MUCHO RUIDO Y POCO FÚTBOL

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La noche copera del miércoles se presentaba como un acontecimiento excepcional. Se medían los atléticos y madridistas en un duelo con muchas heridas abiertas.

El Cholo puso un once más creativo de lo habitual, con la novedad de Diego, desafortunado en la mayoría de sus acciones. Pareció pesarle la falta de ritmo competitivo. El Madrid, por su parte, ha encontrado estabilidad con Di María como volante; aporta trabajo y sacrificio en el repliegue, y velocidad y desequilibrio cuando el equipo se prolonga en ataque. Fue el gran protagonista del encuentro. El argentino fue despedido con una ovación, como tributo a su gol y sus asistencias. En esta ocasión no encontró ninguna razón para “acomodarse” nada.

El Atlético de Madrid pareció aturdido todo el encuentro y se mostró impotente ante la superioridad de los blancos. Modric fue la brújula de su equipo, el único que quiso jugar al fútbol de los 22 que había en el campo en muchas fases del encuentro. Ambos equipos se enzarzaron en grescas y pequeñas batallas que el árbitro no supo parar. No hubo ritmo de partido ni mucho fútbol. Si alguien lo puso fueron Modric y Jesé. Hubo choques, patadas a destiempo, simulaciones, escupitajos e insultos.

Y ante la ausencia de fútbol, el Madrid superó en intensidad a su oponente. El Madrid desarmó a su vecino con las mismas armas con las que suele anestesiar el Atléti a sus rivales. Llegó antes a todos los rechaces y ganó todas las disputas, algo en lo que destaca el conjunto colchonero.

El balón se paraba con mucha frecuencia y el Madrid sacó partido de ello. Diego Costa, el máximo estilete rojiblanco, se acabó enzarzando en continuas riñas y tiene una alarmante predisposición a irse de los partidos. Pepe y Arbeloa estaban en su salsa, ante la posible consigna de Ancelotti de desquiciar a Costa, dejando imágenes lamentables en la retina del espectador. Les perdonó Clos la expulsión y consiguieron que el brasileño viese la amarilla que acarrea suspensión para la vuelta.

En esas, ante la esterilidad del ataque atlético y la superioridad del Madrid, llegaron los goles. Di María cedió a Pepe, y su disparo fue desviado por el lateral Insúa al fondo de las mallas. La mirada del desafortunado Courtois, lo decía todo. El Madrid cantó el gol como si de una final se tratase, las heridas abiertas de las dos últimas derrotas aún escocían.

Cristiano anduvo algo perdido durante todo el encuentro, incómodo ante el marcaje de sus rivales. Lleva días sin mostrar todo su potencial, aunque le basta con muy poco para poner en aprietos a sus rivales. Benzema estuvo completamente desaparecido y su actuación dejó muy fríos a sus aficionados.

Pepe fue uno de los triunfadores de la noche, que venció su duelo en las alcantarillas del fútbol contra Diego Costa, y que anotó además el primer gol. Jesé, la gran revelación de la temporada blanca, marcó el segundo tras la bonita asistencia de Di María y fue también ovacionado por el Bernabeú. El canario tiene el futuro en sus manos y lleva varios partidos siendo desequilibrante y decisivo. Modric fue definitivo salvando un gol en el área blanca y llevó la manija del juego. El gol que salvó hubiese supuesto el 2-1 y le hubiese dado vidilla en la eliminatoria a los atléticos. Además, para prolongar la desesperación colchonera, en la jugada siguiente, otro rechace condenó a los del Cholo Simeone. El disparo de Di Maria fue desviado por Miranda y engañó de nuevo al gafado meta belga, Thibaut Courtois. El 3-0 deja prácticamente sentenciada la eliminatoria.

Simeone no acertó en el planteamiento y los cambios de Diego, en el descanso, y de Arda Turan, después, acabaron por condenar a su Atlético. Aunque ninguno de los dos estuvo acertado, si en un partido en el que nadie juega, cambias a los pocos que lo intentan, solo te puedes aferrar a la lucha, a la gresca, a la riña y a la pelea. El Madrid se proclamó vencedor en éste y en todos los terrenos. Parecía que el tiempo no había pasado, que el bloqueo que presionaba a los atléticos en los derbis de los últimos 16 años, se hubiese vuelto a activar. El partido recordó mucho más a cualquiera de las victorias blancas, que a los últimos dos partidos que el Atlético había ganado en el Calderón.

El último vencedor que dejó el duelo fue Casillas. El de Móstoles todavía no sabe lo que es perder ante los colchoneros. Lleva 8 partidos imbatido y ahora, además de santo, es talismán de su equipo. Sin embargo, el fin de semana volverá a ser relegado a la suplencia.

El partido fue feo, bronco y poco vistoso para el espectador. Las malas artes ensuciaron a dos equipos, que si es preciso, saben usarlas con maestría. El Madrid ganó con autoridad el duelo y tiene pie y medio en la final, pero perdió el fútbol, ya que ninguno de los dos equipos quiso practicarlo. Eso sí, Mourinho disfrutó por todos nosotros.

Por Jorge Rodríguez Gascón

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