufrimiento de una selección, de nuevo derrotada en una final. Francisco Silva, un mediocampista trabajador, fue el encargado de culminar el sueño de Chile, que vive el mejor momento de toda su historia deportiva. El error de Biglia en su lanzamiento, tras una gran estirada de Claudio Bravo, decantó la final hacia el lado chileno.

Fue una final cerrada, plagada de enfrentamientos, de choques y de tanteo táctico. Solo hubo lugar para la inspiración en botas de Messi, frenado a base de faltas por los chilenos. Pero está lejos de ser un consuelo para el 10, que recordará eternamente el balón que envió al cielo de New Jersey. Argentina volvió a ser un equipo conservador, que despreció el esférico con frecuencia. Sin plan de juego, se apoyó en el acierto de sus centrales y esperó un milagro de Leo. Chile propuso más en un duelo igualado, en el que apenas hubo ocasiones. Argentina contabilizó dos realmente claras: un mano a mano que desaprovechó Higuaín (como suele ocurrir en las grandes ocasiones) y un cabezazo de Agüero que despejó Bravo sobre la línea. La intervención del meta chileno en la prórroga fue tan importante como su parada a Biglia en el cuarto penalti argentino. Chile pudo marcar en un remate de Vargas, que blocó Romero.

El árbitro buscó su cuota de protagonismo en el partido, con un carrusel de gestos y de decisiones controvertidas. En el primer tiempo expulsó de manera rigurosa a Marcelo Díaz y a Marcos Rojo (al mediocampista chileno tras hacer dos faltas a Messi y al lateral argentino por una entrada imprudente sobre Aránguiz). Su constante sobreactuación desesperó a los dos equipos más que sus errores en la interpretación del juego.

Más allá de eso, ni Chile puede achacar la victoria a la actuación del árbitro ni Argentina puede responsabilizar al colegiado de su derrota. Fueron de nuevo los penaltis, como ocurrió hace un año en el Estadio Nacional, los que decidieron el campeón. La tanda volvió a premiar a una selección que juega al fútbol sin complejos. Y fue de nuevo cruel con la Argentina de Messi, que no encuentra remedio para su maldición. La albiceleste parece víctima de un conjuro, de la fatalidad y de una tradición que abruma más que ayuda. Tampoco beneficia que el plan de juego de las finales sea siempre diferente al que les lleva a disputar los títulos. Todo lo contrario ocurre con Chile, que juega al fútbol con sacrificio y corazón, sin importar el rival. Jamás traiciona su identidad. No parece una casualidad, sino un ejercicio de coherencia. No en vano, con ese fútbol intuitivo y valiente ha conseguido prolongar su reinado en América.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s