EL BARÇA SE DESATASCA BAJO LA LLUVIA

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El Barcelona se enfrentó al Sevilla en un duelo marcado por la lluvia, por un error arbitral y por el regreso goleador de Messi.

El Barça llegaba con dudas a un encuentro con tintes de final. El club se examina cada fin de semana y no siempre con resultados positivos. En liga venían de perder ante un Valencia en alza y eso facilitó su titubeante puesta en escena.

Martino puso un once valiente, con Bartra en defensa, Adriano en el lateral izquierdo y con el ansiado regreso de Iniesta. En el primer asalto, el Sevilla arrasó al conjunto blaugrana. El Barcelona, indeciso, padecía una depresión futbolística. Sus posesiones duraban cada vez menos, no conseguían sobrepasar la divisoria, y nadie ponía la pausa necesaria.

El Sevilla, más agresivo que nunca, mordía a un Barça asfixiado. En esas, tras un “caño sucio” de Rakitic a Piqué, Alberto Moreno marcó el primer gol. Su disparo fue rechazado por Bartra e hizo inútil la estirada de Valdés. Últimamente los goles de rechace son cada vez más usuales y eso que Deco, un gran maestro en este arte, no juega en la liga. En esos minutos un Barça aturdido vio peligrar sus opciones de permanecer en la cabeza de la clasificación.

El Barça sufría, no encontraba líneas de pase. Xavi andaba perdido, presa de un bajón físico cada vez más palpable, Messi perdía cada balón que tocaba e Iniesta no conectaba con los delanteros. El Sevilla, en su mejor momento, tuvo la oportunidad de poner tierra de por medio. Primero, Bacca estrelló un balón al palo (en una jugada a balón parado, otra más), después, Rakitic mandó fuera la sentencia. El croata, de largo el mejor del equipo hispalense, dirigía la orquesta sevillana.

Sin embargo, los culés retomaron el pulso al partido. La lluvia arreciaba y pareció espolearlos. En una falta lateral de Messi llegó el empate de Alexis. El argentino había estado errático en toda la primera parte. Frío, deambulaba a disgusto y perdía balones comprometidos. El Barça empató sin merecerlo. No estaba en el partido cuando el gol llegó y solo Iniesta parecía tener hambre de victoria. Además, el chileno estaba en un claro fuera de juego.

Unai Emery, más que criticar esa jugada puntual, dijo que el estilo del arbitraje les había perjudicado. Y hay que reconocer que el árbitro fue poco comprensivo con las circunstancias: el campo estaba muy resbaladizo y era fácil pasarse de frenada y arrollar a un rival.

El partido y la suerte del Barça volvieron a cambiar cuando el vendaval lluvioso se desató. Con él, Leo Messi volvió a marcar. Adriano salvó un balón, Pedro se desplegó por la banda y Messi anticipó la jugada. El argentino levantó la mano, controló y disparó con maestría al palo cruzado. Y por fin pudo cantar gol. Algún nervio del argentino que parecía desactivado se estimuló. La fortuna le volvió a sonreír.

A partir de ahí el partido tomó una dimensión totalmente distinta. El reencuentro de Messi con el gol espoleó al equipo. La gente pareció acordarse de que tenían de su lado al que para muchos sigue siendo el mejor futbolista del planeta.

Al regreso del descanso, el Barça tomó el mando. El Sevilla volvió a tener el empate nada más comenzar, pero Valdés (impreciso en el blocaje pero sobrio en el despeje) lo impidió. El Barça tomó el mando, Xavi dirigió la circulación, Iniesta puso la pausa y la clase y Messi alternó la combinación con el instinto asesino. Ese olfato que parecía perdido. Y en esas llegó el 1-3. Iniesta dirigió la contra y cedió a Messi. Su control con la diestra fue un regate y le permitió armar el disparo con la zurda. El argentino nos deleitó con un pase a la red. Iniesta y Messi lo celebraron sabedores de que habían recuperado una sociedad muy importante para los culés.

Los culés no arriesgaron la posesión y dominaron el juego. Cesc Fábregas salió al campo y culminó la goleada con una plástica y preciosa vaselina. El jugador de Arenys ha crecido mucho este año y  ha sostenido en muchas fases de la temporada a su equipo. Tiene una conexión única con Messi y su carencia de velocidad la compensa con un gran instinto asesino. Además protege el balón como pocos, aunque a veces cae en la dejadez y en el despiste. Para el Barcelona es fundamental juntar durante tramos largos del partido a Cesc con los imprescindibles Xavi e Iniesta, aunque sea en detrimento de velocidad por los costados.

El Barça venció en el Sánchez Pizjuán uno de esos partidos que sirven para ganar títulos. Pero el conjunto del Tata necesita mejorar en muchos aspectos. Debe perder menos balones comprometidos, cerrar mejor su zaga y ser más rápido en el repliegue. Debe administrar mejor los espacios que hay detrás de su defensa. Por eso se hacía necesaria la contratación de un central este verano.  Bartra es un jugador rápido en el cruce pero blando en la disputa, Piqué es prácticamente todo lo contrario: los delanteros sufren con él en el cuerpo a cuerpo, y disfrutan cuando le retan en carreras largas.

En el seno barcelonista se alzan las campanas al vuelo porque se ganó un partido muy importante y porque han recuperado a Messi. Pero han de ser precavidos.

El partido de ayer deja buenas sensaciones, pero también algunas contradictorias. El buen juego del equipo se da en fases del encuentro, no de manera global. Ta,poco hay que olvidar que al equipo blaugrana le concedieron un  gol que no debió haber subido al marcador. Además, arrancan despistados los partidos y sufren ante jugadores de talento, como Rakitic (que gobernó el partido en la primera media hora) y los delanteros fuertes y rápidos, como Bacca, muestran con demasiada frecuencia las vergüenzas del equipo catalán. Por lo tanto, su fragilidad defensiva no está olvidada. Pero la gran clave del balance defensivo es la posesión: es tan simple como que si tú dominas el balón, no te pueden atacar.

Sin embargo, tienen a Messi, y la afición se frota las manos ante su regreso. Todo culé sabe que sin el argentino en plenas condiciones no pueden optar a nada. La diferencia entre los últimos partidos y este no es otra que los goles (esta vez Leo aprovechó sus oportunidades). Incluso me atrevo a decir que su primera parte fue una de las peores que le recuerdo, pero la culminó con un gol y eso le llenó de confianza para el resto del encuentro. Los culés necesitan a un Messi con la portería entre ceja y ceja.

Pedro dijo al final del encuentro que Leo no se había ido. Y es cierto: Messi sigue siendo Messi, solo que a él se le había olvidado.

Por Jorge Rodríguez Gascón

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