MESSI E INIESTA APLAZAN EL CAMBIO DE CICLO

El Barcelona venció al Real Madrid 3-4 en un clásico bonito, emocionante y lleno de alternativas.

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El Madrid llegaba con la intención de asestar un golpe definitivo a su rival y vengarse de algunas goleadas históricas. El Barcelona necesitaba la victoria para reengancharse a la liga y salió con ganas de contradecir a aquellos que le daban por muerto.

El conjunto de Ancelotti salió al campo con ambición: presionó el inicio de las jugadas y se desplegó con rápidas transiciones. El Barcelona fue inteligente en la puesta en escena: supo que debía hacer circular el balón con precisión y velocidad, para contrarrestar el empuje de los blancos. El Madrid asfixiaba arriba pero una vez superada la primera línea de presión, concedía espacios que el Barcelona y Messi no tardaron en aprovechar. El argentino avisó primero con una bonita cesión para Neymar. El pase del argentino liberó al brasileño, que disparó desde una posición escorada y Diego López paró con facilidad. En la otra portería, Benzema empezaba a amenazar con tímidos disparos.

Iniesta apareció desde el primer minuto: escondió el balón, encaró y combinó. Consciente de que su participación y su asociación con Messi eran fundamentales para el desarrollo del juego blaugrana. Y los dos talentos del Barça se unieron en la jugada del primer gol. Messi recibió liberado, Carvajal perdió de vista a Iniesta y el argentino allanó el camino del gol para el manchego. Recibió Iniesta en el pico del área y soltó un disparo seco con la izquierda, inalcanzable para Diego López (0-1). Consiguió marcar en un escenario en el que no se había estrenado y completó un partido para el recuerdo. Iniesta tiene un aura especial que se manifiesta en las grandes citas, en los momentos más importantes, y ayer lo volvió a mostrar.

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El encuentro era un intercambio de golpes: el Madrid salía al galope y el Barcelona maduraba la jugada, con dificultades en la salida pero con peligro pasados los tres cuartos de campo. El conjunto de Carlo Ancelotti fue a buscar el empate con vehemencia. Y se reenganchó al partido gracias al eslalon del hábil Di María. El zurdo del Madrid protagonizó una primera parte de vértigo, en la que mostró las carencias de una defensa lenta y algo envejecida. Antes de que Benzema diera la vuelta al partido con sus dos goles, Messi tuvo el 0-2. El argentino perdonó en una ocasión que no acostumbra a fallar. Se lamentó y aplazó su protagonismo en el marcador.  Di María proseguía con su exhibición; desbordó a Alves con facilidad y puso dos balones medidos a Benzema. En el primero, el  francés, un asesino que dispara con silenciador, llegó con todo a favor y cabeceó a bocajarro. Valdés rozó el balón pero no pudo evitar el empate. (1-1)  El Barcelona mostró su fragilidad defensiva y el Real Madrid remontó en dos minutos. Di María volvió a centrar desde la izquierda y Benzema remató con saña después de un magnífico control, ante la empanada de Mascherano y Piqué. (2-1)

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Fueron los mejores minutos de la primera mitad para el conjunto blanco. El Barcelona se quedó sin recursos en la salida y el Madrid amenazaba a base de fogonazos, los que proponen una delantera letal a la carrera. El equipo de Ancelotti se desplegó al espacio e hizo sufrir a un equipo inseguro en la retaguardia. Benzema, que ya había dejado su huella ante un rival que le favorece, tuvo el tercero en un par de ocasiones. En la más clara de ellas, Pique salvó bajo palos el disparo del francés. El Madrid seguía dando sensación de peligro en cada golpe y el Barcelona se tambaleó durante algunos minutos..

Pero el conjunto blaugrana fue fiel a sí mismo y se recompuso tras recordar su código genético. Iniesta seguía sin perder un balón, sabedor de que cada posesión es un tesoro, un privilegio digno de ser conservado. El Madrid reculó y confió en alguna contra de su veloz delantera para cerrar el partido. Y cuando el resultado parecía más cercano a la sentencia madridista que al empate blaugrana, Messi equilibró el marcador. El argentino desbordó en la frontal y buscó a Neymar, al que presionaba Carvajal. El lateral madridista consiguió tocar la pelota pero Messi se hizo con el rechace. Dribló en una baldosa a Ramos y definió con precisión en un disparo ajustado. El argentino se obcecó en buscar el gol en una jugada en la que batió a Di Stefano como máximo artillero de la historia de los clásicos. (2-2)

Benzema tuvo el 3-2 en un remate de cabeza, cuando el primer tiempo ya agonizaba. Se llegó al descanso tras una primera parte bonita e intensa, en la que el Barcelona se adelantó pero también estuvo a punto de despedirse del partido y de cualquier posibilidad de título. El Madrid encontró el camino del gol en la carrera de Di María y en la astucia de Benzema. Pero perdió la batalla del centro del campo, el lugar en el que se planean los partidos. Además, no sentenció al Barcelona cuando tuvo la oportunidad y Cristiano se perdió entre quejas arbitrales y bicicletas estériles. Messi e Iniesta, en el otro bando, supieron rescatar a su equipo y el Barcelona se reenganchó al partido.

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Tras el descanso el Barcelona siguió fiel a su receta: quiso dominar el partido a través de la posesión y oxigenar su juego con una circulación segura. Iniesta seguía deleitando con su fútbol de seda y Messi estaba al acecho, con ganas de imponer su zurda y decidir el partido. El Madrid, por su parte, aumentó la presión alentado por otro disparo de Benzema, está vez tras una aceleración de Gareth Bale. El francés, que partía en fuera de juego, disparó demasiado centrado y Valdés atajó su lanzamiento. La ocasión le dio alas al Madrid y el Barcelona sufrió en la salida. Regaló un saque de banda que precedió al penalti de Alves sobre Cristiano. El portugués pareció despertar en un dribling ante el brasileño, que cometió falta fuera del área. Undiano Mallenco interpretó que la acción se había producido dentro y señaló el punto fatídico. Ronaldo lanzó con seguridad e hizo inútil la estirada de Valdés. El Madrid volvió a tomar las riendas del partido a base de fogonazos y tuvo de nuevo al Barcelona arrodillado. La defensa blaugrana necesita una renovación urgente: muestra con demasiada facilidad sus debilidades y es demasiado lenta como para administrar los espacios que concede a sus espaldas.  Solo Jordi Alba completó un gran partido y vendió cara su rendición ante el veloz Bale.

El Madrid, con todo a favor, fue incapaz de sentenciar y de nuevo Messi pidió paso cuando su equipo más le necesitaba. Recibió en el círculo central, ondeó el horizonte y vio a Neymar saliendo a la carrera. Dio sentido a la diagonal trazada por el brasileño, con un pase interior preciso, a la altura de los más grandes. Neymar, que partía en fuera de juego por milímetros, llegó antes que Ramos y se cruzó con inteligencia, buscando la falta. El andaluz hizo todo para evitarlo pero tocó lo justo al brasileño y lo desestabilizó. Neymar, que sigue perdiéndose entre tanto regate, cayó y el árbitro concedió penalti. Al ser el último obstáculo para el de Santos, Ramos fue expulsado. Messi lo transformó con suficiencia y el partido cambio radicalmente. (3-3)

Con Di María desfondado y el incisivo Benzema sacrificado por la expulsión, el Madrid no generó tanto peligro y pareció conformarse con el empate. Reculó en exceso, con la intención de defenderse en la frontal y de buscar espacios en los contragolpes. La expulsión afectó al juego de ambos y el Barcelona ganó definitivamente el pulso en el medio campo. Busquets recuperaba y distribuía, Xavi organizaba y trabajaba en el repliegue, Cesc (pese a no jugar un gran partido) se asociaba, Iniesta desbordaba y Messi decidía. Pedro salió al campo, fue valiente en ataque y sacrificado en defensa. Está en mejor momento que Neymar pero el brasileño tiene mayor peso mediático. Neymar sólo fue decisivo en la jugada del penalti y sigue sin tomar las decisiones adecuadas, aunque Messi cada vez entiende mejor sus movimientos. Alguien debería instruirle y convencerle de que sus detalles solo tienen sentido si generan ventajas para sus compañeros.

El conjunto del Tata se armó de paciencia, consciente de que una posesión precisa y la superioridad numérica inclinarían la balanza a su favor. Alves disparó al palo y el Barça agobió al Madrid al borde de la frontal. Y en esas Iniesta recibió en el área, pegado a la línea de cal. Retó a Xabi Alonso y a Carvajal y los blancos cayeron en la trampa. Le hicieron un emparedado y le derribaron con claridad. Messi colocó el balón en el punto de penalti y  se sacudió la presión del momento con un disparo inapelable a la escuadra, que hizo inútil la estirada del largo Diego López. (3-4) El argentino se olvidó entonces de algunos penaltis fallados en momentos importantes, ante el Chelsea en el último año de Guardiola y ante el Atlético de Madrid este mismo verano. Penaltis fallados también ante dos porteros de la misma envergadura que Diego López: Petr Cech y Thibaut Courtois.

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Antes de que terminara el partido el Madrid lo intentó a la desesperada, reclamó penalti en una acción entre Piqué y el árbitro no lo concedió, con acierto en mi opinión. Cristiano se desgañitó en sus quejas pero no fue importante y vio como Messi le ganaba su duelo personal con claridad.

El partido llegó a su fin y el Barcelona venció en un gran escenario, mantiene opciones en la lucha por el título y respondió a aquellos que creían que su ciclo se había agotado. Realizó un partido serio y sacrificado en líneas generales y sus dos grandes estrellas fueron definitivas. Iniesta jugó un partido inmenso y Messi protagonizó una gran actuación: asistió en el primer gol, marcó el segundo (en una jugada en la que mostró su pillería, su compromiso y su talento), encontró a Neymar en el primer penalti y no titubeó a la hora de marcar desde el punto fatídico. Messi mostró sangre de hielo en un escenario en constante ebullición.

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Pese a ello el club catalán mostró una vez más su debilidad en la zaga. Estuvo al borde del precipicio y el Madrid no supo rematar a su rival. Le faltó la fortuna y el ensañamiento de otros partidos. El conjunto blanco tiene una delantera demoledora: capaz de decidir cualquier partido a la carrera, pero le faltó juego e imaginación en el medio. Ha fallado en los enfrentamientos directos ante sus rivales por el título y debe seguir en la línea de la segunda vuelta. Ancelotti se equivocó con el cambio de Benzema, que fue con Di María el máximo peligro blanco. Cristiano, bien tapado, no estuvo a la altura del partido y Xabi Alonso desapareció ante la media blaugrana.

El Barcelona venció en un gran partido a un rival poderoso. En el que la épica y la polémica se dieron de la mano. Mostró el conjunto catalán que mantiene intacta su ambición en los partidos destacados. Y lo logró porque le concede al rival la importancia que se merece, algo que debe hacer en los encuentros especiales y en los corrientes. La liga está más emocionante que nunca, gracias a la sutileza de Iniesta, la magia de Messi y al Barça de las grandes citas.

 

Por Jorge Rodríguez Gascón.

 

Foto 1: ULY MARTÍN

Foto 2: PIERRE-PHILIPPE MARCOU (AFP)

Foto 3: ÁLVARO GARCÍA

Foto 4: JUANJO MARTÍN (EFE)

Foto 5: SERGIO PEREZ (REUTERS)

Foto 6: JUANJO MARTÍN (EFE)

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