CHILE, NERUDA Y EL ESTADIO NACIONAL

11303903_466711533504776_350454532_o_816x544 En los últimos días de vida de Pablo Neruda, su esposa quiso evitar que el poeta más universal de Chile se enterara de la situación de su país. El 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet dio un golpe de estado, bombardeó el Palacio de la Moneda y derrocó al presidente del Gobierno: Salvador Allende, que dio su vida por la democracia[1]. Con el apoyo del ejército, Pinochet instauró una dictadura militar que se mantuvo en el poder hasta 1990. Durante dos largos meses, el Estadio Nacional de Chile se convirtió en un centro de detención y de tortura. Los partidarios de Allende se amontonaban en los vestuarios, a la espera de ser interrogados, bajo el ruido constante de las ejecuciones. La Cruz Roja Internacional estimó que en el Estadio Nacional se realizaron 7000 detenciones y más de 400 personas fueron ejecutadas. En los primeros días del golpe, el ejército de Pinochet situaba a los presos en las gradas. Ante ellos estaba Juan Muñoz Alarcón, que había militado en el Partido Socialista. Siempre protegido por una capucha, Muñoz Alarcón recorría la línea de fondo y señalaba a los que habían sido sus compañeros de partido, afines al gobierno de Salvador Allende.

En 1972, un año antes del conflicto, el Estadio Nacional había sido el lugar escogido para un homenaje a Neruda, que celebraba la carrera del poeta y su Premio Nobel. Pablo Neruda murió 8 días después del golpe de estado. Su última mujer, Matilde Urrutia, no consiguió que el poeta no prestase atención al conflicto que acababa de estallar en Chile. La agonía de sus últimos días se agravó por la tristeza que le producía la caída del gobierno socialista y la llegada de un dictador al poder.

El Estadio Nacional es un símbolo del reino del terror de Pinochet. Han pasado más de 40 años y las remodelaciones no han podido esconder la huella de los crímenes. En una de las tribunas, cerca del túnel 8, unas gradas de madera han mantenido el mismo aspecto que tenían en 1973. Los prisioneros que entraban por aquel pasadizo, lo hacían para no regresar.

En la actual Copa América, durante la ceremonia del himno chileno, la afición y el equipo se funden de un modo fascinante. Más allá de una comunión patriótica, hay un recuerdo a los muertos y prisioneros del septiembre negro.

Chile sueña con levantar su primer título en uno de los escenarios más emblemáticos del país. El Estadio Nacional será testigo de la final más deseada, como fue testigo de los días más negros de la historia chilena. Allí se practicó la tortura que Matilde Urrutia quiso ocultar a Pablo Neruda.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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Foto:elmostrador.cl

[1] La muerte de Salvador Allende está rodeada de misterio. El Régimen de Pinochet explicó que se había suicidado y los partidarios de Allende creen que fue asesinado en una de las cargas sobre el Palacio de la Moneda.

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