LA ÚLTIMA BALA

floren y zizou

Como suele suceder en los años de Florentino, el Madrid solo conserva opciones reales en Europa. A pesar de sus dos buenas victorias frente al Levante y Celta, el equipo de Zidane se dejó media liga en el derbi ante el Atlético y la copa se perdió por la alineación indebida de Cheryshev en Cádiz. Ahora, todas las ilusiones están puestas en la lucha por la Champions, su competición predilecta.

La victoria en Roma le sitúa en una posición favorable para llegar a los cuartos de final, a la espera de lo que suceda en el duelo de esta noche en el Bernabéu [1]. Lo que ocurre es que el camino hasta Milán propone grandes obstáculos, en los que intervienen el azar y el cuidado de los detalles. Hipotecar el futuro de una temporada en una sola competición siempre es una apuesta arriesgada, más allá de que al Madrid le haya salido bien en alguna de las últimas copas de Europa que ha ganado. La situación que vive el equipo es el reflejo de la caprichosa gestión de Florentino, amante del éxito inmediato. Ninguna competición ofrece mayor prestigio que la Champions y el título alargaría el crédito de un presidente que ya ha escuchado la protesta del Bernabéu. La liga, sin embargo, sigue dando la espalda a Florentino, que solo ha podido levantar una de las últimas siete ediciones (va camino de la octava).

La competición doméstica es el premio a la regularidad y la paciencia; aspectos prescindibles en las producciones de Florentino. Ni siquiera Del Bosque o Ancelotti, que lograron las últimas tres Champions del Madrid, consiguieron prolongar su contrato en el Bernabéu. El siguiente en la rueda de entrenadores fue Benítez que, por méritos propios y extraños, tuvo en contra a todos los elementos. Tras su destitución, Florentino se aferra a Zidane, quizá el mejor representante de su mandato. Zizou simboliza los mejores años del Madrid reciente: una volea para la historia en Glasgow y un fútbol elegante y plástico, concebido a cámara lenta. Pero el francés no es el mejor escudo para Florentino. Su llegada puede parecer precipitada: al técnico no se le intuyen grandes defectos, pero su elección se ha producido en un momento delicado, casi como una medida de salvación. Además, en caso de que no se alcance el objetivo, para la afición siempre será más fácil señalar al presidente o a los jugadores que al penúltimo gran mito del madridismo.

En un club tan extremista como el Madrid, ni siquiera Cristiano Ronaldo se libra del ojo crítico del Bernabéu. El pasado sábado fue pitado en la jugada que precedió a su primer gol. 28 minutos más tarde, había completado un póker con sabor a revancha. Sus cuatro goles fueron un muestrario de sus cualidades: potencia en el disparo, velocidad en carrera y, por encima de todo, instinto asesino. Ha marcado 352 goles en las siete ligas que ha disputado, pero eso no le garantiza ningún tipo de inmunidad ante su público. No deja de ser una temeridad silbar a Cristiano, por mucho que su aportación disminuya notablemente en los partidos importantes. En este Madrid imprevisible y lleno de contradicciones, una de las pocas certezas que hay es que Ronaldo seguirá marcando goles.

Los equipos se miden en función de su capacidad de reacción en las situaciones adversas y el Madrid apela a la unión para poder aspirar al título europeo. Para recibir a la Roma ya contará con Marcelo y Bale, dos de las piezas más importantes del equipo. También regresarán Modric y Kroos a la dirección del juego, ausentes el pasado sábado frente al Celta. La recuperación de los lesionados alimenta el buen ánimo de Zidane, que sabe de la mentalidad del Madrid, un club acostumbrado a rehacer temporadas que parecían perdidas.

El encuentro ante la Roma servirá para calibrar el momento de un equipo que está entre los grandes candidatos. La eliminatoria no parece peligrar, entre otras cosas porque es bastante improbable que el Madrid no marque en su estadio (lo que obligaría a que la Roma tuviera que marcar tres goles). Aunque la máxima competición continental exige seriedad hasta en los partidos que invitan a la relajación. El mejor ejemplo es la eliminatoria frente al Schalke de la pasada temporada, en la que el conjunto minero estuvo cerca de remontar el mismo resultado que el Madrid trajo del Estadio Olímpico (0-2). 

Si la Champions es la última bala para el Madrid y Florentino, también lo es para la Roma, que ya ha perdido la pista de la Juventus y el Nápoles en liga. Luciano Spalletti, el técnico de los romanos, considera que la dificultad ha de incentivar a sus jugadores: “lo que le pido a mi equipo es lo imposible”.

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Foto: 20minutos.

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[1] Con la tranquilidad que le otorga el resultado en Roma, el Bernabéu tendrá tiempo de aplaudir a Totti, uno de los pocos jugadores que fue capaz de seducir al público llevando otra camiseta. La intervención del presidente James Pallotta ha aliviado su conflicto con Spalletti y no se descarta que el último gran diez italiano juegue unos minutos. Que pudiera despedirse del Bernabéu sería una gran noticia para el fútbol y para la Roma.

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