LA PROPUESTA DE ARSÈNE WENGER

arsene wenger young

“Entrenar es una historia de amor con un club; tienes que esperar que dure para siempre y también aceptar que podría acabarse mañana”.

Cuando Arsene Wenger pronunció esta frase era difícil imaginar que su matrimonio con el Arsenal sería tan longevo. Lleva casi veinte años al frente del los gunners y es el técnico más laureado de su historia. Ha logrado cambiar la mentalidad del club y su equipo abraza ahora un juego ofensivo, en el que priman la inspiración y los buenos modos. Nada que ver con el Arsenal que retrata Nick Hornby en Fiebre en las gradas, que proponía un fútbol rácano, en el que con suerte se ganaba por la mínima. El Arsenal se ha desligado de esa tradición, vinculada a un fútbol más primitivo y a la violencia en los estadios. Seguramente, ahora es el mejor ejemplo del passing game en Inglaterra. Nadie ha practicado un juego tan vistoso como el equipo de Wenger en los últimos diez años. Pero con un poderoso inconveniente: en estas últimas doce temporadas, nunca ha ganado la Premier League. A pesar de que ha llenado su vitrina con dos FA Cup y dos Community Shield, el Arsenal sigue en busca de los grandes trofeos. No hay nada que perturbe más a Wenger, que se enfrentará esta noche al Barcelona, su mejor antídoto en Europa. El equipo catalán le venció la final de 2006 en París y le derrotó en dos eliminatorias consecutivas, en 2011 y 2012.

Wenger llegó en 1996 al Arsenal, después de haber entrenado al Mónaco y de haber vivido una corta aventura en China. La elección llegó a sorprender en sus inicios: parecía un técnico extraño en los banquillos de la Premier. Tenía aspecto de intelectual, le interesaban la política y la historia y no hablaba inglés con demasiada fluidez. De él se sabía que era un gran formador de futbolistas. Wenger podía presumir de haber descubierto a Weah, a Petit o a Henry. Cuando llegó al club, Ian Wright formó con Dennis Bergkamp una de esas delanteras que hacen factibles los sueños. El Arsenal conquistó la Premier League en el segundo año de Wenger. El técnico supo mezclar jugadores de mucho peso en el club como Seaman, Adams o Dixon con algunas de sus primeras apuestas personales. Recomendó el fichaje de Vieira y escogió a Petit y a Overmars. Pero la gran obsesión de Wenger siempre ha sido la renovación constante de sus equipos, una filosofía que ha perdurado más allá de las victorias o las derrotas: “Nosotros no compramos superestrellas. Nosotros las hacemos”.

Thierry Henry, monarca en Highbury. 

WENGER Y HENRY

En 1999 la contratación de un futbolista de ataque se había convertido en una cuestión prioritaria. Ian Wright había dejado el equipo tras conquistar la liga, condicionado por la aparición de un joven de 17 años: Nicolas Anelka. La irrupción del delantero francés llamó la atención del Real Madrid un año más tarde. Para suplirlo, Wenger recurrió a un futbolista elegante, veloz y espigado: Thierry Henry. Cuando Titi llegó al equipo, procedente de una aventura infeliz en Turín, nadie imaginaba que Wenger había encontrado a la pieza clave de su proyecto. Los mejores años de la historia del Arsenal coincidieron con la explosión de Henry, que batió todos los registros del club (237 goles en 380 partidos). El mejor Arsenal de Wenger sabía aprovechar el recorrido de Vieira, la solidez defensiva de Adams y Campbell, el despliegue de Petit, Ljungberg o Pirés, el talento de Bergkamp y la velocidad de Henry. Aquella plantilla conquistó dos ligas, en 2002 y 2004[1], con un fútbol preciso y veloz, que combinaba la verticalidad y la finura. Nadie refleja esas cualidades como Henry, el indiscutible rey de Highbury.

Wenger se mantuvo fiel a su filosofía y en los siguientes años apostó por jóvenes talentos. A pesar de sus hallazgos, el Arsenal inició una travesía de muchos años de decepciones. Las jóvenes promesas no pudieron revalidar los títulos de su anterior generación, aunque vivieron una bonita historia en Europa. El Arsenal disputó la final de Champions en 2006 frente al Barça de Rikjaard. Era un equipo construido alrededor de Henry. El francés jugó una final espléndida: dejó siempre atrás a Puyol y Márquez  y disfrutó de las mejores ocasiones. Pero no pudo batir a Valdés, que se convirtió en un héroe inesperado. El Arsenal acabó derrotado, tras el empate de Eto´o y el gol final de Belletti. Después de una temporada de transición, Henry abandonó el Arsenal y fichó por el Barcelona. Allí logró el título que tanto había buscado: la Champions League. Curiosamente, el mejor representante del fútbol de Wenger tuvo que abandonar el club de su vida para levantar el título que se le escapó en París.

La última década

cesc y wenger

El Arsenal abandonó Highbury y se instaló en un estadio nuevo: el Emirates Stadium. El lujoso recinto se adapta mejor al juego que propone ahora el Arsenal, pero no tiene la magia de su predecesor. Durante algún tiempo, condicionó el futuro del club, pero Wenger lo consideró una ventaja. Siempre ha sentido predilección por futbolistas finos, aunque propensos a la melancolía. Quizá por eso ante las dificultades económicas, Wenger se atrevía a dar vuelo a futbolistas en los que nadie había creído. Si no podía competir en inversiones con los equipos de Manchester o el Chelsea, el técnico recurría al ingenio y a la valentía:

“Los jugadores jóvenes necesitan la libertad de expresión para desarrollarse como jugadores creativos… se les debe animar a probar sus habilidades sin miedo al fracaso”. 

Wenger ha sido capaz de mejorar la historia del Arsenal: ha innovado en la planificación de entrenamientos, logró implantar la figura del nutricionista y ha formado a futbolistas de gran proyección. El equipo ha sabido reciclarse y esta temporada aspira a la Premier y quiere medirse en Champions. Ahora, el saneamiento de las cuentas ha permitido la inversión en dos grandes futbolistas, como Mesut Özil y Alexis Sánchez, que deben ser vitales frente al Barcelona.

A Wenger le persigue cierta fama de perdedor desde que Mourinho le definió como un “especialista en fracasos”. Parece improbable que el portugués pudiese aguantar tantos años en un mismo club, pues solo entiende el fútbol como una fórmula relacionada con el éxito inmediato. Wenger cultiva las formas en busca de un crecimiento prolongado. A pesar de que lleva años sin obtener grandes resultados, su propuesta sigue siendo un ejercicio de sensatez en un deporte que vive por encima de sus posibilidades. Wenger, a diferencia de la mayoría de los técnicos, no entiende el fútbol como un negocio de consumo rápido. Quizá por ello, merece más que nadie un título que premie su labor al frente del Arsenal.

“Por interés de nuestra estabilidad financiera y nuestra independencia nos basamos en un modelo sostenible. Creo firmemente que es la mejor opción para conseguir un éxito deportivo duradero”.

Una vez más, el Barcelona vuelve a medir las ilusiones de los gunners. Será una bonita prueba para Wenger, el fiel ideólogo del Arsenal.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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[1] En la temporada 2003/ 2004 el Arsenal firmó el mejor año de su historia. Fue la última liga de Wenger. Conquistó el título con once puntos de ventaja sobre el Chelsea y cerró la competición sin haber sido derrotado.

[2] En la lista de los descubrimientos de Wenger hay futbolistas de gran prestigio: Henry, Weah, Cesc Fábregas,Petit, Anelka, Walcott, Wilshere, Ramshey, Chamberlain o Gibbs.

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