EL JUEGO POSICIONAL DEL BARCELONA

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“Dime un solo equipo que tenga mejor juego posicional que nosotros”. Así respondía Luis Enrique Martínez a un periodista que ponía en cuestión la capacidad de improvisar del Barcelona ante equipos cerrados. La declaración se produjo en la previa del duelo ante el Levante, un partido que el equipo culé resolvió con brillantez, desnudando a un rival bien agrupado en su propia área. Seis días más tarde el equipo de Luis Enrique volvió a alimentar las dudas de los culés, ante un Málaga que supo anular al Barça en ataque estático. El partido frente al Manchester City, tres días después de la derrota en el Camp Nou, servía para medir las aspiraciones del Barcelona en Europa y para analizar las variantes del proyecto de Luis Enrique en un gran escenario.

El Barcelona irrumpió en el partido con seriedad y construyó su juego a través de la posesión. Luis Enrique era consciente de que el mejor modo de evitar riesgos era alejar el juego de su área, con el balón como seña de identidad. Y fruto de un gran trabajo en la presión, el Barça se hizo dueño del esférico y lo utilizó para hacer daño al rival, sin rastro del juego horizontal que se vio ante el Málaga. Con una circulación fluida,que integró a Messi en el partido, el Barcelona firmó una primera parte impecable, en la que generó ocasiones para resolver la eliminatoria. El Manchester City dudó si replegarse o ir a buscar del rival y el equipo culé aprovechó para acampar en campo contrario. Maduró la jugada hasta que llegó el cambio de ritmo impuesto por Messi. Y de la mano del desequilibrio del 10 llegaron también los goles de Suárez, en dos jugadas que muestran el instinto asesino del uruguayo. El primer gol partió de una combinación de Alves y Messi sobre la línea de cal, tras un saque de banda. El centro de Messi lo cortó Kompany sin fortuna y el balón le quedó muerto a Suárez, que cruzó el balón con precisión ante Joe Hart. El segundo tanto fue un retrato de las virtudes del Barcelona en el juego estático. El equipo catalán amasó la jugada con paciencia y esperó a la aceleración de Messi. Tras llevar el balón de un lado a otro durante minuto y medio, el argentino se zafó de dos rivales para habilitar a Jordi Alba en la línea de fondo. El centro raso del lateral le llegó a Suárez y el uruguayo volvió a situar el balón en la esquina opuesta a Joe Hart, al que también batió en el Mundial con la selección uruguaya en dos ocasiones. El partido llegó al descanso con la sensación de que el Barcelona podía haber ampliado la distancia, en botas de Neymar, de Suárez, de Alves o de Messi, en jugadas que combinaron un trato del balón exquisito con pases precisos a la carrera. En la reanudación, el City salió con más intensidad y el Barcelona perdió el balón en la salida. El conjunto de Pellegrini disfrutó de mayor posesión e inquietó a Ter Stegen, especialmente en el juego aéreo. Y Agüero acortó distancias en el momento de mayor incertidumbre del equipo catalán, tras aprovechar una dejada sutil de Silva para batir al Barcelona, en un gol que da esperanzas al City en la eliminatoria. El equipo de Luis Enrique volvió a encontrar oxígeno en las posesiones largas y la expulsión de Clichy facilitó el rondo del Barcelona. En los últimos minutos, el Barcelona le dio mayor verticalidad a la circulación y Messi volvió a tomar el mando, en busca de la sentencia. Tras marcar en fuera de juego dispuso de un penalti en el tiempo de descuento. Su disparo lo atajó Hart y el argentino falló en el rechace, a puerta vacía. La mueca final de Messi reflejaba su actuación: realizó un gran partido en el Etihad pero no pudo culminarlo firmando la sentencia.

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El Barcelona dejó una buena imagen ante el City y fue fiel a un estilo basado en el protagonismo que concede la posesión del balón. Y nadie representa las ideas de la Masía como Iniesta y Messi, dos futbolistas que cuando están entonados marcan el juego de un equipo. Iniesta cobra mayor protagonismo cuando el Barça domina la circulación con pausa, como ocurrió ante el City, donde fue el futbolista que más intervino con 86 pases y solo cuatro errores. El manchego sufre más cuando el equipo busca las transiciones veloces, quizá porque su cuerpo ya no aguanta igual las idas y venidas. Messi siguió a Iniesta con 69 pases y es el futbolista que mejor lee el juego para su equipo. Y da la sensación de que hay que buscarle e integrarle con la posesión, para que participe y no se ausente de los partidos. Y si el argentino se implica en el juego, es capaz de gobernar el juego desde el interior (en ataque estático), como ocurrió ante el City, y de desatarse al contragolpe, como ha sucedido en fases de la temporada. Con el 10 en el partido, más allá de su error de bulto en el descuento, el Barcelona pudo encontrar la finta de Neymar y el remate de Suárez, decisivo ante el Manchester City.

Es cierto que el equipo actual atiende más a la velocidad de sus delanteros que a la pausa que proponen sus centrocampistas, pero no dejan de ser variantes de un mismo modelo. El Barcelona dispone ahora de más recursos y sabe manejar las fases del juego para explotar las debilidades del rival. Incide en conceptos como la presión para paliar ciertas lagunas en la improvisación ante defensas solidarias. Pero sigue siendo un equipo que debe mejorar en algunos aspectos: frente al Manchester City no supo matar la eliminatoria y dejó cierta sensación de fragilidad defensiva (especialmente después del descanso), tras varias pérdidas en zonas comprometidas. Luis Enrique corrigió desde el banquillo y Pellegrini colaboró sustituyendo a Silva, el futbolista de más talento de los citizen. El Barcelona volvió a serenarse cuando encontró de nuevo el esférico y lo utilizó a veces como medida de protección y otras como un instrumento ofensivo. Tuvo el 63% de la posesión del balón[1] y aunque tuvo menor porcentaje en la primera parte (58% respecto al 67 % de la segunda) fue más vertical en la primer acto: generó más oportunidades y pudo dejar sentenciada la eliminatoria. Realizó 585 pases de 634 intentos (92 % de acierto) y ejecutó 16 disparos (4 a puerta, 6 fuera, 6 interceptados).

andres-iniesta

La sensación es que el modelo propuesto por el Barcelona es una forma de juego exigente, que precisa de un gran esfuerzo colectivo (especialmente sin balón) y requiere de mucha concentración, un aspecto que mantiene especialmente en los duelos importantes. Es probable que el Barcelona vuelva a utilizar un juego más directo en fases de la temporada, como un recurso para sorprender al rival. Pero no hizo falta ante el City, tras desarmar a los citizen en un ejercicio de buen trato de balón, al que contribuyó la inspiración de sus futbolistas. Luis Enrique felicitó a los suyos tras una victoria con el sello más reconocible del Barça: “han sido superiores en un marco difícil. Han jugado un partido completo con una circulación rápida de balón, llegando a portería y defendiendo muy bien”.

El Barcelona ha sido capaz de encontrar (en determinados momentos) los atajos que proponen sus delanteros. Pero la propuesta de la Masía no se cuestiona, tal y como argumenta Luis Enrique: “Este es un legado que hemos recibido, ha sido el sustento de nuestros triunfos y es la fase del juego que más trabajamos. No veo otro equipo que tenga tantos recursos en ataque estático como nosotros”.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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[1] Una prueba de que el Barcelona sigue dando prioridad al buen trato de balón es que el equipo de Luis Enrique tiene un 70% de posesión media en Liga (en Champions el porcentaje es del 65%) solo superado por el 71% que tuvo el Barça en la última temporada de Guardiola. Las diferencias residen en que aquel Barcelona movía el balón con mayor velocidad y realizaba una mayor media de pases, entre otras cosas porque Iniesta y Xavi estaban en su mejor momento. El Barcelona de ahora es consciente de que la llave del gol la tienen los delanteros y el juego de los centrocampistas carece del mismo protagonismo. El Barcelona de Tito tuvo de media un 66, 36% de la posesión y también se cuestionó el estilo del equipo del Tata Martino, esta vez con mayor incidencia en la posesión (63 %).

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