CANTERA DE CAMPEONES

Regate en el aire / Antón Castro

zara

El Real Zaragoza de este año ha sido un quiero y no puedo, pasó del sueño al desconcierto, rozó la agonía en busca de un sexto puesto y luego rondó el milagro. Vivió un espejismo inesperado: habría sido maravilloso para todos que subiese a Primera, donde tiene que estar. La nueva campaña ya se presenta como un nuevo desafío, otra batalla del ser y no ser en la que lleva inmerso el club casi una década. Cerrar la plantilla será toda una odisea y un ejercicio de funambulismo. Quizá debiera, además de solucionar este asunto nuclear sometido al tope salarial, iniciar una nueva política de cantera; en los tiempos que vivimos y en los que viviremos, no habrá otra. Al fútbol se le ha consentido lo que a ningún colectivo social, y en él han anidado distintas formas de corrupción y envilecimiento. El RZ tiene que apostar –si fuera para siempre mejor; si no, a medio y largo plazo- por generar jugadores, por la sensatez, que aquí es osadía, por desarrollar una poética de buen fútbol que es la que han tenido los grandes conjuntos –los Magníficos, los Zaraguayos, los de la Recopa, los de la Copa del Rey y Supercopa…- y educar a sus jugadores en una opción moderna, crear buenas estructuras, transmitir la idea de que se trabaja para formar un equipo de máxima categoría y cuidar todos los detalles. Es necesario un buen coordinador general, o varios, entrenadores de categorías inferiores que asimilen, y definan, lo que se quiera hacer. Es necesario crear un modelo de convivencia, de respeto, de cariño a los colores y a la historia, crear fórmulas de ambición, paciencia activa, competitividad, exigencia y confianza. Las categorías inferiores serán la llave el primer equipo, que se completará con otros fichajes. Será necesario que la afición –tan apasionada e individualista, como dice el forofo José Luis Melero, tan necesitada de referentes propios y a la vez tan reticente a creer en ellos- eche una mano definitiva. Todo debe empezar por fundar una cantera de campeones y creer en ella ciegamente: mimarla, exigirle, darle paso. Atreverse. Es la llave del futuro: de una empresa coherente y de un juego reconocible, el nuestro.

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