EL GUERRERO DEL ÁREA

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Diego Costa (Lagarto, Brasil, 1988) es uno de los grandes artilleros de la liga. La referencia de un equipo que le discute el liderato a los más poderosos.

El hispano brasileño llegó a España en 2006. El Atlético de Madrid lo fichó procedente del Sporting de Braga portugués pero su trayectoria en el conjunto rojiblanco ha tenido luces y sombras. Fue cedido nada más llegar a España al Celta de Vigo y al Albacete. Se formó en segunda división; mostró que era un jugador competitivo y de grandes recursos, en una liga complicada. Lejos aún de asentarse en el Atlético, rindió a gran nivel en el Valladolid. Entre tanto, jugó una temporada en el conjunto colchonero, tras ganarle la plaza de extracomunitario a Salvio, que se marchó al Benfica. En sus primeras temporadas en España era más famoso por su carácter complicado o por estar pasado de peso que por su capacidad goleadora. En el Atlético cumplió cuando le dieron la oportunidad, pero siempre le rodeó una sombra que hizo dudar a sus dirigentes. Además, Costa se rompió la rodilla derecha (ligamento cruzado anterior y menisco) y fue cedido al Rayo Vallecano. Tras recuperarse de su lesión, jugó a gran nivel y marcó 10 goles en 17 partidos. Su rendimiento en Vallecas disipó las dudas de los colchoneros y fue recuperado por Diego Simeone la pasada temporada (2012/2013).

.(*) Diego Costa en su presentación con el Atlético de Madrid en 2006.

El brasileño partía con desventaja respecto a Adrián para acompañar a Falcao en la delantera. Llegaba a un equipo que había sido campeón de la Europa League la temporada anterior y que acababa de batir al Chelsea en la Supercopa de Europa. Parecía que su papel iba a ser secundario pero le fue comiendo terreno a Adrián y formó con Falcao una de las parejas más temibles de la liga. Lució especialmente en la Copa del Rey donde marcó 8 goles en 8 partidos. En el último tramo de la temporada se consagró en la alineación y fue decisivo en la final de Copa ante el Real Madrid. El Atlético de Madrid llevaba 16 años sin ganar a su vecino y eligió una fecha señalada para romper la estadística. El equipo colchonero le venció al Real Madrid en su propio estadio: Diego Costa jugó un gran partido y contrarrestó el gol inicial de Cristiano Ronaldo, en una rápida cabalgada que terminó con un disparo preciso. En la segunda parte, el central Miranda consiguió la victoria y el Atlético levantó el trofeo de campeón. Esta temporada el traspaso de Falcao al Mónaco sembró la incertidumbre en el club. Diego Costa se había destapado como segunda espada y asumió el rol de goleador del equipo, ante la pérdida del colombiano. Llegó Villa para acompañar al hispano brasileño y el Atlético entró, por primera vez en 18 años, en la lucha por la liga.

El Cholo Simeone ha construido un equipo aguerrido, competitivo e intenso bajo el lema bilardista [1] del partido a partido. Un equipo fiero y trabajador que madura los partidos, es agresivo en la disputa y presta atención a los detalles. Un Atlético en el que Miranda y Godín defienden, Filipe Luis y Juanfran mezclan el despliegue con la contención, Gabi pelea y equilibra, Coke distribuye, Arda Turan[2] crea y Diego Costa decide.

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El brasileño se adapta perfectamente al juego que Simeone propone. Costa simboliza mejor que nadie la garra y la ambición que pide su técnico. Es un futbolista combativo, que presiona constantemente y se mide en un duelo tenso con los defensas. Capaz de amenazar al central que le defiende cuando el partido está en juego y de abrazarlo cuando la contienda ha finalizado. En ocasiones su fuerte carácter le juega malas pasadas, especialmente cuando en lo futbolístico las cosas no van como el delantero querría. Pero con el balón en su poder es un jugador completo, de múltiples virtudes: es rápido al espacio y potente en carrera, se desmarca con inteligencia y genera huecos para sus compañeros. Remata bien con los dos pies, es peligroso en el juego aéreo, sabe jugar de espaldas y asistir a los jugadores de segunda línea. Esconde muy bien el balón en la disputa y es tremendamente eficaz en la definición. Sin ser un futbolista de técnica privilegiada, ha sabido camuflar sus limitaciones y sacar partido a sus cualidades.

Diego Costa está firmando la mejor temporada de su carrera: lleva 25 goles en liga y 33 en todas las competiciones. Es uno de los mejores solistas de la competición, el equivalente en importancia a lo que es Messi para el Barcelona y Cristiano para el Real Madrid. Costa ha marcado goles importantes en la competición doméstica y en Europa, donde ya lleva 7 dianas. Es determinante en el líder de primera; un equipo que le viene como anillo al dedo. Trabajador y constante como Costa, el Atlético se ha hecho un hueco entre los grandes. Y el delantero ha contribuido a equiparar una lucha entre equipos con gran diferencia de presupuesto.

Su rendimiento le ha valido la llamada de la selección y resolvió la duda entre su país de origen y el país en el que se formó como futbolista, en favor de la selección española. El destino le guarda una cita especial en el próximo mundial, en Brasil, donde les puede arrebatar el triunfo a sus compatriotas.

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A Diego Costa nadie le ha regalado nada y ha triunfado en un equipo que aplazó su protagonismo en varias ocasiones. Llega a la eliminatoria después de una exhibición en San Mamés, un escenario para los grandes, aunque mermado por un golpe que le hizo abandonar el entrenamiento de ayer. Simeone dijo en rueda de prensa que era difícil que su jugador estrella llegara al partido. Algunos piensan que es un intento por parte del técnico de esconder su mejor carta hasta el último momento, otros creen que el estado físico de Costa deja mucho que desear. En cualquier caso, el Barcelona se enfrenta en una bonita eliminatoria a un rival peligroso: el Atlético de Madrid. Un equipo que tiene la humildad de los pequeños y la pegada de los grandes.

Y que cuenta con Diego Costa, un rebelde que se ha hecho a sí mismo. Un guerrero del área que hace soñar a los colchoneros. [3]

 

 

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

[1] Bilardo fue el seleccionador que hizo campeón a Argentina en el Mundial de México ´86. Formó un equipo muy físico en el que Maradona se erigía como máximo solista. El lema de esa selección fue el ya célebre partido a partido. El argentino era un entrenador resultadista que rivalizó con otro pensador del fútbol y de ideas radicalmente opuestas: Cesar Luis Menotti, que había conseguido la Copa del Mundo ocho años antes, en Argentina ´78. Menotti proponía un fútbol más ofensivo y atractivo, menos encorsetado, aunque probablemente también menos eficaz.

[2] Arda Turan merece capítulo aparte. Es un futbolista diferente, de talento y técnica depurada. Pone la fantasía en un equipo lleno de trabajadores. Es capaz de cambiar los partidos en una baldosa y de sacrificarse en el repliegue.

[3] Diego Costa aún no se ha estrenado como goleador frente al Barcelona. De su olfato y acierto dependen gran parte de las opciones atléticas.

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