LA SONRISA DEL BARCELONA

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El fútbol es un estado de ánimo y el Barcelona es feliz desde que encontró la senda de la victoria. El partido del miércoles frente al Villarreal es una muestra de ello. El equipo no puso en práctica un juego brillante, pero volvió a ganar con solvencia, e incluso pudo dejar sentenciada la eliminatoria.

El Barça se enfrentaba a un gran rival, que ya en liga puso le puso en dificultades en su propio estadio. En aquella ocasión, Messi completó la remontada con un disparo ajustado a la escuadra. Marcelino García Toral también tuvo en mente el encuentro de liga a la hora de plantear la eliminatoria. El técnico asturiano quería evitar a toda costa el juego en carrera del Barcelona y el Villarreal se replegó en campo propio. Quiso aprovechar la velocidad de sus atacantes para sorprender al Barcelona en la misma suerte que tanto le preocupaba de los blaugranas: el contragolpe. Y aunque el conjunto amarillo dispuso de alguna ocasión, el deseo de protegerse le privó de más oportunidades para inquietar a Ter Stegen. En fases del partido, en las que se el Villarreal se apoderó del balón, dio la sensación de que el Barcelona era vulnerable. Vietto, un delantero espléndido, volvió a jugar un buen partido en el Camp Nou: siempre mejoró la jugada y cazó un disparo peligroso que midió la elasticidad de Ter Stegen. Cheryshev, un velocista que avanza por el carril zurdo, asistió a Vietto y el portero alemán resolvió con una gran estirada. Tras el descanso, Ter Stegen cometió un error que condicionó su actuación: no supo despejar un disparo centrado y potente de Manu Trigueros, que acabó en gol.

El problema del Villarreal fue que no empleó el mismo interés en desarmar al Barça que el que prestó a las internadas de Messi. El 10 azulgrana estuvo vigilado siempre por Jaume Costa en el costado, que recibía las ayudas de Cheryshev, Pina y de Bruno Soriano. Messi se descolgó al interior, como es costumbre cuando el equipo blaugrana tiene que progresar en ataque estático. Desde esa posición es capaz de cambiar el ritmo del partido. Buscó a Jordi Alba en el costado, enlazó con Neymar y se asoció con Luis Suárez. La Pulga llegó al área y no atinó en sus dos primeros disparos, que nacieron en dos de las mejores jugadas colectivas del Barcelona.

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Messi no estuvo tan fino como lo ha estado en el último mes. En momentos puntuales se desentendió de la jugada y no colaboró en la presión, reservando sus fuerzas para las acciones más decisivas del encuentro. En ellas siempre aparece el argentino, como arquitecto o como brazo ejecutor. Messi, hasta en sus noches perezosas, conserva intacta su capacidad de decidir partidos. No se olvida de usar sus mejores quiebros y encuentra el camino del gol, en el desarrollo y en la ejecución de las acciones. El primer tanto del Barcelona llegó en una acción de Luis Suárez, que le robó un balón a Musacchio en un ejercicio de pundonor. Corrió hasta el pico del área y desde ahí le sirvió al 10 el balón del gol. Messi ajustó su disparo al palo largo con precisión, en un lugar inalcanzable para Asenjo. Suárez, protagonista en las jugadas de los goles, parece cada día más integrado en el equipo: tiene a su favor el cariño de la afición y rescata jugadas que parecen intrascendentes, peleando hasta la extenuación. Aunque sigue sin estar enfocar a la portería y a veces desentona en combinaciones rápidas, Suárez aporta tantas soluciones y pone tanto corazón en el juego que es imposible que el público no premie su esfuerzo.

El Barcelona quiso controlar el partido desde una posesión fiable, segura y solo aceleró en los metros finales, al amparo del juego luminoso de sus delanteros. Le costó improvisar ante una defensa bien plantada pero no se impacientó. Con un Villarreal bien protegido, en un partido menos abierto y un juego más pausado en la circulación, emergió Iniesta. El manchego había perdido protagonismo en los últimos tiempos, era un daño colateral del plan de Luis Enrique, al que le costaba desequilibrar entre tantas idas y venidas de su equipo. El Barcelona ya no atiende tanto a la pausa y aceleración que marcan sus centrocampistas, sino que busca servir el balón a sus delanteros en buenas condiciones, para que ellos decidan la suerte de los partidos. Pero en encuentros como el del miércoles, en los que los espacios son reducidos, Iniesta posee la capacidad de filtrar el mejor pase, de desbordar con sutileza e incluso de mirar a portería. Las tres cosas se dieron en el segundo gol del Barcelona, el tercero de Iniesta en toda la temporada. Se asoció con Suárez, desbordó a la defensa y se favoreció de la lucha entre Mario Gaspar y Luis Suárez, para firmar el gol que volvía a poner al Barcelona por delante, tras el empate de Manu Trigueros al poco de comenzar la segunda parte. El Barcelona se está acostumbrando a reaccionar rápido tras encajar un gol, y no deja de ser una costumbre temeraria que, de momento, le favorece. Minutos más tarde llegaría el 3-1, en un córner botado por Messi, que remató Piqué a la red. El central catalán está en un buen momento de forma y ha recuperado la confianza del barcelonismo. Tras el gol de Piqué, el Barcelona no supo cerrar la eliminatoria y dispuso de un penalti que desperdició Neymar. El brasileño no brilló ante el Villarreal de Marcelino: sufrió ante el marcaje de Mario Gaspar y se enredó en regates intrascendentes. Después de que Musacchio cometiera un penalti por manos, tuvo una pequeña conversación con Messi. Sólo ellos saben si fue Neymar el que pidió tirar el lanzamiento, ofuscado en un partido difícil para él, o fue Messi el que delegó sus funciones en el brasileño, con el recuerdo del fallo ante Oblak en la misma portería. Lo que sí sabemos es que Neymar disparó y Asenjo atajó su disparo en un gesto felino, que le da vida a su equipo en la eliminatoria.

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El Barcelona cerró el partido dando por bueno el resultado y el Villarreal encontró consuelo en que mantiene alguna opción en la eliminatoria, después de un partido en el que los elementos estuvieron en su contra. La derrota deja en el camino a un futbolista fundamental para el Villarreal: Bruno Soriano, el capitán del equipo y el responsable de la elaboración del conjunto amarillo. El mediocentro se partió el peroné en el Camp Nou, al intentar detener un eslalon de Iniesta. El Villarreal también sufrió la baja de Mario Gaspar, en la acción que le emparejó con Suárez, antes del segundo gol del Barcelona. Las lesiones favorecieron un discurso un tanto pesimista de Marcelino, que afirmó que la película del partido había seguido un guión escrito por su peor enemigo. En el Madrigal tendrá que salir a buscar al Barcelona, algo que no hizo en el Camp Nou, y debe marcar pronto, para verse con opciones de llegar a la final. Para ello Marcelino dispone de un buen puñado de futbolistas: Vietto, Cheryshev, Manu Trigueros, Gerard Moreno, Moi Gómez o los hermanos Dos Santos. Un equipo joven y de mucha calidad, que en el Camp Nou cometió el error de despreciar el balón, para sujetar, con menor éxito del que Marcelino esperaba, al tridente blaugrana.

El equipo de Luis Enrique encarriló la eliminatoria con paso firme, sin demasiados alardes en el juego, pero con la seriedad que requiere la fase definitiva de una competición. Messi volvió a decidir y Suárez e Iniesta cuajaron un gran partido, en un duelo que evidenció los síntomas de recuperación del uruguayo y el manchego. El Barcelona venció en una noche en la que nadie se quiso exponer. Quizá por ello, un partido que prometía mucho espectáculo, decepcionó en el juego y, en algunas fases, se convirtió en una batalla táctica. El equipo de Luis Enrique compensó su poca velocidad de circulación con un generoso despliegue en la presión, que fue el germen de los goles. Los detalles estuvieron a su favor: se repuso del empate de Trigueros, solventó con fortuna las fugas que dejó su defensa, vio como se lesionaban algunas piezas claves de sus rivales, aprovechó la inercia de las victorias e incluso volvió a marcar a balón parado.

El fútbol es un depósito de emociones y el Barcelona es feliz desde que olvidó la derrota en Anoeta. Sigue quedando un mundo pero lleva diez victorias consecutivas, sus figuras están disfrutando y tiene a tiro el liderato y el pase a la final de la Copa del Rey. Una prueba más de que las victorias son, en el fútbol, el único pretexto que justifica la sonrisa.

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Jorge Rodríguez Gascón.

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