ARGENTINA ABURRE, MESSI DECIDE

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Messi decidió sobre la bocina ante Irán, en un partido aburrido, sin fútbol ni brillantez. La selección de Sabella ha vivido estos días en un debate constante en cuanto al esquema del equipo. Messi parece partidario del 4-3-3 y Sabella, que sorprendió en el debut con un 5-3-2, ha acatado la voluntad del 10. Aún así no se ha debatido en exceso sobre su juego, lento y pesado, sin profundidad ni desequilibrio. Argentina se ha enfrentado a dos rivales menores y los ha hecho mejores. Bosnia mostró mucho criterio con el balón y ayer Irán tuvo tres o cuatro ocasiones en las que, de no ser por Romero, pudo haber cambiado el signo del partido.

Los argentinos presumen de tener la mejor delantera del torneo, pero les cuesta meterlos en el partido. Tampoco tuvieron la suerte de su lado el Kun Agüero y el Pipita Higuaín en las dos oportunidades más claras, en las que se toparon con Higuigui. La entrada de un 5 clásico como Gago en el primer partido mejoró mucho al equipo, pero ayer se camufló como nadie en la espesura de los argentinos. Gago es un jugador de acompañamiento, que no puede marcar todo el juego de los argentinos, aunque puede facilitarlo con mayor velocidad en la distribución, siempre beneficiado por un mayor dinamismo de sus compañeros. La posición del mediocentro que inicia el juego es uno de los problemas de la albiceleste, pero no es el único. Argentina falla en la circulación, se atasca en la sala de máquinas y no involucra a sus estrellas. Además le falta solidez defensiva: el equipo se parte con demasiada facilidad y concede muchos metros a la espalda de sus centrales. Da la sensación de que es el equipo sudamericano que menos corre. Ante rivales de mayor nivel Argentina sufrirá con toda seguridad.

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Irán fue un equipo voluntarioso y combativo, que se supo replegar en campo propio y no renunció a hacer daño a su rival. Romero fue uno de los mejores jugadores del combinado argentino y eso dice mucho de la selección de Queiroz. Incluso un árbitro miedoso le privó de un penalti.

Argentina seguía sin ideas, anclada al eslalon de Di María y al trabajo del cuadriculado Mascherano. Messi perdía balones y no se implicaba. Sin fluidez ni peligro, Argentina aburría hasta al más entusiasta. Por su parte Irán, viendo que el plan trazado iba como la seda se fue a buscar las cosquillas de un gigante pesado. Nekounam lideró el juego, Masoud fue atrevido en la conducción, Hajsafi y Delagah acompañaron y Reza tuvo el partido en sus botas. Romero le ganó la partida y luego apareció Messi.

El 10 argentino estuvo todo el partido desdibujado, ausente y poco afortunado. Con la táctica que él propone, Messi se esfumó en el Estadio Minerâo, trabado por el marcaje iraní. Siempre sólo y mirando al suelo, aparentó que el partido no iba con él. Solo recibía en la zona de creación, lejos del peligro y de integrar a Agüero e Higuaín en el juego. Cuando la afición argentina asimilaba la decepción llegó Messi para marcar el gol de la victoria. Corría el minuto 90, Argentina centraba desde las bandas sin peligro y Messi solo había disparado una vez a puerta. El 10 recogió el balón en tres cuartos de campo y se abrió desde la derecha para buscar portería. Armó su disparo con el interior y el balón se alojó en la escuadra de Higuigui. Leo marcó un golazo muy suyo en un momento importante y su selección respiró aliviada. La albiceleste volvió a decepcionar en su juego y solo cumple con el resultado. El 10 rescató a Argentina del desastre y el gol rescató a Messi de sus ausencias.

Argentina está perdiendo su cartel de candidata y su juego no emociona. Messi sigue siendo un clavo ardiendo que administra sus esfuerzos con demasiada cautela. Argentina necesita una versión más constante de su estrella. Necesita que el 10 genere superioridades y asista con frecuencia a Higuaín y a Agüero, algo que aún no ha ocurrido.  Y que mantenga intacta su capacidad para desequilibrar los partidos.

La mejora de juego de la segunda parte ante Bosnia se convirtió en un espejismo descorazonador ante Irán. Argentina pudo sufrir incluso una derrota y no siempre podrá ganar jugando tan poco. Para llegar lejos Argentina debe mejorar mucho su juego global. Y es que ante las grandes selecciones necesitará algo más que la genialidad fugaz de Leo Messi.

 

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

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