LA ILUSIÓN DEL ASPIRANTE

El Atlético de Madrid elimina al Barcelona y estará en las semifinales de la Champions 40 años después. El gol de Koke hizo valer la superioridad atlética en un Calderón abarrotado, que sonó mejor que nunca.

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Comenzó el partido iluminado por un gran mosaico. El enésimo homenaje a Luis Aragonés precedió a un espectáculo inolvidable para los atléticos. El conjunto de Simeone salió fuerte en la presión, ahogó al Barça en el inicio de la jugada y se presentó en el área con peligro.

El Atlético arrasó en los primeros minutos: Raúl García inquietó con un disparo lejano que se fue por poco. Y apareció Adrián (ensalzado por su técnico en la rueda de prensa) para rematar con saña en la siguiente jugada. El travesaño escupió su lanzamiento y Villa centró a la media vuelta. Adrián cedió para Koke y el mediocentro batió a Pinto con sutileza. (1-0) Koke es un futbolista de mucho talento, trabajador en el repliegue y con llegada al área, que se ha consagrado en los partidos importantes, con goles y grandes actuaciones.

En el Barcelona tiritaban en defensa y llegaban tarde a todas las jugadas. La fortuna y la mala planificación de la plantilla han querido que vuelvan a jugar Bartra y Mascherano como centrales, al igual que en las horas más bajas de la temporada pasada. El joven central catalán fue de menos a más en el partido: acabó mejorando el nivel de una zaga inestable. Pese a ello deben foguearle más durante la temporada y no echarle a los leones en el momento decisivo, con pocos minutos de competición a sus espaldas. El central argentino, por su parte, no estuvo a la altura del partido. Jordi Alba fue de lo único salvable por parte de los culés.

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Los blaugranas se vieron superados también en el juego. No encontraban circulaciones fluidas y rifaban la posesión ante el despliegue físico de los rojiblancos. Alves perdía balones comprometidos, Xavi llegaba tarde, Busquets se despistaba e Iniesta no encontraba espacios. Neymar no profundizaba, Cesc empeoraba las jugadas y Messi no aparecía.

El Atlético fue un ciclón que desestabilizó al club catalán en un inicio fulminante. Los rojiblancos ganaban todas las disputas y eran agresivos en las áreas. Villa, siempre acertado ante el Barcelona, disparó al palo en dos ocasiones y perdonó la sentencia. Tras 25 minutos asfixiantes, el Barcelona se desperezó tímidamente. Fue capaz de superar la primera línea de presión, pero se perdió en posesiones estériles y horizontales. Messi buscó la portería pero la fortuna siempre le dio la espalda. Primero en un disparo lejano, después tras un centro de Alves y por último a pase de Neymar. (El centro del joven brasileño vino precedido de un caño espectacular). Messi, desde ese momento, no volvió a comparecer. Se camufló entre piernas rojiblancas, acechado por la sombra de Godín.

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El Atlético seguía dando más sensación de peligro en sus arranques. Y el partido, salvo al inicio del segundo tiempo, se mantuvo casi siempre más cerca del 2-0 que del 1-1. Llegó el encuentro al descanso precedido de dos acciones polémicas en las áreas. En la primera Mascherano braceó en exceso con un veloz Adrián. El asturiano cayó y Howard Webb no señaló penalti. A continuación, y al otro lado del campo, Fábregas tropezó con Godín. En ambas jugadas hubo contacto pero el árbitro fue fiel a su criterio y consideró que el contacto era insuficiente.

Al regreso del descanso el Barcelona pareció estabilizarse y el Atlético cedió los metros que ganaba en cada disputa. El conjunto catalán tuvo entonces sus mejores ocasiones. Courtois detuvo el eslalon de Neymar y Xavi no pudo finalizar en el rechace. Tampoco acertó de cabeza el de Tarrasa en uno de los pocos centros en los que Alves atinó a encontrar compañero. El Atlético esperaba agazapado y creaba oportunidades al espacio. El Barcelona no encontraba líneas de pase ante la defensa atlética: le falta velocidad en la circulación y ya no se asocia en pocos toques. Messi fue desterrado al flanco derecho por Martino y, aislado por Filipe Luis y Godín, no entró en juego. El técnico argentino argumentó que no les interesaba que Messi participara mucho en la circulación, saliendo en defensa de su estrella. Pues bien, si el Tata Martino cree en ello de verdad, se trata de un error alarmante: el Barcelona precisa de la participación de Leo.

El 10 no se ofrecía y tampoco le buscaban, Neymar no desbordó como en la primera parte y Cesc fue sustituido con razón: estuvo chapucero en el juego y blando en la disputa.

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El Tata Martino se equivocó en los cambios y en el planteamiento. Preparó el partido para hacer daño por los costados pero no eligió bien las piezas. Debió escoger a Pedro en la derecha y explotar el flanco de Neymar. Y debió acercar a Messi a las posiciones interiores, donde el argentino es definitivo. Las sustituciones tampoco mejoraron el panorama: salió Alexis, un jugador voluntarioso pero al que le faltan recursos ante defensas tan pobladas. Cesc merecía irse al banquillo pero su relevo debió ser Pedro en lugar del chileno. El tinerfeño salió más tarde en lugar de Andrés Iniesta. El Barcelona renunció a sus posibilidades con el cambio del manchego, cuando Martino prescindió de la gran clave blaugrana. El 8 sufrió ante la presión atlética, pero debe ser indispensable siempre. Especialmente porque desequilibra, oxigena el juego, genera oportunidades y, sobre todo, conecta a Messi a los partidos. Sin los grandes exponentes blaugranas, el Barcelona siguió decayendo y el Atlético mejoró en el arreón final.

El conjunto rojiblanco, lejos de dar un bajón físico, creció con el paso de los minutos. Tras ver como un remate de Neymar se acercaba a la portería del largo Courtois, el Atlético volvió a ganar metros. Buscó la sentencia espoleado por una grada vestida de etiqueta. Y la tuvo primero Diego Ribas y después el Cebolla Rodríguez. Dos jugadores de refresco que aportaron trabajo y profundidad.

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En el Atlético todos los jugadores mostraron la ambición de un equipo al alza. Trabajaron y se desfondaron, con Gabi y Tiago en la destrucción, Koke en la creación y los asturianos, Villa y Adrián, en la delantera. Y no se notaron las ausencias de Diego Costa o de Arda Turan.

El Barcelona no ha prestado atención a las señales de mal juego de toda la temporada y, pese a tener oportunidades para forzar la prórroga, se vio superado con claridad. Su defensa es cada vez más débil y le faltaron ideas en la posesión. Messi sigue sin marcarle al Atlético, no se encontró ante una defensa poblada y si no entra en la circulación, parece desconectar del juego. Y ausente Messi, que solo corrió 6´8 kilómetros, el Barcelona lució de luto[1] en su propio funeral.

Los rojiblancos fueron fieles a su estilo e hicieron vibrar a su público a través de la garra, el sacrificio, la intensidad y el juego. El Barcelona cayó como un gigante pesado, incapaz de mantener la tensión de los grandes partidos. Le faltó ambición y capacidad de reacción ante la maraña atlética. Lento y pesado en las transiciones, no amenazó en el sprint final y, en algunos momentos, jugó con apatía y desidia. Ahora debe concentrarse en la final de Copa del próximo miércoles y apurar sus opciones en liga. Y para ello sus figuras deben participar más y mostrar que siguen teniendo hambre de triunfos.

Al Atlético le sobró la ilusión del aspirante y sigue haciendo historia. Con el Cholo como líder espiritual, con una grada entregada y un equipo aguerrido, que mezcla trabajo y talento. El Atlético se ha hecho un hueco entre los grandes y puede seguir soñando. [2]

 

 

 

 

[1] El Barcelona lució su traje de color negro. La UEFA no le permitió al Barcelona llevar la senyera porque tiene rallas al igual que la vestimenta colchonera.

[2] En la otra eliminatoria el Bayern venció por 3-1 al Manchester United en el Allianz Arena. Se sobrepuso al golazo inicial de Evra con un tanto de Mandzukic. Posteriormente Müller y Robben completaron la victoria alemana. El holandés fue el mejor del encuentro y contribuyó al pase a la semifinal. En semifinales se enfrentarán cuatro grandes equipos: El vigente campeón, el Bayern Múnich, el que más veces ha reinado en Europa, el Real Madrid, el campeón de la edición de 2012, el Chelsea, y el gran aspirante, el Atlético de Madrid.

 

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

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