DOS ZURDOS Y UN DESTINO

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La Argentina de Messi consiguió la clasificación para semifinales 24 años después y se medirá a la Holanda de Robben en Saõ Paulo (Miércoles 9 de julio, a las 22:00 h). Lo hizo sudando, al igual que todas las grandes en este Mundial. Argentina rompió la barrera de cuartos y se clasificó ante una Bélgica decepcionante, que parece mirar más al futuro que al presente. Pese a ello la albiceleste hizo poco para que su rival no empatara y mostró los mismos síntomas que ha dejado a lo largo de la competición. Le cuesta dominar los partidos, le falta imaginación en el medio, tiene poca fluidez en el juego y sus delanteros se desconectan de los partidos con facilidad. Aun así Argentina mejoró en algunos aspectos: la defensa estuvo acertada en el juego aéreo, la entrada de Biglia le vino bien a la circulación y apareció Higuaín, al que ya no se esperaba. Y lo mejor para la selección de Sabella es que de momento va cumpliendo objetivos y está a dos partidos de volver de Brasil con la Copa. Con chispazos de fútbol y muchos minutos de aburrimiento.

Dicen en el entorno de la selección que Mascherano soltó un discurso conmovedor antes del partido ante Bélgica. Unas palabras que emocionaron a los jugadores, en general, y a Messi, en particular. El jefecito es el líder en la sombra de un equipo que vive de Messi en el juego. El 10 es un capitán simbólico, al que parece incluso molestarle el brazalete en los partidos. No tiene la voz del Masche en el vestuario pero impone su propia jerarquía en el marcador. Y de ahí viene su título honorífico, de ese talento innato para ganar partidos. Mascherano, por otro lado, es un gran motivador, un jugador sacrificado con dotes para la palabra. Un futbolista que habla dentro y fuera del vestuario y anima a los compañeros en el terreno de juego. Mascherano es el único integrante de la selección con capacidad para dar voz a los silencios del 10. De Messi John Carlin dijo que la cantidad de tiempo invertido para entrevistarle no merece nunca la pena. Es raro ver una declaración de La Pulga que no sea escueta o se salga de lo corriente. Messi es un genio de hielo que sufre más para dar un discurso ante sus compañeros que ante los marcajes de los rivales.

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El 10 solo sabe hablar con los pies y está ante una gran oportunidad para conseguir el Mundial. Ha sido fundamental en todas las victorias de Argentina y ha participado en 7 de los 8 goles de su equipo. Aunque tiene tendencia a encerrarse en sí mismo, sabe leer el juego y ha sido capaz de adaptarse a las necesidades de su equipo. Consciente de que a Argentina le falta calidad en el medio, Messi retrasa su radio de acción para asistir a los delanteros. Leo se mueve con soltura en la zona de creación e incluso parece implicarse más en la presión. Pero hay un gran inconveniente: esa posición le resta frescura a la hora de mirar a portería. Contra Bélgica recibió en tres cuartos de campo y armó las mejores jugadas de la albiceleste, incluyendo la del gol, que inició con la recuperación y un giro sobre sí mismo. Pero poco a poco Messi se fue apagando e inquietó poco a Courtois. (Solo probó fortuna en un disparo de falta antes de llegar al descanso y en el mano a mano final, en el que el portero belga le volvió a ganar el duelo). Messi deberá decidir qué problema solucionar ante Holanda: el de un mediocampo sin ideas o el que provoca una delantera que se esfuma con facilidad.

Lo que más preocupa ahora en la concentración argentina es la lesión de Di María, un futbolista fundamental para Sabella. El Fideo había marcado el gol de la victoria ante Suiza y se había destapado como el lugarteniente de Messi. Frente a Holanda, Argentina pierde a una de sus grandes armas. A un jugador tan rápido e hiperactivo que vive atropellado. A otro zurdo imparable en la conducción, peligroso en el disparo y que siempre encara. Su sustituto será Agüero, un delantero que va a contrapié en la competición, y regresa de su lesión ante Nigeria. Deberá fortalecer su sociedad con Messi ante el primer gran rival al que se enfrenta Argentina.

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La Holanda de Van Gaal y Robben será su rival en el Arena de Saõ Paulo. La selección oranje llega tras derrotar a Costa Rica en la tanda de penaltis, en otro partido sin brillo en el que los holandeses apuraron hasta el último segundo. Disfrutaron de ocasiones muy claras pero siempre se toparon con el magnífico Keylor Navas. Cuando el partido llegó a penaltis Van Gaal sustituyó a Cillessen por Tim Krul. Lo que pudo ser una decisión arriesgada se convirtió en una jugada maestra del técnico holandés, aconsejado por el entrenador de porteros Frank Hoek. Krul adivinó el lado a todos sus rivales y paró dos lanzamientos para conseguir el pase a la segunda semifinal consecutiva de los holandeses.

A Holanda le pasa algo similar a Argentina. Le cuesta cambiar el ritmo en las jugadas y parece que la única amenaza real es la zurda de Robben. La selección de Van Gaal prefiere que sus rivales lleven el ritmo del partido, le gusta replegarse y buscar la velocidad de sus delanteros tras la recuperación. La oranje ofrece minutos soporíferos y resuelve al final, con más insistencia que lucimiento. Su tridente ofensivo parece tener fallos: Sneijder ha mejorado con el paso de los partidos pero Van Persie ha ido de más a menos en la competición. Y en el bloque solo destaca Daley Blind y el central Ron Vlaar. Los secundarios ya no resuelven y Holanda es eficaz en el juego pero, como casi todas las selecciones, no emociona. Su gran partido ante España fue un claro espejismo, provocado por un rival que se vino abajo demasiado pronto. Disfrutan con espacios pero ante defensas cerradas son un equipo sin excesivas variantes. Solo se ofrece Robben, que se abre desde la derecha en una jugada tan reconocible como eficaz. El holandés está firmando un gran mundial y parece amenazar el título de Messi. Puede hacer mucho daño a Argentina, si su defensa concede muchos metros y si su marcador, Marcos Rojo, no recibe ayudas. Aunque también necesitará un buen día de su socio Van Persie, que está reñido con el gol y parece desfondado en los partidos.

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En Saõ Paulo veremos un partido abierto, entre dos equipos que se cruzado en 4 ocasiones en la historia de los Mundiales. En la primera de ellas, en el Mundial de Alemania 1974, la Naranja Mecánica goleó a los argentinos (4-0). Cuatro años más tarde, en la final del Mundial de Argentina 1978, la anfitriona derrotó en la prórroga a Holanda (3-1). En 1998 La oranje venció a la albiceleste en cuartos de final (2-1) y en 2006 empataron (0-0) en un partido de la fase de grupos.

Se enfrentan dos equipos que han llegado a la fase decisiva de la competición sin demasiados alardes, siempre a remolque de sus grandes figuras. En Argentina confían en que Messi lleve a su equipo a la final de Maracaná. Patrick Kluivert, miembro del equipo técnico de los holandeses, responde orgulloso cuando le preguntan sobre un supuesto marcaje al 10 argentino: “¿Parar a Messi? ¿Y cómo va a parar Argentina a Robben?”.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

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