PÁNICO EN EL BERNABÉU

3-4. El Schalke hace tambalearse a un campeón sin personalidad

El Madrid consiguió la clasificación para los cuartos de final de la Champions League, en una noche de pánico en el Bernabéu. El Shalke 04, un equipo solidario y trabajador, estuvo a punto de remontar la eliminatoria y consiguió sembrar el miedo en la grada madridista.

El Bernabéu comenzó a pitar a su equipo a los 10 minutos de partido. Para entonces, el Schalke ya había tenido dos llegadas claras, y los problemas del Madrid empezaban a ser evidentes. La noche que debía reconciliar a jugadores y afición, una noche que el madridismo esperaba plácida, se convirtió en una pesadilla en la que el fantasma de una eliminación humillante pudo percibirse desde el principio. El Schalke, un equipo con fama de tosco y defensivo, se hizo con el control del juego. Atacó con peligro en corto y en largo, en combinaciones que encontraban una y otra vez la espalda de los mediocentros madridistas, o en balones largos que Huntelaar y Choupo-Moting ganaban a los centrales. El joven Meyer interpretó brillantemente los espacios que se creaban entre las líneas del equipo de Ancelotti, una vez más demasiado largo, incapaz de coordinar su presión y de controlar el partido mediante la posesión.

El Shalke se adelantó en otra jugada conducida por Meyer, que abrió el balón a la banda derecha. El centro de Barnetta encontró a Fuchs en el segundo palo, un lateral izquierdo a quien Bale renunció a perseguir, liberado por una mala basculación de Arbeloa. Tampoco Casillas estuvo acertado y no pudo detener un disparo centrado. El gol desató la ira del Bernabéu contra su equipo, un muñeco de trapo en las grandes y torpes manos del Schalke. Ni siquiera el cabezazo de Cristiano en un córner sacado por Kroos sirvió para silenciar el clamor. El Madrid seguía siendo un equipo atenazado, previsible y mecánico en ataque, despistado en defensa. Kroos y Khedira, la pareja de mediocentros de la Alemania campeona del mundo, perdían la batalla a campo abierto a la que el planteamiento de Ancelotti les conduce. Entre ellos y la defensa, entre ellos y los tres atacantes que por momentos parecen desconectados del resto del equipo, aparecen grandes praderas donde los rivales esconden la pelota.

El Schalke pudo volver a adelantarse en un espléndido disparo de Huntelaar que se estrelló contra la escuadra. El delantero holandés le ganó la partida a Varane para recoger la dejada de Choupo-Moting, como volvió a ganársela en el segundo gol, para empujar el manso rechace que Casillas dejó tras un disparo de Meyer, en una nueva muestra de la desidia del Madrid en defensa. Como ocurrió tras el primer gol, el Madrid reaccionó rápido con otro poderoso remate de cabeza de Cristiano, con el que supera a Messi como máximo goleador histórico de la Liga de Campeones. El portugués no tuvo su mejor día, acabó indignado con la grada y con sus compañeros, pero apareció en dos momentos clave en los que el Madrid parecía hundirse, e intentó levantar el ánimo de un equipo sobrecogido.

El Madrid se adelantó en la segunda parte tras una demostración de clase y frialdad de Benzema, pero ni siquiera así pudo controlar el encuentro. Modric entró como salvador del Madrid y el equipo mejoró en la distribución de balón. Sin embargo, el Schalke, que completó uno de sus mejores partidos en los últimos años, ya se había dado cuenta de que podía ser su gran noche. Conscientes del gran escenario en el que se encontraban, envalentonados por la hostilidad del madridismo hacia los suyos, los alemanes se fueron creciendo a lo largo del encuentro. Sané, otro joven osado que había sustituido a Choupo-Moting, encontró el espacio que necesitaba para combinar con Meyer y Barnetta. Recibió el balón en la esquina del área y tuvo tiempo para preparar el disparo sin que Coentrao o Pepe le estorbaran. Casillas hizo la estatua mientras la pelota entraba pegada a su palo derecho.

El Schalke arriesgó y el Madrid, más partido que nunca, aceptó el intercambio de golpes. En otra conducción de Sané, Modric tocó el balón lo justo para asistir a Huntelaar, otra vez más listo que los centrales del Madrid, que fusiló a Casillas. El holandés es uno de los mejores delanteros centro de Europa. Tiene un fantástico disparo, es poderoso en el juego aéreo e inteligente en la búsqueda de desmarques y de segundas jugadas. Tiene la categoría suficiente para consagrarse en un equipo grande.

Los diez minutos finales, con 3-4 en el marcador, se hicieron eternos para el madridismo. Los jugadores perdían tiempo, los recogepelotas escondían el balón y la afición pitaba. El descontento se había transformado en miedo. El Schalke tuvo dos ocasiones para conseguir la clasificación para cuartos, pero Casillas acertó en los disparos de Sané, en una jugada muy similar al tercer gol, y de Howedes, que recogió en el área la dejada de Huntelaar cuando el partido moría.

El pitido final acabó con el pánico pero no con las protestas del Bernabéu. Casillas intentó forzar una reconciliación llamando a los jugadores al círculo central. Ancelotti inició su rueda de prensa pidiendo perdón y diciendo que los pitos son “merecidos”. El Madrid caminó por un precipicio y estuvo muy cerca de caer. Muchos señalan el partido contra el Schalke como el día en que los de Ancelotti tocaron fondo, pero nada sugiere que la dinámica del equipo vaya a cambiar. Da la sensación de que al Madrid le faltan jugadores, de que el banquillo solo sirve para dar descanso a los titulares y nunca para aportar algo nuevo. Al equipo le falta aliento y creatividad, y parece que la delantera funciona como un ente independiente del resto del equipo, asilada de los medios tanto en defensa como en ataque. Pero lo que más molesta la afición es que, en momentos como el partido de ayer, cuando se vislumbra la tragedia, los jugadores parecen paralizados, oscilando entre la impotencia y la indiferencia, o quién sabe si presa de un ataque de pánico.

Foto 1: www.sportsmole.co.uk Foto 2: www.ligabbva.com

Diego Rodríguez Gascón

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