BENÍTEZ Y LA SOMBRA DE ANCELOTTI

Rafael-Benitez

Benítez nunca ha escondido su preocupación por hacer del Madrid un equipo más sólido y compacto. De hecho, su fama de entrenador táctico y meticuloso le situó por encima de otros pretendientes. Florentino Pérez apostó por un técnico que se formó en el club y que concedía gran importancia a la preparación de los partidos. Su elección contrasta con la de 2013, cuando prefirió un perfil de entrenador algo distinto. En Ancelotti encontró a un técnico con mano izquierda, capaz de pacificar el club tras la salida de Mourinho y de gestionar un vestuario lleno de estrellas. De la mano del italiano llegó la décima, un deseo que se había tornado en obsesión.  Pero tras finalizar el año siguiente sin títulos, Florentino Pérez decidió despedir a Ancelotti. Y esta vez rastreó el mercado en busca de un técnico que convirtiese los defectos del italiano en sus grandes virtudes. Si algo se le cuestionó a Ancelotti fueron sus métodos de entrenamiento, la falta de preparación física del equipo y las lagunas en fase defensiva. Precisamente, en esos conceptos destaca Benítez, que ha logrado que su Madrid sea un equipo difícil de batir, una receta innegociable para optar a los títulos. Nada más pisar el Bernabéu, el técnico madrileño resumió sus intenciones: “Quiero que el equipo siga atacando igual de bien, pero que defienda un poquito mejor”.

En el pasado derbi ante el Atlético, el Real Madrid irrumpió con seriedad y solvencia. Se adueñó del balón y consiguió ponerse por delante en el marcador, tras un bonito remate de Benzema. Durante algunos minutos, el Madrid pareció tener al Atlético en su poder. Pero renunció a buscar el segundo gol y su rival empezó a creer en el empate. Si en el primer tiempo los grandes protagonistas blancos fueron Benzema y Modric, en el segundo acto destacaron Casemiro y Keylor Navas. El Atlético adelantó sus líneas y arrinconó al equipo de Benítez. A falta de diez minutos, los de Simeone consiguieron el empate. Jackson apuró su carrera en la banda y Vietto definió a puerta vacía, después de resolver la disputa entre Griezmann y Keylor Navas. En los minutos finales, la inercia de la remontada favoreció al Atlético. El Real Madrid dio por válido el empate y salvó un punto en el disparo final de Jackson. En esa jugada volvió a volar Keylor, que ya había detenido un penalti en el primer tiempo. Tras el partido, la prensa criticó el planteamiento de Benítez, un estratega al que le faltó ambición en el Calderón.

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Si algo se le puede cuestionar a Benítez en sus primeros meses es que, a base de utilizar un discurso alejado del de Ancelotti, ha prescindido de los aciertos de su predecesor. Ha construido un equipo más estable, pero que hasta ahora no ha mostrado la misma facilidad para la invención. El cuadro de Ancelotti se exponía en los partidos, se partía con facilidad y dejaba huecos en su defensa. Sin embargo, poseía una pegada demoledora, que le sitúa como vencedor en el intercambio de golpes. El Madrid de esta temporada sólo ha mostrado esa capacidad en dos partidos que se pusieron a favor muy pronto, frente al Betis de Pepe Mel y al Espanyol de Sergio González. Ha perdido también algo de vértigo en sus transiciones, un recurso que ha perfeccionado el Madrid en la última década. Todo a cambio de ser un equipo fiable, que sólo ha recibido dos tantos en lo que va de temporada y que permanece invicto en todas las competiciones. Una mejoría que no deja de ser algo engañosa, pues en el equipo actual Keylor Navas ha tenido demasiado protagonismo. Benítez tampoco ha mostrado el mismo tono conciliador de Ancelotti ante la prensa y ha señalado los errores de alguno de sus futbolistas. Una temeridad en un vestuario hipersensible, acostumbrado a que el entrenador responda por los jugadores en público.

Benítez presume de ser un enfermo del fútbol. Encerrado en su despacho de Valdebebas, trata de limar cada detalle de los partidos y no le importa irse pasada la medianoche. Estudia las variantes del rival, plantea soluciones para su equipo y se preocupa especialmente del repliegue de sus delanteros. Nada parece obsesionarle tanto como el rigor táctico. Considera que los goles de Cristiano, la zancada de Bale o la finta de Isco no son elementos que pueda controlar. Su virtud, la misma que le llevó al banquillo del Bernabéu, es la de dotar al equipo de seguridad defensiva.

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Benítez cree que la protección es la mejor forma de evitar riesgos. Quizá olvida que el gran partido de su carrera fue una final de Champions en Estambul, en la que todo se puso en contra muy pronto. Al llegar al descanso, su Liverpool perdía 3-0 ante el Milán de Ancelotti. En ese momento, Benítez decidió arriesgar como nunca antes lo había hecho. Su equipo evitó cualquier forma de precaución y se dejó llevar por la épica. Llegaron los goles de Gerrard, Smicer y Alonso y el partido se decidió en los penaltis, otra suerte difícil de controlar. El Liverpool ganó entonces una de las mejores finales de los últimos años, un partido que no se ajustó al plan trazado por Benítez.

Dos años más tarde, en Atenas, Ancelotti y Benítez se volvieron a ver las caras en una final de Champions. Esta vez, el partido fue un duelo directo entre los entrenadores. Mascherano, al que se tenía por una prolongación de Benítez en el campo, realizó un estupendo marcaje sobre Kaká, el mejor jugador del momento. Sin embargo, en un tramo en el que todo parecía bajo control, Inzaghi desvió a gol una falta de Pirlo. El Liverpool llegó con frecuencia a la portería rival, pero no pudo batir a Dida. Y en los últimos minutos, cuando estaba más cerca el empate que el segundo gol del Milán, Kaká se deshizo de Mascherano y encontró a Inzaghi. El delantero italiano batió a Reina y el Milán de Ancelotti se vengó de la final perdida. Esta vez, el encuentro siguió los pronósticos de Benítez, pero a su equipo le faltó la rebeldía que sí tuvo en Estambul. En una entrevista, el técnico madrileño sugirió que habían hecho un partido más inteligente en la final que perdieron. El duelo de Estambul se ajustó a la mentalidad ofensiva de Ancelotti y el de Atenas respondió al cálculo de Benítez, aunque eso no les garantizara la victoria a ninguno de los dos.

De esas dos finales, Benítez pudo haber extraído una lección: el fútbol es un juego imperfecto, que se alimenta del azar y la valentía. Asumir riesgos sigue siendo una fórmula más cercana a las victorias que la contención. Entre las fábulas que cuenta a la prensa, Benítez debería incluir una frase de Patrick Crerand, integrante del Manchester United de Matt Busby:

“Si algún día las tácticas alcanzan la perfección, el resultado será 0-0. Y no habrá allí nadie para verlo”.

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Jorge Rodríguez Gascón

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Foto1: caughtofside.com. Foto 2: thesirenssong.com. Foto 3: telegraph.co.uk

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