LA NOCHE DEL 10

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Pep Guardiola había advertido en la previa que el talento de Messi invalida cualquier planteamiento táctico. Y el partido en el Camp Nou acabó por darle la razón al técnico de Santpedor, especialmente porque los goles de Messi llegaron cuando el plan de la eliminatoria parecía sonreírle más a Guardiola que a Luis Enrique.

El partido poseía un indudable factor emocional, en el regreso de Guardiola al Camp Nou. No le recibió con honores la hinchada (llegó a ser pitado por algún sector de la afición blaugrana) y le derrotó Messi, empeñado en sellar su venganza frente al Bayern Múnich. El argentino tenía en la memoria la eliminatoria de 2012, en la que los alemanes ejecutaron sin compasión a un Barça mermado. Messi llegó al partido de ida, en Múnich, con problemas en el bíceps femoral y ni siquiera saltó al campo en la vuelta. El marcador del global de la eliminatoria reflejó un humillante 7-0. Dos años después, Messi decantó el partido del lado blaugrana, con una actuación inolvidable, reservada a los genios de este deporte.

El primer tanto de Messi llegó en un momento en el que los de Guardiola estaban cómodos en el Camp Nou. El Bayern de Múnich no había logrado inquietar a Ter Stegen pero, en el minuto 76, tenía el partido en su terreno. Había conseguido sostener el ataque del Barcelona gracias a las paradas de Neuer y le había robado el esférico al equipo de Luis Enrique. El Barcelona generó mucho peligro en el primer tiempo, pero le faltó eficacia ante Neuer, un portero largo y seguro, capaz de detener a Suárez y Alves en dos acciones decisivas.

El Bayern inició el partido con defensa de tres y Guardiola supo corregir sobre la marcha, permitiendo que su equipo se asentara en el juego. Tras el descanso, el equipo alemán consiguió alejar al Barcelona de su portería, gracias a un sólido ejercicio en la circulación. A su juego le faltaba verticalidad y pólvora, sobre todo por la ausencia de sus futbolistas más desequilibrantes: Robben y Ribery. Y, consciente de los peligros del Barça, el Bayern utilizó la posesión como una eficaz fórmula de protección. El Barcelona no conseguía profundizar y durante unos minutos, le sucedió lo peor que le puede ocurrir. Incómodo frente al juego de posesión del Bayern, el Barça perdió la estela de Messi.

1430986891_361299_1430987121_album_normal El argentino había participado mucho en el primer acto, principalmente como especialista del último pase. Alternando la posición de 10 con la de falso extremo, Messi siempre mejoró la jugada. Desbordó rivales con facilidad, midió la seguridad de Neuer en un disparo de falta, sirvió un balón de gol a Suárez y mostró su sintonía con Neymar y Jordi Alba. En los minutos que precedieron al primer gol, el 10 del Barcelona perdió presencia en el juego, condicionado por el despliegue de su rival. Cuando Guardiola parecía ser el vencedor de la batalla táctica -a pesar de que Ter Stegen siguiera inédito-, en el Camp Nou se aferraban a una ráfaga de Messi. El argentino avisó primero con un servicio a Neymar y después con un disparo sobre la portería alemana, bien guardada por Neuer.

En los minutos más tensos para los blaugranas, el equipo de Luis Enrique se ahogó por el costado izquierdo, en el que Neymar no lograba sobrepasar a Rafinha. Jordi Alba se dio cuenta tras un saque de banda y cambió el juego hacia el otro costado, en el que estaba Messi cabizbajo. El 10 se activó cuando el balón llegó a sus botas e inquietó a la defensa muniquesa con un pase preciso a Neymar, que no alcanzó el balón por poco y pidió penalti de Rafinha. La jugada no progresó en exceso, pero le dio al Barça las claves de la victoria: las que dicta la zurda de Messi. Medio minuto después, el Bayern apuró en la salida de balón y Alves recuperó ante Bernat. Messi observaba atento la jugada desde el pico del área y levantó el brazo para pedir el balón, en un gesto similar al que hace un alumno al pedir la palabra. Se lo dio Alves en ventaja y el 10 necesitó de tres toques para poner por delante a su equipo. En el primero, controló el balón. En el segundo, lo acomodó a su zurda. Y en el tercero, soltó un disparo seco a la base del palo, inalcanzable incluso para Neuer. Lo celebró como una liberación, consciente de que era un gol fundamental para el desarrollo de la eliminatoria.

Pero al 10 le faltaba firmar su gran obra de la noche. Tres minutos después del primer tanto, el Barcelona se serenó con el balón y Rakitic lanzó la carrera de Messi. El argentino se topó con Boateng en la entrada del área y le fijó con una bonita finta. Messi amagó con salir para su zurda y sorprendió por el lado contrario. Con su regate, tumbó a Boateng, y con una plástica vaselina, elevó el balón por encima de Neuer, su antídoto en la final del Mundial. La belleza del gol sirvió para poner en pie a un Camp Nou repleto, que coreó con entusiasmo el nombre de Messi. El argentino cumplía 100 partidos en Champions League y consiguió marcar por primera vez en unas semifinales europeas en el Camp Nou. La estética de sus goles adquirió mayor relevancia al tratarse de una de las citas más importantes de la temporada, el escenario donde se miden los grandes jugadores.

1430986891_361299_1430989523_album_normal Antes del final del partido, el Barça dispuso de otra oportunidad en botas de Suárez. Su disparo se perdió por encima del larguero de Neuer y el uruguayo se lamentó de su mala suerte. Su error le obligó a pelear con rabia el siguiente balón. Ya en el descuento, Suárez ganó un rechace e inició el contragolpe. El balón le llegó a Messi y el 10 regaló un pase definitivo a Neymar, solo ante Neuer. El brasileño no falló esta vez: amagó con frialdad y batió por bajo al portero del Bayern, en un gol que deja al Barcelona muy cerca de la final de Berlín.

El Camp Nou celebró la actuación de Messi con devoción. Sus goles llegaron en un momento en el que el Barcelona no había podido imponer su fútbol colectivo. El equipo azulgrana era el único que tenía presencia en el área, pero el marcador y el juego favorecían ligeramente al Bayern, especialmente con vistas a la vuelta en el Allianz Arena. Todo cambió en el último cuarto de hora, en el que la advertencia de Guardiola en sala de prensa cobró sentido en el césped: “Un talento de esta magnitud no se puede defender”. Juan Bernat, el lateral encargado de marcar a Messi, habló con cierta resignación al final del encuentro: “Tenemos que jugar el partido perfecto y esperar a que no la coja Leo. Hoy lo habíamos hecho todo bien pero mira, ni así (…) No hay que darle más vueltas al partido. Messi es demasiado bueno”.

Guardiola regresó al Camp Nou el 6 de mayo de 2015, tres años después de dejar el Barcelona. El partido era especial para el club catalán y el técnico de Santpedor. Pero no fue la noche de Guardiola ni del Bayern. Fue la noche del 10.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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[1] Messi tiene facilidad para marcar goles de bella factura. En más de una ocasión parece haber marcado una versión del mismo gol. El primer tanto de ayer recordó al de la final de Wembley, frente al Manchester United, incluso en la celebración. El segundo  fue similar al que le marcó al Leverkusen en 2012, la noche que firmó cinco goles en el Camp Nou.

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Foto 1 y Foto 3: El País. Gustau Nacarino (Reuters) . Foto 2: El País. Paul Hanna (Reuters)

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